poemas vida obra e

Poema Exilio de María Eugenia Brito



I

Ayer te llamé
y mi propia sombra
respondió en el teléfono.

II

Adiós te dije dulcemente
y la calle creció creció
como la noche.

III

Tu cuerpo lucha en la pared.
Mi cuarto
no puede dejarte ir
sin herirme.

IV

Fantasma trasnochado del amanecer
Cantando tu propio tango
De pie llorando
Ante el balcón de una mujer
También fantasma.



Poema El Vendedor De Manzanas de María Enriqueta Camarillo



¡Manzanas llevo, dulces manzanas!
¡Manzanas llevo para vender!
¡Manzanas dulces de aroma grato,
manzanas dulces como la miel!

Tienen mejillas color de rosa,
su pulpa es blanca como el jazmín,
y son tan lindas y son tan buenas,
que el que las pruebe será feliz.

Hijas del campo, fueron mecidas
por vientos suaves de la estación;
tuvieron cuna en la verde rama,
después que el árbol estuvo en flor.

¡Dulces manzanas, ricas manzanas
llevo, señores, para vender!
Sabrosas, lindas, de aroma grato,
¡manzanas dulces como la miel!



Poema Envejecimiento Y Estrés Oxidativo de María Eloy – García



entre otras situaciones
parece que la oxidación de las lipoproteínas
de baja densidad eledéele
juega un papel significativo en la aterogénesis
el acúmulo de colesterol en las lesiones ateroscleróticas
no se debe a la captación de eledéle por el receptor de eledéele
del tipo estándar o brown / goldstein
sino al engullimiento de eledéele oxidada
a traés de la isoforma con mezcla racémica de eledéele depuradora/
una segunda isoforma en la célula de depósito
reconoce, también, células apoptóticas
la vitamina e, pero no el beta-caroteno
es efectiva en la protección de las eledéele
frente al estrés oxidativo

(ABC de la Ciencia, 24 de octubre de 1997)



Poema Enfermedad de María Eloy – García



el virus toma entonces las riendas
de mi maquinaria
es obvio que me ha reconocido
que entre otros mi envoltorio proteico
es engullible
hace cientos de copias de sí mismo
estallan a la madre
me hacen huésped
y ciudad de su gobierno
se autodeterminan
bajo mi tímida estructura
su nacionalismo no encuentra límites
a todas mis células
me marcan por fin con el estigma
de su envoltura-icosaedro
y cuando me tienen sin tiempo
parasitan y comercian mi descuido
soy la sometida desde entonces
al desorden del que nunca puede irse



Poema El Poeta Como Tipo De Interés de María Eloy – García



el poeta no es un descendido
sino un tipo que asciende/
ni un libertador de patrias de aquí mismo
sino uno que se libra de la patria de sí mismo aquí/
el poeta se consume
y sus cantos son la oferta
de un dolor que es la demanda/
el poeta es una moda delirante y en alza
que pierde románticamente sus puntos
en el bosque de los precios al consumo
y es justo aquí y entonces
que pierde el interés



Poema El Hombre Medio Raya En Medio de María Eloy – García



se plantea el hombre medio raya en medio
la aceleración constante de su esposa
tras haberla arrojado desde el quinto
se plantea ella -también media y nadie media-
o el suelo sistemático o el hacha
la muerte acelera más de nueve metros por segundo
descoyunta el fémur
la planta de la calle diseñada
a abiertos espacios de arboleda
el miedo desciende cambia a cero
el hombre medio de la raya en medio
rellena el marco de la ventana
se acomoda a la vista de los edificios
y quién sabe si ya está pensando en el radio
de alguna plácida circunferencia



Poema En Una Cajita De Fósforos de María Elena Walsh



En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo
(pero hay que encerrarlo muy rápido,
si no, se lo come la sombra)
Un poco de copo de nieve,
quizá una moneda de luna,
botones del traje del viento,
y mucho, muchísimo más.

Les voy a contar un secreto.
En una cajita de fósforos
yo tengo guardada un lagrima,
y nadie, por suerte la ve.
Es claro que ya no me sirve
Es cierto que esta muy gastada.

Lo se, pero que voy a hacer
tirarla me da mucha lastima

Tal vez las personas mayores
no entiendan jamas de tesoros
Basura, dirán, cachivaches
no se porque juntan todo esto
No importa, que ustedes y yo
igual seguiremos guardando
palitos, pelusas, botones,
tachuelas, virutas de lápiz,
carozos, tapitas, papeles,
piolín, carreteles, trapitos,
hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos
se pueden guardar muchas cosas.
Las cosas no tienen mamá.



Poema En Horas De Tristeza (i) de María Cruz



Mi corazón es roca solitaria
Perdida en alta mar…
Tumultuosas oleadas de recuerdos
La azotan sinc esar…

Tumultiosas oleadas de recuerdos
¡La azotan sin cesar!…
La carcomen, la cavan y la agrietan
Y al fin la han de arrasar…

La carcomen, la cavan y la agrietan
¡Y al fin la han de arrasar!
Y nada quedará de aquella roca
Perdida en alta mar…

Y nada quedará de aquella roca
¡Perdida en alta mar!…
Pero entonces podré de la tortura
¡Acaso descansar!



Poema El Guante de María Cruz



Para La locomotora

Junto con mis reliquias más secretas
Y en un pañuelo, blanco relicario,
Donde nunca miradas indiscretas
Profanaran la fe de aquel santuario.

Yo conservaba un guante, un guante usado,
Un guante negro, que a la mente mía
De la sima profunda del pasado
Una faz melancólica traía.

Un guante que evocaba en mi memoria
La primer gota amarga de mi vida,
La primer hoja triste de mi historia,
El ¡ay! de la primera despedida;

Aquel solemne, vaporoso instante
En que al sentir la muerte en su aposento,
El pálido poeta agonizante
Me dijo adiós, con apagado acento.

Tendiéndome su mano descarnada,
Adiós por siempre, repitió mi hermano
Y su boca marchita y abrasada
Como un suspiro se posó en mi mano…

Ya no le vi; mas desde aquel instante
Que hoy insensible y frío rememoro,
Piadosa conservé mi negro guante
Valioso para mí como un tesoro.

Sollozaba al mirarlo cada día,
Y abismándose en lúgubre embeleso
Hasta el fondo mi ser se estremecía
Al recordar el angustioso beso…

Cuando la muerte resolvió con saña
Entre otros lutos mi pesar primero,
Cuando al golpe brutal de su guadaña
En escombros cayó mi hogar entero,

Golondrina alirrota alcé mi vuelo
Creyendo que mi carga de dolores
Quedaba atrás en el extraño suelo
Do quedaban también tiempos mejores;

Inútilmente atravesé los mares,
Las penas me siguieron a porfía;
Dejando entre el montón de mis pesares
Sepultada esa tarde de agonía.

Mucho tiempo después, por accidente
Hallé aquel guante que veló el olvido
Y sólo entonces se volvió mi mente
Al lejano sendero recorrido.

Y escuché del adiós gemir los ecos,
Y vi unos ojos anegarse en llanto,
Pero mis ojos se quedaban secos;
Estaba roto el doloroso encanto!

Cual si nada evocara en mi existencia,
Contemplé mi reliquia del pasado,
Y la usé con la horrible indiferencia
De quien ya siente el corazón cansado.

Objeto sin valor ni privilegio
Va, recogiendo manchas, en el mundo,
Y por siempre ha borrado el sacrilegio
El beso del poeta moribundo!

Así también el roce de la vida
Profanó mis sublimes ideales
La realidad inmunda y fementida
Me secó del amor los manantiales;

Mis pasiones más nobles y más puras
Mis arranques más bellos y más santos,
Mis insólitas, cándidas locuras
Raudales de perennes desencantos.

Mis creencias de amor y de justicia
Mis ensueños magníficos y huraños
Son recuerdos que mi alma desperdicia,
Son el inútil lujo de otros años.

Que mi guante reliquia profanada,
Siga sufriendo las impuras manos,
Y la flor del recuerdo marchitada
Vuelva del viento entre los pliegues vanos.

París, 10 de agosto de 1906.



Poema Episodio de María Cristina Orantes



Yo comencé una historia que fue mía.
La tejí en el umbral de la mañana,
perfumé con su aroma mi ventana
y bebí de su luz al mediodía.

Así brotó en capullo la alegría
y se enredó en la vida cotidiana,
un año luz pasó y en la ventana
seguía yo tejiendo día a día.

Me convertí en silencio y otros brazos
tejieron luz y aroma entre mis pasos,
deshilvanando el tiempo detenido.

Volvieron nuevas siembras, nuevas podas,
otra historia inconclusa como todas…
Episodio en minutos resumido.



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