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Poema Expansiones de María Monvel



¡Ah! ¡Mi vida! Te amo, te amo ¿has entendido?.
Estoy loco por ti, loco de mil locuras,
y aun digo palabras que son siempre las mismas,
te amo, como se ama sólo una vez, sólo una …
¡Te amo ! ¿ Me comprendes? ¿Te ríes? ¿Soy estúpido?
pero ¿ que quieres que haga para que al fin me entiendas,
para que al fin lo sientas? Lo que se dice es vano
y vacío, y yo busco lo que nunca se encuentra …
lo que los propios besos no expresan nunca, nunca,
lo que ahoga aquí como enorme sollozo,
aquello que siento ansias de traducir , inútil,
¡y que decir no alcanzo y que expresar no logro!.
Y pensar que se vive a través de palabras,
de las cuales me siento con sed y que analizo.
Es preciso que sepas y es preciso que diga
que diga justamente lo que nunca te he dicho.
Para hablarte quisiera ser un hondo poeta
que te dijera …. pero, ¡ respóndeme alma mía!
¿ qué sientes, cuando así te tengo entre mis brazos
toda tú: tu cabeza pequeña y tu sonrisa?…
¡ y cuando cien mil veces, sin saber lo que digo,
y queriendo decir lo que procuro en vano,
te repito otra vez esa frase vacía
que te dice tan poco: ¡estoy loco y te amo!…



Poema En El Frío De Tu Sonrisa de María Monvel



En el frío de tu sonrisa
no quedaba ya resplandor …
pero aun la carne se me eriza
cuando pienso en aquel amor !.

Veinte años apenas los míos.
¡Pudiste haberme dado el ser!
Tú eras crepúsculo sombrío
y yo era un claro amanecer!.

En ti no había ya memoria
de la pasada juventud.
Tu último sueño era la gloria
para después del ataúd.

La nieve a blanquear comenzaba
en tu sien. ¿Por eso te amé? …
y en una larga arruga surcaba
las frías manos que adoré.

Llegué yo – mariposa loca-
¿ Qué había en ti, qué había en ti
que se prendieron en tu boca
mis labios frescos de rubí?.

¿Con quién hiciste pacto, viejo,
que te adoró mi juventud
y aun te añoro, con un dejo
de inmensa y triste laxitud?.

Con quién hiciste pacto, para
que nunca te olvidara bien
y aún soñara, aun soñara
en tu infierno, desde mi edén?

Tú no eres nada. Eres el recuerdo,
él es el que no muere en mí
y es cuando en mí misma me pierdo
cuando estoy más cerca de ti!.

Cerda de las dos manos finas
que el trabajo ni el sol, doró
y que llenaron de espinas
el inocente corazón …

Tú no me importas. Te halo viejo.
Te vi hoy pasar y me reí.
¡Ni una huella queda, ni un dejo
del amor porque padecí!.

Pero el Chopin que amabas tanto,
culpable de esta evocación,
hoy me tiene ciega de llanto
viviendo la misma pasión.

¡Cómo odio con amor inmenso
el recuerdo que vive en mí,
y sobre todo cuando pienso
en la juventud que te dí!.



Poema El Amor de María Josefa Mujia



Ídolo falso que el mortal adora
Y que insensato te erigió un altar,
Por quien el hombre su miseria llora,
De quien recibe solo un gran pesar.

Jamás cante tus triunfos, niño ciego;
No herirme pudo tu terrible arpón;
De tus saetas, de tu ardiente fuego,
Conservo ileso y libre el corazón.

Nunca manche las cuerdas de mi lira
Regando en ellas llanto de dolor
De engaños mil que tu deidad respira,
Con que penas sin fin causas traidor.

Mi puro labio de tu copa impía
Jamás gusto la emponzoñada miel,
Que al brindar viertes con sagaz falsía
Muerte, veneno y amargura y hiel.

Nunca mi oído se inclinó a tu acento;
Siempre tu halago lo creí falaz.
Mi alma inocente no perdió un momento
Su dulce calma, su tranquila paz.

Nunca cantar, tirano, tu victoria
Ni tributarte vil adoración
Es mi laurel, mi orgullo, dicha y gloria
Y el mas grato placer del corazón.

Si mi mejilla en llanto se humedece
Y si en el corazón hay amargor,
Si en el la angustia, la dolencia crece,
No es del acíbar de tu copa, amor.

No te conozco, y de esto me glorío!
Tu nombre odioso escucho con horror,
Y, al ver que causas males mil, impío,
Te dice el labio: ¡Maldición, amor!

Se que interés te vence, abate, humilla;
Se que los celos te dan gran temor;
Se que el mortal te inclina la rodilla.
Yo te desprecio y te maldigo, amor!



Poema Elegía Crepuscular de María Eugenia Vaz Ferreira



Viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
anónimo pasajero
fugaz en todas las patrias,
en las misteriosas selvas
y en las grutas oceánicas,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas…
Tu roce sobre mi frente
tiene la misma eficacia
de la luna entre las ruinas,
de los óleos en las llagas
y de las claves que aflojan
el cordaje de las arpas…
Tu fresco soplo serena
la exaltación de mi alma
fosca de llamar sin nombre
y esperar sin esperanza
por haber nacido póstuma
dentro de su propia lápida…
Viento suave del crepúsculo
que cruzas sin decir nada
el transitorio paréntesis
suspenso en la sombra vaga,
cuando enmudecen las cosas
o todavía no cantan,
cuando de los rojos soles
palidecieron las flamas
y las nocturnas estrellas
están todavía pálidas…
Si yo supiera estar triste
yo me desharía en lágrimas
para que así me bebieran
las caricias de tus ráfagas
¡Qué lindo renunciamiento!
¡Qué liberación beata!
Viento suave del crepúsculo
si tus brisas me acabaran,
azulmente silenciosas
y azulmente solitarias,
viento suave del crepúsculo,
viento de las leves alas.



Poema El Ataúd Flotante de María Eugenia Vaz Ferreira



Mí esperanza, yo sé que tú estás muerta.
No tienes de los vivos
más que la instable fluctuación perpetua;
no sé si un tiempo vigorosa fuiste,
ahora, estás muerta.
Te han roído quién sabe
qué larvas metafísicas que hicieron
entre tu dulce carne su cosecha.
En vano
el mágico abanico de tus alas
con irisadas ráfagas me orea
soltando al aire turbadoras chispas.
Yo sé que tú eres de esas
que vuelven redivivas en la noche
a decir otra vez su última verba…
Ya te he visto venir
blanca y piadosa como un santo espíritu
sobre el vaivén de las marinas ondas;
te he visto en el fulgor de las estrellas,
y hasta los bordes de mi quieta planta
danzan tus llamas en festivas rondas.
Pero si al interior vuelvo los ojos
Veo la sombra de tu mancha negra,
miro tu nebulosa en el vacío
dar poco a poco su visión suspensa;
sin el miraje de los fueros fatuos
veo la sombra de tu mancha negra.
No llores porque sé los ojos míos
saben vivir en lontananzas huecas;
míralos secos y tranquilos; márchate
y el flotante ataúd reposar deja
hasta que junto a ti también tendida
nos abracemos como hermanas buenas
y otra vez enlazadas nos durmamos
en el sepulcro vivo de la tierra.



Poema Esperar de María Eugenia Caseiro



Las ventanas se apagarán un día;
hagamos cuenta que hasta aquí
lo habías previsto, lo había previsto
polvo polvo el polvo
lunijunto de barrancos
blancos palacios de hueso
cal y arena que se mueven
prolongado flujo
esperándote, esperándome
esperándonos.

Contacto con María Eugenia Caseiro: buhowriter@hotmail.com



Poema Esperando La Lluvia de María Eugenia Caseiro



No eran festones calcinados, ni salamandras, ni murciélagos
sino tus manos esperando la lluvia.
Y la figura exprimida varias veces se te secaba al sol
en un sueño en que también se marchitaban otros sueños.
Con tantas diferencias como granos de arroz, o como cáscaras
tus manos de pájaros sueltos,
tus anillos de afilar los dedos,
el torso opíparo de volúmenes,
y los cabellos duros, como diablos disecados que ahuyentaban la brisa:
la mirada de puñal también se te secaba.

Te digo que no
no eras todavía aquel adiós que profesabas, ni la idea imprecisa
que se tiende a retomar el hilo que la puede acompañar.
Con los pies impasibles al frente de todos los desdenes recordados?
eras tú mismo sin tu yo,
en una oscuridad casi distinta,
en el punto más fiel de la prolongación,
en la línea exacta entre los dos, o los tres, o los cien que ya no eras
o que te habían abandonado tal vez para siempre.
Y la sombra invisible que ansiaba levantarte inútilmente
entre mis grandes ganas de llorarte
se dejaba caer en tus pies asidos al veneno de tu transpiración.

Te digo que no,
no eran pedazos de recuerdo, ni puentes levadizos,
ni siquiera esas serpientes que alguna vez se enredaron en la partida
que jugamos sin terminarnos aún las ganas de ganar la antigua
apuesta;
eran tus pies, zapadores sin voz,
los que nunca obtuvieron el recuerdo exacto del paisaje, de la salida
del interminable hilo de la planta que no deja de crecerte dentro
a pesar de tantas muertes atroces y silencios
que alguna vez, en las casas subterráneas encontraron el bulbo
en que las viudas negras se escondieron en invierno.

Te digo una vez más que no
que no eran raíces, ni carajuelos encendidos,
ni quelonios agujereados esculcando la arena; no,
eran apenas tus pies desgajados y mudos esperpentos de arena
escrutando la tierra para desenterrar los bulbos de los lirios;
para desplazar escarabajos de órganos duros y ardientes
y profanar las venas crecidas de perdones que no habías cruzado
nunca…

No había visto tus muslos torcidos brillando al sol
pero los paseaba con la mano herida de recorrer tus espinas
con el dolor de la piel cosida al momento
sobre aquellas jicoteas puntiagudas y verdes
que comenzaron a salírsete del cuerpo,
tanteando el rastro de las bibijaguas por las grietas
en que el amarillo de la carne se dejaba descubrir
chorreado de sudores en la cicatriz errante de tus cristales,
de aquellos cristales que por fin trajeron de una vez el agua
para dejar el brillo de tu cuerpo debajo de un árbol y hacerte de aire,
un aire deforme, doblado en las puntas de todos tus dedos
y traspasado el recuerdo de todos tus anillos…

Un aire ceñido a la periferia recelosa de tu oído,
de la masa inconforme que miramos perderse debajo de la sombra;
un aire que suena en los huesos quebrados de los insectos
y espanta las confesiones de todas tus bocas para dejarse llevar
en la plaga de la lengua, con los acentos que burlan la sonrisa,
hasta la débil esperanza de la lluvia.

Contacto con María Eugenia Caseiro: buhowriter@hotmail.com



Poema Es Muy Tarde de María Eugenia Caseiro



Apaga la ciudad y deja
esta calle de palabras deslucidas
con sus noches de alfabetos y de moscas
en los tejados un gato
y el chasquido de las sombras
que devoran los últimos despojos
de las líneas que trazamos.

Ya la luz es un recuerdo
donde el claro abanico despuntaba
y el aroma del jazmín
rueda del templo
de una hoja de papel.

Es muy tarde en la ventana
rodeando el cielo de mármol
y las sombras que formamos
se comban de frío en la pared.
Contacto con María Eugenia Caseiro: buhowriter@hotmail.com



Poema El Vaso Roto de María Eugenia Caseiro



Pasa el cuervo
en el temblor de un pie
rompe un vaso
sobre la colección de mesas.
Es un filme de atolondrados,
por orden cronológico
sobre una casa herida
mandan los retratos.
La mano de la noche planta
la mentira sin cobrarnos.
Baja el tono del dolor
baja la ausencia
de no vernos mirar,
brota la sangre del reloj
tomo unas servilletas y me cubro.
-no encuentro las llaves, la fecha,
la campana de llamar al costurero
que detenga este fluir de cuervos
Pero en el dorso del vaso
que aún registra el cataclismo
se van rompiendo los tiempos.

Contacto con María Eugenia Caseiro: buhowriter@hotmail.com



Poema El Gato Bajo El Arco de María Eugenia Caseiro



Ya habías alcanzado
al ratón de tus axiomas
ahora detenido en el reloj
Ah!, mi amigo
que tu no creas quererme a la hora del baño
que te asuste
que en tu calidad
desaparezcas
compañero?

y apaciblemente debajo de un arco
quede la blancura del gato que fuiste
reclinado en la sombra
tenue y combada de tus miedos

-nueva pista
que presume la elipsis
sin sentir que te llaman-

que atentamente descubres
el tiempo bajo el arco
golpeando el mármol que eras
presencia embelesada
que ya no me acompaña

Ahora en tu mejor postura
eres redondo y feliz
como la novia de tus sueños.

Contacto con María Eugenia Caseiro: buhowriter@hotmail.com



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