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Poema En El Exilio (iii) de Mayamérica Cortez



El camino se ha detenido.
El frío se cuela penetrante en mi alma.
¿Soledad? Sí, siempre
estuvo allí. Indecibles
las palabras se quedan estáticas
mudas ante mí.

El silencio abrumante
es cristal opaco que se quiebra
en las horas de café, cigarrillos
notas cuadrando en mi horario.

El dolor de la nostalgia horada el corazón.
He de reiniciar la marcha
pero la yerba ya no es alfombra para mis pies.
Y hay hormigas sobre mi espalda.

Dobladas mis rodillas
se adhieren a la tierra…
¡Pero habré de levantarme!
Mi meta está allí
donde quiera que cruce la mirada.
El camino continúa y yo con él.



Poema En El Exilio (i) de Mayamérica Cortez



Escritos cualquier día
entre 1980 a 1984

¡Un día más!
¡Déjame, Señor, vivir los suficientes
para tenerlos de nuevo conmigo!
El corazón duele mucho más
de lo que el poeta puede decir.

El corazón es una congoja constante
y la ansiedad del regreso
es una golondrina tímida
asustada
por la inmensidad de las ciudades
de los mares y desiertos.

¡La ansiedad del regreso!
Un temblor palpitante
dentro de mi mano.
Si el día empieza o la noche termina…
¡Qué más da si no los tengo conmigo!

La Vida es el misterio
el enigma de lo inesperado.
Y mis ojos, abiertos y vacíos
permanecen a la vera del camino.

El corazón está desfallecido
pero, Señor… contigo
el alma encuentra fuerzas
para un día más…
¡Un día más en esta larga espera!



Poema El Amor de Max Jara



El amor es grave y el amor hastía.
El ansia del beso mató mi alegría.
El beso que espero y el beso que evoco,
ambos son dos pasos hacia la agonía;
el amor es triste, desmayado y loco.

Sólo las mujeres pueden con su carga.
Si tras la dudosa bondad de su gesto,
el hastío insomne los dedos alarga,
¿qué más que mitigue nuestra sed amarga
el amor vendido o el amor honesto?

Deseo es paloma toda ensangrentada,
de dolor gozoso vive estremecida.
Carne que al espasmo nació condenada,
la lujuria es triste, y en la boca amada
quién sabe si espera la muerte o la vida.



Poema Enigma de Matilde Alba Swann



Y mi duda,
Descartes, tu «pienso, luego existo»
no alcanza ni conforma.
Insaciable y hambrienta, mi duda
es una loba
que corre tras la carne
por la escarcha desierta.
A qué distancia vivo de mi ser verdadero,
no aquél que deja huella de pasos
en el suelo, no aquél
que pone sombra fugaz sobre la tierra.
Qué hay de mío en mi angustia,
cuánto hay de mí en mi pena,
o es que esto que me agobia
me viene desde lejos
en secular herencia.
Quien diseñó mi cuna, quién proyectó mi horca.
Y desde la penumbra al umbral de la gota
primera de mis venas, un dios
que se me mofa.
Y no es el Dios solemne que se signa
en mayúscula,
altiva inconsistencia por sobre nuestras culpas
Hablo de un Dios humilde, hecho
a mi imagen propia.
Un Dios sin petulancia que peca y se equivoca,
que lo llevo aquí dentro, sostén
de mi maqueta carnal de imperfección.
Que tan pronto me anima, me apacigua
y me alienta, así como me humilla,
me apostrofa y blasfema.
Y mi pregunta eterna, y eterna sin respuesta.
Qué será de mí luego; qué fui antes de ahora,
y qué es esto que vivo cautiva
de mi forma.
Y nada hay que me sirva de todo este tatuaje
que guardo en la memoria.
Puesta sobre el abdomen abrupto de la tierra,
una piedra entre piedras, una planta
entre plantas,
un hombre entre los hombres, y entre las bestias
bestia, igual y misma cosa
para una eterna mutación de sombras.
Un fuego fatuo apenas, mi azul fosforescencia,
ya preoscila en la cuerda…
Y bajará mi duda, a saciarse en la húmeda
carne de la tierra.



Poema El Mar de Matilde Alba Swann



El mar soñó en voz alta
que tú me besarías.
Libérame un instante los labios,
necesito
contarte sobre el filo
de aurora en que amaneces conmigo,
que fue cierto,
que sí,
que nos amamos.
Y ya antes
que deshaga de espumas,
-el mar sueña que muero a tu costado-
reanúdate,
yo quedo.
Y déjame tus manos.
O llévate apretados contigo
estos dos gozas y miedos y gemidos.
Mis dos gritos a un tiempo;
dos tigres, dos palomas;
dos himnos, dos sollozos;
dos triunfos, dos nostalgias;
dos culpas
y una sola locura
y un milagro.
O déjame tus manos.
Dos potros, dos tormentos
dos blancos dulces perros lamiéndome
los pasos;
dos náufragos, dos puertos;
dos fuerzas, dos desmayos;
dos gotas de una lluvia de estío;
dos blasfemias,
dos templos, dos guaridas;
dos cielos, dos infiernos,
dos dioses, y una génesis sola
sobre el caos.
La sal
ancla en el fondo del mar
castillos blancos.
Desátame los brazos
o apaga estos caminos de viento
que me llaman.
O vuélveme a la hoguera
del beso hasta que queden cenizas.
Desde el nácar
profundo
sueña un niño celeste, que amanece.



Poema Esta Lluvia, El Perdón, Y Mis Rosales de Matilde Alba Swann



Y la lluvia sonríe, canta dentro
del cristal que me habita
y repercute
sobre un suelo ya antiguo
en otras lluvias, y otras tardes miradas
desde lejos.
Mi ventana de ver el mundo, abierta,
y mi puerta a algún náufrago,
descubro
que no hay puertas,
que nunca hubo ninguna
para abrir, ni cerrar; que estuve afuera.
Y esta lluvia…
La tarde me habla quedo
como un hombre, cansado ya de días,
que repite y repite la aventura
no vivida,
y es su única aventura.
Que no sea la noche aún, imploro;
que esta penumbra se prolongue
y siga.
Que no llegue la sombra, que no arribe
la hora parda,
y el agua me columpia; recién nazco,
es temprano, necesito
de la gracia de un pétalo de tiempo,
del milagro de dar
mi voz exacta.
Un rocío ya apenas, esta lluvia
se ha quedado fulgiendo
en las corolas
amarillas y rojas de mi patio.
En cada gota ?yo te absuelvo? escucho,
de la espina y la herida
que causaste.
Esta lluvia, el perdón, y mis rosales.
Emplumada de gris, vuela la tarde.



Poema En Este Día De Lluvia de Matilde Alba Swann



Un gris limpio, monótono, inasible,
en este día de lluvia
y cielo enfermo,
el corazón del agua está soñando
con bandadas de pájaros
de vidrio,
y en la rama otoñal, junta la ausencia,
luces mojadas, y voces
de aluminio.
Hay como un gato gris
rondando en torno,
así de blando,
así
de ojo amarillo.
Es casi tarde, mi niñez descalza,
viene a buscarme por un largo río,
bajo un mar vertical
deshilachado,
y un silencio de océano dormido.
Salgo a su encuentro, quedo de su mano,
me desnudo en su piel, líquida cuna,
vuelvo a mi antiguo manantial,
deshago,
gota a gota, pausada, mansa,
muerta.
Bajo un llanto de techos castigados,
somnolientos, reencarno,
soy de lluvia.



Poema En Todas Las Casas… de Martha Kornblith



En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
-loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
-que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
(So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto.
(lucía tan diferente)
(She looked so different,
so atractive, so outlocked)
En todas las casas
habitará una hermana poeta
-loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.



Poema El Mundo Al Revés de Marta Brunet



La tienda «El Mundo al Revés»
compra a cuatro y vende a tres.
Consigue así tal clientela
que vende que se las pela,
por eso cuesta un horror
llegar hasta el mostrador,
y el parroquiano apurado
compra todo equivocado.
La tortuga, siempre quieta,
lleva una motocicleta
La Hormiga, no la cigarra,
se ha comprado una guitarra,
y la Cigarra adquiría
-a plazos- una alcancía.
¿Para qué querrá una silla,
si no descansa, esta Ardilla?
Un tigre con mucha prisa
exigió un libro de misa
y el fiero lobo estepario
cuatro cirios y un rosario.
Este gallo, por señora,
elgió una incubadora
y el Pato hace un chiste malo:
pide una pata… de palo.

El Perezoso, ¡qué horror!
hoy usa despertador,
y el pacífico Cordero
un laque de cogotero.
Un cangurú saltarín
adquirió allí un trampolín.
-¿Un peso el cuello? ¡Qué estafa!-
protestaba la Jirafa.
Por si son cortos sus trancos
pidió la Cigüeña zancos,
y el Oso -es pura verdad-
un manual de urbanidad.
La Cebra, ¿no te desmayas?
se encargó un vestido a rayas.
La Liebre salió algo inquieta
llevándose una escopeta,
La Tórtola arrulladora
quiso una ametralladora,
y el Rinoceronte fiero
pues eligió un sonajero.
El Burro (sin comentario)
diez tomos de diccionario.
Una Polilla muy fina
entró a comprar naftalina.
La Foca de modo extraño
probóse un traje de baño.
Entró una Ratón a deshora
pidiendo un Gato de Angora,
Y un Ciempiés al poco rato
se llevó un solo zapato.
Llega un bisonte, arremete
y sólo quiere un chupete,
y en cambio el Conejo grita
que le vendan dinamita,
quiere el Elefante, en fin,
que el entreguen un violín.
Como ya no hay quién se entienda
cambian de nombre a la tienda.



Poema Estoy Sentada En Medio De La Soledad Del Bosque… de Marosa Di Giorgio



Estoy sentada en medio de la soledad del bosque. Los nogales ?con qué precisión? acomodan sus frutos exquisitos dentro de las bolsitas de madera. Se oye el breve alarido de las martas que buscan amores. En la casa todos descansan y parece que no hay nadie. Sólo yo, como siempre, no puedo dormir; ando con la pequeña lámpara de librium; pero, igual no puedo dormir.
De pronto, se retrae el trabajo de los robles y el amor de las martas.
Es que cruza un navío de otros mundos con su luz conmovedora.
No sé por qué, me da miedo, e intento huír.
Pero, la nave astral ha hecho crecer nuevas cosas.
Y un duro cantero de azucenas me detiene.



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