Poema Ventana de Juan Ramón Mansilla



Ha sido hermoso verte en la ventana,
pegada al cristal como quien contempla
un amanecer y recibe el sol
clemente del invierno.

He movido los ojos hacia ti
como ahora mismo muevo mis palabras.
Es extraño: tu imagen sale de un lienzo
pintado por tu ausencia..

La oscuridad se cierne lentamente
y dentro de poco será ya noche.
Con la fatiga se disolverán
las luces y las cosas.

Todo excepto aquello que es inmune
a las sombras y a las llamas,
vivo como tu imagen empañando
el cristal esta mañana y ahora.



Poema Un Tren En La Noche de Juan Ramón Mansilla



Hoy viaja mi pensamiento hacia ti
como un tren en la noche.
No dormía, se pasaba las horas
escuchando, disperso como brasa
aventada por todos los caminos
del mundo, con un nombre, un solo nombre
que llevarse a los labios.
A semejanza del viento, volvía
como un tren en la noche,
llamado por los rumores de un eco
cintilante aún entre sombras,
y de nuevo te traía a mi lado
invocando el verano a través del invierno.
Ha sido grato viajar contigo,
rodeado de penumbra y silencio,
salir limpio de tus ojos abiertos
como grandes ventanales al sur,
mirando como una casa encendida.
Y puesto que mi pensamiento viaja,
sea este poema que, ahora lo sé,
comenzó mucho antes de escribirlo,
quien lo lleve hacia ti. Veloz y cálido,
como un tren en la noche.



Poema Stardust de Juan Ramón Mansilla



In sé crede e nel vero chi dispera?
Giuseppe Ungaretti

Esta es la hora más difícil. La hora en que el celaje
está incubando tu presencia sin que pueda tocarla.

A veces, ahora lo sabes, imploro en la distancia
con el título de una balada de Brel.
Y me quisiera ir, clara la noche respirable,
hacia el milagro en ti evocado
sin que el día acabe en aquel temblor.

Pienso en Turner: el tren llega o parte,
pero nada, nadie se va.
No muy lejos de aquí tal vez sucede
que un poco de lluvia
vuele y te halle en un café o en la calle.

¿Y si es la misma lluvia
que hace poco ha mojado mi rostro?
¿Habrá que creer entonces en el acaso
o es sólo deseo, igual al que acerca
los labios a las ansias del otro?

Yo, como tú, también ansío la certeza.

Pero algo nos lleva de lo que dura a lo que pasa.
Lo adviertes, lo palpas, lo descubres
en el vello, en la laringe, en el abdomen.
No es tan atroz, tan alarmante
si crees en ti, como yo creo, y no desesperas,
si sabes que somos sustancia liberada
por explosiones de quásares, polvo
de estrellas, vida
que esplende, que está ahí, que ocurre.



Poema Sabores de Juan Ramón Mansilla



Un helado en el banco de un parque,
un café cada recreo,
un cigarro a todas horas,
la sopa, el filete, la ensalada,
el agrio del ayer,
el ron porque sí,
la soledad porque no.
Sabores amargos,
fríos sabores,
sabores que no saben
a vida.

La boquilla y el humo
del cigarro compartido,
el agua, el zumo y el alcohol
que a mi boca trasiegas de la tuya,
tu cuello, tu lengua,
tus pechos y tu ombligo,
tu ano, tu vagina.
Sabores urgentes,
vivos sabores,
sabores inacabados
todavía.



Poema Retrato De Gustav Mahler de Juan Ramón Mansilla



(en su último retorno a Europa, 1911)

Todo está en el mismo sitio,
similar, nuevo, atrapado
con deslumbre de albor, con claridad desconcertante,
un viajero solo en cubierta
frasea notas truncadas con motivos de espuma.
Un sanatorio en Viena, la voz alta de quien ya no oye nada,
a proa la extinción, la renuncia, el fingimiento.
¿Quién completará las obras que sólo para el viento quiso?
Es un velo la quietud que envuelve su rostro
como un mar de repente en suspenso,
un emblema destinado a enseñar
aquello que no dice.
La brisa desordena la paz fijada de un instante
en que el aroma es tan sutil
como pueda serlo su concepto.
Desde la proa observa la fiebre
que acerca glisando
un violonchelo azul sobre las olas.
No está desplegado el tiempo,
futuro y presente apenas se distinguen.
¿Habrá música, mar, habrá canciones?
Sólo de lejos se siente la progresión de la vida,
el hechizo de evocar los presentimientos.
¡Si pudiera sustraer de la muerte un día más,
siquiera un día!
Las dudas, los contrastes, la decadencia,
el mundo con su oropel, su eterna risa,
los bosques, el mar, la melodía que ya tenía soñada.
¿Qué será de ello cuando falte?
La costa, un puerto, una mujer que saluda.
El viajero solo, interminablemente solo,
la voz crecida de quien nada percibe,
contempla el pasado como un náufrago la playa.
Quieto todo, varado en el sitio de siempre,
atrapado con sonido de sombra y silencio duro.
Un tren, el paisaje al fin detenido,
mudo definitivamente, muerto, entelado.
El tiempo se ha escindido en dos mitades.
Que no figure en la tumba nada salvo mi nombre,
quienes vengan sabrán que la música
ahora está sosegada bajo las lilas abiertas.

Del libro «Los Días Rotos», Ed. El Toro de Barro, 2000



Poema Regalo de Juan Ramón Mansilla



Un día para extirpar del almanaque. Uno de esos
en que ya levantarse se convierte en una carga
y después todo transcurre como un cólico.
Algo a tachar de la agenda, una cita inoportuna.
Sentado en la cocina, fumo y pienso:

¿Y si hubiera muerto años atrás?

Durante la infancia, caído del árbol.
Ahogado aquella tarde en el mar.
En el quirófano.

Los almendros desnudos de ayer hoy no florecerían
ni un sol vacilante avivará despacio las cosas.
No nos habríamos conocido
ni compartido una charla, un café, un abrazo.
Tampoco ahora fumaría mientras pienso
que ha sido todo un regalo desde entonces.

La vida, los almendros y tú.
Cada minuto, cada día. Este día.

Un fascinante regalo.



Poema Preguntas de Juan Ramón Mansilla



Me pregunto cómo será mi vida junto a ti.
Cómo serán tus zapatillas
de noche o tu pijama,
cómo colocarás la ropa en el armario
o en qué lugar de la mesa preferirás sentarte,
cómo dirás mi nombre en los momentos
dulces o en los amargos,
si dormirás de costado o bocarriba,
cómo será el hueco en la cama al despertar
o tras habernos amado,
si seremos capaces de sumar
o dispondremos los números para la resta.
Preguntas y preguntas
cuya respuesta no recoge
ningún manual de supervivencia
y que no es tan preciso saber
si día a día las respondes conmigo.



Poema Pequeños Crímenes de Juan Ramón Mansilla



Dos arañas en el lavabo:
Dudar un momento.
¿Salvarlas, llevarlas afuera?
El viento, la lluvia, la escarcha.
Las hormigas, los pájaros.
Demasiados peligros.
Una difícil supervivencia.
Pero entonces, ¿qué hacer entonces?
¿Aplastarlas entre los dedos,
abrir el grifo?

¡Claro, abrir el grifo!

Bajo el chorro, luchan por salir.
Un esfuerzo. Un último esfuerzo.
Luego, casi al unísono, ovillan
las patas sobre el abdomen.
¿Resignadas? ¿Afirmándose? ¿Muriendo?
Como espirales del agua
desaparecen por el desagüe.
Limpio. Limpio y sencillo.
Pequeños crímenes.



Poema No Es Lo Mismo de Juan Ramón Mansilla



Un sueño: cargas cajas en un coche.
Otro más: peldaños que nos alejan y aproximan.
Un tercero: en algún lugar me abrazas
mientras dices ?tranquilo, tranquilo?.
¿Cuál de los tres inicia la secuencia?
Busco interpretarlos. Nada. Nada.
Tengo treinta y nueve años, muchas dudas
y no es lo mismo ir al adiós o al encuentro.
No, no es lo mismo.
Y, como ante un tren que no sé si parte
o regresa, dispongo sólo de un cuerpo
que arrojar a las vías
e interponer a su marcha.
Tranquila, tranquila: es nada más que una metáfora,
y éstas no buscan cumplirse
a diferencia de, a veces, los sueños.
A veces, no siempre.
Y no es lo mismo.



Poema Nevada de Juan Ramón Mansilla



Nieve. Toda la tarde ha nevado.

Empezó primero por manchar la verja,
la acera, las ventanas.
Ha cubierto después los rosales,
los peldaños, las macetas.
Una sucesión precisa, matemática casi,
como las migrañas en la tarde:
pulsos en las sienes, dolor, aplastamiento.
Hasta que un calmante lo droga
y quedo inmóvil como un móvil de Calder
antes de que lo agiten unas manos o el viento.

Cefalea, nevisca, muerte, ¿por qué se asocian
en un motivo del arte contemporáneo?
¿Por qué si estás, estoy completamente vivo?

Pero anochece y sigue nevando. Una nieve
ajena a la de la infancia, cuando
la habitación, el día no quedaban oscuros
y el blanco era el blanco, lento deshacer del tiempo.
No, esta nieve es otra. Nieve que aleja y separa,
oculta los caminos, borra las huellas, ahuyenta
los pájaros. Es el presagio, la contingencia terrible
de que mañana no estés.

Nieve. Desde tu ausencia sigue nevando.



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