Poema Paisaje Con Autor de Jorge Ricardo Aulicino



Vivió una escenografía de libros abandonados,
un televisor encendido después de la transmisión
y cigarrillos sin terminar.
Procuraba mirar de frente los objetos:
las roturas del asfalto o las plantas de un acuario.
Pensó en los objetos, soñó con objetos,
vivió rodeado de objetos sin traducción.
El mal y el bien no parecen distintos detrás
de un vidrio tan nítido.
Ahora piensa que el mundo está arreglado
de acuerdo con ciertos propósitos.
Y más allá de ellos los objetos se destiñen sin objeto.
El mundo se rinde de esta manera y uno sonríe
sin entender en qué consiste el triunfo,
mientras el sol brilla sobre una botella en los techos
o escucha los trenes o la lluvia
que vuelve a caer donde había caído y agrega
hongos, óxido, humedad, ciertos olores
a un paisaje que sin embargo no termina de explicarse.



Poema Otoños En Flor de Jorge Ricardo Aulicino



Bajo nubarrones rosados
paradójicamente puede esperarse
que se aclare el sentido de todo.
Pero estás hecho para la muerte
que es nada.
El enigma seguirá en otra parte,
tu muerte personal no aclara
ni oscurece el panorama.



Poema High Noon de Jorge Ricardo Aulicino



Plantas que hubiere en el corazón,
magnolias, olmos, paraísos,
gomeros, enredaderas, filodendros,
chopos, sauces, cedro blanco,
sombras que hubiere de ellos.
Arrasado fue todo y recreado.
Nadie cabalga el horizonte y llueve
sobre un pino, un vaso, un pajarito,
la selva que invade los caminos.
El paisaje es otro. Nadie llora.
Y el tren rompe el silencio.



Poema Coloristas de Jorge Ricardo Aulicino



Hay en ese bosque de Cezanne
la impresión de que ese bosque no está
ni estuvo.
No porque sea sueño, trama de sueños,
sino porque ha sido pintado en parte en
una tela,
en parte en la nada y -en gran parte-
en el lugar donde vimos un bosque.



Poema Muerte Natural de Jorge Pimentel



Me estoy muriendo mordí el anzuelo, caí en las trampas
estúpidamente, y ahora me contradigo con facilidad,
me extravío, me pierdo, y con la luz de un lamparín
cruzo puentes rústicos donde nadie me espersa,
donde no hay lugar preciso para mi cara que ya dejó
de ser columpio o lecho de fresas.
Me estoy muriendo, mordí el anzuelo, caí en las trampas
al tratar de entender lo que pasaba
al tratar de medir el alcance del engaño, la crueldad servida,
masivamente, matanzas que desbordaron los océanos
en montañas de cuerdos ofrendado como un sacrificio, como un rito
del que nunca participé, cuando nuestra inquietud
era otra o consistía en entender, si esas sombras dispuestas
al alba, eran para ser besadas, o simplemente para
observar su evolución en la forma cimbreante y espectacular
del relámpago.
Y todas fueron trampas a la larga mortales para nosotros,
sobre todo al tratar de explciarnos las siglas
que se multiplicaban como abanicos, como colas de pavo real.



Poema Esso Itt Ipc Gulf United Fruit Shell de Jorge Pimentel



adentrándonos en interrogaciones que nos llevaron a descubrir
al culpable de cuanto pudiera estar sucediéndonos.
Y fue como perdimos la nariz, los ojos y nos arrancaron las
extremidades, y perdimos las orejas, otros extraviaron
la risa en la mesa de las operaciones. A mi madre también la
persiguieron hasta que dieron con ella y nunca más
alcancé a verla claramente; la enclaustraron en una oficina.

Tengo noticias que a mi padre lo sacrificaron en una Cia.
de aguas gaseosas. Trabajó hasta su muerte, asta que
decidieron sacrificarlo amarrándole un tigre a la espalda
hasta que chille, y luego ardió y sus cenizas arañaron
las paredes de cualquier cantina repleta de aserrín, de discos
de Paul Anka y la Sonora Matancera, como una despedida
como un último brindis; y aquella fue la hora más solitaria del mundo.



Poema Prolongación De La Tregua de Jorge Ortega



…que todo lo concibe sin crearlo.
MUERTE SIN FIN

Dios es glaciar
y estepa:

sabana de incandescencia,
plancha del mundo.

Eclipsado por la nada
huelga el pensamiento
vuelto agora
siberia de sal,
raso cristálico;

o, dicho de otro modo,
fulge dorado por la ausencia
de resoluciones.

Sobre el espéculo del juicio
quedan sólo atenuándose
las figuraciones del vaho.

Como un ajedrez de polvo
en el rellano
de una escalera
poco frecuentada.



Poema Índices Del Enfado de Jorge Ortega



La soledad es una cápsula
centrada en la palestra de la tarde,
bóveda empotrada en la meseta
que es el altiplano del hastío.

Nadie se encuentra en casa, por ende
no hay voz que cisme el tedio
como un cubo de hielo. Sólo de pronto
se oye crujir el dorso de una puerta
como un barniz ansioso.

La muralla del silencio
divide en dos la estancia:
queda afuera el trotar de manecillas
y de este lado el péndulo
del ocio inmaculado.

Ya quema el ocaso
los últimos centímetros de la ventana,
supera el pináculo de su marco
con la garrocha de un vistazo perplejo.

El encierro frisa el límite
de la continencia vespertina,
sacia por escala de uno a uno
la magnitud de los bostezos:
frecuencia de un estar sin condiciones.



Poema Función De Medianoche de Jorge Ortega



Se abre el telón del sueño
y calla el día;
o bien, recoge al menos
su cauda de estrépito motor.

El portento de la luz desaparece
y aparece en la ventana
un redil de opacidad
preludiando teatro negro.

El apagón es foro.
El reposo la voz de la oscurana,
la ausencia de portento cenital
fundada en las ojeras
como un antifaz endrino.

¿Acaso la negrura desamparo?

A la sombra de ese eclipse
total que es medianoche
habla ahora el silencio:
cajón de ruidos tenues
y dudas de vigilia.

Dialogan los humores de las cosas
y la fauna prisionera
?en cocheras, traspatios, albitanas?
implanta en el corcho del ambiente
su dicción
sin perturbar el sueño.

Todo calla
y a un mismo tiempo
comulga por los hilos invisibles,
por los túneles secretos
que tienden los sonidos
de una banqueta a otra.



Poema Epitafio Para Niño Ahogado de Jorge Ortega



a Juan Pablo (1991-1994)

Pastor de las aguas: la eternidad deshiela muelles sobre tus párpados de obsidiana latente, hoteles en domos para sondear motocicletas. La eternidad no tiene horas, ni forrajes de oxígeno que cubran tu silencio rebosante de loas, ni el sol de California que asocias calladamente con un secreto botánico de tu propio mérito. La resignación es el empeño donde los vivos pregonamos tus primeras palabras como una música primitiva, el álbum fotográfico que gangrena los sillones como una maldición hereditaria. Para ti no habrá cuerpo que deslinde los torbellinos del vello púbico, ni pretexto estudiantil para sisguear arengas amorosas; mas en la ingenua conspiración de las albercas, habrás vislumbrado la parvulez de los oleajes, justo cuando la tarde riega por el puerto una lotería de fatídicos manoteos.

Pastor de las aguas: hay quienes llevan por corazón un salmón de oro macizo, una penumbra de alas.



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