Poema Dormir Acompañado de Jorge Ortega



El silencio es el arte
de la quietud extrema,
el voto de autosuficiencia
que procura el vigilante
de una noche sin sueño.

Alguien duerme a mi lado
desde hace media hora,
alguien cuya respiración
es un eco ilimitado
en el brocal de mi cuerpo.

Prohibido replegarse:
un corrimiento en falso
del talón bajo la sábana
podría perturbar a ese alguien
y estropear la balanza.

No olvidemos del reposo
su periferia sin escarpes,
su farallón de pesadez
nivelada con sueño frágil.

La movilidad es así
el sueño de todos los silencios,
la estatua reventada
por el chorro de la fuente.



Poema Diurno De La Estatua de Jorge Ortega



No hay pájaro que ronde a estas alturas
por la anchura del cielo despejado;
la bóvedad es azul, mediterránea,
pero de sumo ardiente, intransitable.
Fustiga la hora nona el parabrisas
con la acupuntura de los rayos;
imaginad entonces la intemperie
que abrasa los perímetros del éter:
nadie sale de casa en los contornos
ni se desplaza a pie por las aceras
como si bajo el signo de noviembre.
El rumbo es un erial,
y yo atravieso
?con estupefacción reglamentaria?
el radio de su aspecto desolado.



Poema Cuenco De Luz de Jorge Ortega



En la pelvis de la noche
reposa el poema.
La oscuridad es un cuerpo
restirado,
un cataplasma de tequila
donde bebo
los componentes de la euforia
detonante.

Levanto a nivel de la pupila
el trompo de la alucinación,
octaedro de imágenes ficticias
contoneándose sobre la barra.

En la taberna de los pensamientos
?armada por el ansia de relajo?
improviso un mural entre la turba
con la reciedumbre del deseo.

Me engaña la humareda
de los andamios que ofuscan,
y entonando una cantinela
tras de un espectro salgo.

Sobre el vaivén del mar etílico
me apoyo en barandales de neón.
Camino de Damasco
me infracciona un candelabro.



Poema Contrapunto Del Sueño de Jorge Ortega



El grifo mal cerrado es un ejemplo
de vigilia sin fisura.
Certifica el tambor del fregadero
con puntualidad repetitiva.

Ya no reloj de arena: clepsidra;
estalactita derritiéndose, gotera,
abrasión por la que huye
el espíritu del hielo.

Las doce campanadas
aguardan a merced de la desidia.
Bastaría un apretón de llaves,
un sigiloso girar de icosaedros
para abandonarse a la cama
sin estigmas auditivos.

Ya procederá de madrugada
la mano diligente, el piscador sonámbulo
que siega clamores volátiles.
Ya olvidaré el aguacero de abalorios
cuando la siesta sea peldaño de mutismo
en la verticalidad de la jornada.



Poema Conticinio de Jorge Ortega



Los perros son esfinges
de cemento opaco,
figuras congeladas
por el silencio raso.

Todo calla en el barrio
milagrosamente
como un hechizo exprés
decreto del azar.

Porque como nunca
la quietud es tan oblonga
a punto de abarcar
cosas y seres vivos:
entes presurizados
con la mano del hombre,
ramas agitadas
por el viento del mes.

La cuestión es que no fluyen
ruidos al bulevar
de modo que uno escuche
la brega de los desvelados.

Cada quien se aboca
al abismo de su página,
a las tabillas radiantes
que es todo libro abierto.

No hay toque de queda
más explícito o puntual
que acodarse en la mesa
a leer tamaño espejo.

Calla la voz, y los susurros
se inclinan hacia adentro
como las confidencias
de una oración nocturna.



Poema Buzón De Quejas de Jorge Ortega



Agosto es un mes cruel. Nos abomina
con tórridos calores, con tifones
saturados de polvo callejero
que el frente tropical ha removido.

La humedad cava túneles secretos
bajo la confidencia de la blusa,
disgrega su hormiguero de sudor
en hilos presurosos.

Padecemos
la asfixia de la carne, la escafandra
que llevamos de aura
como un peso
brutal y no tangible. Es la nubosa
orbicularidad de la calina,
el bulbo-calabozo
encajonando
nuestra respiración a cielo abierto.



Poema Antevíspera de Jorge Ortega



1

No pienso el poema.
Dejo abiertas las branquias de la pleura
para la embestida del siroco.

Un tifón asalta
la cisterna
del oxígeno que reciclo,
azota las ventanas olfativas
denostando la cordura del instante.

Mi credo es disponer de buril
cuando el vórtice haya entonces
doblegado la fibra más lejana,
cuando el reverso de la piel
quede ya galvanizado
de mielina sinestésica.

Los sentidos concurren en la mano
y hacen de su palma un tercer ojo.

2

Escribir pues
la traducción de los suspiros,
la gravidez del éter
impregnado de luz terráquea.

No relegar la matemática
pero adosar íntimamente
las flotaciones del entorno
a la sinergia del texto.

Desde los índices del gusto
prorrogar la tolerancia,
elastificar sus laterales
oponiendo un ecosistema.

10

La poesía es intermitencia,
presencia en duda
que vacila entre el aquí y el allá.
Allá palpita un buque.
Aquí la ola pedestre.
Entre el advenimiento de la nao y el repecho arenisco
la espacialidad del poema,
su lapso narrativo oreado de brisa,
veteado de sal como un bauprés.

El poema surca el viento;
parte en dos los efluvios contrarios
como una Biblia abierta a la mitad,
una metáfora del mar Rojo
acreedora de la disección más edificante.

Autorizo inspecciones de canícula
en mis hipogeos cutáneos.
Dejo que la embriaguez del agua
bañe la sequía de mis empeines.
Humedezco el pecho altivo
aspirando las señales de la tromba.

Todo fenómeno improbable
queda por cumplirse
en la virginidad del pliego oceánico.

12

No importa si el poema
cae del cielo o brota de la tierra.
Si desciende de las cumbres heliconias
o asciende de un cráter con apremio
de roca plutónica.

Si con tino de volcán
proyecta su tipografía,
o con fertilizante de llovizna.

El esófago dispara
piedras viscerales,
mas ignora la asepsia periférica
que regla el aposento de las letras.
Poco importa su torpeza enardecida,
su erupción de alquimia carrasposa.

Da lo mismo
si la altura suministra
el fosforescer de la planicie,
si el arabesco de los dígitos
resulta entronizado
por el sonar de un tragaluz.

Más acá del rito originario
el poema es materia cognoscible,
liebre capturada entre dos hitos.



Poema Situación Anómala de Jorge Medina Vidal



Amar es vivir despreocupado. Punto.

Es una posibilidad que debió ser jueves o explosión
o sonido de una guitarra que el luthier
nunca se atrevió a construir. Punto.

Situación anómala que todos confunden con Felicidad
y se enorgullecen al descubrirla entre sus amistades.

Puede ser un gato que en las estrecheces de los
hogares modernos repasa las masacres
de sus abuelas ENTRE LOS HELECHOS GIGANTES
Y LOS DINOSAURIOS.

Siempre está perdido en el sueño próximo
al delta pantanoso.

Basta que toque un rayo de luz en su plumaje
para que surja Amor,
como una novia etíope de su blanca litera.

Los raquíticos no saben del amor.
Entonces sí, corresponde: Punto.



Poema Noche Transfigurada de Jorge Medina Vidal



Ni hablo ni escucho
como la dalia en el tintero.

Abiertas las ventanas de mi casa
en el campo
se sentían llegar cosas al mundo,
extrañísimas cosas,
cargamentos.
Y se sentía aquel drenaje oscuro
la emigración de lo que se moría
hacia todo el espacio
de las nubes.

Solo sé una palabra,
una pregunta
para ustedes señores ocultísimos
que parecen vivir todo en el campo
y despedís al borde de la noche
materias del olvido.

Pero no hablo.



Poema Historia De Amor de Jorge Medina Vidal



Para brillar con idéntica luz los amantes se encierran,
porque no saben si el mundo ha terminado
su destino de lluvias y de niños,
o si el mundo es un No opuesto a la integridad
de sus deseos,
o si el mundo no existe y entonces conviene
apartarse de la nada.

No son el hombre y la muchacha nocturna
que buscan sótanos húmedos y oscuros para entrar y salir
furiosamente. La fruta caída entre los desperdicios
es tan sólo el memento de un estío pasado,
y de una tierra fabulosa
como las entrañas de un toro.
Pero el amor hace que los amantes sean vicarios
de potencias altísimas,
que los mueve a la ira y a romper la pepita de los gameros
ávidos de unidad,
a pisarlos después con asco
porque abren la senda a los números infinitos.

Los amantes necesitan encerrarse,
y cada uno de ellos, que se aman tanto,
cuando se encuentran solos en una ola o en un palacio
-penetrado de silencio- donde ninguna mano
puede violar la intimidad fastuosa,
comienzan a descubrir el tórax, su cintura,
la risa, la cabellera criada entre delicias
y se lamentan.
Sí, pide la historia del amor
el llanto. La risa cumo un grito retorna
a la garganta
y el gracioso la escucha sobrecogido
y ríe, sigue riendo ante su noche.

Qué ver sino los labios unidos. Luces idénticas
que poco a poco dejan de ser lo totalmente otro,
y en el cabello, en la cintura, sienten
que allá infinito
arroyo bajo el valle
nada lo asible puro de la amada.

¿Adónde has visto luego que fueran los amantes?
¿Se apartan y mientras uno habla
el otro llora?
O se dedican a la muerte
en ese día en que pensaron: ?Las mariposas vuelan para nosotros?.
¿Quieren burlarse del insigne fracaso?
Es por eso reconfortante saber que todavía se muere la juventud,
no llegados aquí, a la precisa madrugada,
preparada, en que el hastío los deja cínicos
o rompe el vuelo de su pensamiento.
Felices los necios y los sabios,
los engañados totalmente
que mueren en la fe primitiva
y los que arengan con la conciencia de un gran fraude,
mirando más, mirando más.



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