Poema Regreso de Pablo Mora



Hoy entreabrí la puerta de la infancia
con la nostalgia vuelta hacia la cuna
y no encontré ni un rastro de la luna
que ayer nomás iluminó mi estancia.

Hoy me inundó la mar de la distancia
al evocar mi vegetal laguna
y en la vieja resaca una por una
fue anclando sus pisadas mi inconstancia.

Hoy me perdí en las ruinas de mi ayer
en busca de un alero, de un cimiento,
de un mango, un cafetal o mi nacer

y al verme en los umbrales de mi aliento
honda desolación cruzó mi ser:
oí que sollozaba mi lamento.

De Almácigo 2 (1980)



Poema Penumbra de Pablo Mora



De un tiempo acá las noches no son mías,
las aspas del insomnio se han varado,
porque un lúgubre viento huracanado
me dejó solamente con mis días.

De tarde en tarde van mis rebeldías
tras el antiguo puño alucinado,
donde siempre sus furias han anclado,
y en alto empuñan nuevas acedías.

Del brazo del amor que la convida ,
por calzadas de gritos en penumbra,
huérfana de la noche va mi vida

tras un amanecer que al fin alumbra
un día con la noche esclarecida
de azul mañana que la fe vislumbra.

De Almácigo 2 (1980)



Poema Palermo de Pablo Mora



De regreso del campo, del Amparo
?fresco follaje que tocaba el cielo?
antes, mucho antes de llegar a casa,
pasábamos, silentes, por Palermo.

Para mí, Palermo era pura luna
?mansa finca dormida en la floresta?.
Desde Los Alpes nunca fui a Palermo
mientras Palermo me llevó a la luna.

Perfectamente yo podría decir
que, niño, Pablo visitó la Luna,
que de Palermo viene su locura.

Si no, de aquellos duendes que una tarde
?me dijeron? saldrían de la huerta
sin que nunca en la huerta aparecieran.



Poema Nunca Más Huérfana de Pablo Mora



la vigilia que cuando un alma que en soledad vivía

quedó también en soledad herida

Nunca la soledad sonora fue más noche sosegada

que cuando aquella Esposa sintió que todos

mil gracias le fueron refiriendo de su Amado

Nunca el amor jugó mejor al escondido que cuando

aquéllos entre montes y riberas entre prados y verduras

anduvieron

Pastores huertos rosas flores prados

¿Acaso por vosotros ha pasado aquél que os decía

Decidle que adolezco peno y muero aquél

que andando enamorado se hizo perdidizo y fue ganado?

Nunca más el amor descalabrado que con

un no sé qué que quedan balbuciendo

Métele duro Juan de madrugada!

Métele firme Juan de Madrugada!



Poema Librémonos de Pablo Mora



Del poeta que escriba en menguante. Del sol que caliente la
miseria. De la antigua procesión de hojas marchitas. Del virginal
destierro sin regreso. Del zorro tiempo que cosió el silencio. De las
vergüenzas, los odios, los bisiestos años. De los millones, billones o
trillones de justos. De sus escombros, sus heces, sus herbajes. De los
hombres buenos, fraternos o pendejos. De las rojas calificaciones del
rocío. De la criptografía de los espías. Del aurinegro estiércol de los
diablos. De los fatídicos cálculos arábigos.

¡Librémonos!

De los escupitajos. De los mortecinos ecos de una infancia
hueca. De lunas distraídas, putrefactas, con psoriasis. De la antigua
costumbre de ir por las laderas del hocico de algún pan sin nombre y apellido
. De los cimientos, aleros o gargantas donde los helechos ocultan
las crecientes y clinejas. De alguna vez sin sombra. De esos ojos
que se van poniendo chinos de puro sentimiento muerto.

¡Librémonos!

De la brisa muda, confundida, agazapada. De la herida
lágrima del beso de la puerta. Del llanto aguacero del payaso de los pájaros.
De las simas infernales de la hormiga. De algún día sin noche. Del eterno aprendiz de pordiosero, de poeta. De ser tan sólo trapo viejo de
cocina esenia. De la marginalidad de la mordaza. De la ciudadanía de la maleza. De la confusión de los espíritus. De las malas tintas, trinitarias, con
pereza azulmarina. Del alegre gasto de hojllas, saludos, palabras y regresos.

¡Librémonos!

De los relojes de los largos sueños. De los gestos, los
cantos, cuernos, cuentos y coros de la tarde. De las viejas arenas del río. De
las azules piedras del mar, sus costados y quebrantos. De mirar sin miedo a maltratar al ciego. Del hórrido graznido de un auricular espía. Del
sol, la luna y las estrellas. De la luz que fue hecha. Del desorden
sacrosantamente público. De los orinocos de la angustia básica. De la andanza de los cristos encarnados, truculentos.

¡Librémonos!

Del pavoroso tesoro del hambriento, el eterno basural de
los sinsontes. Del hueso gustero. Del mañanero pedazo de candela. De la
saneada policía embrutecida, envenenada. De la santidad de las semanas. De la conjunta mortandad de los calvarios.
De la muda orfandad de los samanes. De los apócrifos pensamientos. De su vigencia
escandalosamente moribunda. De tanto malandrín contemporáneo tan lleno de sabor latino.

¡Librémonos!

De alguna lupanaria invasión de los marines. De
posesiones, transmisiones, misiones, sumisiones. De agresiones, regresiones,
transacciones, conciliaciones o casinos. De la ginecocracia de la mujer.
De las angélicas pasionarias arenas de las flores y las algas. De quienes
juntan casa a casa, y añaden heredad hasta ocuparlo todo. De
maquinaciones, de coyundas y de yugos. Del monte sin bramido de ganado. De la economía sin fronteras. De las firmes retiradas. De las
mentiras, de las granadas, de las carcajadas.

¡Librémonos!

De los amparos, los desamparos, los roperos, los preparos y
reparos De los trabajos, los dioses y los días. De los bravos, de los buenos,
de los feos, de los malos. De los barcos juguetes de garbanzos o gabazos. De las gaviotas de cada día.
De la luz eléctrica desinfectante y puta. De quien nos siga, nos hurgue, espere y desespere. Del Eclesiastés. Del Eclesiástico. De los Excelentísimos Señores Superviajeros. De los pasajeros.. De los proverbios,
los refranes y los eros. De los cinco o cinco mil panes. De los cinco puntos cardinales de los canastos engrifados por el llanto.

¡Librémonos!

De los canarios, los gallos, los grillos, los cristianos y los
trompos tuertos. De cualquier unión patriótica. De cualquier estado hideputa
unido, supremo, checo, eslovaco, ecuménico o romano. Del nostradámico
naufragio del planeta. Del enfermo pobre. Del remedio caro. Del tramposo viejo. De la hornilla muerta.
Del acecho de la sierpe. De la estatua del silencio. Del complejo azucarero del diabético.
De las impúdicas raíces cuadradas, literarias. De las impunes rimas estridentes, procelosas, desnudas o atenuadas.
Del pus supremo de los viudos y los solos. De la ponzoña, la maleza y la cizaña.

¡Librémonos!

De las Constituciones, los Constituidos y las
Constituyentes. De las vulvas quebradas del quebranto. De los suspiros
lustrales del torrente. Del delirio augusto en torrencial plegaria. De la
sinérgica vacuidad del cosmos. Del lirio y la vagina a la intemperie. Del cante
jondo de Dionisio en galla misa. De los Smith, de sus deudas
indeseadas, inmorales, indexadas. De los Truman vagabundos de la guerra.

¡Librémonos!

De los racimos del hambre y la miseria. De los ridículos
seguros poderosos previsores. De las bárbaras sedes de los deltas del silencio
en alta mares crines de arrechera encabritada. De la ansiedad de las pedradas.
De virtudes, peines, arañas, alacranes y pañales. De la solemne soledad de los agostos.
De la tristeza, esa mierda, compañera insoportablemente legañosa, tiernamente oscura.

¡Librémonos!

De tropezar con un martes trece. Con un caballo loco o un
león insomne en fuego. De una madrugada acacia hambrienta. De la corneja
al lado adverso del destino. De alguna tristeza ultramarina. Del
aullido de la hiena. De la salvaje cabra, del chacal y del hurón. De la madre
de las rameras y de las abominaciones de la tierra.

¡Librémonos!

Del canto de gallo en aguacero. De la abismal oquedad de
la renuncia. Del carcomido silencio en increíble soledad deshabitada. De los
toreros muertos, de los huérfanos teteros. De
la zocacola, las anhedonias, los pericos. De los fantasmas de Canterville.
De los sobrevivientes. De Chernobyl. De las intelectuales escrituras patriarcales pendulares.

¡Librémonos!

Del rap de las hormigas. Del carrousel de las Eduvinas, las
Adelas y las Adelitas. De los enanitos verdes. De los traviesos gusanitos. De
los políticos paralíticos, sifilíticos. De la escasez del tiempo para el ocio,
el vicio y el fornicio. De las mezclas con efectos especiales. De los bebedizos, menjurjes, barbechos y barbascos.
De los puercos y los porchettos.

¡Librémonos!

De los contagios del alma. De los rituales. Del limbo y los
reptiles. De los cristianos, cristales y vitrales. De los juanes, los
moriscos, las trompadas, estallidos y luceros. De los venenosos invidentes. De
las tuercas, tutecas, lagartijas y cangrejos. De la tara, las lesiones, sus
corotos, tormentos y lecciones. De las guerrillas, las calabazas, los
velorios. De las ocurrencias de la muerte. De los ojos abiertos de los ciegos.

¡Librémonos!

Del medio camino de la vida. Del azufre, del agüero, del
aojo. De la desnuda mariposa salamandra. De la amapola en luna
descubierta. Del tísico pañuelo de la guerra. De consejas, sinagogas, conjuros y consejos. De argucias, fraudes, hurtos, dolos y asechanzas. De
echar dado falso, de cargarlo. De caer en el señuelo o en el lazo. Del necio, sus
celadas y sandeces. De confundirnos alguna vez de mano, de palabra, de
noche o de locura. De lluvia, de casa o de garganta. Del canalla y sus
vilezas. De la sangre colorada en desamparo permanente. De
acampar algún día en ensangrentado llanto. De tener que cargar con la rosa
agusanada sobre el opaco lomo del que nunca fuera.

¡Librémonos!

De la matadura de la memoria voraz que atiza los
relámpagos. Del desbocado potro que golpea en el pecho sus chispeantes
cascos herrados por el viento. Del vórtice abierto que engulla nuestra
esperanza desolada. De la desolladura del barro que seremos. Del errante
diluvio de los párpados insomnes. Del estridente relincho del rayo de los
pájaros.

¡Librémonos!

De tener que mear sangre en los hocicos de los gusanos o
pagar peaje con vinagre de Mahfud. De tener que presenciar el duelo de una
telaraña con la lluvia. O el de un colibrí con el sueño de una
cerbatana. De tener que oírle a la lluvia un cante jondo. O asistir al entierro de
una hormiga virgen. De tener que andar en puntillas sobre un silencio
o liberar una estrella de una luz alpina.

¡Librémonos!

De tener que regresarnos de la muerte u oírle al mar sus
coruscantes sinfonías de agua. De tener que cambiar de aldea. De que se
desteja el encaje del sol enfurecido. De que se desgaje el transido corazón del
hombre. De que se desate la noche de la guerra o se zafe el curricán del mar.

¡Librémonos!

De que nos sorprenda el aplauso de un pájaro salvaje o la
madre del caracol huyéndole a la pena. De aquél que no conozca la
tristeza. De las indómitas fieras de la guerra. De tener que ver los mil
cielos sin estrellas. De que el sueño sea el camino de la muerte. De querer
en alguna madrugada abrirse una vena o un ojo que nos dé la libertad eterna.

¡Librémonos!

De la culebra amarilla de la acera en donde guiñan nuestra
vida los goznes de los miedos menguados de unos asnos
escondidos en los postigos del tiempo, amarrados al fulgor de la garita
quejumbrosamente polvorienta de la lluvia en suerte.

¡Librémonos!

De las sombrillas del corazón. Del desierto de las bolsas.
De las zapatillas de las brujas. De las gusaneras del Palacio. Del abrazo de un
ogro purulento. De un Judas vivo o un Vallejo muerto. Del hambre,
digo, del hombre decente, parte de la Religión, ese viejo escondite,
guarida de dioses, infiernos y demonios. Del corazón, ese tercer cojón del
hombre. Del sidoso divino providente. De los cojones de la Divina
providencia.

¡Librémonos!

De De la noche insomne (1992)



Poema Larguísima de Pablo Mora



la noche que nos cruza

Acaso brille un lucero a la intemperie

Acaso algún horizonte vista claridades

Tal vez afuera lejos de la tierra

Somos otros en despiadada espera sostenidos

El canto está apagado su ojo insomne

inmenso insomne párpado nocturno

Defendamos con urgencia los fueros de la vida

amenazada

Se necesitan palabras que golpeen

fuego que haga visible el ramo del primer sol

esa mujer desconocida que es la nochepoesía

la más larga y gozosa de las noches

Como un árbol al pie de la tormenta

en vela con la lira de su insomnio

ven a sentarte en el lugar del grito

ven a mirar el tiempo que comienza

ven conmigo a esperar la clarinada

la memoria y certeza de estar vivos



Poema La Mano de Pablo Mora



Salve, mano, alfarera de mis versos,
por quien recobran mis sonetos vida
en el cuarto anular de la partida
y en el sexto pulgar de sus reversos.

Salve, meñique, y sus acentos tersos
y tú esdrújulo índice en salida,
donde cabalga siempre en embestida
la furia de mis ritmos circunversos.

Mis dedos, mis cordiales camaradas,
silenciosos orfebres de mis rimas,
se saben de memoria mi universo.

Tal vez cuando se escuchen las palmadas
con que llame la muerte allá en sus simas
esté mi mano componiendo un verso.

De Almácigo 6 En tiempo de Paz (1993)



Poema Insomne Lumbre de Pablo Mora



Que cada palabra lleve lo que dice.

Rafael Cadenas

Expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la vida. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos.

Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arco iris.

Sabernos vivos todavía bajo el granado trigal de la noche insomne. Registrar ventoleras, arrebatos y miserias. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga.

Morir de pie a pesar de los milagros. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Con el grano de arena que a las costas de la divina antigüedad nos ata.

Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias. Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre.

Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final.

A punta de hombre, tempestad y grito. Por obra y gracia del asombro a secas. Por el relámpago final del hambre. Por la luciérnaga y su insomne lumbre. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.



Poema Iban Y Venían de Pablo Mora



Se levantaban juntos

Pasaban el día juntos

Leían juntos

Uno acero y plata

El otro tez olivácea

barba negra nazarena

ojos oscuros y hundidos

árabe ancestro de andaluza estirpe

Hasta que un mediodía uno de ellos estuvo muerto

y por la cuadra en silencio revoloteó

una bella mariposa de tres colores

Dicen que ahora se les ve

muy de tarde en tarde y de noche en noche

en una isla espiritual caída del cielo

protegiendo el corazón de sus auroras

templándole la cuerda a la esperanza



Poema Hicimos La Mochila de Pablo Mora



y nos volvimos vagabundos
Apoyamos las palabras sobre la sangre
Cargamos los dados en la apuesta
Arrestamos al viento al sol las mariposas

Supimos del alma del silencio
de la piedra que alguna vez fue estrella
del sagrado terror de la locura

Fuimos un retrato del alma de la tierra
Dejamos pasar la noche por encima de nosotros
mientras las islas no se cansaban de bañarse

Nos hicimos a la lluvia
Matamos la tristumbre
Rompimos alfileres paraguas y repisas
Inventamos ratos penas alegrías y tardanzas
Echamos un vistazo al mundo

Nos provocó quedarnos solos en la tierra
Faltó ponerle trampas a la muerte

De Asombro al descubierto (1996)



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