Poema Empezamos de Pablo Mora



Empezamos midiendo con la mano
el patio, el cielo de la antigua escuela;
ahora solamente sopesamos
el llanto de la muerte en pie de guerra.

Cuando niños jugamos al castillo,
los sueños se mecían en las sienes,
diciembre ?lumbre en colosal niñura?,
algo mejor para el mañana ignoto.

De nuevo niños ?el reloj del tiempo?.
¡Que nunca se nos nuble el horizonte!
¡Que nunca más la nieve se enrojezca!

Ante el niño fundido en la trinchera:
¡Menos fuerza, Señor, para la guerra
y más valor para fraguar la paz!



Poema Asombro Al Descubierto de Pablo Mora



Je est un autre.

Rimbaud

Je suis l´autre.

Nerval

FUEGO QUE PASAS Fuego amigo Fuego

En el bosque que sólo tú conoces

llama que corre salta y se desliza

Testigo de la noche primigenia

sé vuelo de latidos y esperanzas

el encaje del mar juvenecido

la lujuria del alba descubierta

la pena capital de la belleza

La centuria crispada de milagros

el puma americano a la intemperie

el grito salpicando en la garganta

nunca jamás la lumbre acuartelada

Oh Padre Padre Nuestro Sideral

A los pies de la muerte y la derrota

funda la sinrazón mientras fulgures

mantén en alto la locura en cierne

desnudo solitario insomne en vela

velando a pensamientos desatados

TAYTALLAY TAYTA ríe a carcajadas

Gran Almirante Padre Cenital

Échate bien al hombro tu carcaj

Oh Padre Padre Nuestro Sé puntual

Pide tu asombro en busca de un instante

Pide tu voz en alta llamarada

Pide tus sienes en pasión de espera

Pide tu aliento en tempestad de gloria

Pide a los hombres su inmortal batalla

el milagro que falta para el rayo

en guerra de la muerte Pide todo

el corazón del mar para la paz

Pide tu luz en aras de la tarde

para implorar la vocación al viento

para entonarle el aldabón al sueño

Pide en verdad las manos de la aurora

para anunciar la paz a los humanos

más airados que nunca por la guerra

SAL LUCERO DEL ALBA sal y mira

Fulge tranquilo en cada bosque en celo

Fabrícale sonrisas a la lágrima

Al azul una escuela vespertina

Lanza al viento un tropel de papagayos

Alza en tus manos la fugaz dulzura

Enciende tú la paz sobre la celda

La gota roja en la espesura apaga

En luceros transforma la centella

Escucha de cuclillas a la rosa

Sacúdele la pena a la atarraya

Confiésale a la piedra tus secretos

Celebra el cumpleaños a los árboles

Alarga el día al callejón sombrío

Enarbola tu canto en cada aldea

Al herbaje desteje sus clinejas

Al agua los rastrojos y botellas

no te olvides de darles de beber

LA SEMILLA DEL HOMBRE germinando

La oscuridad del hambre en emboscada

Los suspiros indígenas gargantas

pececillos aullando en la creciente

crujientes vendavales milenarios

los pliegues de los siglos cabizbajos

Por obra y gracia del insomnio el hombre

el hombre rayo que arde en la tormenta

alarido crispado en huracán

por fin él ocupándose del hombre

el hombre simplemente el hombre a solas

en paz consigo con su pena al hombro

Al descubierto hermano universal

guarango chontaduro cañahuate

chaguaramo apamate guayacán

samán araguaney o flamboyán

universal ceniza en singladura

en pulpa en hueso en lluvia en soledad

Los pájaros los árboles el hombre

el hombre a punta de hombre y tempestad

semilla germinal a la intemperie

andando andando andando andando andando

SER TRIGO pan espiga sueño niño

Hundirse hurgarse ser sentirse serse

Asombrarse del silencio de la rama

y más del silencio de la hoja

que apenas si nos oye

Creernos indispensables todavía

para el terrazgo que nos queda

Maravillarnos del discurso del agua

Acabar con la guerra que nos cruza

la noche que nos cruza
el hambre que nos cruza

Asomarnos al canto de los árboles

Escuchar el aplauso de los pájaros

cuando revienta en diapasón el día

a pesar del estruendo de las hambres

o al fondo más lejano de los vasos

Cósmico Movimiento Imagen Móvil

Orden de Sucesiones Devenir

Trashumancia Invención Solemnidad

Cuerpo de luz asombro al descubierto

Dinos del viento y su camino largo

Dinos del Sol y su trajín sagrado

Dinos del hombre y su tristumbre amarga

Dinos del niño y su cocuyo insomne

De la noche gastada diluvial

De la antigua memoria de las aguas

Dinos del mar y de las islas claras

Claridad hechizada sorprendida

Fuego que pasas soledad en fuego

El Lucero del Alba nos alumbra

A los pies del asombro y la derrota

Desnudo solitario insomne en vela

Velando a pensamientos desatados

Un cielo abierto un solitario insomne

Una raza que canta en la tormenta

Hay peces que navegan en el aire

En las extrañas islas de la noche

A la orilla más pura de la calma

FUEGO QUE PASAS Fuego amigo Fuego

En el bosque que sólo tú conoces

llama que corre salta y se desliza

Testigo de la noche primigenia

sé vuelo de latidos y esperanzas

el encaje del mar juvenecido

la lujuria del alba descubierta

la pena capital de la belleza

La centuria crispada de milagros

el puma americano a la intemperie

el grito salpicando en la garganta

nunca jamás la lumbre acuartelada

Oh Padre Padre Nuestro Sideral

A los pies de la muerte y la derrota

funda la sinrazón mientras fulgures

mantén en alto la locura en cierne

desnudo solitario insomne en vela

velando a pensamientos desatados

TAYTALLAY TAYTA ríe a carcajadas

Gran Almirante Padre Cenital

Échate bien al hombro tu carcaj

Oh Padre Padre Nuestro Sé puntual

Pide tu asombro en busca de un instante

Pide tu voz en alta llamarada

Pide tus sienes en pasión de espera

Pide tu aliento en tempestad de gloria

Pide a los hombres su inmortal batalla

el milagro que falta para el rayo

en guerra de la muerte Pide todo

el corazón del mar para la paz

Pide tu luz en aras de la tarde

para implorar la vocación al viento

para entonarle el aldabón al sueño

Pide en verdad las manos de la aurora

para anunciar la paz a los humanos

más airados que nunca por la guerra

SAL LUCERO DEL ALBA sal y mira

Fulge tranquilo en cada bosque en celo

Fabrícale sonrisas a la lágrima

Al azul una escuela vespertina

Lanza al viento un tropel de papagayos

Alza en tus manos la fugaz dulzura

Enciende tú la paz sobre la celda

La gota roja en la espesura apaga

En luceros transforma la centella

Escucha de cuclillas a la rosa

Sacúdele la pena a la atarraya

Confiésale a la piedra tus secretos

Celebra el cumpleaños a los árboles

Alarga el día al callejón sombrío

Enarbola tu canto en cada aldea

Al herbaje desteje sus clinejas

Al agua los rastrojos y botellas

no te olvides de darles de beber

LA SEMILLA DEL HOMBRE germinando

La oscuridad del hambre en emboscada

Los suspiros indígenas gargantas

pececillos aullando en la creciente

crujientes vendavales milenarios

los pliegues de los siglos cabizbajos

Por obra y gracia del insomnio el hombre

el hombre rayo que arde en la tormenta

alarido crispado en huracán

por fin él ocupándose del hombre

el hombre simplemente el hombre a solas

en paz consigo con su pena al hombro

Al descubierto hermano universal

guarango chontaduro cañahuate

chaguaramo apamate guayacán

samán araguaney o flamboyán

universal ceniza en singladura

en pulpa en hueso en lluvia en soledad

Los pájaros los árboles el hombre

el hombre a punta de hombre y tempestad

semilla germinal a la intemperie

andando andando andando andando andando

SER TRIGO pan espiga sueño niño

Hundirse hurgarse ser sentirse serse

Asombrarse del silencio de la rama

y más del silencio de la hoja

que apenas si nos oye

Creernos indispensables todavía

para el terrazgo que nos queda

Maravillarnos del discurso del agua

Acabar con la guerra que nos cruza

la noche que nos cruza
el hambre que nos cruza

Asomarnos al canto de los árboles

Escuchar el aplauso de los pájaros

cuando revienta en diapasón el día

a pesar del estruendo de las hambres



Poema Ars Poética de Pablo Mora



limpiar el poder cuando corrompa

vigilar mientras todos duermen

unir lo posible con lo imposible

mantener abierta la palabra

sacar la flor de las cenizas

llevar el infinito a cuestas

salirle al paso a la mirada

alentar todas las formas

alumbrar la maravilla

encender relámpagos

asombrar al tiempo

descubrir el secreto

sentir las sombras

fundar los sueños

salvar al hombre

amar al viento

decir verdad

seguir puntualmente al sol

sentarse en el lugar del hambre

acordarse del viaje hacia la sombra

dar tiempo al camino a que regrese

despertar a latigazos el silencio

mantenerse como un latido

llevar a peso las palabras

reinar sobre la muerte

revivir cada día

salvarse juntos

festejar la vida

cambiar la vida

transformar la vida

asolear la eternidad

hacer más vivo el vivir

llegar vivos a la muerte

hacer buena la palabra

hacerla arado paz combate

furente empuñada inextinguible

dar con la antigua huella de la paz

con los nuevos caminos de la aurora

salvaguardar al hombre que florece

la trocha que nos lleve al alumbraje



Poema Al Alimón de Pablo Mora



Pedro Salinas – Pablo Mora

Mientras haya
en el mundo alguna puerta,
una gota en el alambre
o una lágrima en la estrella.

Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.

Mientras haya
mar con olas trajineras,
trajinando en alegrías,
llevándolas o trayéndolas.

Mientras haya
un hombre asomado al tiempo,
en orfandad encendido,
alejándose y viniendo.

Mientras haya
lino para la hilandera,
árboles que se aventuren
y vientos para la vela.

Mientras haya
bosques que sueñen en árboles,
cielos en sueño hombrecitos
y amores en los amores.

Mientras haya
tanta fronda en la alameda,
tanto pájaro en las ramas,
tanto canto en la oropéndola.

Mientras haya
un colibrí mañanero,
un suspiro, un alarido,
un relámpago, un acecho.

Mientras haya
un mediodía que acepta
alegremente su sino
de ser la tarde que llega.

Mientras haya
un par de versos descalzos
tras una luna desnuda
al pie de un sol de venados.

Mientras haya
jazmines, claveles, rosas,
que se marchen al ocaso
y regresen a la aurora.

Mientras haya
polvo, barricada, fuego,
turpiales de medio luto
y soldados por el suelo.

Mientras haya
una mirada serena,
un día que se va yendo
y un recuerdo que se queda.

Mientras haya
celadas contra la muerte,
delfines surcando el mar
o un niño que el hambre lleve.

Mientras haya
lances, clarines, laureles,
timbales y clarinadas,
monteras sorteando muertes.

Mientras haya
pasos y pasos que dejan
tan seguros como en mármol
en la memoria sus huellas.

Mientras haya
trajes de luces, de seda,
jardines en las vocales
y gritos entre las piedras.

Mientras haya
amor, y amor que le quiera,
vida que pide más vida
o algún poema que vela.

Mientras haya
esperanzas y recuerdos,
alguien buscando imposibles,
enigmas bajo el misterio.

Mientras haya
en el mundo primavera,
una nube que se va
y un arrebol que se encienda.

Mientras haya
soles que al mundo lo alienten,
trajines para el ensueño
y amores para quien quiere.

Mientras haya
la querencia del poema,
unos versos que amanecen,
muchas palabras que esperan.

Mientras haya
un camino, una faena,
un mugido, una luciérnaga,
una palabra, una espera.

Mientras haya
memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
trasluces en las tinieblas,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.

Mientras haya
susurros por las estrellas,
atardecer que pregunta,
anochecer que contesta.

Mientras haya
tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando,
amanecer de poema.

Mientras haya
alguien por la noche insomne,
siendo el insomne el delirio,
siendo la noche la insomne.

Mientras haya
alguien, diestro, toro, ruedo,
una capa, una muleta,
un capote, un burladero.

Mientras haya
un bramido, un rejoneo,
lidia, muletazo, vara,
algo nada más que siendo.

Mientras haya
ángeles que lleven cuernos,
volcanes, rayos, tormentas,
soles que afilen destellos.

Mientras haya
un camino para el tiempo,
una lumbre para el hombre,
una cuna para el viento.

Mientras haya
una brizna a todo ruedo,
una arena a sol y sombra,
un indulto en el pañuelo.

Mientras haya
sombras, sombras inventoras,
penumbras en las barreras
que hacen y deshacen formas.

Mientras haya
un Camborio, bien gitano,
juego de sombra y arena,
bajo una luna soñando.

Mientras haya
dos hacia el final a tientas,
dos de frente hacia la tumba,
dos hacia la muerte a ciegas.

Mientras haya
pena limpia, negra y sola,
hermana de sueño ajeno,
bajo el piafar de las horas.

Mientras haya
embestidas de la guerra,
lirio crecido en castigo,
madrugadas nazarenas.

Mientras haya
Albricias, Aldebaranes
y Arturos para elevar
Altaíres en los mares.

Mientras haya
al alimón en corridas,
al alimón con la noche,
al alimón con la vida.

Mientras haya
alguien nada más que yendo
al alimón, al quiebro, al cuarteo.

Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy

lo que venga.



Poema Elegía de Pablo Garcia Baena



Me envuelvo en tu recuerdo
como en nieblas secretas que me apartan del mundo.
En la calle sonrío al amigo que pasa,
y nadie,
nunca nadie
adivinó mi muerte bajo aquella sonrisa
ni el frío sin consuelo de mis ojos que ciegan
pidiendo de los tuyos más desdén,
más veneno.
Ahora que la tarde se derrumba en las sombras,
y que el libro de versos resbala por mis manos,
ahora que la lluvia llora por los cristales
de mi ventana,
y llanto va a caer de mis ojos,
antes de que una mano encienda la dorada
llama de mi quinqué,
dime si tú no sueñas en tu balcón, ahora
que la lluvia nos une a los dos con sus lágrimas,
o si sobre el teclado de tu piano oscuro
agoniza Chopin
bajo tus manos trémulas.
Nunca sabrás el loco deseo que me tortura
de cautivar tus labios bajo mi boca ávida,
y sentir el latido de tu sien en mi mano
aprisionada como un pájaro aterido.
Pero no sabrás nunca nada de mi deseo.
Nada de cuando pienso desgarrar con mis dientes
los azules canales de tus venas
y juntos
morirnos desangrados, confundidas las sangres.
Pero estamos ajenos.
Yo sigo en mi ventana,
y tú soñando en otro mientras Chopin suspira,
ahora que aún no arde en mi quinqué la luz
y que a los dos nos une la lluvia con sus lágrimas.



Poema Como El Árbol Dorado Ii de Pablo Garcia Baena



A José Infante

Como el árbol dorado sueña la hoja verde,
ahora que no te tengo, que no te temo, invento
aquellos días, fueron ciento cincuenta días,
larga vida de hombre solo con su infortunio,
de leproso que vela su áurea lacería.

Solo contigo, solos en isla, en celda, en faro
en la noche… Condena que anhelaba perpetua.
Por ventanas clavadas, grietas, gritos, caricias,
miraba hervir el mundo, anillado cual ave
suntuosa que arrastra, enferma, la cadena.

Terror a despertar con el último vino,
con el último alba: estás, estoy. Infierno
de las manos palpando, galeote de niebla
que reencuentra en la sombra la tortura del remo,
en el ornamental poderío del naufragio.

Y el harapo de dicha que yo creía clámide,
y el azur, la corona pagada con las lágrimas
y el coturno falaz de la guardarropía,
ese foco a destiempo, se nos ve todo falso:
saurio de oro, deseos, joyas, tizón, alcoba.

Al rito de los días sanguinolenta entraña
-«Come, bicho-, entregabas, amor, devora, besa.
Pasaban procesiones: «Oh Corazón Sagrado…»
Tú también ostentabas mi corazón en llamas,
vellocino de púrpura que estrujaba tu mano.

Como en ciudad sitiada cuyo botín codicia
el rubio lansquenete, al humo del incendio
altas picas enhiestas, lanzas de jifería
desollaron las viejas virtudes cuyos nombres,
Prudencia, Compasión, aroman los breviarios.

Había que hacer algo: huir de mí contigo,
una sola maleta, un ataúd, un tren
que nos arrase juntos o llamar por teléfono
o al cielo… Estarán comunicando ahora.
Desde los altos muros arrojamos la llave.

Y creció un lirio rojo de llanto sobre el mundo
cuando ya las campanas, funeral huésped mío,
te doblaban y el negro caballo de los muertos,
pisándose el jirel polvoriento y solemne,
te arrastraba al glacial destierro de la ausencia.



Poema Cándido de Pablo Garcia Baena



Tanto tiempo en silencio, tantos días
juntos sobre el jergón encarnizado,
sobre el ara o caverna de la cama
que altas cortinas, como altivos muros,
defendían de gritos y de música.
Amablemente preso te tenía
amor de seda y garra leonada,
inerme animal capturado
en incendiados bosques venatorios.
Mas en tus ojos un oscuro brillo
forestal, un latido bronco y libre
me decían que no es lo suficiente-
mente espesa la red entretejida,
como nupcial velambre o madriguera,
ni la llave de oro y la carlanca
seguros contra el odio del vencido.
Así un día te fuiste y los perros
ladraron a tu muerte entre la niebla,
entre el olvido, pájaro de lágrimas.
…Por las torres de Córdoba llovía…
Vuelves ahora en altas madrugadas
de recién lluvia, a encender los cirios,
ceremonial augusto del recuerdo,
por mi noche que alúmbrase en lo hondo
de nueva luz, oh lívidos puñales
levantados, fantasmas fulgurantes,
cartas, fotografías, siemprevivas,
volved a vuestras vainas, a los féretros
silenciosos que arrastra la corriente.
Junto a los olas yo también soy libre.



Poema Bobby de Pablo Garcia Baena



No era el amor y se llamaba Antonio.
Hablaba como un indio del Far- West:
«hombre alto», «boca larga». Era de Fuengirola.
y siempre había un teléfono donde llamarlo cuando
-y reía-
la noche era más larga, más amarga, más lenta.
Por las villas de canos jubilados de Holanda,
por la «suite» de la vieja dama inglesa,
la viuda o divorciada más allá de los ácidos,
por el apartamento oscuro del borracho,
surgía su desnudo auroral como Jonia.
Era animal de dicha y entraba fiel, ruidoso,
un grueso calabrote de plata por el cuello…
Sobre muebles de Herraiz o lacas chinas,
biombo bermellón de zancudas doradas,
o en raída moqueta o taquillones
de castellano en serie,
iba dejando las botas deportivas,
los calcetines rojos,
el pequeño taparrabos celeste,
la camiseta como broquel de un pecho
sin defensa. Portador de alegría,
tal un dios de tobillos alados que bajara
a los orcos humanos
ahuyentaba la lágrima, la carta, los somníferos,
la desesperación y su lívida mecha.
Y una noche me dijo, su lengua por mi oído,
«Quisiera haberme muerto».



Poema Bajo Tu Sombra, Junio de Pablo Garcia Baena



Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra,
ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas,
que exprimes tus racimos fecundos en las siestas
sobre los cuerpos que duermen intranquilos,
unidos estrechamente a la tierra que tiembla bajo su abrazo,
con la mejilla desmayada sobre la paja de las eras,
la respiración agitada en la garganta
como hilillo de agua que corriera secreto entre las rosas
y los labios en espera del beso ansioso
que escapa de tu boca roja de dios impuro.
Bajo tu sombra, Junio,
yedra de sangre que tiende sus hojas
embriagando de sonrisas la pared más sombría,
la piedra solitaria;
Junio, paraíso entre muros, que levantas la antorcha de tus árboles
ardiendo en la púrpura vesperal,
bajo tu sombra quiero ver madurar los frutos,
las manzanas silvestres y los higos cuajados de corales submarinos,
la barca que va dejando por los ríos lejanos sus perfumes,
los bosques, las ruinas,
las yuntas soñolientas por los caminos
y el zagal cantando con un junco en los labios.
Quiero oír el inquieto raudal de los torrentes,
el crujido de las ramas bajo el peso del nido
y el resonante silencio de las constelaciones
entreabriendo sus alas como pájaros espumantes de fuego
al fúnebre conjuro de los nocturnos pífanos.
Bajo tu sombra quiero esperar las mañanas fugitivas de frescura
y los atardeceres largos como miradas
cuando todo mi ser es un canto al amor,
un cántico al amor entregado,
mientras las manos se curvan sobre las espaldas desnudas
y mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha.



Poema Bajo La Dulce Lámpara de Pablo Garcia Baena



Bajo la dulce lámpara,
el dedo sobre el atlas entretenía al muchacho en ilusorios viajes
y un turbador perfume de aventuras
salpicaba de sangre el mar antiguo de los corsarios.
Los galeones, como flotantes cofres de tesoros,
eran abordados por las naos piratas
y el yatagán, las dagas, los alfanjes se hundían
en los cuerpos cobrizos y las manos violentas
arrancaban la oreja donde el zafiro lucía como Vega en la noche.
Las arcas destrozadas de alcanfor y palosanto
volcaban el carey, las telas suntuarias
y el coral, no tan ardiente como el beso del bucanero
en los pálidos labios de las virreinas.
Las antiguas colonias Veracruz, Puerto Príncipe,
el índigo Caribe y las islas del Viento
conocen las hazañas de bajeles fantasmas
y Maracaibo canta con los esclavos su desgana
a la luz que deshace la cabellera ébano de los banjos
en un río de jengibre.
Otras veces al soplo suave de Favonio,
empujado por Tetis y las verdes Nereidas,
el Mediterráneo dorado por la escama de los delfines
dejaba su plegaria fugitiva de algas
en las votivas gradas de los templos.
Allí Venecia en el otoño adriático
mece en la ola púrpura su cesto de corrompidos frutos,
desfalleciente en el abrazo joven de los gondoleros,
y las jónicas islas
se yerguen como mitras de mármol sobre las aguas.
En su lento carro de bueyes rojos avanza Egipto
y Alejandría, Esmirna, Ptolemaida, brillan en la noche
como un velo bordado de sardios
cuyos pliegues sujeta la diadema de Estambul
allá en el Bósforo fosforescente.
El incansable dedo atravesaba Arabia
y el cálamo aromático ceñía con un mismo turbante de cansancio
las cinturas de los amantes.
Al crepúsculo,
surgía Persia como un lento girasol de fastuosidades,
y el bárbaro etíope, negro fénix llameante,
consumía sus entrañas en el furor celoso de la caza
mientras Ceylán los bosques de canela y caoba
silenciaba con el ala de sus pájaros misteriosos.
Muchacho infatigable, bajo la dulce lámpara,
tal vez buscaba una secreta dicha
apenas confesada en su interior.
Cuando los días pasaron, él ya supo
que su destino era esperar en la puerta mientras otros pasaban.
Esperar con un brillo de sonrisa en los labios
y la apagada lámpara en la mano.



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