Poema Lo Fugaz de Ricardo Jaimes Freyre



La rosa temblorosa
se desprendió del tallo,
y la arrastró la brisa
sobre las aguas turbias del pantano.

Una onda fugitiva
le abrió su seno amargo
y estrechando a la rosa temblorosa
la deshizo en sus brazos.

Flotaron sobre el agua
las hojas como miembros mutilados
y confundidas con el lodo negro
negras, aún más que el lodo, se tornaron,

pero en las noches puras y serenas
se sentía vagar en el espacio
un leve olor de rosa
sobre las aguas turbias del pantano.



Poema Primer Recuerdo de Ricardo J. Bermúdez



Porque pensaste que mis besos cubrirían las fuerzas del destino
cuando tu singular confianza se hizo trizas, humo herido,
bajaste el pensamiento al fondo de tu alma
y me llenaste el corazón de gestos y palabras.
Yo me quedé mirando sobre el hosco crepúsculo,
exprimiendo en la tarde mis angustiados frutos,
creyendo en lo posible de que el amor perdure
porque los ojos brillan de lágrimas y luces.
Quise llegar a ti alargando mis dedos impalpables
y naufragó el afán siguiéndote en el viaje,
esa fuga de formas del paisaje doliente
amarga como el peso de niebla de la muerte.
Pasaron unos pájaros con alas infinitas;
después no imaginaba siquiera tu sonrisa.
La voz de las estrellas era un quejido incierto
en esa doble noche ladrada de recuerdos.
Nadé en mares de sombras, pensé cosas muy raras,
busqué coral y perlas para adornar tu cara,
mientras gotas de plomo azotaban mi sueño
y la vida era triste rosal mustio y enfermo.
Quise hundirme al abismo y me mantuve a flote
más bien como un cadáver colgando de la noche
que como un prisionero en cárceles de olvido
que gira locamente entre algas y conflictos.
Pasaron unos pájaros con alas plateadas
y fuiste adelgazando hasta quedar en nada,
y murieron las lluvias, y cesaron las olas;
por las puertas del alba se marcharon las sombras,
y al juntar nuevamente los quebrados anhelos
encontré tus pisadas florecidas de hielo.



Poema No Llegamos Más Adentro… de Ricardo Hernández Bravo



No llegamos más adentro
de la piel inaugurada por el miedo.
Traiciona el corazón, lo que tragamos
y nos sirve de puente en la riada.
Indigesta el viejo afán de pureza,
inútil el cincel en el desbaste.
La otra cara del hambre nos enfanga,
la mariposa enferma crecida en la manzana,
su vuelo raso en la carne mordida, y ese polvillo
de sus alas entre los dedos siempre
condenados al roce.



Poema La Claridad Presa… de Ricardo Hernández Bravo



La claridad presa.
La mosca en su camino.
Y la mano que acude,
la ventana al fin
y ella trazando círculos,
rehuyendo la mano,
terca, contra su propia
sed de luz.

De El ojo entornado (1996)



Poema Hacia Tu Mano Cuelgan Paraísos… de Ricardo Hernández Bravo



Hacia tu mano cuelgan paraísos
del árbol sin hojas. Donde el cuerpo
da sombra a su propia sombra,
fácil a lo prohibido
como boca de niño.
Así el brillo de un ojo nos seduce.
Así la inteligencia
el gusano en la fruta.



Poema El Ojo Se Hace Fuerte… de Ricardo Hernández Bravo



El ojo se hace fuerte tras la máscara,
furtivo en el festín de los escotes.
Tienta en el cruce de miradas,
puntea los sentidos como cuerdas
en la noche de alcohol.
Bebe en los pasadizos de la música,
en los desagües de la piel
enfebrecida por el baile.

Busca en el destape
la intimidad perdida.



Poema El Maniquí Tras El Cristal… de Ricardo Hernández Bravo



El maniquí tras el cristal.

Fijos los ojos en un punto
invisible a los ojos.

Ajeno al tiempo penetra
el silencio que lo aísla
mientras multitud de vestidos cubren
un desnudo huérfano de brazos.

Eje
de un mundo que gira
ignorando su centro.



Poema Durante Años En Cuarentena… de Ricardo Hernández Bravo



Durante años en cuarentena
la más leve impureza
crece en ropajes. Cubre
con brillos su vergüenza
y mientras delira en su concha
toma la forma de su encierro.

Cada perla un coágulo perfecto
para el engaño.



Poema Día A Día De Rumbos Encontrados… de Ricardo Hernández Bravo



Día a día de rumbos encontrados,
de mieles esfumadas,
de apaños a deshora.

Este bombear y no cundir la sangre,
afirmarnos desmintiendo a los ojos
y hacerse cuesta el pulso
y no alcanzar la altura.



Poema Desojado En Mi Recuadro De Luz… de Ricardo Hernández Bravo



Desojado en mi recuadro de luz
de la ciudad insomne
en los recuadros de cada fachada adivino
siluetas detrás de las cortinas,
los cuerpos encogidos en sus camas
y en sus vasitos sobre la mesilla
el corazón en cuarentena.
Y cuando toda esa tristeza
desborda sus envases
y en cada esquina un jugador de solitarios
alza la vista buscando asidero
yo me arrimo al cristal
y ofrezco mi boca como una escala.



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