poemas vida obra yanira soundy




Poema Niño Lanza Fuego de Yanira Soundy



A ese pequeño dragón que habita las calles del boulevard Los Próceres…

¿Quién deshizo tu vida con el fuego?
El secreto de la piedra o el hambre…
Niño moribundo en las ciudades, cuerpo desnudo que toca a nuestras puertas.
Es la hora de morir entre las llamas.
Es la hora de orar por el pan que no tendrás.
Con la lengua apretada y seca entre tus dientes, te dolerá la cara y los ojos
de tanto sostenerlos,
cogerás entre tus manos una antorcha y te aguantarás el miedo.
La tarde ha empezado y las llagas encienden de nuevo tus pulmones.
Te mojas con gasolina y los sueños crujen incendiando con un cerillo mi silencio.
Niño marginado y solo, es la hora de morir entre las llamas.
No madurarán los colores en tu campo…
¡Es la hora de rezar a Dios en las aceras!



Poema Niño De Viento de Yanira Soundy



Volví a estremecer mis entrañas. Era la hora de la
estrella, la hora en que llegarías a mi vida, desde un
barco peregrino cargado de deseos.
Era la hora y así llegaste, acariciándome el corazón con
el milagro de un latido, que se llenó de asombro con mis
sueños.
Volví a estremecer mis entrañas y en mi vientre creció tu
amor prisionero, era la hora de la estrella, la hora en que
llegarías a mi vida desatando la luz en la sonrisa de los
cielos.
Era la hora de volar y posarte sobre mis alas, para
dejarte ir en los ríos del viento y encontrar mis huellas en
universos de flores y campos sonoros.
Para jugar a ser noche, cielo y sol. Para bañarte de luz y
aprender palabras entre hojas.
Para conocer mi voz y sentirte mi dueño, bebiendo los
colores como vino de lluvia.
Era la hora y así llegaste, amor silencioso que se
perpetúa fundiendo sus ansias en las mías. Anclado en
mi puerto con la eternidad del agua y el recuerdo.



Poema Moza de Yanira Soundy



¡Qué osadía el querer abrir los velos de la muerte!…
En las hojas pálidas, y en las aves de los nidos. Idolatrando dioses de hojalata y placeres prometidos.
En un jardín envenenado por flores amargas, donde el sol se apaga y los grillos repiten sus notas tristemente.
Niño de miedo, procura estar quieto y silencioso, mientras lanzas a volar tu carroza de impotencia que chispea en los espacios tu reflejo.
¡Que osadía el querer abrir los velos de la muerte!…
De apretarla en tus delgados brazos y acariciarle los cabellos de algas.
De perseguirla hasta darle alcance y caer rendido a sus pies, embozado en una capa de oscuras nubes de humo.
Perdido en un olor a pega que muerde tu memoria. Quebrado en múltiples cristales, desplomas los sueños.
La muerte te alarga su mano de niebla y tú hinchas la voz y gritas.



Poema María de Yanira Soundy



La muerte llega con un gesto de burla, a quebrar su nombre entre las fábulas.
María, más pequeña que un dedal, detiene el paso.
Al verla, los árboles se empinan sobre sus raíces, con una curiosidad que los agiganta. Y ella, traslúcida, descalza, débil, recién desgajada en la noche, cae contra el suelo.
Todo su mundo está dentro de un bote de vidrio, donde desaparecen los aromas frutales y el canto áspero de los grillos.
María no conoce más que las hilachas de un harapo perdido, la basura de un parqueo, las moscas, las navajas, y de como apagar la sed de los perros callejeros.
Derrotada, torva y trágica, desanuda el miedo en las luciérnagas.
Le tiemblan las rodillas, mientras su vientre se contrae. Vuela entre sus piernas un cometa de luz.
No hay carruajes de princesas, sólo una niña sin sonrisa con puñales hendidos en los sueños, y una impotencia que ahoga mi palabra.



Poema Madre de Yanira Soundy



Te encuentro lejanamente ausente, húmeda en silencios. Abriendo la memoria al viejo sillón desocupado de mi padre, con el alma perdida, amando lo que no está, lo que se ha ido.

Yo que te busco para hacer frente a mis problemas, para estar cerca de ti, en las noches de viento, en los ríos que desatan mis sueños.

Hoy quiero escuchar de nuevo tu corazón con alas y besar tus manos azules, como cuando era una niña y soñaba ser cielo para besar el mar.

El tiempo ha pasado y los caminos no son los mismos.

¿Cuántas veces hemos encallado el alma en los peñascos? ¿Cuántas veces por seguir una gaviota en vuelo, nos hemos perdido en los brazos elevados del cielo?…

Yo viajé abrazada a la luz, hasta convertirme en un hilo de luna.

Hoy sigo siendo tu pequeña, la que soñaba con registrar tus cofres llenos de poemas, la que corría detrás de las nubes, volando piscucha para atrapar a una estrella.

Aquella niña que estrenó su vida de un trago, la que escondía papelitos en los bolsillos de su padre y lloraba si se enfermaban sus muñecas, la que escribía frases de amor sobre tus árboles.

Por eso, Madre, te reservo el mejor sitio de mi vida, desde aquí verás pasar el tiempo sin nostalgia, en este mundo , que sólo tú y yo conocemos, este mundo de sueños y mañanas.



Poema Llamas Húmedas (i-iix) de Yanira Soundy



I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed, intensa, fuerte.

Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña pálida, con un poco de alas.

Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue susurrando, por este camino que es olvido y distancia.

Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión de sangre y niebla.

IV

Llévame lejos de este mar sin límite, de estas olas frías que se agolpan a mi paso. Quiero apartar mi barca de su orilla nocturna y reanudar el viaje.

Quiero beber la luna en tu jardín de sueños. Llévame a ver crecer la hierba en el canto de los pájaros, con el último reflejo del verdor terrestre.

Seamos un corazón de viento y el color distinto en las auroras.

Tú y yo, en la primera lluvia que cae en el recuerdo.

V

Llévame lejos de este sosiego, quebrado en mis palabras, ebrio de llanto.

Llévame a un refugio de medusas y pálidas diademas; seré tu paisaje adherido a la piel de tu alma.

Rastrearé tu fulgor y correremos juntos sobre las gotas más finas, alargando el paso en este viento que gira.

Llévame a otro canto que no oímos, a otra plenitud.

Llévame a una dormida inmensidad de luz donde el alma se desnude.

No quiero ser más el follaje de la bruma.

VI

Voz de largo cielo; ida de mí, y a la vez tan mía.

Isla de amargura, perfil ardido, hora sin luna.

Ritmo interminable y entrecortado.

Hombre que acrecienta mi nostalgia, llama votiva quemando los recuerdos.

VII

Es una sed de tenerte, un fuego contenido, inagotable canto, un deseo que duele como fruta caída…

Una sed de sentirte como río creciendo entre mi tacto.

Un nudo de sollozos, un dolor que llora a las estrellas.

Es una sed mudable al no llegar y alejarme como un pequeño mar o espuma de ola, donde mi voz se vuelve árida.

Una sed de arrasar las márgenes del tiempo…

IIX

Labios imbesables y ausentes, que agigantan mi sed de lágrimas congelada. Dichosos silban a las hojas del alba, al perfume invencible, a los rayos celestes que se adueñan de mi forma.

Labios imbesables y ausentes, que envuelven mi presagio. Húmedos, abiertos a la luz, desnudos sobre tu cuerpo adormecido. Roca y marea, de un corazón que fue noche y fue desierto.

Labios imbesables y ausentes, islas de cielo, hojas entrelazadas, prado verde. Recorren las palabras y abren sus alas, en esta playa mía.

Labios que hieren como astillas, labios de fiebre, de fuego oscurecido.



Poema Llamas Húmedas (i-iii) de Yanira Soundy



I

Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed,
intensa, fuerte.
Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del
cielo. Cíñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la
última estrella.

II

Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo
del silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en
tu montaña pálida, con un poco de alas.
Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame
sentir tu paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre
llamas húmedas.

III

Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar
leve fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue
susurrando, por este camino que es olvido y distancia.
Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión
de sangre y niebla.



Poema Hundido A Mi Silencio de Yanira Soundy



Me vestiré sin prisa,
mientras tu luz anida
en el gemido de mi pecho,
encadenada a tus surcos,
tus barrancos y tus selvas.
Me vestiré sin prisa con la piel solitaria,
hecha colina virgen y volcán en llamas.
Tendré la sangre en celo
encadenada a tu batalla,
y tú serás vertiente y filo
en el temblor de la mañana.
Mecido en el aroma de una paz frondosa,
beberás hasta el fondo mi conciencia.
Me vestiré sin prisa, absorta frente al agua,
al viento y a las rosas,
en el suspiro invisible que vela mi silencio,
con la alegría en los ojos
y un olor a ritmo y tierra.
Recorreré la ruta de tu cuerpo ya sin miedo,
y tú, ceñido a mí,
te fundirás tormentoso a mi silencio.
Y de nuevo sí…
encadenada a tu campo,
tu estanque y tu redil celeste,
improvisaré frutales y nidos de espumas.
Después, cuajado de tristeza ….me acosarás,
y al pie de mi ventana dolerás entre mis dudas.
Me obligarás a quererte y te querré ,
lejos del río y de la entrega.



Poema Esa Mujer de Yanira Soundy



Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo de tu
agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal
que sueña tu mirada.

Soy esa mujer, la que no amas. Breña, mata, punzante
jarra, calle muda por donde no se escuchan tus pasos y
cuerpo desnudo para el eclipse de tus ojos.

Soy esa mujer, la que te toca demente.
Mil veces presa de ti en la delgadez del agua.
Pecho en fiebre que ambiciona tus besos, solo, adusto,
hecho pámpano ardiente.

Soy el anhelo inseguro que te acecha, la palabra que se
deslíe de tus labios húmedos chispeante entre la niebla.

Soy esa mujer, la que espera por ti, y sigue la ruta de tus
manos, tu cuello, tu voz y tus caminos. La que guarda tu
pasión, desafiando al escollo y la calma, olvidando tu
incansable deseo de volar, y ser en mí tan sólo agua al
trasluz y cielo de mi costa.

Soy esa mujer, un espacio inmenso, torrente en tu valle,
murmullo de tu ráfaga, amor que late en lo infinito, firme
y deslumbrante. Esa que siembra los surcos y su orgullo
entre las flores.
Y tú, hombre: pena y alegría, no aprendes que después
será muy tarde.



Poema Chele Ladilla de Yanira Soundy



Se ha quedado quieto, conversando con el polvo y las hormigas, tiritan sus labios en un charco del parqueo que se traga su risa.
Se ha quedado quieto, sembrando maíz en los recuerdos, bajo los oídos de los árboles con una mancha que pinta la tristeza.
Se ha quedado quieto, en su daga amarga, secando su voz, desmadejando el silencio en una minúscula gota de agua…
Cansado de mirar al cielo, en su absurda pretensión de apresar las cosas imposibles.
Se ha quedado quieto, como tronco mutilado de una selva virgen, bajo un paraguas de hojas secas.



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