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Poema Voces de Carlos Penelas



De niño mi madre me decía que las voces no desaparecen, que flotan en el cielo, que solo los poetas podían escucharlas y recogerlas. Que las voces del pasado se escuchan en el bosque encantado o en soledad. O en los manteles flameados de los hoteles de extravagantes ciudades. También contaba que podían llegar con las olas, al caer la tarde, en la fugacidad de la nostalgia, cuando las sirenas regresan de despertar a los marinos ahogados. O en el alba, junto a la rosa azul de Novalis. Mi madre me enseñó a sentir las voces de los pastores en las caracolas donde reinan duchísimas estrellas y el desvelo del primer pájaro. Ella me dijo que el amor llegaría en una voz insomne, que tendría la invisibilidad del rocío, la belleza y la divinidad de las magnolias, la dicha y la ternura de la ofrenda. Y una adolescente me nombro en el lecho, en la insolencia de sus caderas.
También mi madre me hablo de los secretos, de los aromas que se juntan -irremediablemente- en sus cosmogonías. Del cansancio, de la fatalidad, de la insurrección. Aprendí a habitarlas, a sentir cuando el viento tañe su espejismo. Fui remontando en ellas la alegría y el milagro de la vida, el amor que nos vuelve a la melancolía, al ardor de las miradas ausentes. Y a las lluvias de un crepúsculo mágico junto a las nomeolvides.
Ella me contaba que en su pueblo se buscaban con un candil, tanteando el sueno envuelto de los que invocan el alma. «Las voces vuelan, me susurro en lengua amanecida, y ahora están en la pampa, inmersas en la nostalgia de la muerte.»
Así fui buscando la dignidad y el orgullo de los abuelos. Sus voces bendecían mi corazón sin que yo lo supiese. Poco a poco las voces son mas diáfanas, mas nítidas. Me cantan al oído, rebosantes, me descubren manos nobles y callosas. Soy como un niño cuando vienen a mi. Me siento rodeado de reyes, de una tierna candidez casi olvidada. Me alejan de la demencia y la maldad, del infortunio. Me besan, cede mi cabeza en una extraña hilaza que me asedia. Llaman desde el rumor. Embellecidas, humildes, vanamente sibilantes. El aire entumece lo angélico, la entonación primitiva. Sutiles, extremas, inaccesibles. Dentro y fuera de mi entendimiento.
Escucho sus rituales, la confidente gracia que resucita el tacto. Estremecido. En estas voces bebo los efímeros días que mecen hechizos. Oh, poema y rosa del desorden! Oh, voz vagabunda en el Jardín de Acracia, en la morada del silencio y la palabra!



Poema Visión de Julio Florez



¿Eres un imposible? ¿Una quimera?
¿Un sueño hecho carne, hermosa y viva?
¿Una explosión de luz? Responde esquiva
maga en quien encarnó la primavera.

Tu frente es lirio, tu pupila hoguera,
tu boca flor en donde nadie liba
la miel que entre sus pétalos cautiva
al colibrí de la pasión espera.

¿Por qué sin tregua, por tu amor suspiro,
si no habré de alcanzar ese trofeo?
¿Por qué llenas el aire que respiro?

En todas partes te halla mi deseo:
los ojos abro y por doquier te miro;
cierro los ojos y entre mí te veo.



Poema Villanela de Carlos German Belli



Llevarte quiero dentro de mi piel,
Si bien en la lontananza aún te acecho,
Para rescatar la perdida miel.

Contemplándote como un perro fiel,
En el día te sigo trecho a trecho,
Que haberte quiero dentro de mi piel.

No más el sabor de la cruda hiel,
Y en paz quedar conmigo y ya rehecho,
Rescatando así la perdida miel.

Ni viva aurora, ni oro, ni clavel,
Y en cambio por primera vez el hecho
De llevarte yo dentro de mi piel.

Verte de lejos no es asunto cruel,
Sino el raro camino que he hecho,
Para rescatar la perdida miel.

El ojo mío nunca te es infiel,
Aún estando ya distante de tu pecho,
Que haberte quiero dentro de mi piel,
Y así rescatar la perdida miel.



Poema Variaciones Para Mi Hermano Alfonso (ii) de Carlos German Belli



(vigilia)

Los caminos de los alrededores
no han tocado la punta de sus pies.

La amorosa pobladora de al lado
lo va dejando a la zaga del orbe.

Su cuerpo no conoce el espacio
porque nunca lo ha ayudado el viento.



Poema Variaciones Para Mi Hermano Alfonso (i) de Carlos German Belli



(casi soneto)

Para tu mudanza, ¿dónde habrá un suelo
de claro polvo y cálido recodo,
en que tus breves pies con tierno modo
equilibren la sangre de tu cuerpo?

O para tu vuelo, ¿cuándo habrá un viento
que llegue a tu costado como un soplo,
y te traslade de uno a otro polo,
pasando el edificio, el valle, el cielo?

Pues estás como dura ostra fijo,
sin que nadie te llame y te descorra
el plumaje de ave, hermano mío.

¿Por qué no llega la luz hasta el umbral
de tus huesos para que tus pies corran
por primera vez sobre el propio mar?

Variaciones para mi hermano Alfonso (II)
(vigilia)

Los caminos de los alrededores
no han tocado la punta de sus pies.

La amorosa pobladora de al lado
lo va dejando a la zaga del orbe.

Su cuerpo no conoce el espacio
porque nunca lo ha ayudado el viento.



Poema Vamos, No Llores de Carlos Drummond De Andrade



Vamos, no llores…
La infancia se ha perdido.
La juventud se ha perdido.
Pero la vida aún no se ha perdido.

El primer amor ya pasó.
El segundo también pasó.
El tercer amor pasó.
Pero aún continúa vivo el corazón.

Perdiste a tu mejor amigo.
No realizaste ningún viaje.
No posees tierra, ni casa, ni barco,
pero tienes un perro.

Algunas duras palabras
en voz tenue, te golpearon.
Esas, nunca, nunca cicatrizan.
Sin embargo, ¿existe el humor?



Poema Viene La Luna En Su Gala De Esfera… de Carlos Ardohain



Viene la luna en su gala de esfera
vestida de carmesí y arranca
licores de las bocas,
con su sonrisa helada fascina
jovencitas que estremecidas por el derrame
de su primera sangre
aferran contra su pecho un bello narciso
y todo es misterio como si fuera
un sueño como si fuera la muerte
como si fuera mañana



Poema Voces Bajas de Gabriel Ferrater



Una de aquellas voces que jamás quisiéramos
escuchar en nosotros, va diciendo
que gasté demasiado a causa de ella.
Es verdad, y por eso me da miedo
y la odio un poco. Soy injusto
y me pesa. Pero aún más interior,
me asegura otra voz que este gran yerro
sólo yo me lo acuso. Si ella lo conociera
nada le costaría perdonarme.

Versión de José Agustín Goytisolo



Poema Vi Que Estabas de Blas De Otero



Volví la frente: Estabas. Estuviste
esperándome siempre.
Detrás de una palabra
maravillosa, siempre.

Abres y cierras, suave, el cielo.
Como esperándote, amanece.
Cedes la luz, mueves la brisa
de los atardeceres.

Volví a la vida; vi que estabas
tejiendo, destejiendo siempre.
Silenciosa, tejiendo
(tarde es, amor, ya tarde y peligroso.)
y destejiendo nieve…



Poema Vendrá Sin Las Estrellas Lácteas de Blanca Andreu



Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
C. Pavese

Vendrá sin las estrellas lácteas
y sin tiranosaurios de luz,
maroma umbilical para niños marítimos
que se ahorcaron con algas y cabellos oceánicos
huyendo en hipocampos de sueño de aquel parto, en la
columna vertical mayor,
entre jarcias y vértebras.

Pues somos una saga.
Oleaje escarlata en delito, y cimas de cianuro,
y golpes de cerezo.
Pues somos, en mi cuerpo, una saga con luna abdicante,
que recuerda colegios, mapas del mundo en otoño,
complicadísimas hidrólisis,
pero nunca marfil y mediodía.

Colegio: niña que bebía los pomelos
directamente en labios de la noche,
que juraba acostarse con el miedo en la cama de nadie,
que juraba que el miedo
la había violado hasta doscientos hijos.

Amor, la niña rusa
que comulgaba reno asado
Iy bebía liquen.
Amor, la niña rusa que leía a Tom Wolfe.

«De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall»1980



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