poemas vida obra v

Poema Vuelo Interrumpido de Claribel Alegria



Soñé que era un ala
desperté
con el tirón
de mis raíces.



Poema Ven Conmigo de Claribel Alegria



Ven conmigo
subamos al volcán
para llegar al cráter
hay que romper la niebla
allí adentro
en el cráter
burbujea la historia:
Atlacatl
Alvarado
Morazán
y Martí
y todo ese gran pueblo
que hoy apuesta.
Desciende por las nubes
hacia el juego de verdes
que cintila:
los amantes
la ceiba
el cafetal
mira los zopilotes
esperando el festín.
«Yo estuve mucho rato
en el chorro del río.»
explica la mujer
«un niño de cinco años
me pedía salir.
Cuando llegó el ejército
haciendo la barbarie
nosotros tratamos de arrancar.
Fue el catorce de mayo
cuando empezamos a correr.
Tres hijos me mataron
en la huida
al hombre mío
se lo llevaron amarrado.»
Por ellos llora la mujer
llora en silencio
con su hijo menor
entre los brazos.
«Cuando llegaron los soldados
yo me hacía la muerta
tenía miedo que mi cipote
empezara a llorar
y lo mataran.»
Consuela en susurros
a su niño
lo arrulla con su llanto
arranca hojas de un árbol
y le dice:
«mira hacia el sol
por esta hoja»
y el niño sonríe
y ella se cubre el rostro de hojas
para que él no llore
para que vea el mundo
a través de las hojas y no llore
mientras pasan los guardias
rastreando.
Cayó herida
entre dos peñas
junto al río Sumpul
allí quedó botada
con el niño que quiere
salir del agua
y con el suyo.
Las hormigas le suben
por las piernas
se tapa las piernas
con más hojas
y su niño sonríe
y el otro callado
la contempla
ha visto a los guardias
y no se atreve a hablar
a preguntar.
La mujer junto al río esperaba la muerte
no la vieron los guardias
y pasaron de largo
los niños no lloraron
fue la Virgen del Carmen
se repite en silencio
un zopilote arriba
hace círculos lentos
lo mira la mujer
y lo miran los niños
el zopilote baja
y no los ve
es la Virgen del Carmen
repite la mujer
el zopilote vuela
frente a ellos
con su carga de cohetes y los niños lo miran
y sonríen
da dos vueltas
y empieza a subir
me ha salvado la Virgen
exclama la mujer
y se cubre la herida
con más hojas
se ha vuelto transparente
se confunde su cuerpo con la tierra
y las hojas
es la tierra
es el agua
es el planeta
la madre tierra
húmeda
rezumando ternura
la madre tierra herida
mira esa grieta honda
que se le abre
la herida está sangrando
lanza lava el volcán
una lava rabiosa
amasada con sangre
se ha convertido en lava
nuestra historia
en pueblo incandescente
que se confunde con la tierra
en guerrilleros invisibles
que bajan en cascadas
transparentes
los guardias
no los ven
ni los ven los pilotos
que calculan los muertos
ni el estratega yanqui
que confía en sus zopilotes
artillados
ni los cinco cadáveres
de lentes ahumados
que gobiernan.
Son ciegos a la lava
al pueblo incandescente
a los guerrilleros disfrazados
de ancianos centinelas
y de niños correo
de responsables de tugurios
de seguridad
de curas conductores
de cuadros clandestinos
de pordioseros sucios
sentados en las gradas
de la iglesia
que vigilan la guardia.
La mujer de Sumpul
está allí con sus niños
uno duerme en sus brazos
y el otro camina.
Cuénteme lo que vio
le dice el periodista.
«Yo estuve mucho rato
en el chorro del río.»



Poema Vida De Mujer de Clara Fernández Moreno



Vivo allí
donde el sol no entra
ni pan
ni nadie
con prisa siempre
con el corazón en el correo
persiguiendo recetarios perdidos
en valijas imposibles de abrir

vivo
en las sillas que ornaban el consultorio del antiguo médico
junto a la percha donde sus pacientes colgaban el paraguas
y las gotas caían sobre la bandeja de hierro
oxidándola
esos sombreros del campo de las quintas
esos pacientes que llamaban a las puertas de mi padre
cuando tus calles, Chascomús, eran plácidos charcos
de agua de la lluvia caída sobre tí, Chascomús
cuando la mujer del médico, mi madre
jugaba con los muertos a la fiebre amarilla
y a veces encontraba botas
otras un cinturón de cuero
una sotana

vivo
entre tantas cosas que hice
y tantas que haré
recorriendo vidrieras falsas
mientras los pálidos del miedo
me empujan
cuando voy
cuando regreso
mientras los otros ensillan sus caballos
y se van a comer



Poema Variaciones Del Anhelo Infinito de César Dávila Andrade



Si alguna azul mañana de febrero,
tras una larga noche de tormenta,
encontraran tus manos
el cadáver de un ángel en el campo. ..

Si alguna vez, hacia la media noche,
con tu sagrado sexo en las tinieblas,
te me acercaras tanto,
que pudiera oír cómo cae de tus labios
una dulce minúscula sin letra…

Si alguna vez, después de haber leído
una carta de amor, fueras descalza
hasta el río que amaste cuando niña
y escucharas el tránsito de mi alma…

Si alguna vez variaras sin motivo
la dirección delgada de tus trenzas
y te sintieras una joven nueva
con una diadema de gavillas y heno…

Si alguna vez tus manos se elevaran
tanto hacia el aire que no fueran materia
sino un deseo de sentir el alma
celeste y silenciosa de las cosas…

Si algún día tu voz (la que conozco),
atravesara sola esas praderas,
encontrara una fuente silenciosa
y le enseñara a pronunciar tu nombre…

Y, si pasaran siglos, muchos siglos,
y nosotros no fuéramos los mismos
después de tanto sueño en otras vidas;
si, entonces, te encontrara de repente
en una ciudad que todavía no existe
y lograra acercarme y estrecharte
con este amor que ahora no es posible…



Poema Vanidad de César Brañas



Aunque la fama alguna vez me ungiera.
Juan Burghi.

La vanidad de mi pequeño nombre
quisiera abandonar en el camino,
que nadie sepa ni recuerde el hombre
que fui en la tierra, oscuro peregrino.

De la fama ignorado y del renombre,
cumplir sencillamente mi destino
y que el lector futuro no se asombre
siquiera del silencio en que me obstino.

Dejar mi verso dócil o impaciente
no codicioso del aplauso ardiente
sino de oculto agrado contenido

como pintor anónimo borrado
en la leyenda de su lienzo amado.
«Autorretrato de un desconocido»…



Poema Vienes En La Noche De Cuzco Con El Humo Fabuloso De Tu Cabellera de César Antonio Molina



Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa
y yo a kilómetros de distancia
en tu túnica de tela real finísima,
transparentes ambos cuando al estar mojados
de tinta o mar se dejan ver preformes,
voluptuosos por la oblicuidad del oleaje.

Mis días están plenos en el resollar fatídico del océano.
La sal, la nube, la amarga espuma, el cielo brocado
boya en el adiós.

El poema y tú estáis en la otra orilla.
Una extensión líquida media entre nosotros
y un cocodrilo aguarda en la playa
como tintero, ojo, ombligo, áspid fosfórico
que guía la sed de mañana.

Mi mano aspira al encuentro.
Todo en ella está preparado,
jaula y cebo,
para las garras llenas de bálsamo.

Mi noche es ahora día,
mi día es ahora noche.
¿Quién nos caza?

Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa,
y mi deseo a kilómetros de distancia
te sale al encuentro.
Tu cabellera ondula la escribanía como una vegetación.
Rueda humeante en las mareas,
desea morir y renacer.
Sus pies son un torbellino y su cuerpo está aéreo
como mi mano de cazador que sigue pasos,
aquella huella alzada contra las frondas.

La voz del poema clama como el ánsar o la llama cogida en su celo
y es tu imagen quien me aprisiona en el mismo vibrar.

Mi mano está sobre la desnuda piel de la
el ámbito interior crea un espacio de silencio,
en la línea de papel,
por donde el viento seca esta tinta simpática.



Poema Vísperas De San Juan de Cecilia Bustamante



La noche blanca
era el mundo un pozo de vidrio
en su luna
trepaba la tierra las ramas
la noche dura y blanca de San Juan.

Monedas amarillas
adivinación del alhelí
adormidera metal de buena ley
berilo amuleto piedra del verano
mundos ligeros y térreos
de nombre dulce y uniforme
en los jardines
como una sola aleta
en el lomo de la noche.

Noche
máquina en alta mar
noche antiguo movimiento
Tirana azul indiferente
pero frágil
emblema del consuelo
real-y-medio para el pobre
abre su fortuna
en el cascarón cerrado
de tus vísperas eternas
símbolos armados donde cuajan
en el aire
hirvientes estrellas
ciegas y sencillas razones
la constancia
la máquina de guerra su figura
cola de escorpión
sus grados exactos su amplitud
que el sol recorre cuando otoño media
hacia oriente gira sin soltar amarras
y es todo rojo y vive
en su nivel más bajo se resguarda
porque vela el sueño de las colegiales
sus tres deseos bajo las almohadas
los del año venidero
que nos quema cerrado entre las manos
Juego en el que se perderán todas las piezas
que sin embargo se ganan.

La voluntad la voluntad
de ser felices
la voluntad el deseo de algo
por sí mismo querido
y que es bueno saberlo en edad temprana
en la desazón que incita a la osadía
tras ese animal imaginario
que es desgracia
hasta la cruz
es desgracia
con su color pálido siempre desgracia.

Queremos semejantes privilegios
corteza del silencio
cuerda que nos derriba y ata
para que giremos juntos
en verdad o engaño
conformidad.

Pero en la transparencia de las noches de junio
San Juan cubre el sueño sobre la noche blanca
y en el pozo de vidrio parte en dos en destino
nos desnuda del plomo y aquilata
sereno bajo lluvia de fuego
sus letras pesadas nos hunde en la memoria.



Poema Veneno de Carolina Escobar Sarti



Para endulzar tu saliva
tu sangre
y la humedad de tu cuerpo
usaré veneno.

Te veré morir
lentamente
en este lecho
entre manos de agua
y leche.

La palabra que te ama
recorrerá tu cuerpo.

Como arsénico.

Interrumpirá tu vida
y sentirás que la locura
ebria
desnudará tus sueños.

Te verterás
convulsionarás
te paralizarás.

En el portal del abismo
desatará los nudos
para encontrarte…



Poema Vértigo de Carmen Gonzalez Huguet



«…Del girasol no importa la figura,
sino el amor inmenso que lo mueve…»

Serafín Quiteño

1.

Viene como la noche
con su telón poblado de agujeros;
como la lluvia,
con su rumor de multitud;
como la palabra
que sube hasta la voz.

Como un mundo,
una especie,
un trozo de realidad
que la realidad no conoce,
pero que estará
ávida a devorar.

Viene llegando
como el ahogo del sollozo,
la inminencia del golpe,
la ineludible y dolorosa
certeza del beso.

Viene así, inevitable,
como el dolor de la separación,
y duele ya,
como le duele al agua
saber su entraña dividida
por el filo de un cuerpo
clavado en su vientre.

Viene solo, impasible,
como el verde de las iguanas
y el rescoldo del fuego,
como el gratuito
esplendor de las rosas
y el temor que se esconde en los espejos.

Viene azul, amanece
como la noche al borde de la espuma,
como la sangre que solloza en las heridas,
como el silencio agonizando en las guitarras.

Viene,
uno y distinto,
desamparadamente solo.
Viene y viene.

2.

Cabalgando en espumas ignoradas,
madurando en racimos subterráneos,
doctrinando canciones nunca oídas
en ojos confinados al silencio.
Henchida fruta, soledad poblada,
dulce recodo de distancia ardida,
llama lamiendo el tallo del deseo,
rosa estallando en pétalo invisible,
boca…

3.

Lejos quiero morir de este relámpago,
de la amabilidad quieta del fuego.

Lejos de la bondad de las manzanas,
de la dulzura azul de los silencios,
de la inminente luz de la sonrisa.

Lejos, lejos.
Quiero beber distancia. Entre nosotros
todo un mundo de aire impenetrable.
Quiero la paz cobarde
de agonizar sin pausa en la distancia,
lejos de la batalla de los labios.

Lejos quiero morir.
Nadie alimente
este hambre de sentir. Si ahora tengo
que continuar muriendo entre las sombras,
si la luz es mi vida,
quiero horadar la noche más cerrada.

Otros guarden el sol. Con avaricia
déjense poseer por su belleza
y la odiosa alegría inconsecuente
de los amaneceres.

Oscura,
oscura y sola,
lejana, silenciosa.
Desde hoy,
regalo esta avidez por las palabras.

4.

Yo, que no lo esperaba,
me tropiezo
de pronto con sus ojos.

Con su alegría fuerte, sin motivos,
con su voz sin pretextos,
con su ternura plácida y callada.

Yo, la agobiada
por igual por los gritos y los ecos,
la cansada de todas las palabras,
hoy bebo con deleite este silencio.

Tengo miedo
de todo el bien que me hace.
Da miedo sumergirse sin resabios
en el agua tranquila de unos ojos.
Miedo de ser tan sólo
su silencio.

Anónima presencia,
voz dormida,
solitaria y absorta
contemplación del fuego.

Verlo es aquilatar toda la hondura
que nos llama sin voz desde el abismo.

Verlo a los ojos. Contemplar su hoguera
es reaprender la inmensidad del miedo.

Tiemblo tan sólo
de imaginar la enorme quemadura
que dejarán los besos.

Vértigo de la llama:
No quiero sucumbir a la inminencia
de esta ternura cruel, inevitable.

5.

Muerdo la suave carne de su nombre
y defiendo en los labios la palabra.

Obstinados, los dientes se rehusan
a que el miedo congele cada sílaba.

En mi lengua hay un pozo que guarece
al universo anónimo del fuego.

Todos los que se cruzan
conmigo en las esquinas desconocen
la extensión abrasada de la sed,
el territorio ajeno
que palpita debajo de mi piel,
como una subrepticia e inclemente
invasión de la ausencia.

6.

Hay un largo camino que construir
desde el tú hasta el nosotros.

Un abismo poblado
de pequeñas y grandes soledades
y un funámbulo absorto
que lo cruza a pesar de los naufragios.

En tu mirada
hay una cuerda floja esperanzada.

7.

Cuántos caminos recorridos juntos,
cuántos silencios intercambiados
por palabras superfluas,
cuánta luz en sus ojos
para incendiar las noches que me quedan.

No he hecho nada
que me merezca el premio de esas manos
posadas en mi pecho.

8.

Una tormenta prepara sus oleajes.
La boca endulza su veneno. La mirada
ensaya los fulgores del relámpago.

Todo conspira
contra la geometría de la lógica.

El mar inicia los destrozos del incendio
en el bosque más hondo y defendido.

Ha venido.

Lo veo.

En su mirada
la lluvia inicia su telón de fondo.

9.

Todavía lo siento
clavado en mi raíz.

Aún quieto y palpitante. Vivo.
Todavía me siento
parte de la extensión de sus besos.

Todavía la piel me protesta
cuando el frío dibuja
la ausencia de sus manos
y los ojos se pierden
sin el norte de su mirada
lúcida y clara.

Todavía con sed,
la boca busca inútilmente
la embriaguez de sus besos.

10.

Su voz circula, invisible,
por la savia de todas mis palabras.

Su voz anónima, escondida
raíz temblando en el dulzor del fruto.

Nadie advierte su olor en mi fragancia,
nadie su luz en el color de mis mejillas.

Pero yo voy, satélite dichoso,
iluminada toda por sus manos,
engalanada a ciegas por su voz.



Poema Viajero de Ramiro Fonte



En este lugar extraño
Penó doce lunas. Tres riachuelos partieron.
Uno se fue hacia el otoño,
El otro besó los arenales del verano y las quillas vencidas,
El tercero dos ciudades
Y un jardín
-El que llamamos Sur-.
Pero ninguno fue secreto manantial
Donde bebe la aurora y calma tu sed

Aquel dolor de escalas partiendo a ningún lugar
No pudieron borrarlo
De las íntimas bahías en las que fue tan feliz.
Por el tiempo de las lluvias
Regresó a los edificios
Que bajan hacia el mar cuando diciembre,
Con una llaga de playas y en su corazón
(Colmado hasta las orillas de cúpulas y viento)
No había tristeza.
Con la moneda del canto pagó bien sus deudas,
Quisiera ser nadie en las páginas que el Tiempo
Repasa como las luces de la estación más amada.
Escuchó a los oráculos y no quiso seguirlos.
Es dura la soledad a la orilla de algún puerto mientras esperamos
Y el resplandor deshace las telas de la alta noche.

De Designium, 1984



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