poemas vida obra roger wolfe




Poema El Vaso de Roger Wolfe



Siéntate
a la mesa.
Bebe un vaso
de agua. Saborea
cada trago.
Y piensa
en todo el tiempo
que has perdido.
El que estás perdiendo.
El tiempo
que te queda por perder.



Poema El Peso Del Mundo de Roger Wolfe



No puedo leer un solo libro.
Una sola página.
Un solo párrafo.
Ni una línea.
No puedo escribir,
ni coger el teléfono,
ni encender un cigarrillo,
ni extender las piernas,
ni levantarme
siquiera
de esta silla.
Si me buscara
el pulso
estoy seguro
de que no me lo encontraría.
Realmente no sé
lo que me pasa.
No es asco.
No es hastío.
No es abulia.
No es cansancio.
No es indiferencia.
Son todas esas cosas
y no es ninguna.
Es como si el mundo
se me hubiera
parado
encima.



Poema El Pasado Es Un País Lejano de Roger Wolfe



Me llama. Está
borracho. Un poco
borracho; la lengua
le patina, y me imagino
su babosa, su estúpida sonrisa.
Quiere a toda costa conseguir
un gramo, medio gramo,
lo que haya.
Está en la casa
de una chica a la que dije:
«No sé muy bien cuándo será.
Pero tú y yo joderemos.»
¿De verdad lo dije?
Muchas veces es así:
digo, dije, algo, lo que sea,
cualquier cosa,
qué más da.
Oigo su voz al fondo.
«Dile que si viene o no.
O cuelga.»
Supongo
que estarán solos en casa.
El marido fuera.
Hay un tercero. Alguien
que se llama Rafi.
«¿Rafi? No lo conozco.»
«¿Que no lo conoces?
¿Así que no te acuerdas, en la fiesta,
la famosa fiesta,
coger a un tío por el cuello
y soltarle que menuda
mariconada de camisa?»
No. No lo recuerdo.
Yo no recuerdo nada.
Pausa. «Entonces
será mejor mandarte
directamente a la mierda
y colgar este teléfono.»
No follarán.
Él es impotente, o feo,
o estrábico, o imbécil,
o sabe Dios qué.
En cuanto a mí,
la única vez que vi sereno a aquella tipa
sentí lo que se siente siempre:
asco. O más bien pena.



Poema El Crítico Y La Margarita de Roger Wolfe



Tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no…
y en cuanto a ti
no sé
mejor será
que espere
a ver
qué dice
la competencia,
no vaya a ser
que a estas alturas
me coma
algún marrón.



Poema Diez Años Antes O Después de Roger Wolfe



the imposibility of being human…
Ch. Bukowski

Releyendo
10 años después
El árbol de la ciencia
Me pregunto
-entre otras cosas
porque no lo sé-
si este magistral desharrapado
conoció a ese otro
Doctor de los Infiernos
que fue Céline.
Descarriados hijos
de una gran familia
de balas perdidas en el eco
canalla
de los siglos:
Villon considerando
el peso
de su propio culo
la víspera de su frustrada
ejecución;
Dostoyevski
asesinando a Dios;
Baudelaire
copulando con las cenizas
de Satán;
Céline prendiendo fuego
a los nueve caminos de la perdición
en el hipocentro de la noche;
Baroja escupiendo los gargajos
verdes
de su asco por la página…
Voces cuya cólera enronquecida
reverbera
con un odio más intenso y puro
que la metafísica
en la orgiástica y brutal marea
de este baile de locos,
posesos anunciando
entre grotesco giro y absurda reverencia
el final de una historia
que nunca debió comenzar.

(De :Arde Babilonia)



Poema Café Y Cigarrillos de Roger Wolfe



Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
dulcemente dolorido, como -a veces-
después de un polvo de los buenos.
La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
el ojo ese famoso de Buñuel,
asomada un tanto tenebrosamente
por encima de los árboles.
El coche no me arranca. El parabrisas
es una roca enorme y congelada.
Así que vuelvo a casa andando,
velado el claqueteo de mis pasos
por la luna, la cabeza
llena de café caliente y cigarrillos.
Llego al portal y me detengo,
soplándome en las manos, bajo
el arco de luz que proyecta la ventana
sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.

Y es que un hombre necesita en esta vida
otras cosas que no sean
lunas surrealistas, coches, oscuras
películas de Luis Buñuel.



Poema A Ninguna Parte de Roger Wolfe



Los pensionistas hablan de trombosis
en los autobuses
o aguardan el final
en los bancos de los parques públicos
entre mierda de palomas y jeringas
ensangrentadas,
o me paran en la calle
ante escaparates llenos de electrodomésticos
para preguntarme la hora
e interesarse por la raza de mi perro.
Son las cinco de la tarde y todo
en la ciudad apesta a muerte.
Sé que es inútil. Llegar a casa,
ponerme aquí delante y redactar
quince o veinte líneas, qué más da,
esta especie de salvoconducto
a ninguna parte.



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