poemas vida obra n

Poema No Podría Obligarte de Renata Durán



No podría obligarte
a no seguir tu sino.
Eso sería negarte
todo lo que de carne eres
y que somos.
Vete ya a acariciar
largos cuerpos,
distintos a este mío,
desde el cual te diviso,
viviéndome de adentro.
Tú vives desde afuera.
Con sólo ser tocado
ya existes.
Yo necesito más.
Quiero manos de amor,
sabias manos que
atraviesen la piel
de que estoy hecha,
y conozcan
la pura consistencia
de mi barro.



Poema No Es Verdad de Renata Durán



No es verdad
que tú cuentas
conmigo,
ni con nadie.
Sólo cuentas
contigo
y tu mentira.
Entraste en el túnel
de ti mismo,
volcándote
en los otros.
Cuando te puse
enfrente del espejo
te encegueciste más,
y me dejaste
a la orilla de ti,
sin brazos para hallarte.



Poema Noche De Hosanna de Poemas Para Fechas Especiales



Un hombre y una mujer llegan a Belén de Judá…
Sus rostros lucen cansados, en sus ojos se puede ver
el esfuerzo realizado por llegar.
Son ellos María y José…
Han venido desde Nazaret cumpliendo en humildad
con un edicto que ha sido promulgado,
y firmado por Augusto César, el emperador romano.
El ha decidido los tributos aumentar,
y los judíos viajan cansados -hasta su ciudad natal-
para ser empadronados.
María, que está embarazada, de momento es percatada
que el Hijo de sus entrañas está pidiendo nacer,
¡Y aún no tienen posada!
¡No hay lugar en el mesón!
Mas ella no siente temor -ella está confiada
en su Señor y su Dios.-
En ese Dios Onminpotente que le hizo sombra a su
vientre y en ella un Hijo engendró,
mediante su Espíritu Santo y no por obra de varón;
ese Dios Todopoderoso en esta noche Suprema
también hará provisión.
Y prosiguen su camino en espera de ese albergue
que los ha de cobijar.
Sus pasos van silenciosos… sus mentes en oración,
suplicándole a su Dios que El haga fuerte lo endeble.
Y caminando sin rumbo… y cansados de caminar,
pero con fe y esperanza ardiendo en su corazón,
de pronto se han detenido ante un humilde pesebre…
¡Dios ha hecho provisión!
Y en aquel humilde pesebre, comedero de ganado,
oliente a naturaleza y pobremente alumbrado;
en aquella noche fría…
entre el ruido de animales y unos dolores de parto
que le causan agonía…
a las doce de la noche nace el Hijo de María.
Nace el Hijo de María que nueve meses atrás
fue anunciado por Gabriel…
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo del Dios Altísimo!
¡El esperado Mesías y Salvador de Israel!
Y María sonriente, olvidado ya el dolor,
lo toma entre tus brazos y lo arrulla tiernamente
con ternura y con amor…
Los ángeles del cielo han inundado el pesebre
de alabanzas y loor…
¡Es una noche de Hosanna, noche de Salvación!
Lo que el ángel Gabriel a María no le dijo,
es que perversos jinetes han salido tras su Hijo.
Cabalgan en pos de El, y no hay nada en este mundo
que los pueda detener.
Cabalga un Getsemaní, cabalga un Calvario,
cabalga una espada, un Judas y una Cruz;
y en su cabalgar constante,
en un futuro no distante alcanzarán a Jesús.
Pero esta noche de Hosanna, en esta noche de Paz,
el corazón de María no lo pueden perturbar
ni plañideras, ni endechas, ni jinetes que cabalgan,
ni espada o lamentación…
¡No! ¡Todo eso puede esperar!
En el humilde pesebre el tiempo se ha detenido
en un éxtasis profundo…
María contempla a su Niño embelesada de amor.
Ella lo envuelve en pañales, lo arrulla contra su pecho,
y sus brazos maternales lo protegen de la Cruz…
¡Es su Hijo primogénito!
¡Es Hijo de Dios Altísimo!
¡Es el Salvador del mundo!
Y su nombre, su nombre es Jesús…



Poema N… de Angela Ibanez



La enésima vez al cubo
Duplicado por la diferencia de nada
Es la resultante de la cuadratura
De tu mirada.
El músculo se elonga, distancia
Madreperla del horizonte gris,
Gotea a media tarde,
Se condensa extrañamente sufrido
Y reverbera a destellos fluorescentes
En la noche de tus párpados
Que cansados se desplazan cadenciosos
Por la elipse metálica y brillante
De la suavidad de los cabellos
Apocalípticos y breves, casi ya
Caídos en la primavera estelar de las constelaciones ciegas
Y por lo tanto eternamente hermosas,
Devoradoramente bellas…



Poema No Quiero de Angela Figuera Aymerich



No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO…



Poema Noche de Angela Figuera Aymerich



Quietos en la noche clara.
Mi cara junto a tu cara;
la misma luna nos baña.

Piel contra piel, en mi cuerpo
siento el ritmo de un latido
¿es tu corazón o el mío?…

No sé cuándo me he dormido.



Poema Nadie Sabe de Angela Figuera Aymerich



Abre tus ojos anchos al asombro
cada mañana nueva y acompasa
en místico silencio tu latido
porque un día comienza su voluta
y nadie sabe nada de los días
que se nos dan y luego se deshacen
en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

Pisa la tierra. Vierte la simiente.
Coge la flor y el fruto. Sin palabras.
Pues nadie sabe nada de la tierra
muda y fecunda que, en silencio, brota,
y nadie sabe nada de las flores
ni de los frutos ebrios de dulzura.

Mira la llamarada de los árboles
irguiéndose en lo azul. Contempla, toca
la piedra inmóvil de alma intraducible
y el agua sin contornos que camina
por sus trazados cauces ignorándolos.
Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
Pues nadie sabe nada de los árboles
ni de la piedra ni del agua en fuga.

Mira las aves, altas, desprendidas,
rayando el sol a golpe de sus alas.
Toma del aire el trino y el gorjeo,
pero no quieras traducir su ritmo,
pues nadie sabe nada de los pájaros.
Mira la estrella. Vuela hasta su altura.
Toma su luz y enciéndete la frente,
pero no inquieras su remoto arcano
pues nadie sabe nada de la estrella.

Besa los labios y los ojos. Goza
la carne del amante sazonada
secretamente para ti. Acomete
con decisión humilde la tarea
del imperioso instinto. Crece y ama.
Mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos,
ni del amor ni del placer ni entiende
la ruda sacudida que nos pone
el hijo concluido entre los brazos.

Clama sin gritos. Llora sin estruendo.
Cierra las fauces del dolor oscuro,
pues nadie sabe nada de las lágrimas.

Vete a hurtadillas con discreto paso.
Traspasa quedamente la frontera,
pues nadie sabe nada de la muerte.



Poema Nada Es Lo Mismo de Angel Gonzalez



La lágrima fue dicha.

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.



Poema No Era La Muerte, Pues Yo Estaba De Pie de Emily Dickinson



No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.

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Poema No Te Asomes de Angel Crespo



No te asomes a ese jardín
ni quieras descubrir sus rosas.
Mueren tras ese idéntico
perfume, igual color,
y la sed llena el vaso.

No te acerques a ese jardín
si quieres que aún existas
y que tu amor de siglos no se apague,
y si amas la esperanza.

Déjalas bajo el sol: búscate dentro
esa otra cosa que renace y muere,
esa flor que sospechas que hay en ti,
esa rosa que fue, pasó, nunca hubo rosas.



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