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Poema Las Aves Infinitas Del Amor de Juan Eduardo Cirlot



Las aves infinitas del amor
están petrificadas en sus lechos
de roca cristalina y solitaria.
Son aves vivas pero muertas. Son.

Sus alas ya no tiemblan ni en el cielo
se sabe que fue el vuelo de las aves.
Unas son transparentes como vidrios.
Otras son de basalto impenetrable.

Vivieron en los árboles y ardieron
entre los gritos ávidos del júbilo.
Pero todas cayeron desde lo alto.
Están petrificadas para siempre.



Poema La Torcaza de Juan Domingo Argüelles



La torcaza volaba
y tú la contemplabas.

Era luz en la luz del mediodía,
calor en el calor de la mañana,
aire en el aire y tú
la contemplabas.

Tú la veías y eras libre,
porque la libertad de ver se aprende,
porque ser libre de mirar se aprehende
como el río a cantar aprende de los pájaros.

No le importaba a la torcaza su belleza,
pues vanidad no abriga;
volaba y nada más y el mar y el mundo
razón de ser tenían
y existían.

Tus ojos eran sus ojos
y eran sus alas tus alas.



Poema La Garza (fragmento) de Juan Diéguez Olaverri



¡Oh tú de la onda inmaculado lirio,
melancólica reina del estanque,
tan silenciosa, tan inmoble, y límpida,
cual si te hubiesen cincelado en jaspe!

El destino a tus playas solitarias
condújome tal vez porque te cante,
y mustio como tú, cual tu infelice,
yo de cantarte he mísero vate:

Ora te mire en la serena orilla,
de mansedumbre y de dolor imagen
plegado al pecho el serpentino cuello
y el pico entre los límpidos cristales:

Ora remando en acompasado vuelo,
cual blanca navecilla de los aires,
al céfiro agitando con tus alas,
como a la onda los remos de la nave:

Ora en las ramas del ciprés oscuro,
a la Hada entre las sombras semejante,
vengas a oir en soledad sombría
los últimos murmullos de la tarde.

Sí: yo te canto límpida garzota
espléndida azucena de las aves,
más bella que la espuma del torrente,
que del peñasco borbollando cae;

rival de la paloma sin mancilla,
más pura que la nieve deslumbrante,
émula silenciosa de los cisnes;
¡Salve garza gentil, mil veces salve!

Avara y caprichosa la Armonía
te cerró tus nectáreos manantiales,
que sacian a sus tiernos ruiseñores
y cisnes canos de argentinas fauces;

mas te infundió Naturaleza artista
en tu propia mudez bello lenguaje;
de dolor te formó viviente estatua,
como a esculpirla no alcanzara el arte;

el dolor te inspiró más dulce y manso
su elegíaca expresión tan penetrante,
tu actitud modeló melancolía,
inocencia te dio tu albo ropaje.

¿Qué haces allí, oh nítida azucena,
como sembrada en la anchurosa margen?
¿Nuevo narciso en el cristal contemplas,
por ventura, el albor de tu plumaje?

¿O en dolorosa soledad el duelo
haces tal vez de tu perdido amante,
o de la tierna devorada prole
que en el robado nido ya no hallaste?

¿Comprendes tú mis vivas simpatías,
cuando enhiestas el cuello por mirarme?
¿comprendiste mis votos y mis ansias,
viéndote ayer en tan terrible trance?

Asesino traidor de sutil planta,
oculto se te acerca entre los sauces…
¡Ay de ti …! Ya te apunta… ¡ya la muerte
miro en tu pecho cándido cebarse!

Brilla entre el humo pálida la llama,
las ondas salpicando, el plomo cae,
vuelas tú, yo respiro y el estruendo
aún se prolonga por el ancho valle.

La muerte apenas con sus alas roza
tus blancas plumas que en el aura esparce
que un breve instante en el espacio giran
y van cayendo y en el agua yacen.

oyera el cielo con piedad mis votos,
óigalos siempre así, siempre te guarde;
pero ¡ay Dios! y tu nevada pluma
enrojecida en tu inocente sangre.

Y yo, leve juguete del destino,
cual l ahoja de sañudos huracanes,
yo cuyo sueño la tormenta arrulla,
yo pobre alción en agitados mares,

yo de tu lado vagabundo huésped
he de faltar también, tal vez más antes;
la última sea acaso que mi planta
huella la florecilla de estas márgenes.

Tal vez mañana por lejanos climas
huyendo vaya de la ley del sable,
si estas montañas de la paz asilo,
también atruena la civil barbarie.

¿Y quién preguntará, lirio de la onda
dónde la suerte nos echó inconstante?
¿Qué fue de la garzota inmaculada;
qué de su errante y solitario vate

que por la orilla del risueño lago
vagaba un tiempo al declinar la tarde,
que en las someras raíces se asentaba
de este frondoso y corpulento amate;

o en lo más alto de las altas cumbres
por la ancha brecha de los montes parte,
allá en el horizonte delineados,
gustaba contemplar sus patrios Andes?



Poema La Poesía No Es Lo Más de Juan Daniel Perrotta



Faltan diez minutos para la una de la mañana
y estás sediento de escritura
Te motivas como puedes para escribir un poema
porque te resulta no tan simple ahora
Ya no más diez poemas por día
elegir cuál sobrevive y cuál no
Pero es típico
a cierta edad se supone que con uno
es suficiente
más ya es una proeza
Alguna mujer te dijo
que con tu pareja de ficción te bastaba
celosa de tu obsesión por la poesía
En verdad
es preferible
un par de piernas envolviéndote
en la noche
Es preferible
lamer excitado
un pezón que insiste en estar duro
de hormonas
y hacer lo mismo
con todo aquello que esté cerca de la boca
Es preferible a la poesía
creer
en la existencia del amor
acostado junto a una mujer
que deseaste lentamente
y acaba de acabarte
Todo eso es mejor que la poesía
Este poema incluído.

(Inédito )



Poema La Rosa Se Ha Propuesto de Juan Carlos Suñén



ceder, su voluntad es esa sobre los tréboles.

Su voluntad es puro
sedimento, un dolor del que otro
no podría echar mano. El viento deja
quieto al milano y humo
dulce en los arañoles, trae del pueblo
olor a hoguera recién cortada.

El monte
es una mesa negra, casi humana,
para el festejo de la primavera.

De «El hombro izquierdo» 1997

* *



Poema La Que Cuenta Mi Dote No Me Anda Buscando de Juan Carlos Suñén



de mi alma; y ello a pesar de muertos de fortuna, de mujeres de
celda.
Cuando junte sus voces en la mía,
cuando ponga en mis labios la palabra que espero,
yo ofreceré a su sed copas iguales.

Cuando ponga en mis ojos su mirada
capaz de alzar un ídolo de bronce.

De «Por fortunas peores» 1991

* *



Poema Le Pido Al Ángel … de Juan Carlos Suñén



Le pido al ángel que te traiga aquí a rastras.
Quemo esa vela virgen.

La noche flota fuera
floja como un enfermo.
Las chicharras alisan el reposo, parece
como si hubiera esperanza.

Salgo aunque no sé adonde.
Llevo la boca llena de letanías.
Algún rostro está a punto
de aparecerse en el aire. La nostalgia
trae viva la saliva y el estómago ciego.

Mis manos, perdonadas, preguntan por tu cintura.
La noche tiene ese hueco.



Poema La Que Cuenta Mi Dote… de Juan Carlos Suñén



La que cuenta mi dote no me anda buscando, pero
junta las cáscaras de mi alma; y ello a pesar de muertos
de fortuna, de mujeres de celda.
Cuando junte sus voces en la mía,
cuando ponga en mis labios la palabra que espero,
yo ofreceré a su sed copas iguales.

Cuando ponga en mis ojos su mirada
capaz de alzar un ídolo de bronce.



Poema Los Minutos Buscan Su Propia Hora… de Juan Carlos Lemus



Los minutos buscan su propia hora
Atan sus cabos y arman
A duras penas
Un día
Cada ladrillo es la estructura de un siglo
Y yo, todo huesos
No acabo de armar de una vez por todas
Mi gran escultura triste



Poema Lo Cuerdo Es Montar En Rabia… de Juan Carlos Lemus



Lo cuerdo es montar en rabia
salir a la calle y gritar
a todo galillo
que es más indecente el mundo
y el más perverso de todos mis actos

Como el pirata que navega en tina
y tiene un pato de hule
como enemigo
mi vida es farsante

el más hiriente de mis fracasos
echa raíz
profunda raíz en mi autoestima

Voy a tirar lleno de furia bolas de chicle al mundo
como hasta hoy
beberé más café
y rojo de ira seguiré andando

No puedo
ser delicado
sutil y mentirme
no quiero.



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