poemas vida obra b

Poema Bajo Las Aguas de Javier Pérez Walias



He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
en las arenas del bosque;
en aquel oleaje del bosque
que no era tuyo ni mío sino del cielo,
solamente del cielo.
He aquí mis dos manos acariciando las luces
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel cielo.
Aquel cielo
que no era tuyo ni mío sino de tu licor
en ascuas,
de mi latir alado,
de nuestras lágrimas unidas bajo el tiritar
de las vértebras.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire;
como aquella burbuja de aire
que no era tuya ni mía sino del fuego,
solamente del fuego.
He aquí tus dos ojos acariciando las sombras
que caían sedientas
desde cien mil estalactitas verdes.
He aquí aquel fuego.
Aquel fuego
que no era tuyo ni mío sino de mi latir
en ascuas,
de tu licor alado,
de nuestras vértebras unidas bajo el tiritar
de las lágrimas.
He aquí, bajo las aguas, el beso prometido
como una burbuja de aire en las arenas del bosque.



Poema Breve Homenaje Al Expresionismo Abstracto de Javier Payeras



un hombre
con un saco de agujas
destruye
el símbolo de la noche
se rebela
contra la eternidad inmóvil
de un dios oscuro
que sujeta su cuerpo
a un crucifijo



Poema Baño de Jaime Torres Bodet



Mujer mirada en el espejo umbrío
del baño que entre pausas te presenta,
con sólo detenerte una tormenta
de colores aplacas en el río…

Sales al fin, con el escalofrío
de una piel recobrada sin afrenta,
y gozas de sentirte menos lenta
que en el agua en el aire del estío.

Desde la sien hasta el talón de plata
-única línea de tu cuerpo, dura-
tu doncellez en lirios se desata.

Pero ¡con qué pudor de veste pura,
recoges del cristal que te retrata
-al salir de tu sombra- tu figura!



Poema Bajamar de Jaime Torres Bodet



Conforme va la vida descendiendo
-bajamar de los últimos ocasos-
se distinguen mejor sombras y pasos
sobre esta playa en que a morir aprendo.

Acaba el sol por declinar. Los rasos
de la luz se desgarran sin estruendo
y del azul que ha ido enmudeciendo
afloran ruinas de horas en pedazos.

Ese que toco, desmembrado leño,
un día fue timón del barco erguido.
que por piélagos diáfanos conduje.

En aquel mástil desplegué un ensueño.
Y en estas velas, ¡ay!, siento que cruje
todavía la sal de lo vivido.



Poema Biografía de Jaime Siles



Mi ayer son algas de pasión,
luces de espuma.
Y una arena insaciable que devora
los cuerpos submarinos.
Un cielo blando donde beben
las palomas sin rumbo del estío.



Poema Bajo La Pesada Losa Del Mundo de Jaime Labastida



Sobre la Tierra, estamos enterrados.
Todo su peso cárdeno
se vuelca sobre mis pies antiguos.
Toda la tierra me avienta sobre el cielo,
me sujeta en mi raíz
y me hunde entre sus manos.
Despedazado estoy.
Mis ojos van allá por el impulso,
mas presos en órbitas se quedan,
asidos a su fin y a su condena.

Toda la Tierra es una losa terrible
sobre cuerpos caducos y marchitos.
Los cielos rosáceos se coloran aún más de sangre violenta
que se arroja por los ojos.
Bajo la pesada losa de la Tumba Terrestre,
se mueven vidas sepultadas,
muertos que se engañan.
Pero las tumbas se violan,
para encontrar los huesos,
deshechos en pedazos, débiles al tacto.

El dolor nace y se queda, callado,
en las voces de los muertos que palpitan.
El dolor es propio: nace del corazón
y se renueva con la sangre, en su latente
perfección de círculo, de cansada finitud.

Un día amaneceré resucitado.



Poema Buscamos de Idea Vilariño



Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.



Poema Boca De Lobo de Hilario Barrero



Para José Muñoz Millanes

¿En qué infierno proclama su dolor

la sombra más oscura?

Y si lo siente, ¿qué hondura exige,

a qué pozo hay que llegar para saciar

la sed de amargo vino negro

que hiere y emborracha con certero

navajazo las vísceras del sol?

Y si la sombra se enamora,

¿qué azabache ha de elegir

para adornar sus pechos y su sexo?

¿en qué boca de lobo morirá degollada?

(dentelladas nupciales de la bestia que en celo

excomulga a la albura con su pezuña atea)

¿de qué profunda mina sacará los metales

para hacerse las arras?

¿qué príncipe de luto riguroso,

en el tablero medieval del tiempo,

acuchilla a la dama con su espada de ónix

ganando la partida a la Edad Media?

Coronada de endrino,

con collares del más serio carbón,

¿no eres tú sombra mía la luz de lo más negro?

Al doblar tu esqueleto

y descubrir tus ojos en la testuz del alba,

¿no es acaso lo que llamamos muerte?



Poema Bleistifte Höchster Qualität de Hilario Barrero



Abro la caja

y se dispara un olor a colegio de monjas,

olor a cedro, a mina clausurada,

a lápiz encerrado

con una sombra en su interior.

La Hermana Aurora,

la confesión, el ayuno, el rosario,

los nueve primeros viernes

y el mes de mayo a María.

Y esa otra mina dentro de mí

del pecado mortal, la carne, el deseo,

el ?cuántas veces, hijo mío? del confesor.

Miro los doce lápices ahora que ya es tarde,

rectos, serios, puntiagudos,

doce apóstoles en la última cena de la línea,

doce peces ahumados en un mar de latón,

Faber-Castell del curso de dibujo

donde por vez primera tracé una curva.

Elijo el lápiz 7B para aclarar mi imagen

y en una hoja de papel prestada

enciendo las tinieblas.

Lo más difícil en el trazo de mi vida siempre ha sido

que la sombra parezca verdadera

no una mancha adherida

al boceto de lo que fue mi infancia.



Poema Balada Para Los Árboles Ausentes. de Herib Campos Cervera



Por el camino de plata
– confudido entre penumbras –
vinieron ocho asesinos
con hachas recién fundidas.

Sobre el filo sin herrumbres
pasa el viento de la noche
y abraza luego el follaje
para decirle, en secreto,
que vienen ocho asesinos
con hachas recién fundidas.

¡Cómo tiritan las nubes!
¡Oh, Dios mío, cómo lloran
las estrellas y los pájaros!
¡Cómo lo noche inocente
quiebra su voz de silencios
y su música de plata!

Se desnudaron el torso;
miraron de abajo a arriba
y entre la fiesta del verde,
cada cual marcó su crimen.
Alto al cielo subieron
los hierros recién fundidos;
y al bajar volvían rugiendo
por las bocas de sus filos;
ni las nubes, ni los pájaros
pudieron dejarlos ciegos.

El follaje se estremece
como si fuera a morirse;
las estrellas tienen frío
de ver el hierro desnudo
y el agua del alba viene
para llorar con la luna.

Huyeron los asesinos
con sus hachas como espejos
los pájaros ya no tienen
donde colgar sus canciones.

El viento se va en sollozos
llevando sus hojas muertas,
mientras lo noche de plata
quiebra su voz de silencios
y su música de lunas.

Cuando fue otra vez el día,
la presencia de una ausencia
lloraba el sol su tristeza
de cicatriz desolada.



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