Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i)quizá No Hay Más… de Jorge Fernández Granados



Quizá no hay más amor del que cabe una noche entre la manos
Quizá un hombre y una mujer jamás llegan juntos al cielo.
Son el oleaje y musgo que le pega plumas a sus brazos,
apenas plumas de furia que se deshacen en el viento.
Quizá en el invierno el amor es un lecho mutuo y dos platos,
el alma colgada a secar en el balcón de los silencios
donde se roba y se recibe la agria leche del escarnio,
derribados por el gran polvo de la tierra y de los años.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i)cuando Inabarcable… de Jorge Fernández Granados



Cuando inabarcable tu voz se cumple como el primer día
no es palabra esa voz, no tiene rostro de oscilante esfinge:
es turbulencia coloidal de apetitosas llamas químicas,
masa de lo mutante en su amargor confuso que repite
la selva de sus vivientes aguaceros, las desvalidas
formas de su vértigo y el pasmo del tacto que las ciñe.
De cuerpos se llena la muerte, de un helado beso el río
nos funde eternizados: figura, danza, humedad, olvido.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i)¿a Dónde Voy… de Jorge Fernández Granados



¿A dónde voy entonces sino a ti placer, a ti morir?
¿A dónde lleva lo más profundo que esconde mi desear?
Si la llama al arder consume, el instante que recogí
del árbol de la vida el simple fruto de la muerte da.
¿Qué salvación espera en el cauterio del otro dormir,
en esta errancia fantasmal de los sentidos, qué lugar
es la amarga raíz del calor y el canto? ¿Y qué otra certeza
tuviera de mí sino es este deseo, que muda y tiembla?



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Un Esplendor… de Jorge Fernández Granados



Un esplendor oscuro bajo el deleite de profanarte
esta noche de cristales de algún fulgor desamparado
sobre la súbita espesura de tu más profunda carne.
La inocencia es el licor que, sorbo a sorbo, embruja las manos
sin otro ultraje que el más profano silencio de buscarte.
Una misma pasión de hervorosos tigres de luz y mármol
cazando en el fino fermento de la luna una oración
que nos da, grávidos de muerte, su pureza más atroz.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Tu Breve Chispa… de Jorge Fernández Granados



Tu breve chispa de eternidad tiene apetito de sombras.
Escala la fuerza un torbellino entre cálidas cinturas.
Acorta el encuentro de epitafios insensatos. Remoja
el jade limpio de tus ojos. Anochece las hechuras
que el fuego labró en los decisivos escombros de tu boca.
Sobre el sudario del instante el amor vuelca sus espumas.
Mañana el fulgor de otra tibieza será la bienvenida.
Mañana otra ciudad de viento moverá nuestras cenizas.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Sucesos… de Jorge Fernández Granados



Sucesos de este mínimo buscar donde reconocemos
lo oscuro del calor, el canto de las formas acopladas,
el énfasis del ritmo, la curva arenosa de los cuerpos
reptando con su pálido sabor de ofrendas mutiladas.
Grotescas gemas más allá del mundo, más allá del eco,
centrífugas aguas de la aniquilación y la cascada,
turbulencia azul donde la razón se ausenta y se arrodilla
a este instinto sucesivo, gota en la miel de la caída.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Soliloquio… de Jorge Fernández Granados



Soliloquio del amor en su espejo doble de pupilas.
Ella es la tierra tejida en rúbrica espiral de raíces.
Él es el viento y sus inacabables potros de conquista.
Mueve el follaje de sus manos el chisporrotear de estirpes
aún dormitantes en la bronca sed de sus propias semillas.
Los espectros amantes son estatuas que el mar no distingue.
Su beso es sucesión de un sueño rodado en líneas de arena,
una playa donde Dios olvidó sus húmedas siluetas.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) ¿pero Dónde… de Jorge Fernández Granados



¿Pero dónde, dónde has de compartir mi nada, mi momento
de magia novicia del humo que en vilo remontará
la altura fehaciente de los universos? ¿Dónde el secreto
azaroso de mis restos moverá un espasmo al pasar
como caricia sin víspera tus desahogados cabellos?
¿No hay en el amor una danza que sugiere el más allá?
¿Eres sólo estatua de ritmos, hielo espléndido de un cuerpo
que mis manos nombran en el tacto y elevan en su fuego?



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Opaca Carne… de Jorge Fernández Granados



Opaca carne, diaria chispa, ven en la hora de la muerte.
Devórame sin paz donde del éxtasis la brava lengua
se entreduerma gigante e inalcanzable. Sangre que arremete,
asalta el molino de voces que aprieta mis mudas venas
para rezumar el licor de la fragancia que perece.
Carne anonadada, furtiva combustión de madreselvas,
hoguera lenta del asombro, de la ociosa arquitectura:
déjame beber en tus hechizos los signos de la luna.



Poema Alondras Que Mueren Deslumbradas (i) Corazón Tan Astuto… de Jorge Fernández Granados



Corazón tan astuto del placer, que inocula y engaña
la estricta soledad de los amantes con su raro bálsamo,
con su minuciosa muerte de caricias y blandas brasas.
Placer casi sumiso y siempre inabatible, despojado
de sí mismo, preñado de vacío, furor que escapa,
que reclama su tormento de fugacidad en lo amargo
más amargo de la espera hacia la muerte: licor de todos
–corazón astuto del placer–, licor de los siete rostros.



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