Poema Celebración De La Memoria (viii) de Jorge Ruiz Dueñas



Repta el mar en la calera
ramifica en versos
desampara medusas en la piel del desierto



Poema Celebración De La Memoria (vii) de Jorge Ruiz Dueñas



Por los secretos canales
los bajos reverdecen al sol

El timón firme
descifra mensajes de la rosa náutica
La sonrisa de Gaviero lo evidencia



Poema Celebración De La Memoria (vi) de Jorge Ruiz Dueñas



Si hay bajamar
mis islas se desgajan
Si hay bajamar
el estuario se pudre a flor de piel
Si hay bajamar
padecen los cetáceos
Si hay bajamar
no acudes
indulgente y desnuda
a la cita de la suerte



Poema Celebración De La Memoria (v) de Jorge Ruiz Dueñas



Nadie puede salir por los canales
Sólo el Señor de las islas
timonel confiable

Se lo ha dicho el ma



Poema Celebración De La Memoria (ix) de Jorge Ruiz Dueñas



Altamar
inunda pastizales acuáticos
pone en retirada a los cangrejos



Poema Celebración De La Memoria (ii) de Jorge Ruiz Dueñas



Hay en mí
restos de un continente devorado
En la carta de rumbos
testimonios de vejez larvada

Riscos
Páramo
Mar en lecho
El tiempo diluido en el piélago



Poema Celebración De La Memoria (i) de Jorge Ruiz Dueñas



Ábrase camino al viento
huella erizada
de sol a noche
Paso al viento
cincel de montaña
cuando nubes arenosas
sepultan todo rastro
Ábrase camino al viento
constructor de silos
flujo mineral que no termina
respiración astral
dispersa ropa de mujer
tenue bandera



Poema Cancion Sin Luz de Jorge Robledo Ortiz



Cómo duele la noche
cuando tu voz se curva
fría de indiferencia lo mismo que una hoz;
Cómo duele la vida
cuando alzas tus palabras
sin caridad ninguna contra mi corazón.

Cómo duelen tus ojos
cuando clavan su hastío
-desnuda hoja de acero- sobre mi adoración.
Cómo duele esta angustia
de saberte lejana
llevándote en la sangre como se lleva a Dios.

Cómo duelen tus labios
cuando muerden el aire
para romper los hilos sencillos del amor.
Cómo duele tu risa
cuando cruza insensible
los abismos sin fondo de mi nuevo dolor.

Cómo duele tu pelo
cuando agita en el viento
la negación del trigo bajo el casco del sol.
Cómo duele el milagro
de tu nombre pequeño
cuando enciende nostalgias en mi inútil canción.

Cómo duelen tus brazos
-danzarines de nardo-
entre los bastidores de mi renunciación.
Cómo duelen tus manos
esas manos que un día
sobre lino bordaron mi callada ilusión.

Cómo duele tu ausencia
tan alta de silencios
que empinándose, casi ya toca mi dolor.
Cómo duele la tarde
cuando al norte del canto
ya no alumbra el lucero que orientaba mi voz.

Cómo duele, pequeña,
esta espina clavada
en el sitio donde antes existió el corazón.
Cómo duele tu nombre,
cuando contra la mía
se cumple inexorable la voluntad de Dios.



Poema Vuelven Los Caballos de Jorge Robledo Ortiz



Vuelven los caballos
Ágiles,
Elásticos,
Piafantes,
Resueltos,
Las ancas lustrosas,
Los ojos eléctricos,
Los nervios tensados como cuerdas de arco,
Las crines al viento
Y la historia patria montada,
Tatuada,
Estereotipada sobre todos ellos.

Vuelven los caballos remascando el freno,
Arrollando fechas,
Saltando recuerdos,
Repicando nombres de conquistadores,
De héroes,

De clérigos,
De altivos virreyes,
De descamisados,
Y de comuneros.

Vuelven los caballos de relincho hispano,
Inmenso,
Ecuménico,

Los que le arrancaron chispas al camino
Porque iban herrados con cuatro relámpagos,
Los caballos negros,
Los caballos pintos,
Los caballos bayos,
Los que se bebieron la savia de América
En el verso indio de Santos Chocano.

Vuelven los caballos
En tropel de cascos lo mismo que antaño:
Caballos de silla,
Caballos de carga,
Caballos de espanto,
Caballos que vienen de un viejo trapiche,
De un himno metálico.
Caballos de carne,
Caballos de bronce,
Caballos de mármol.

Vuelven los caballos
Bañados en luna,
Bañados en pólvora
Y en ecos lejanos.
Vuelven los caballos,
¡Y toda Colombia siente que hay tambores,
Historia y Laureles
En sus cuatro cascos!



Poema Urabá de Jorge Robledo Ortiz



Cuando Urabá despierte sentirá la mañana
Que cien conquistadores se calzan sus espuelas;
Que la savia es un río que va gritando ¡Tierra!
Como el descamisado don Rodrigo de Triana.

Cuando Urabá se ajuste su vieja carretera
Sin miedo a que un abismo le decomise el alma,
Entonces sí podremos decir que la Montaña
Rescató la locura de las Tres Carabelas.

Y veremos, entonces, que este pueblo de enjalmas
Que nunca vio en sus lares ni moluscos ni algas
Ni un marino tatuado ni una red de pescar,

Hablando de corrido, sin parar el palique,
Se traerá en camiones y en costales de fique
Toda sirena joven que se encuentre en la mar.



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