Poema Los Sonámbulos de Jorge Valdés Díaz – Vélez



Se despertó al oír un ruido
a sus espaldas, un murmullo
de frondas embozado. Abrió
los ojos y rozó en silencio
sus brazos recogidos entre
la nervadura de la sábana.
Qué sucede, por qué no duermes
–le preguntó mientras el alba
ya era otra forma en los espejos.
Me soñaba contigo –dijo
sin mirarle. Y se dio la vuelta,
cerró los párpados del sueño
para buscar la piel que huía
desde sus yemas, luz adentro.



Poema Las Flores Del Mall de Jorge Valdés Díaz – Vélez



Las jóvenes diosas, nocturnas
apariciones (ropa oscura,
plata quemando sus ombligos)
en la cadencia de la pista,
comenzarán a despintarse
con la premura de los años,
los problemas, quizá los hijos
que no tienen aún. Ahora
miran tus ojos con un claro
desprecio (ya tienes cuarenta)
y piensas en ciertas palabras
de Baudelaire que les darías
como si fueran frutas tuyas
(si al menos se acercaran), si
supieran quién es el poeta.
Pero ellas danzan, te rodean
sin importarles lo que callas.
Envejeciendo solas, brincan
sobre tus textos (tan perpetuas
y frágiles), deidades nuevas,
ellas, que bailan retiradas
de tu florero de Lladró.



Poema La Otra Rosa de Jorge Valdés Díaz – Vélez



Ella besó en la rosa
(su nombre fue una espina
brutal y femenina)
la imagen de otra rosa

grabada en una losa
de mármol, cristalina.
La luz era más fina
y al tacto, tan hermosa

como la flor que ardía
sin pausa en su memoria.
En otro mediodía,

la rosa era ilusoria
promesa compartida;
y el beso, la otra vida.



Poema La Invitada de Jorge Valdés Díaz – Vélez



Tienes que detenerla
–dijo. Su voz temblaba
con pasión. Me gustaba
aquel temblor; el verla

actuar así, tenerla
cerca mientras mudaba
su gesto, confortaba.
Tienes que detenerla

–insistió. Ya es muy tarde,
no lo puedo evitar
–le respondí–, no hay nada

que hacer. En un alarde
teatral, fingió llorar
aunque reía, helada.



Poema Ishmar de Jorge Valdés Díaz – Vélez



para Martha Iga

La manera de peinarte desnuda
ante el espejo húmedo del baño,
de apresar en la palma tu cabello
para escurrir el agua y agacharte
en medio de palabras que no entiendo;
el acto de secar tu piel, la forma
de sentir con las yemas una arruga
que ayer no estaba, o de pasar la toalla
por la pátina oscura de tu pubis;
el modo de mirarte a ti contigo
tan cerca y tan lejana, concentrada
en una intimidad que a mí me excluye,
son gestos cotidianos de sorpresa,
ritos que desconozco al observar
las mismas ceremonias que renuevas
al calor de tu cuerpo y que dividen
un segundo en partículas: espacios
donde la vida expresa su sentido
posible y que se afirman al peinarte
desnuda en las mañanas, como un fruto
que yo contemplo por primera vez.



Poema Ex-libris de Jorge Valdés Díaz – Vélez



He vuelto a releer aquellos versos
que hablaban del amor y que leímos
la noche que ardió Troya y nos perdimos
al fondo de sus negros universos.

He oído en cada página los tersos
acentos de tu piel donde creímos
haber bebido al sol en sus racimos
y al mar que reflejaba en sus diversos

murmullos nuestro ascenso al precipicio.
Se puede oler la luz de esos momentos
al tacto de un doblez. Queda un indicio

debajo de las líneas subrayadas,
un hálito de ti, tus dedos lentos
abiertos en esquinas despobladas



Poema El Fotógrafo Y La Modelo de Jorge Valdés Díaz – Vélez



El tiempo que fue siempre tu enemigo
se detuvo en tu imagen. Ya eres esa
chica de calendario, la princesa
sin fábulas, el ángel que consigo

colgar de cualquier nube. De oro y trigo
la luz ensortijada en tu cabeza,
la arena que se acaba en donde empieza
la línea de tu sexo. Estás conmigo

y no tienes tristezas ni pesares
ni citas por cumplir. Sólo reposas
inmóvil en el cuadro, entre palmeras
de plástico y heladas mariposas

robadas del Cantar de los cantares.
No sabes que no has muerto. Si supieras.



Poema El Desastre de Jorge Valdés Díaz – Vélez



El ángel de pasión dejó tu casa
con un desorden tal que no sabías
por dónde comenzar: copas vacías,
ceniza por doquier. Y su amenaza

rotunda de carmín: ?En la terraza
te aguardo. Un beso. Adiós?. Tú conocías
la forma de cumplir sus profecías.
Temblaste al recordar: ?Todo lo arrasa

un ángel si al partir te sobrevuela?.
Te diste apresurado a la tarea
de hacerla remontar por tu memoria,
sus manos en tu piel, su duermevela.

Pensaste: ?Si es amor, pues que así sea?
y fuiste a abrir la puerta giratoria.



Poema Algunos Se Despiden Bajo Un Árbol de Jorge Valdés Díaz – Vélez



Hoy dejé la ciudad mientras dormía.
Sé que no he de volver, y ella lo sabe.
Tal vez, pasado el tiempo, todo acabe
por ser tan sólo el sueño en donde huía

la sombra vertical de un mediodía
cuya imagen conservo como un grave
ciprés que va a caer. Giré la llave
y entonces comenzó la lejanía

y un ámbito de luz prendió el reflejo
del árbol inclinándose a la tierra.
Otro ya en mi lugar lleva el idioma.

Otro toma el avión en que me alejo,
y otro más la ciudad donde alguien cierra
un portón de metal que se desploma.



Poema Sentados Frente Al Fuego de Jorge Teillier



Sentados frente al fuego que envejece
miro su rostro sin decir palabra.
Miro el jarro de greda donde aún queda vino,
miro nuestras sombras movidas por las llamas.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos,
a pesar de su rostro frente al fuego,
y de nuestras sombras movidas por las llamas.
Quizás si yo pudiera encontrar una palabra.

Esta es la misma estación que descubrimos juntos:
aún cae una gotera, brilla el cerezo tras la lluvia.
Pero nuestras sombras movidas por las llamas
viven más que nosotros.

Sí, ésta es la misma estación que descubrimos juntos.
?Yo llenaba esas manos de cerezas, esas
manos llenaban mi vaso de vino?.
Ella mira el fuego que envejece.



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