Poema Al Partir de Gertrudis Gomez De Avellaneda



¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…
el ancla se alza… el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela.



Poema Al Árbol De Guernica de Gertrudis Gomez De Avellaneda



Tus cuerdas de oro en vibración sonora
vuelve a agitar, ¡oh lira!,
que en este ambiente, que aromado gira,
su inercia sacudiendo abrumadora
la mente creadora,
de nuevo el fuego de entusiasmo aspira.

¡Me hallo en Guernica! Ese árbol que contemplo,
padrón es de alta gloria…
de un pueblo ilustre interesante historia…,
de augusta libertad sencillo templo,
que ?al mundo dando ejemplo?
del patrio amor consagra la memoria.

Piérdese en noche de los tiempos densa
su origen venerable;
mas ¿qué siglo evocar que no nos hable
de hechos ligados a su vida inmensa,
que en sí sola condensa
la de una raza antigua e indomable?…

Se transforman doquier las sociedades;
pasan generaciones;
caducan leyes; húndense naciones…
y el árbol de las vascas libertades
a futuras edades
trasmite fiel sus santas tradiciones.

Siempre inmutables son, bajo este cielo,
costumbres, ley, idioma…
¡Las invencibles águilas de Roma
aquí abatieron su atrevido vuelo,
y aquí luctuoso velo
cubrió la media luna de Mahoma!

Nunca abrigaron mercenarias greyes
las ramas seculares,
que a Vizcaya cobijan tutelares;
y a cuya sombra poderosos reyes
democráticas leyes
juraban ante jueces populares.

¡Salve, roble inmortal! Cuando te nombra
respetuoso mi acento,
y en ti se fija ufano el pensamiento,
me parece crecer bajo tu sombra,
y en tu florida alfombra
con lícita altivez la planta asiento.

¡Salve! ¡La humana dignidad se encumbra
en esta tierra noble
que tú proteges, perdurable roble,
que el sol sereno de Vizcaya alumbra,
y do el Cosnoaga inmoble
llega a tus pies en colosal penumbra!

¿En dónde hallar un corazón tan frío,
que a tu aspecto no lata,
sintiendo que se enciende y se dilata?
¿Quién de tu nombre ignora el poderío,
o en su desdén impío,
tu vejez santa con amor no acata?

Allá desde el retiro silencioso
donde del hombre huía
?al par que sus derechos defendía?,
del de Ginebra pensador fogoso,
con vuelo poderoso,
llegaba a ti la inquieta fantasía;

y arrebatado en entusiasmo ardiente
?pues nunca helarlo pudo
de injusta suerte el ímpetu sañudo?,
postró a tu austera majestad la frente
y en página elocuente
supo dejarte un inmortal saludo.

La Convención Francesa, de su seno
ve a un tribuno afamado,
levantarse de súbito, inspirado,
a bendecirte, de emociones lleno…
Y del aplauso al trueno
retiembla al punto el artesón dorado.

Lo antigua que es la libertad proclamas…
?¡Tú eres su monumento!?
Por eso cuando agita raudo viento
la secular belleza de tus ramas,
pienso que en mí derramas
de aquel genio divino el ígneo aliento.

Cual signo suyo mi alma te venera,
y cuando aquí me humillo
de tu vejez ante el eterno brillo,
recuerdo, roble augusto, que doquiera
que el numen sacro impera,
un árbol es su símbolo sencillo.

Mas, ¡ah, silencio!… El sol desaparece
tras la cumbre vecina,
que va envolviendo pálida neblina…
se enluta el cielo…, el aire se adormece…
tu sombra crece y crece…
¡Y sola aquí tu majestad domina!



Poema A La Muerte De Don José María De Heredia de Gertrudis Gomez De Avellaneda



Le poète est semblable aux oiseaux de passage,
Qui ne batissent point leur nid sur le rivage.

Lamartine

Voz pavorosa en funeral lamento,
desde los mares de mi patria vuela
a las playas de Iberia; tristemente
en son confuso la dilata el viento;
el dulce canto en mi garganta hiela,
y sombras de dolor viste a mi mente.
¡Ay!, que esa voz doliente,
con que su pena América denota
y en estas playas lanza el océano,
«Murió ?pronuncia? el férvido patriota…»
«Murió ?repite? el trovador cubano»;
y un eco triste en lontananza gime,
«¡murió el cantor del Niágara sublime!»

¿Y es verdad? ¿Y es verdad?… ¿La muerte impía
apagar pudo con su soplo helado
el generoso corazón del vate,
do tanto fuego de entusiasmo ardía?
¿No ya en amor se enciende, ni agitado
de la santa virtud al nombre late?…
Bien cual cede al embate
del aquilón el roble erguido,
así en la fuerza de su edad lozana
fue por el fallo del destino herido…
Astro eclipsado en su primer mañana,
sepúltanle las sombras de la muerte,
y en luto Cuba su placer convierte.

¡Patria! ¡Numen feliz! ¡Nombre divino!
¡Ídolo puro de las nobles almas!
¡Objeto dulce de su eterno anhelo!
Ya enmudeció tu cisne peregrino…
¿Quién cantará tus brisas y tus palmas,
tu sol de fuego, tu brillante cielo?…
Ostenta, sí, tu duelo;
que en ti rodó su venturosa cuna,
por ti clamaba en el destierro impío,
y hoy condena la pérfida fortuna
a suelo extraño su cadáver frío,
do tus arroyos, ¡ay!, con su murmullo
no darán a su sueño blando arrullo.

¡Silencio!, de sus hados la fiereza
no recordemos en la tumba helada
que lo defiende de la injusta suerte.
Ya reclinó su lánguida cabeza
?de genio y desventuras abrumada?
en el inmóvil seno de la muerte.
¿Qué importa al polvo inerte,
que torna a su elemento primitivo,
ser en este lugar o en otro hollado?
¿Yace con él el pensamiento altivo?…
Que el vulgo de los hombres, asombrado
tiemble al alzar la eternidad su velo;
mas la patria del genio está en el cielo.

Allí jamás las tempestades braman,
ni roba al sol su luz la noche oscura,
ni se conoce de la tierra el lloro…
Allí el amor y la virtud proclaman
espíritus vestidos de luz pura,
que cantan el hosanna en arpas de oro.
Allí el raudal sonoro
sin cesar corre de aguas misteriosas,
para apagar la sed que enciende al alma
?sed que en sus fuentes pobres, cenagosas,
nunca este mundo satisface o calma?.
Allí jamás la gloria se mancilla,
y eterno el sol de la justicia brilla.

¿Y qué, al dejar la vida, deja el hombre?
El amor inconstante; la esperanza,
engañosa visión que lo extravía;
tal vez los vanos ecos de un renombre
que con desvelos y dolor alcanza;
el mentido poder; la amistad fría;
y el venidero día
?cual el que expira breve y pasajero?
al abismo corriendo del olvido…
Y el placer, cual relámpago ligero,
de tempestades y pavor seguido…
Y mil proyectos que medita a solas,
fundados, ¡ay!, sobre agitadas olas.

De verte ufano, en el umbral del mundo
el ángel de la hermosa poesía
te alzó en sus brazos y encendió tu mente,
y ora lanzas, Heredia, el barro inmundo
que tu sublime espíritu oprimía,
y en alas vuelas de tu genio ardiente.
No más, no más lamente
destino tal nuestra ternura ciega,
ni la importuna queja al cielo suba…
¡Murió!… A la tierra su despojo entrega,
su espíritu al Señor, su gloria a Cuba;
¡que el genio, como el sol, llega a su ocaso,
dejando un rastro fúlgido su paso!



Poema Tus Ojos Tienen El Recóndito Desmayo de Germán Bleiberg



Tus ojos tienen el recóndito desmayo
del nocturno horizonte,
que nunca hiere el alba.
Pero también irradian alegrías
cuando recuerdas o presientes,
y entonces resplandece tu mirada
como el íntimo vuelo de una alondra en abril.

Y cuando ahora recorremos el camino
donde nuestro amor halló su origen,
las piedras de calles angostas,
los monumentos altivos,
las ruinas cansadas,
la silenciosa lluvia,
el hijo de una amiga soñando
su histórica ciudad de provincia,
espejan en su canción agitada
la letanía feroz del tiempo,
y cada vez más me iluminan
tus ojos de nocturno horizonte,
cuando la vida acucia con sus cielos
y renunciamos al pan cotidiano
a cambio de unas tazas gozosas
de policromada arcilla,
tazas que el agua convertirá en recuerdo.

Y entonces comprendo qué es la claridad
del horizonte fiel de tus ojos,
el horizonte oscuro de un amor
que me asedia cada amanecer con una sonrisa,
inmune al tránsito de la tristeza,
de la harapienta tristeza del mundo.



Poema Sólo Aquel Tembloroso Viento Amado de Germán Bleiberg



Sólo aquel tembloroso viento amado,
tan dulcemente estrecho entre mis venas,
viene con tu paisaje y con serenas
voces de tu fervor puro y llorado.

Estoy solo, ya solo y entregado
a este dolor humilde en que me ordenas,
y espero, oculto en soledades plenas,
llegar a ti, febril y enajenado.

Hoy son tus ojos esta luz sin horas.
que yo buscaba como bien pequeño.
¡Víspera del espacio presentido,

las lentas llamas, manantial de auroras!
Y tu sangre tendrá un sabor de sueño
entre las mariposas florecido.



Poema Mientras De Luz Y De Esperanza Herido de Germán Bleiberg



Mientras de luz y de esperanza herido
mi corazón te piensa y te edifica,
un llanto luminoso purifica
tu cielo claro en claridad crecido.

Las aves hacia ti me han conducido,
cuando el silencio el cántico amplifica,
que en ti las luces íntimas explica,
y esta pasión, primaveral latido.

El alma te construye entre azucenas
sobre el paisaje que la brisa hiere,
donde los aires tiemblan en tu ensueño.

Tu nombre vivo fluye por mis venas,
y toda mi nostalgia te prefiere
en la espiga y la hierba de mi sueño.



Poema La Clara Lluvia, En Rosa Y Azucena de Germán Bleiberg



La clara lluvia, en rosa y azucena,
asume en tu presencia la dulzura,
y una aurora de arroyos insegura
ampara aquella luz de sombra llena.

¡Oh la experiencia arrebatada, ajena
a la ilusión constante de ternura
que en mí, con esperanzas, inaugura
una joven quietud viva y serena!

¡Oh los pasos que, tímidos, perdieron
aquel tranquilo séquito de flores!
¡Oh amada floreciente y encendida!

Cuando las noches íntimas huyeron,
quebró la luz del alba sus temblores
y tus ojos brotaron en mi vida.



Poema Encuentro En Ti La Luz Estremecida de Germán Bleiberg



Encuentro en ti la luz estremecida
y un honesto temblor siempre soñado,
vibrando en juventud, limpio y alado,
un bienestar de soledad henchida,

y estos ojos de hierba humedecida
que cumplen su mirada, armonizado
el viento y el celeste azul logrado,
como un jardín bajo la brisa herida.

Yo te he buscado, amante, en el tranquilo
encendimiento firme de tu frente,
como triste abandono de azucena,

y te encuentro, presente, en el sigilo
de mi ágil corazón, tan dulcemente
ungido por tu voz loca y serena.



Poema El Amor Y El Paisaje de Germán Bleiberg



Un hálito de rocío en mis venas,
una mariposa que sangra,
tu voz hecha cristal quebrándose en el río de la noche,
y yo, llama menor de la muerte, soñando.
El otoño desliza antiguas alas de galgo
por las calles de la ciudad perdida,
los niños estremecen su cántico entre hierbas tristes,
mi voz se sumerge en el paisaje escondido,
mientras un dócil viento
martiriza mis ojos con súbitas ausencias.

¿Dónde ciñen ahora tus manos acostumbradas al asombro del tilo
mi carne desamparada?
Una ligera sombra corrige nuestro llanto,
y la víspera del naufragio es bendecida
por el mar y por las rocas
y por el gozo de ser en tu hermosura un lirio sin fondo.

Las flores de nuestro jardín nocturno
no son sino memoria y lejanía,
y bajo la luna silvestre, el olvido tiembla
como un álamo sin raíces.

Han arraigado en nuestra piel las primeras luces del alba,
y el mar con su oleaje salobre abraza nuestro anhelo,
y todo en nosotros vibra y canta y se abandona al grito.

¿Qué promesa de parque temblaba en tus ojos?
El amor es hoy la medida del tiempo
en las llagas que nacen de la soledad.
Sobre mi pecho, los siglos se consumen en su fuego,
y busco el asilo límpido de los nuevos árboles frutales,
busco la ventana abriéndose al mar embravecido,
donde todo es horizonte y paisaje y amor,
donde se yergue, en fin, esta trémula semilla exacta de la vida,
que se propaga de primavera en primavera.

Y tú, niña, llamándome con la misma voz que brota de mi sangre,
espérame, tú, la más dulce:
también yo he llamado a las puertas sombrías de la noche,
y sólo acuden el tiempo y el destino.

Toda mi alma, amor, sabe esperarte,
en esta penumbra marchitada,
mientras en mis ojos reside un ambiente de barco cercado por las olas,
y recuerdo el dolor convertido en experiencia.
¿Dónde se confunde la brisa con la paz delgada del padre muerto?
Quiero llegar a tus tranquilas puestas de sol,
alta melancolía impaciente,
quiero abrazarte en la raíz de toda mi vida,
quiero recordarte en la firme anunciación de mí mismo,
dulcemente morena bajo la melodía del cielo azul,
tú, lejana,
sin más principio que tu propia transparencia.



Poema Égloga Del Naufragio de Germán Bleiberg



Tan oscuras las estrellas
-en nuestros ojos, naufragio-
tejen las playas de noche
-en los recuerdos, naufragio-
que dejan en nuestra sangre
-última espuma, naufragio-
llantos de cristal sombrío,
herida carne del llanto.
El jardín de nuestros padres
es ortiga del ocaso,
y nuestras lágrimas tienen
un calor no superado,
lágrimas de las entrañas
que las aguas despertaron.
Enfrente de mi camino,
huellas tersas en los lagos,
y una presencia de luz
en tus ojos de naufragio.
Húndeme entre tus paisajes,
en tus silencios amargos,
donde yo sienta en mi piel
ambiente de joven árbol,
y la flor brote desnuda
con sus perfumes alados.
Verte, sí, sobre el invierno,
silencioso vuelo pálido
de tu figura tan clara
de ser nieve, ardor temprano,
mirarte sobre el abismo
de los vencidos espacios,
como incienso de alborada
en el sueño naufragado:
Tu mirada es el destino
en la sombra de mi paso.
Mirarte, sí, dócil fuego
de mi corazón flotando,
encima de las montañas
dulces del tiempo cercano.
Ya lejos las horas tristes,
yo arrancaré de los años
tierra firme en las miradas
quebradas por el naufragio.
Y veremos la madera
de los caudalosos álamos,
y amanecidas gozosas
en nuestros mutuos abrazos.
¡Qué plenitud del vacío
-sangre oculta del naufragio-,
anunciación de la playa
-caricia siempre, naufragio-!



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