Poema Inventario de Gonzalo Osses A Vilches



Esta ciudad sin Dios, este amorío,
estos versos inspirados por el alcohol,
el día que llegué y tu te habías ido,
tus compactos y los libros,
que dejaste en el cajón.

El cruel naufragio de todas mis creencias,
los pecados que nunca voy a contar,
la redención que entre tus piernas buscaba,
mi felicidad truncada,
cuando te hiciste a la mar.

Las cosas que me dices cuando te callas,
esas palabras mudas que no entendí,
los besos que se pudren en nuestros labios,
tus consejos más que sabios
que nunca quise seguir.

Mi constante batalla entre los dos sexos,
los mundos que me invento para escribir
mi terco deseo de nunca llegar a viejo
el poema de Vallejo
que leías para mí.

Mi colección de discos de Calamaro,
la guitarra que nunca aprendí a tocar
toda mi esperanza rota entre los cristales,
esa foto de mis padres
que siempre me hizo llorar.

Mi primer libro de cuentos que fue censurado,
una mala obra de teatro que no estrené,
la insólita sensación de sentirse amado,
mi título de Abogado
y el master que nunca fue.

Las cincuenta veces que me preguntaste ¿me amas?
Y las cincuenta veces que te mentí,
el denso olor a semen que ahora me asalta,
el amigo que me falta
y los besos que no di.

Un rock and roll amargo de Joaquín Sabina,
los güisquis que me tomaba antes de almorzar,
cuatro cajas vacías de anfetaminas,
dos gramos de cocaína
y mi dosis de Prozac.

Las lunas que he besado yo en otros ojos,
las soledades negras de mi depresión,
del resto de mi vida, sólo despojos,
mis berrinches, mis enojos,
mi cojera al caminar.

Todo el verde que perdí y encontré en tus ojos
el negro que me quedó al volverlo a perder,
el humo de este, mi último cigarrillo,
con el dedo en el gatillo
y la pistola en la sien…

Este es el recuento oscuro de lo que tengo,
un inventario gris de mis secretos,
un epitafio siniestro, una letanía al viento,
en el peor de los casos, mi testamento,
y ?por supuesto? el último de los versos que te escribo.



Poema Introducción de Gonzalo Osses A Vilches



El verde ha sido verde desde mucho antes que tú y yo fuésemos nosotros
y de mucho antes que ambos volviésemos a ser extraños.

Cuando vivíamos en rojo y soñábamos en azul, ya lo echábamos de menos,
cuando me hundí en el negro y te fuiste tras el blanco supimos que nos era ajeno.

Pero cuando lo tuvimos fuimos felices.

Por eso amor, ahora que el silencio se ha instalado entre nuestras miradas,
ahora que el olvido ha vestido nuevas ropas, que el perdón se ha tapado la boca;
el hastío me ha vuelto daltoniano y mi vida se ha quedado sin color.

Por eso amor, me cuesta tanto olvidar esos días,
y por eso, de todos los verdes que he perdido ?y los he perdido todos?
ha sido el de tus ojos, lejos, el que más ha dolido.



Poema Huelo Mal de Gonzalo Osses A Vilches



Huelo a muerte en estos días, huelo a olvido,
a poema inacabado, a tristeza, a pecado.
Huelo a estorbo de recuerdos, a Navidad de niños huérfanos.
A polvo puesto, a caras parcas, a espermios muertos.

Huelo a negro de conciencias, huelo a entierro,
a ciudad contaminada, a estribillo sin solfeos.
Huelo a guerra en Medio Oriente, a delirio en Occidente,
a luna talada, a deseo insatisfecho, a ensoñación castrada.

Huelo a lejanía del mar, huelo a censura,
a amores descompuestos, a la lujuria del cura.
Huelo mal, como a fracaso, como a podrido,
como a derrumbe y nostalgia, como a hambre de esperanza.

Huelo y pervivo, huelo y presiento, huelo y escribo;
Huelo y sé que algo ha de morir por tal olor…
Algo con mis formas, mi teléfono, nombre y dirección
Algo que se parece a mí pero que no soy yo.

Hoy. Huelo a hoy…
Huelo a cuando ya es tarde para todo



Poema Epitafio de Gonzalo Osses A Vilches



El día que me mate,
los trenes llevarán minutos de retraso,
el tiempo justo para recoger mi cuerpo de las vías.

Y la ciudad se abrirá, desvencijada y pujante,
sobre la olvidad trocha de sus tranvías.

No sé qué rumor acunó mi amor por sus veredas,
pero es como si fuera ayer que mi viejo la narró tal como era.

Me gustaría saber que se dijera: aquí nació, vivió y murió.
Fue parte de la felicidad, fue infinito de alegrías,
no tuvo miedo de saber y de saberlo jamás lo aprendió;
ni por un segundo dijo atrás siquiera para no retroceder.

Sólo unas pocas palabras para despedir lo hecho.
estas simples reflexiones serán suficientes para la soledad de mi ego.

Y después…
una agonía de hoy en adelante.
Y al final…
una caricia al sol que nunca dejará de ponerse.



Poema Epílogo de Gonzalo Osses A Vilches



No me mires, con tus verdes ojos gastados,
no me llames, con tu boca suave y quebrada,
no me extiendas tus tibias manos amantes,
ni menos, camines en puntillas por mi mente.

Porque entonces ?si haces eso? sé que no soy dios,
me siento débil, enfermo, pequeño,
y me escondo en mi alma de niño,
y entiendo mi soledad y lloro y me asusto.

Porque todavía no aprendo a ser indiferente.
Por eso te busco, día a día, desesperadamente.
Y aprendo a ocultar el dolor de no verte, cuando miro
y de verte, cuando decido cerrar los ojos.

Hasta que te encuentro entre recuerdos
y le hago preguntas a mi pasado
y exijo respuestas de tu presente,
que venzan mis miedos, llenen mis vacíos,
y me devuelvan la esperanza,
que es el verde más verde que he perdido.



Poema El Hombre Que Mira Al Poniente de Gonzalo Osses A Vilches



Sobre las llanuras
del cielo atardeciendo
cabalgan figuras,
como manchas.

Un hombre
mira hacia el poniente.

A sus espaldas
la oscuridad avanza.

Pero la mirada
viaja con la luz
y se desprende.

El hombre
se ha quedado sin los ojos.



Poema Ecos de Gonzalo Osses A Vilches



Observa como se alejan… volando.
Mira como regresan… humillados.

Siente el dolor en sus rostros,
la palabra que corre por sus venas,
escucha su agonía eterna…

No los toques; se pueden caer y se rompen
no los llores ?no tiene sentido? ellos no mueren

Sólo observa como se alejan… volando
y mira como regresan… los poetas.



Poema Deseo de Gonzalo Osses A Vilches



No vuelvas,
mejor no vuelvas.

Si lo haces,
me consumirá la pena,
arderé de rabia
y moriré de celos.

Porque yo sé
que si tú vuelves,
?si alguna vez regresas?
será por mil razones
pero no será por mí.



Poema Definición de Gonzalo Osses A Vilches



No soy bueno ni malo ni bueno
Soy irresponsable,
como un niño que al salir
se mete el sol
en un bolsillo agujereado.



Poema De La Inmortalidad Del Cangrejo de Gonzalo Osses A Vilches



A mi padre

Me encontré de repente, casi sin darme cuenta
por el viejo y nunca terminado camino de los recuerdos.
Recuerdos que alguna vez fueron pasos en mis zapatos;
ilusiones en mi alma, lágrimas en mis ojos.
Recuerdos que son sonrisas de niño,
esas mismas que uno siempre extraña por lo cristalinas
y por la inexplicable tibieza que las engendró,
quién sabe a través de qué misteriosos detalles.

Y cuando recordé me reencontré con tu imagen.
Noté la caricia de tu presencia en el aire,
el aroma siempre joven de tus días y sonreí,
deseé hablarte a través de este manto de distancias,
o acariciarte de manera sencilla; casi tímida.

Porque de todos los hombres que he amado, has sido el más perfecto.
Porque a veces las palabras se muestran impotentes o mudas
ante el empuje de nuestra difusa humanidad.
Y ¿sabes? … porque además es tu día, papá,
el día de los viejos macanudos con sabor a padres.

Sí , ya sé.
Sé que estamos lejos, ¡pero si es lo mismo!
¿No entiendes? Lo mismo…
porque siempre te veo majestuoso como el amanecer
que nos despierta orgulloso de poder ofrecernos su sol.
Y le digo, y te digo ¡Buen día!,
pero también digo, ¡viejo, te quiero!

¿Ves?, ya iniciamos nuevamente el diálogo.
Tírame un salvavidas (por favor) … y después ¡rememos juntos!
agarra tu guitarra y cantemos: inventa una melodía, yo pongo la letra.

Tú y yo pateando a dúo la distancia caprichosa de dos ciudades distintas.
Tómate un trago, viejo. La distancia… ¡La distancia es una mentira!
y hablemos de lo que sea, de ti, de mí, del clima…
mejor aún, ¡hablemos de la inmortalidad del Cangrejo!
Total… La locura, esta noche, corre por mi cuenta.



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