Poema Amórica de Alfonso Quijada Urias



Amórica,
lejos escucho el canto del dichosofui:
dichosofui, dichosofui,
pájaro que martilla el yunque en mi oído
más allá de los rieles y las estaciones,
madre del pecho florido,

Amórica,
que te ríes de mí en mis propios huesos,
vagabunda.
Hay un sitio en el cual yacemos juntos -el frío-que induce
al nacimiento de aquellos que reunidos en tu mesa no tienen
qué comer.
Vamos burlando aduanas, los puestos migratorios
y nuestra risa espanta los verdes pavorreales de la gloria.
Amórica, entristecida niña de los andrajos,
ésta es la hora en que se precisa no volver hacia atrás,
encaremos la furia de la tribu
que toca sus tambores para hacernos volver
al fuego donde los más ancianos nos reducen
a hilos que ovillan con sus dedos.
Vayamos más allá.



Poema Afuera de Alfonso Quijada Urias



Afuera el río arrastra las corrientes del tiempo:
hojas, flores y animales muertos.
En su rumor despierto. Lejos escucho los gritos de la gente,
aquellos que discuten de finanzas; aquellos que van
de un pasillo a otro pasillo
señalando el gran día que nunca llegó.
No soy yo quien regresa, sino el otro,
aquel que en le Café se sentaba bajo un árbol a contemplar las
gentes,
mientras sus manos desparramaban migajas sobre la mesa
para el decoro de las moscas pegadas en el vidrio
donde el tiempo reflejó su crisis. Una noticia alarmante.
Un crimen que nadie esclareció.
Afuera el río -no me importa su nombre- sigue su curso furioso.
Toda patria es tu patria. Pasan las gentes, todo un río de rostros.
¿Qué haces a esta hora, sentado y conmovido en este viejo
puente al mediodía?
Oyes voces antiguas diciéndote al oído: regresa.
A donde quiera que vayas es lo mismo.
Pero no seré yo quien regrese sino el otro.
Afuera corre el río, el mismo río, su nombre es diferente.
Seres que no conozco me saludan, mientras contemplo el domo
y trato de asir tu espacio: cuerpo de la memoria.



Poema A Las Dos De La Tarde de Alfonso Quijada Urias



Para todo el silencio de esta mañana basta la suciedad de los corredores
Donde somos la víctima,
La amenaza de todos contra uno; puede que un día cuando todo esto
/ no sea más que el espejo roto
o el tedio de una pobreza honorable, recordar esta casa llena de
/ flores y olor a lavanda
donde sufrimos a Rambaud y nos acodamos en el árbol más viejo
/ a aullar el dolor,
a sacar por la boca el corazón como trapo inservible,
donde arrancamos memorias y accidentes con la intención de
/ procurarnos algo que no tuvimos.
Nos devoramos junto al hormiguero, nos comimos los ojos. No nos
/ queda nada,
esto lo recordarás como la luz de una bombilla decentemente apagada,
donde exhumamos nuestro aliento, cobijados como dos animales rarísimos,
verdá que mañana cuando pongas el radio y escuchés aquellas
/ canciones de otro país
que no es el nuestro sentirás una vociferación distinta a ésta con que
trato de meterme y verás como es de pequeño todo esto: las sillas,
el basurero, las puertas, el espejo, y te darán ganas de regresar
/ como al origen
de algún deseo dudoso, de algo reprimido por temor a no sé qué.
Estaré como otras veces en la silla de siempre donde suelo esperarte
/ con esa melancolía
aprendida en los corredores sucios, el árbol viejo junto al hormiguero
y ese espejo limpio por tu mirada. Tantas veces.



Poema El Autobus de Leonard Cohen



Fui el último pasajero del día.
Estaba solo en el autobús.
Me sentía contento de que se estuvieran gastando tanto dinero
sólo para llevarme por la Octava Avenida arriba.
¡Conductor! Grité, estamos usted y yo esta noche.
huyamos de esta gran ciudad
a una ciudad más pequeña más propia para el corazón,
conduzcamos más allá de las piscinas de Miami Beach,
usted en el asiento del conductor, yo varios asientos más atrás,
pero en las ciudades racistas cambiaremos de lugar
para mostrar lo bien que le ha ido arriba en el norte,
y busquemos para nosotros alguna diminuta villa pesquera americana
en la Florida desconocida
y aparquemos justamente al borde de la arena,
un enorme autobús como una señal,
metálico, pintado, solitario,
con matrícula de Nueva York.

* *



Poema Soneto (a Claudia Lars) de Alfonso Orantes



Ahora que padeces por la espina
que tenías clavada entre la rosa
de tu vida de niña prodigiosa
y sabes la verdad que se avecina.

Ahora que tu espíritu se afina
para cambiarte en forma milagrosa,
no te herirá, porque será infructuosa,
la envidia y lo dañado de la inquina.

Como tú sabes que la gloria existe
y estás segura que a la hora incierta
ninguno por tu ausencia estará triste,

siento que entre la dicha y lo fatal
si a Carmen Brannon lloraremos muerta
no a Claudia Lars porque será inmortal.



Poema Solojos de Alfonso Orantes



De pronto, al mirarla a la cara
era ojos, solojos.
Sus dos ojos eran globos cristalinos
que al fundirse en uno
se hacían una sola esfera de cristal.
Que sol ni que luna,
ni que estrellas.
Ella era solojos.



Poema Ruego de Alfonso Orantes



Iluminaste mi existencia
llenando el arca vacía de mi corazón.

Me abrieron tus ojos las puertas de lo eterno
y el secreto de la vida me lo dijo tu boca.

No vayas a dejarme abandonado
en medio de la dicha.



Poema Reversión de Alfonso Orantes



Integrar cuanto hayamos destrozado;
hallarnos entre todo lo perdido.
Volver a ser el niño que hemos sido
y recordar cuanto hemos ya olvidado.

Devolver lo que habiendo atesorado
hemos arrebatado o adquirido;
tornar certeza aquello fementido
y afirmarnos en todo lo negado.

Hacer la pura integración del hombre
sacando su verdad del mismo arcano
en que su propio yo solo es un nombre

y, al hacerle su cielo de su infierno,
restituirle a su designio humano
porque el hombre es el fruto de lo eterno.

San Salvador. Diciembre de 1942



Poema Pequeño Monstruo de Alfonso Orantes



«y los moluscos
reminiscencias de mujeres»
Rubén Darío.

Pequeño monstruo. Del placer la gruta
Íntima. Ventanal del Cielo. Foso
Revelador de infierno milagroso.
Isla, molusco, monte, flor y fruta.

Perdido ya el Edén, mínima ruta
Para su hallazgo. Surco misterioso
De recuerdo y olvido. Sello venturoso
De semilla que en gloria se transmuta.

Raro designio del deleite quiso
Mostrarse en tal prodigio débil, fuerte
Y al anunciar tu signo el paraíso

– manzana del pecado ahí escondida-
revelará en su umbral cómo es la muerte
y qué estrecha es la puerta de la vida.

San Salvador, 1955.-



Poema Kodak Sentimental de Alfonso Orantes



Cuando sonríe
toda la gracia está en su boca
y la alegría
como una fiesta entre sus ojos.

Hay en su voz
Estallar de gorjeos infantiles
Entre inflexiones de ternura maternal.

Su risa,
Ejercicios de fuga de íes
Entre dos disonancias de rubíes.

Son como golosinas,
en la suavidad de su cara de niño,
sus labios.

Sus ojos,
Dos puntos suspensivos
En el poema de su cara.



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