poemas vida obra o




Poema Oscuro Canto de Alaide Foppa



Oscuro canto
que brota
de la honda esperanza
rota,
y del retorno
al círculo cerrado.
Peso escondido
como hijo sin nacer
en el vientre profundo,
apretado nudo
en el lugar del corazón.

Ay, tampoco suena
ni sube
el nocturno canto
hacia el cielo lejano.
Es una voz sorda
que se ahoga en la garganta,
es un grito callado.
Y si sube,
no es un vuelo
en la noche muda,
es sólo una nube de humo
que se pierde en la sombra.



Poema Ovillejos de Miguel De Cervantes Saavedra



¿Quién menoscaba mis bienes?¡Desdenes!¿Y quién aumenta mis duelos?¡Los celos!¿Y quién prueba mi paciencia?¡Ausencia!De ese modo en mi dolencianingún remedio me alcanza,pues me matan las esperanzas,desdenes, celos y ausencia.¿Quién me causa este dolor?¡Amor!¿Y quién mi gloria repugna?¡Fortuna!¿Y quién consiente mi duelo?¡El cielo!De ese modo yo recelomorir deste mal extraño,pues se aúnan en mi dañoamor, fortuna y el cielo.¿Quién mejorará mi suerte?¡La muerte!Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?¡Mudanza!Y sus males, ¿quién los cura?¡Locura!De ese modo no es corduraquerer curar la pasión,cuando los remedios sonmuerte, mudanza y locura.



Poema Oda A La Belleza de María Eugenia Vaz Ferreira



Oh Belleza, que tú seas bendita,
ya que eres absolutamente pura,
ya que eres inviolada,
límpida, firme, sana e impoluta.
Fuente de la divina complacencia,
Oasis infinito
que prodigas los éxtasis beatos
y las románticas contemplaciones…

Adonde quiera que tu signo luzca,
adonde quiera que la esencia encarnes,
emerge de tu gaya fantasía
una gloria serena y luminosa
una fruición profunda e inefable…

Eres el cauce pródigo
surtidor de armonía,
crisol de místicas depuraciones,
la veta que colora y que sublima
el eterno miraje;
eres la gema augusta
prendida sobre el arca
fértil del universo.

Aunque el ciego te ignore,
el profano te niegue
y el infiel te repudie,
eres eternamente triunfadora
sobre la indiferencia de los necios
y la conjuración de los apóstatas…
Aunque los pecadores
te inculpen sus pecados,
y te acusen los réprobos
de atributos malditos,
eres inmaculada e inocente;
no te corrompes con la hiel del odio
ni la ponzoña del amor sacrílego.

Eres inaccesible,
Eres pasiva y sola,
sencilla y sobrehumana;
no inspiras, no padeces
el dominio imperial de la materia
ni la sensible turbación del alma…

Entre todos los acontecimientos
evoluciones, mitos y teorías,
entre la suficiencia que te alaba
y la diversidad que te interroga,
tú te levantas religiosamente
dentro la urna dúctil de tu forma
como en la alada prez del incensario
la inmunidad de la sagrada hostia.

Oh Belleza, que tú seas bendita,
más la sabia legión de tus apóstoles,
la entraña que te crea,
el sol que te ilumina,
el prisma que te agranda,
la plancha que te copia,
el áureo pedestal que te enaltece
y el soberano lis que te corona.

Por eso sobre el plinto de tu imagen,
sobre la majestad de tu hermosura,
sobre el fulgor joyante de tus iris,
sobre la egregia línea de tus curvas
pongo la rendición del canto mío…
a tu gracia inmortal loa fecunda.



Poema Ofrendas de Angel Crespo



En cada mano, el mundo deja
aquello que no tiene su medida:
lo que pesa demás, lo que es ardiente
en exceso -pues nadie
que tenga un alma puede
impasible aguardar como la estrella.

No es que no tenga luz, pero sus rayos
deben llegar a donde no ilumina
el fuego general -al subterráneo
de cada vida, al breve paraíso
que brota de su sed como un relámpago.



Poema Oración Que Ayuda A Bien Condenarse A Un Tirano de Alvaro Menen Desleal



Señor,
cuando se muera ?porque, como el tiranosaurio, por grande y por feroz que sea, por agrio y bien armado que esté, ha de morir, y será entonces como un pequeño volcán de huesos sobre el que los otros animales del bosque se orinen impunemente?

Cuando se muera,
Señor,
no te acobardes como se acobardó tu iglesia, que puso sus blancos odres
para llenar sus odres esperanzada en robar sus odres;
no te acobardes,
Señor,
y no te niegues:
Tú mismo abre la puerta
?no mandes una virgen, ningún ángel
te cumpla ese mandato?;
abre tú mismo y lo verás:
un alma enjuta, un alma miserable que moró como gusano y que gusano
es y será, que se arrastró de milagro pata tocar a Tu puerta,
para llegar hasta ella con el juego de siempre.
Abre tú mismo y mira que a ti llega no con el gesto insumiso de aquel
que allá en la tierra, en su país, pareció hacer temblar tus firmes
montes, tus sólidas montanas;
abre tú mismo y mira que ya no tiene más la sombra que mataba tu hierba
en los jardines de Brasilia, de Managua, de Asunción,
de La Paz, de Madrid, de Lisboa;
de Buenos Aires, Por -au- Prince y Guatemala; de Santo Domingo,
Bogotá y Caracas,
de Lima y San Salvador;
de casi toda tu tierra, en fin, porque el reino de la maldad
nunca se pone al sol;
abre y mira como pretende engañarte fingiéndose el más humilde de tus hijos.
Con un rasgo de humor, aprecia su arte.
Mira cómo maneja sus cartas credenciales
y estudia su baraja compuesta sólo de ases,
su juego organizado para nunca perder.

Cuando te hable para pedirte acceso a los serenos claustros celestiales,
no usará el vozarrón con que ordenó a sus guardias el exilio
y la muerte de tus mejores ángeles.
Quizás ni te hable, y sólo baje humildemente la vista.

¡Tú reconócelo, Señor, porque es el mismo,
el uno y mismo!

¡Sé implacable, Señor: no te conmuevan las misas que por encargo
de los embajadores dijeran, previo pago, algunos curas!
¡No lo perdones! ¡Dale una celestial patada en el trasero y envíalo
a su sitio, a los antros que
le son merecedores!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo;
en el de los poetas clavados en sus huesos;
en el de las viudas que muerden sus almohadas
y en el de todos los muertos levantando sus puños,
gracias te doy, Señor.
Amén.



Poema Ola En Tu Sueño de Juan Cobos Wilkins



Tras el biombo de espejos de la memoria,
en la hoja de octubre
caída al calendario, entre
los pliegues fríos de la sábana
te escondes. No evitarás
el sueño del temor a los sueños.

Cuando la luz se apague, la ola
que cubre -mar
vertical- todo
el horizonte, la que no logran
los ojos abarcar, tu Ola,
ha de volver.

Cuando apague la luz
va a alzarse como el vértigo
el mar puesto de pie:
desde el fondo sobrecogido de mi cuarto.

De “Escritura o paraíso” 1998



Poema Oda A Salvador Dalí de Federico García Lorca



Una rosa en el alto jardín que tú deseas.
Una rueda en la pura sintaxis del acero.
Desnuda la montaña de niebla impresionista.
Los grises oteando sus balaustradas últimas.
Los pintores modernos en sus blancos estudios,
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada.
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol
enfría las ventanas y disipa las yedras.
El hombre pisa fuerte las calles enlosadas.
Los cristales esquivan la magia del reflejo.
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume.
La máquina eterniza sus compases binarios.
Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos
yerra por los tejados de las casas antiguas.
El aire pulimenta su prisma sobre el mar
y el horizonte sube como un gran acueducto.
Marineros que ignoran el vino y la penumbra,
decapitan sirenas en los mares de plomo.
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene
el espejo redondo de la luna en su mano.
Un deseo de formas y límites nos gana.
Viene el hombre que mira con el metro amarillo.
Venus es una blanca naturaleza muerta
y los coleccionistas de mariposas huyen.
* * *
Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,
eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.
Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.
En alta mar les sirve de brújula una rosa.
El horizonte virgen de pañuelos heridos,
junta los grandes vidrios del pez y de la luna.
Una dura corona de blancos bergantines
ciñe frentes amargas y cabellos de arena.
Las sirenas convencen, pero no sugestionan,
y salen si mostramos un vaso de agua dulce.
* * *
¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado.
Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos.
Huyes la oscura selva de formas increíbles.
Tu fantasía llega donde llegan tus manos,
y gozas el soneto del mar en tu ventana.
El mundo tiene sordas penumbras y desorden,
en los primeros términos que el humano frecuenta.
Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
señalan el esquema perfecto de sus órbitas.
La corriente del tiempo se remansa y ordena
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo.
Y la Muerte vencida se refugia temblando
en el círculo estrecho del minuto presente.
Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
pides la luz que anima la copa del olivo.
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.
Pides la luz antigua que se queda en la frente,
sin bajar a la boca ni al corazón del bosque.
Luz que temen las vides entrañables de Baco
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva.
Haces bien en poner banderines de aviso,
en el límite oscuro que relumbra de noche.
Como pintor no quieres que te ablande la forma
el algodón cambiante de una nube imprevista.
El pez en la pecera y el pájaro en la jaula.
No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
Estilizas o copias después de haber mirado,
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles.
Amas una materia definida y exacta
donde el hongo no pueda poner su campamento.
Amas la arquitectura que construye en lo ausente
y admites la bandera como una simple broma.
Dice el compás de acero su corto verso elástico.
Desconocidas islas desmiente ya la esfera.
Dice la línea recta su vertical esfuerzo
y los sabios cristales cantan sus geometrías.
* * *
Pero también la rosa del jardín donde vives.
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros!
Tranquila y concentrada como una estatua ciega,
ignorante de esfuerzos soterrados que causa.
Rosa pura que limpia de artificios y croquis
y nos abre las alas tenues de la sonrisa
(Mariposa clavada que medita su vuelo).
Rosa del equilibrio sin dolores buscados.
¡Siempre la rosa!
* * *
¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada!
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros.
No alabo tu imperfecto pincel adolescente,
pero canto la firme dirección de tus flechas.
Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas,
tu amor a lo que tiene explicación posible.
Canto tu corazón astronómico y tierno,
de baraja francesa y sin ninguna herida.
Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua,
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.
Canto la sirenita de la mar que te canta
montada en bicicleta de corales y conchas.
Pero ante todo canto un común pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima.
Es primero que el cuadro que paciente dibujas
el seno de Teresa, la de cutis insomne,
el apretado bucle de Matilde la ingrata,
nuestra amistad pintada como un juego de oca.
Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro,
rayen el corazón de Cataluña eterna.
Estrellas como puños sin halcón te relumbren,
mientras que tu pintura y tu vida florecen.
No mires la clepsidra con alas membranosas,
ni la dura guadaña de las alegorías.
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire
frente a la mar poblada de barcos y marinos.



Poema Oda Xiv – Al Apartamiento de Fray Luis De Leon



¡Oh ya seguro puerto
de mi tan luengo error! ¡oh deseado
para reparo cierto
del grave mal pasado!
¡reposo dulce, alegre, reposado!;

techo pajizo, adonde
jamás hizo morada el enemigo
cuidado, ni se asconde
invidia en rostro amigo,
ni voz perjura, ni mortal testigo;

sierra que vas al cielo
altísima, y que gozas del sosiego
que no conoce el suelo,
adonde el vulgo ciego
ama el morir, ardiendo en vivo fuego:

recíbeme en tu cumbre,
recíbeme, que huyo perseguido
la errada muchedumbre,
el trabajar perdido,
la falsa paz, el mal no merecido;

y do está más sereno
el aire me coloca, mientras curo
los daños del veneno
que bebí mal seguro,
mientras el mancillado pecho apuro;

mientras que poco a poco
borro de la memoria cuanto impreso
dejó allí el vivir loco
por todo su proceso
vario entre gozo vano y caso avieso.

En ti, casi desnudo
deste corporal velo, y de la asida
costumbre roto el ñudo,
traspasaré la vida
en gozo, en paz, en luz no corrompida;

de ti, en el mar sujeto
con lástima los ojos inclinando,
contemplaré el aprieto
del miserable bando,
que las saladas ondas va cortando:

el uno, que surgía
alegre ya en el puerto, salteado
de bravo soplo, guía,
apenas el navío desarmado;

el otro en la encubierta
peña rompe la nave, que al momento
el hondo pide abierta;
al otro calma el viento;
otro en las bajas Sirtes hace asiento;

a otros roba el claro
día, y el corazón, el aguacero;
ofrecen al avaro
Neptuno su dinero;
otro nadando huye el morir fiero.

Esfuerza, opón el pecho,
mas ¿cómo será parte un afligido
que va, el leño deshecho,
de flaca tabla asido,
contra un abismo inmenso embravecido?

¡Ay, otra vez y ciento
otras seguro puerto deseado!
no me falte tu asiento,
y falte cuanto amado,
cuanto del ciego error es cudiciado.



Poema Otra de Luis Alberto Crespo



Como la montaña,
el nubarrón en el techo

La lluvia vieja

Toda la casa en el cerro
con su agua subida, su leche

Nosotros, su animal,
lamiéndola



Poema Observaciones de Rogelio Saunders



El vano intento de asegurar la puerta con una espina de pescado.

Los oblicuos, pardos obreros agrupados en el claro de luna.

Un niño. (¿Aviso? ¿Advertencia?)

Finalmente, todo ha de llegar.

El todo como Advenimiento.

El todo como Aparición. (Como presentación.)

El todo como una absoluta comicidad.

En ese momento, el Tiempo es igual a cero, la Materia es igual a cero, el Pensar es igual a cero.

Todo es igual a Cero.

Noche sin luz y sin tinieblas.

La luz, sin el día, no es más que luz.

(Pero la luz es el día.)

Por otra parte, en cierto momento has dado con la Coincidencia (el momento en que el número se convierte en imago). En ese momento, la realidad se convierte en Analogía. O mejor dicho: en ese momento se hace visible, perceptible (evidente), que la realidad es Analogía. (Apartando las telarañas de lo aprendido ?de lo inoculado.) Así: como es visible un letrero de neón en una gasolinera abandonada.

Puntos de contacto.

Se ponen aquí y allá, pero el abismo está en la diferencia.

Infinita gradualidad entre lo oscuro y lo claro.

(Todo sería una simple tautología ?por tanto un mero didactismo y no la Didaksis en sí misma? si no fuera por ese enrarecimiento que envuelve las palabras, que las sujeta y las separa, otorgándoles un desconocido temblor.)

(Se vería, así ?pero este arte o ciencia no existe?, que el cálamo en la escritura deja una huella irregular en dos direcciones fundamentales y contrapuestas: horizontalmente, dibujando ornamentos que trazan, en la misma guía sintáctica que hace de todo lenguaje un instrumento perfectamente útil, la otra escritura (la escritura Otra), que es el puro movimiento (de despliegue en la superficie) del acto de escribir. Y verticalmente: por las distintas presiones (provenientes del Impulso) ejercidas por la mano sobre el cálamo (y por éste sobre la superficie en que se escribe), que valorizan ese mismo movimiento en términos de intervalo o punctualidad (en términos de Clímax), haciendo de toda escritura una escritura cuneiforme.
Ambos movimientos (o coordenadas, si la palabra no fuera tan engañosa) establecen (pero siempre establecen, pero ya siempre establecieron) un espacio o dimensión desconocida (unbekannte Größe) que está al mismo tiempo adentro y afuera (que es al mismo tiempo el acto y el hecho), y que podría ser simbolizado por la superficie única (la «palmada de una sola mano») de Moebius. En una palabra: el espacio de pura trascendentalidad o transinfinitud que es la Metáfora.
Estos dos movimientos, entonces, no son sino uno solo (separados, todavía ?o cuasi separados, en pos de lo imaginario y no de la lógica abstracta?, por una especie de dialéctica analógica). Un único movimiento (el Ritmo-la Resonancia) que, tanto en presencia como en ausencia del cálamo, hace que toda palabra en un texto poético venga de lo Desconocido y vaya hacia lo Desconocido (que entendido como una única perversión es lo Incognoscible), que resuena en ella como el memento constante que emana de la presunción del origen (el «repliegue del Autocrator»). En medio de lo cual, un ojo inenarrablemente abierto y como sonámbulo cuelga libremente como un pececillo fantástico en una cuerda de ensueño. (¿Como un caracol nocturno en un rectángulo de agua?) (Puntos de contacto.) El ojo en equilibrio indiferente.
Esta graphia obscura es lo que late en toda página (en pos de la resonancia pura de la palabra que el Impulso señala o «elige»), y una conciencia aguda de este hecho paraasombroso es el despliegue transparente y polyrrítmico (la mise en page, como una respuesta de oráculo) de Stéphane Mallarmé: su extraordinaria sensibilidad (su hipersensibilidad) para el entre deux (para el «entreoído»). (Conciencia entendida como irradiancia, pero a la vez irradi) de la pura transitoriedad de la Existencia. O dicho de otra manera: que la Existencia sólo puede ser lección, lectura, tras-cendencia. El ser es Tránsito puro. Pregunta y sólo pregunta. La muerte es sólo el planteamiento de la Pregunta en su forma más perfecta.

Ilusión, pues (es-canción, es-criptura), es el único nombre que puede hacer justicia a la existencia de la Existencia.

Ya que la escritura es un mapa en profundidad: la proyectiviviscencia de un rostro.

Y un rostro, ¿acaso no es el azar?

La confusión fecunda de las distancias. Eso es un rostro.

La libertad: eso es el rostro.

Rostridad es el mundo (la Existencia) liberada del abrazo mortal de los significados. En el Rostro, la existencia ya no significa nada (es decir: ya no significa algo). Libradas a la Imaginación, todas las formas (todos los signos) remiten a la suave eficacia (al sin-esfuerzo) de la mutación infinita, de la Transitoriedad pura. El Rostro es la representación viviente (la vida como oración oblicua, la muerte como el paso por excelencia, como el Paso Falso) de la Metamorfosis. Rostridad es el grado cero.

La palabra (la escritura) es lo Real Posible.

La Poesía debe ser hecha por uno, no por todos.
Porque la poesía sólo puede ser hecha por uno, no por todos.

Por el puro azar de la tarea que quiere ser concluida (no hay azar tan puro como el de la inconsciencia de la conciencia, ya que las manos que tuercen no pueden saber lo que están haciendo), un pedazo de alambre adquiere, entre otras (entre infinitas otras) la forma convencional del átomo concebida por Niels Bohr (el atontado, el primitivo, el Noruego).

Allí centellea el final, como el tintineo de una cucharilla en una taza de té que sólo dura un instante, pero infinitamente. Campanilla tibetana en cuyo sonido está contenido todo el Himalaya, como en la palma de Buda están contenidas todas las peripecias de Hanumah, el Rey Mono.

Anatolia.

Todo eso concluyó. Fue consumido por el fuego.

Este, pues, es el Lugar de donde no saldremos nunca. El Lugar de donde nunca hemos salido.

El vuelo del sueño del sueño del vuelo del vuelo del sueño del sueño del vuelo.

El Impulso (el transcensus) pone en marcha el pensamiento del pensamiento. No pone en marcha. El impulso es el pensamiento del pensamiento: la cantidad de desconocido.

Mientras tanto, la Bestia escucha.
La Bestia absorta.

El vano intento de asegurar la puerta con una espina de pescado.

(¡Vaya idea!)

Todo eso concluyó. Fue consumido por el fuego.

Sin embargo, la idea fija se mantiene. La idea vaga, pero fija.

«¡Diez mil años! ¡Diez mil años!»

(Vaya idea.)

La idea vaga, pero fija.

La ficción (la fixión), en una palabra.

Turbios obreros reunidos como sombras chinescas en el claro de luna.

Anatolia.

El sueño. El vuelo.

Infinitamente.

La sonrisa (la budeidad) es eso.

La consumpción es infinitamente cómica.

El cielo sobre mí. ¿Qué significa eso?

Desde que hay cielo, hay Derrota.

Derrota: en dispersión ad infinitud.

Tintineos, tintineos, tintineos.

Escuchadme reír, desligado de todo sujeto en la unidad misma ilusoria de la escritura.

Un rostro que ríe: he ahí lo Máximo.

Rostridad: escrituras. Rostridad: escrituras.

Es el ojo que ríe, confundido con el resplandor donde todo lo creado es destruido, y donde todo lo destruido es creado.

Hanumah ríe: es Buda.

Buda sonríe: es Hanumah.

He aquí todo lo que he tratado de representar (es decir: de presentar en sí mismo y por sí mismo, infinitamente) con el nombre sonoro pero insignificante de anatolia.

O dicho de una manera más exacta (ya que todo comienzo no puede ser sino el olvido del origen, sino el origen del olvido):

O B S E R V A C I O N E S



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