Poema Mi Madre: Ese Ángel de René Chacón Linares



Mi madre vino a la Tierra,
Con la esperanza
De romper lo malo y coser lo bueno,
Tijera y aguja en mano.

Su afán por matizar
Arcoiris y ternura,
Hizo un jardín de esperanzas
De donde brotaron tres espliegos,
Que a fuerza de arrullos,
Manos balsámicas,
Sortearon las travesías del pasado.

¡Qué cosas!
Estos corazones
No fueron humildes
Ni sencillos,
Como ella hubiera soñado.

Hoy,
Los días grises han desaparecido
Y nuestras almas se reencuentran?

Madre,
¡Ya no te afanes!

Ríete de la vida,
Olvídate de las dietas,
Y cosecha las flores con versos de amor,
Que nunca se escriben en vano.



Poema Los Ángeles Amantes de René Chacón Linares



Fatuos de la noche,
Sierpe de lo desconocido,
Provisorio de emociones.

Los ángeles amantes,
Llegan justo a la hora
Exacta de la soledad.

La voz entrecortada del deseo
Y su órgano mudo de proezas,
Es un valiente guerrero
Dispersando al enemigo,
Enredándose hasta escuchar
La dulce melodía del vientre.

Y en ese incierto
Pero cercano recorrido,
Mienten hasta ceñirse
Con hilos del amanecer.

El corazón no aprende,
Tampoco el cuerpo,
(Ambos desconocen
La palabra mordaza).

Y de nuevo la espera,
Ávido anzuelo de congojas eternas.



Poema La Ausencia De Un Ángel de René Chacón Linares



En la cumbre de mis ansiedades
Se va tejiendo un volcán de orugas.

Las telarañas inquietas
Se mecen en tu ausencia.

Y tu corazón de alas,
Ignora cuándo vendrás.

La soledad es un batir ardiente,
Que se arrastra en las madrugadas,
Manchando una alfombra
De lívidos pensamientos.



Poema El Cuerpo De Un Ángel de René Chacón Linares



Caricia,
Leve soplo,
Festín de pájaros
Que alborota al invierno,
Tierno lago que inunda mis placeres,
La ruta en que me pierdo al trópico,
Olas salvajes,
Que se niegan a estrellarse
En el acantilado,
Una jauría de fieras
Al acecho.

Muelle en que me embarco
Al sur de mis pecados,
Brújula que jadeante
Me arrastra hasta tu cuerpo.



Poema Ángeles Traviesos de René Chacón Linares



Viven encadenados
A sus sueños,
Escuchando silbidos de montañas,
Silencio de cavernas.

Son víctimas de sus delirios.

Preñada lluvia de melancolía,
Esclavos indomables de versos,
Sagitarios de miradas,
Brasa viva en su propio incendio.

Luz fulminante
En el claroscuro,
Vasallos sumisos ante la tórrida lumbre.

Náufragos rutilantes
En un mundo al revés.

Los ángeles poetas:
Enjambre de lo inexistente,
Bufones de la muerte
Dándole voz a la historia.

A pesar del olvido,
Que algún día
Ha de borrar sus nombres.



Poema Ángeles De La Muerte de René Chacón Linares



Despacio cae la lluvia
Se confunde con las lágrimas.

¿Será la muerte que ronda?
¿El abrigo de la vida errónea que envuelve?

Una bruma densa y oscura
Borra los pensamientos.

Pasos perdidos se deslizan en las paredes.

El aire es más denso.

No es nadie, no es nada
Sólo el otoño ansioso de la primavera.

La muerte seduce,
No encuentra su guadaña,
?Las pasiones ciegan el corazón
?Reprocha―
La lluvia acaba, se esfuma la niebla
Entre cenizas y tortuosos senderos,
Este corazón añun sigue latiendo.



Poema Ángel Terrible de René Chacón Linares



(A Silvia Elena Regalado)

Misterio de piel,
Flor sin nombre,
Oruga de fuego,
Vértigo de voces.

Un ángel peinándose a oscuras,
Con ese punto de luz que habita
En silencio las miradas.

Las sábanas de sus alas
Y el galope lento de su amor,
No revelan secretos, ni caprichos.

¡Es un ángel terrible!

Que deja su espíritu,
Y vuelve otro día,
Con un abrazo que ciñe
El corazón desnudo.



Poema Ángel Inocente de René Chacón Linares



¿Dónde está el Ángel
Que habitaba en mí?

Sonrisa inocente,
Escuálida delgadez,
Jugando sin censura
Entre sábanas y almohadas
A ser capitán.

Manos intentando
Tocar la torre de marfil,
Ombligo de la tierra,
Fuego de mi sangre.

El tiempo pasó,
Y aún tengo sueños
Insolentes,
Lienzos fogosos,
Envueltos en madejas
De araña.



Poema Romance Del Emigrante de Renato Leduc



Nublado sol de estas horas
en que no te puedo ver.
Sol azul como tus ojos,
el de ayer.

Postes… alambres… alambres
hasta el infinito y más.
Postes, alambres y pájaros
fatigados de volar.

Luz amarilla del sol,
sesgando sobre un trigal
-tu cabello y las ventanas
abiertas de par en par-

Postes… alambres… amor
vislumbrado al transitar:

furia de macho cabrío,
candidez de recental
y un pobre muchacho absorto
ante el milagro carnal.

De «Algunos poemas deliberadamente románticos
y un prólogo en cierto modo innecesario» 1933



Poema Moraleja De Todo Esto O Séase La Manera Como, A Juicio Del Autor, Ha De Estarse El Hombre De Buen Vivir Y Savoir Faire de Renato Leduc



Como el señor,
como el señor del Buen Despacho que era
un amigable y buen componedor
en los tumultos de la primavera.

Como el cine que afoca
a los novios penumbra placentera
mientras chicle permutan boca a boca
y les tiemblan las piernas, en tijera.

Como la dulce, la plateada luna
que perdió sus virtudes de planeta
una por una
en abyectos oficios de alcahueta.

Como la madre de la bailarina
que da a prócer rufián pública y quieta
posesión; y da la esquina
al insolvente amor de hija coqueta.

Como aquellos que salga lo que salga
quieren a todas luces explicar
la condición sedeña de una nalga,
de Dios la esencia y el color del mar…

Vender la vida en más de lo que valga
¿polvo de oro…? ¿colmillos de elefantes…?
y la raída indumentaria hidalga
vender cuanto antes…

Como el señor honrado, aunque cabrón
que por haber merced o cualquier cosa,
dona al patrón
el usufructo de la casta esposa.

Como el señor de convicciones que
al triunfador en ortodoxo posa,
y va -olvidadizo de lo que antes fue-
de flor en flor, como la mariposa.

Como el joven altivo pero bajo
cuya bifronte idiosincrasia estriba
en darle por detrás a los de abajo
y ofrecer el trasero a los de arriba.

O como el jubiloso campanero
que con igual fervor mueve el badajo
en la boda, el bautizo y el postrero
instante en que nos vamos al carajo.

Un ojo al gato y otro al garabato
armado el brinco y las pisadas lentas
cuando nos llegue el doloroso rato
de hacer las cuentas…

Pues el que canta sin firmar contrato
ay de él…
y, ay del que tiene que vender barato
la tibia leche y la dorada miel…

De «Breve glosa al Libro de buen amor» 1939



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