Poema Diego Y Los Pájaros de Rodolfo Alonso



Desde la hierba
mi pequeño
alza los brazos
hace señas
a los pájaros
los llama
entre grandes silencios.

Entre el mar
y nosotros
hay árboles
y viento

Los pájaros son libres
no lo ven
o se hacen
que no pueden verlo
no vienen
pero andan por ahí
de cualquier modo

Entre ellos
y nosotros
brilla el sol
anda el amor
al aire

¡A la salud
de los pájaros
que es la salud
del universo!



Poema Cara Rota de Rodolfo Alonso



no se ha colmado la medida

lo que has dicho lo que has amado
se tiene ahora bajo el sol
para ser despedazo o festejado

no estás todavía del otro lado
se ha dicho que tienes cosas por decir

no se acabo esto
mientras brille implacable la luz que desordena
todo lo que debe decirse o ser amado



Poema Cantar No Consuela de Rodolfo Alonso



Joven:
¡Maravíllate! ¡Lávate en tu idioma!
¡Protestacantaescupegimecrece!
¡Ama de amor, ama de un solo golpe, de todo corazón, de buena gana!
¡Vive, huye de las palabras!
¡Sírvete, sírvelas!



Poema Venus de Rocío Silva Santisteban



de una vieja bañera emerge, lenta y torpe
Venus Anadrómeda

Arthur Rimbaud

¿Por qué no te vas? ¿Por qué no lanzas una sola mirada lejos,
lejos?
Todo es tan torpe cuando tú pronuncias la palabra que me
desgasta.

Yo soy esa diosa, yo soy esa Venus, precisamente yo la que se
levanta de la tina, desnuda.

Detrás mío sólo las luces, el espacio entre el límite del hastío
y la evasión; yo soy aquella vieja, a los 28, las curvas de mi cuerpo
le dan asco a cualquiera.

En ese espejo que me retrata de cuerpo entero, miro esas curvas
y aguanto la arcada en la boca.

Eres un animal y tu… esa maldita piel te atrapa, te atrapa.

Voltea mi piel, voltea y verás cómo me extiendo hasta el último
resquicio y para siempre. Y para siempre.

Tengo los omóplatos sugestivos, los omóplatos, ah, eternos como
una puta de Brassaï, así soy, amor, una putita, un cuerpo que ni
siquiera tú ahora quieres contemplar.

Soy la que se levanta para otra vez caer.

Al borde ?debajo mil luces de neón invitándote al paseo?
bailas, una botella en la mano derecha y en la izquierda la herida,
te tanteas, debajo de la ropa sólo esa piel inmensa que nunca podrás
achicar, sólo esa piel dura que nunca podrás morder, ni perdonar.

Te mataré

Siempre ?suspendida sin caer sobre los techos de los autos?
siempre en esa lámina final de la cornisa, en ese instante del
pensamiento, siempre pienso en ti.

Soy Venus, desde hace años soy la elegida,
Yo soy aquella por la cual delirarán
Aquella que besarán en los pies
En los pies lacrados de heridas
En los pies cubiertos de enemigos

Sobre mi jinete cabalgo hasta no verte más
Cabalgo como una diosa enfurecida
Cojo las crines de tu pelo,
Hundo mis espuelas en tus ancas
Y mientras tú gimes dejo caer mi saliva
Una raya larga de mi saliva sobre tu frente

Hincha tu sexo para bendecirme, y así,
Cabalgando uno frente a otro, habremos
Quebrantado el dolor
Y seremos los héroes, los héroes

Con el nombre de Dios entre los labios

Jadeantes.



Poema Danzar Sin Equilibrio de Rocío Silva Santisteban



A Daniel

Esta ciudad está hecha a la medida del amor.
Tú estabas hecho a la medida de mi propio cuerpo
.

Marguerite Duras

Las murallas altas de esta cárcel que enrosca nuestros cuerpos. Las paredes encaladas, engomadas, todo nuestro furor sobre estas paredes ardiendo.

Esperaba esto. Esperaba tu mano blandiendo en la oscuridad los cuatro deseos. Los cuatro temores. Esperaba la caricia precisa, al final. Las pestañas en el ángulo adecuado, el calor del vaho, el sabor de tu lengua amarilla, violácea. Mi nombre como una humedad que te persigue. Mi nombre siempre te perseguirá, cada amanecer, cada espera frente a una pared blanca, quizás.

Las huellas del amor sobre el piso, sobre el piso de astillas, los zapatos, la falda, la pequeña libreta de notas, en azul, todo esto en azul y tonos borrosos y sutiles de rosa Azul, blanco, rosa; siento que después de aquello tus colores permanecerán sobre mis uñas, sobre las marcas intolerables que dejaste en mi cuerpo.

Afuera todo puede parecer oscuro, las sombras no son ya más sombras sino piezas de luz engañadas por nuestro deseo. Nuestro deseo.

A las seis de la tarde el baño termina de aniquilarme. He tratado de limpiarme, amor. He tratado de huir a través de innumerables sueños repetidos. Pero el agua me hace recordarte: tu piel de miel, tu piel de algodón de pacae, tu piel de libros tras libros tras libros y una búsqueda desesperada de ardor y deseo.

Y he recordado. La línea vertical de tu dedo sobre mi espalda. El olor de la cerveza, la visión de la espuma subiendo eternamente. He recordado. Tu voz cabalgando cansada, sin tropezar jamás. Tu voz. Estoy inventando. Todo esto es cierto, pero yo lo invento. Los ruidos elementales, el perro que nos persigue, las yeguas, tanto animales apareándose a nuestro alrededor. Tanto ruido triste dándonos
vuelta.

Aléjate, me dicen. Déjalo. Yo regreso, siempre, busco la huella de tu cuerpo sobre estas paredes y ya no son las paredes que alguna vez amamos.

Te encuentro. Dentro de cada estaca.

Niños juegan a mi alrededor, niños sucios. Dentro de ellos veo tus ojos de hierbas, tus ojos eucaliptos, tus mis ojos, negros, clavados en mi dolor como una gran y extensa pradera. Es cierto, no te conozco. Esa suavidad al morder mi cuerpo después del amor, la recuerdo apenas. Pero hoy, tú en otro espacio, no sé. He presentido el miedo de tus manos. Tú en la oscuridad buscando una razón para tu miedo. Pero todo es mentira. No hay razones, no hay excusas. Ven, ven.

Danzar. Mover el cuerpo, las caderas, la falda vuela. Danzar, tu forma misma danzando, el deseo en mí. Arrojar al demonio a través de los olores, del sudor. Enrosca tu lengua, mi memoria te fija así. No recuerdo tu boca, amor. Sólo el calor, ¿para qué más? Sólo la respuesta que no sé, la llama, la hoja, el fuego, anaranjado, amarillo, el fuego rojo. El alcohol subiendo y bajando. Tus brazos no los recuerdo, amor. Sólo la humedad, no, los restos de esta tuya mi humedad.

El viento. El viento golpea los cristales, tengo miedo. El silencio después, la calma.

La lujuria viene. Soy obscena, amor. Necesito ser voluptuosa y sentirme. Necesito palpar con cuidado mi lujuria y morder tu sexo hasta saciarme. Amor, quiero jugar contigo, embarrarme de tu cuerpo hasta la vergüenza, hasta que el día de la vergüenza llegue y nos aplaque. Como un relente, veo tu cuerpo sobre el mío, de espaldas. Tu boca respirando, tus uñas desesperadas, clavadas, hinchadas. Esta llaga quemada siempre en espera. Jalar, jalar y jalar las sábanas. Tus manos tantean. La flor que pasas con cuidado por mi sexo me eriza, tu deseo me eriza aún hoy cuando estás más lejano que tu ausencia.

El pasto quemado allí donde nos amamos. Cerré los ojos para grabar al río en mi memoria. Una tarde apagada fue, cerré los ojos largo rato. Imaginé no estar allí. Intenté cerrar los ojos y no pude precisar tu figura. Estoy inventando, amor, ¿qué sé yo de tus pisadas?, ¿qué sé de la forma redonda de tus nalgas?, ¿qué sé yo?, ¿tu nariz la puedo dibujar?, ¿tu armonía? Sólo puedo inventar entonces invento.

Bebíamos vino después del amor. No recuerdo el sabor de ese vino, ni el sonido en tu garganta apurándolo. Con tus largos dedos mojabas mi cuerpo de vino blanco, lamías mi cuerpo de vino blanco, bebías mi cuerpo blanco. Amabas mi manera de voltear la esquina, mi manera de pegar estampillas, amabas esta mirada herida, mi forma de poner los ojos dulces.

Estoy aturdida. Veo mi cuerpo y brilla. La estela de calor me agobiaba y ahora brilla. Temo perder mis ordinarias formas de vergüenza. No te buscaré. No dejaré más notas bajo la alfombra. Je connais ta follic, je connais ta pudeur. Sé lo que pides de mí. Todo esto es eterno, mi amor, desde que está aquí es eterno. Tu cuerpo nunca morirá.

Quítame este deseo que me está marcando, que me hará perder el equilibrio.



Poema Malditos Bailarines Sin Cabeza de Roberto Sosa



Aquellos de nosotros
que siendo hijos y nietos
de honestísimos hombres de campo,
cien veces
negaron sus orígenes
antes y después
del canto de los gallos.
Aquellos de nosotros
que aprendieron de los lobos
las vueltas
sombrías
del aullido y el acecho,
y que a las crueldades adquiridas
agregaron
los refinamientos de la perversidad
extraídos
de las cavidades de los lamentos.
Y aquellos de nosotros
que compartieron (y comparten)
la mesa
y el lecho
con heladas bestias velludas destructoras
de la imagen de la patria, y que mintieron o callaron
a la hora de la verdad, vosotros,
-solamente vosotros, malignos bailarines sin cabeza-
un día valdréis menos que una botella quebrada
arrojada
al fondo de un cráter de la Luna.



Poema Los Pobres de Roberto Sosa



Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.



Poema Las Sales Enigmáticas de Roberto Sosa



Los Generales compran, interpretan y reparten
la palabra y el silencio.

Son rígidos y firmes
como las negras alturas pavorosas. Sus mansiones
ocupan
dos terceras partes de sangre y una de soledad,
y desde allí, sin hacer movimientos, gobiernan
los hilos
anudados a sensibilísimos mastines
con dentaduras de oro y humana apariencia, y combinan,
nadie lo ignora, las sales enigmáticas
de la orden superior, mientras se hinchan
sus inaudibles anillos poderosos.
Los Generales son dueños y señores
de códigos, vidas y haciendas, y miembros respetados
de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana.



Poema Esta Luz Que Suscribo de Roberto Sosa



Esto que suscribo
nace
de mis viajes a las inmovilidades del pasado. De la seducción
que me causa la ondulación del fuego
igual
que a los primeros hombres que lo vieron y lo sometieron
a la mansedumbre de una lámpara. De la fuente
en donde la muerte encontró el secreto de su eterna juventud.
De conmoverme
por los cortísimos gritos decapitados
que emiten los animales endebles a medio morir.
Del amor consumado.
desde la misma lástima, me viene.
Del hielo que circula por las oscuridades
que ciertas personas echan por la boca sobre mi nombre. Del centro
del escarnio y de la indignación. Desde la circunstancia
de mi gran compromiso, vive como es posible
esta luz que suscribo.



Poema El Aire Que Nos Queda de Roberto Sosa



Sobre las salas y ventanas sombreadas de abandono.
Sobre la huida de la primavera, ayer mismo ahogada
en un vaso de agua.
Sobre la viejísima melancolía (tejida
y destejida largamente) hija
de las grandes traiciones hechas a nuestros padres y abuelos:
estamos solos.

Sobre las sensaciones de vacío bajo los pies.
Sobre los pasadizos inclinados que el miedo y la duda edifican.
Sobre la tierra de nadie de la Historia: estamos solos
sin mundo,

desnudo al rojo vivo el barro que nos cubre, estrecho
en sus dos lados el aire que nos queda todavía.



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