Poema Epitafio de Víctor Botas



A. C. Pontuleno,
que vivió cinco años,
once meses y veintinueve días,
de sus padres, Délfico
y Pontulena Prepusa

Debéis guardar silencio: Se ha dormido
tan dulcemente el Tiempo entre mis brazos.



Poema En Torno A Einstein de Víctor Botas



La línea recta cúrva-
se inexorablemente
en el espacio. El tiempo
se detiene en los pasos
de la luz. Estamos
donde siempre. La magia
de las cosas. No existe
la realidad. Existen
múltiples realidades
o ninguna. Existe
la mirada recíproca
que aguardo. El beso
en mitad de la noche.
La anciana que nos tiende
la mano y pide un poco
de limosna. El día
de la increíble muerte.
Tan íntima. Tan sola.



Poema En France Comme Si Vous Y Etiez de Víctor Botas



Así, tan ricamente apoltronado
ante una taza de café y con mi
corona ?cómo no? de Rey del Mundo,
tan leve, tan voluptuosa, tan
en plácida asunción desde estos dedos
a los cielos concéntricos de luz
y de escayola, miro a diestra,
miro a siniestra, al frente, atrás, calculo
y son trescientas, cuatrocientas o
más caras, las que aquí reunidas,
en el bar restaurant de La Fayette,
discuten, gesticulan, se sonríen,
cabecean o toman sin decir
ni pío, su canard a l?orange
o aquel potage verdoso del menú.
Entonces se me ocurre que sería
magnífico guardar por todos ellos
(y también por nosotros, por supuesto)
un minuto siquiera de perplejo,
de inquietante silencio, en futuro
recuerdo de unas almas pronto víctimas
de esa lenta hecatombe hacia la que
?quedito, pasito, horror? ya vamos
vertiginosamente progresando.



Poema El Perplejo de Víctor Botas



Las olas que vinieron a morir a mis pies cada verano, desde
mil novecientos cuarenta y seis.
El cigarrillo roto del cenicero azul.
Mi mano con la pluma que no entiendo.
La rosa inalcanzable de Jorge Luis Borges.
La amistad de unos pocos.
El clavel amarillo que ignoré esta mañana en una tienda de flores.
La piedra con la que tropecé el pasado mes de julio en Puente Viesgo.
El salto delicado de los gatos.
Los payasos del Price que yo miraba atónito, a los cinco o seis años.
La cara muerta de mi abuelo que se me está borrando.
Paulina en el Gran Canal de Venecia, un día de mil novecientos
setenta y uno.
El grano que ahora tengo en la mejilla.
José Luis García Martín camino de Oliver con un puñado de libros y
revistas bajo el brazo.
Mis hijas que jugaban junto a la gran roca que hay en la playa de
Biarritz.
Mis hijos que todavía juegan en el mismo lugar.
La mala leche con que pago a Hacienda.
El capot de mi coche tragándose impertérrito la larga cinta gris de la
carretera.
Los ojos que no ven más que otros ojos que pasan junto al mar cada
mañana
y que, como las olas, se estremecen, azules y cambiantes.
El sabor de un café, rayando el alba,
en el barrio Latino de París.
La angustia de saber que tan sólo me salvan unas cuantas
líneas vacilantes.
Los cincuenta años que cumpliré, dentro de once meses y medio.
Esta leve lumbalgia al levantarme de la silla?



Poema Cuando Vas Silenciosa de Víctor Botas



Cuando vas silenciosa
?quieto silencio rojo del rubí
cauta serenidad de los felinos?
bajo la sombra verde de los árboles
y pisas las aceras
y pasas circunspecta entre la gente
con el periódico en la mano
y una bolsa de pan
y los cabellos
como de oro
atónito
uno no puede más que preguntarse
cómo es posible que todas esas cosas
que componen el mundo
en este instante
?la realidad
tu realidad
la mía?
sigan como si tal
indiferentes
?el tendero
delante de su tienda
el mar
tranquilo
esta leve molestia en un zapato
el guardia que dormita
en una esquina?
y no haya un verdadero cataclismo
ni pase nada
nada

de nada
coimes
(Salvo claro
la debacle que armas en mi cuerpo
y en este mirar mío que te acecha
obsesionado
torpe
detrás de una retina y unas gafas.)



Poema Catedral de Víctor Botas



Ante estas piedras súbitas
mojadas por los siglos
los hisopos
y también por la lluvia
me parece
escuchar voces muertas
cánticos
gregorianos
la fatiga-
da tos de los canteros.



Poema Ars Gratia Artis de Víctor Botas



Jadeantes
inquietos
tercos púgiles
de cristal
Apenas unas cuantas
gaviotas colocadas
aquí y allá
con gracia
Las desnudas
rodillas en la arena
de una joven
igual que
dos
pecados
Cuatro
detalles bastan
para dejar la playa en esta hoja.



Poema Ante Una Efigie De Sargón El Viejo de Víctor Botas



(S. XXIII a. C.)

La inderogable forma de la efigie
corrobora la ausencia de unos ojos,
el perfil se demora, minucioso,
en pulcritud de líneas y se finge
un éxtasis del rey: sólo un instante
de belicosa vida congregado
en formas que perduran proclamando
de Sargón la presencia memorable.

Sé de tan regia efigie, que no cesa
de reducir el tiempo a sólo un hito.

¿Habrá intuido el rey que tantos siglos
apenas son un ápice en la inmensa
clepsidra original, y que a su gloria
daría el recio ídolo memoria?



Poema Anales de Víctor Botas



El 2 de septiembre del año 31 antes de Cristo
Octavio (aún no era Augusto
?lo sería
en enero del 27)
borra del mar de Actium,
bajo un sol impasible,
el gran sueño imperial de Cleopatra.

En Mühlberg, Carlos V, el 25
de abril de 1547,
desde el lecho doliente de un ataque de gota,
humilla al luterano
Juan Federico de Sajonia,
y Wittemberg
?patria de la Reforma?
vuelve a poder católico.
El 21
de octubre de 1805, Nelson
herido ya de muerte,
derrota en Trafalgar y simultánea-
mente a las dos armadas
enemigas.

El 5 de junio de 1942, el almirante
japonés Yamamoto, ante el desastre
inevitable, ordena
cambiar rumbo a sus naves
de Midway, entre golpes
de mar y espuma y viento.
El miércoles 6 de abril de 1994,
en un lugar tan trivial como lo es una cafetería,
una mujer y un hombre se enredaron
en tácito combate de miradas.
Quién me diera
no haber sido aquel hombre.



Poema Amanece En La Playa de Víctor Botas



Como un gigante ciego
levanta el mar sus brazos
cargados de esmeraldas
chorreantes
al cielo indiferente
Círculos
de gaviotas se agitan en el aire
piensan
sin duda huir al interior
El viento
muerde las banderolas
gira
enloquecido en torno a los cordajes
y una luna muy pálida se borra lentamente
sobre un rumor de árboles
Y yo
que voy por este largo paseo de la playa
muy cerca de la arena
con el mar
de tu pelo temible ondeando allá lejos
con
las negras gaviotas de tus ojos
venga y venga a gritar
sin otro pensamiento que irse de mi lado
con
el tono de tu voz
quemándome los tímpanos
y la pálida luna de tu frente
tan remota e impasible como la luna aquella que moría
tranquila entre las copas
de los pinos
Con un poco de bruma
por toda compañía.



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad