poemas vida obra victor botas




Poema Lluvia de Víctor Botas



En tus ojos de lluvia
crecen pálidos árboles
de hielo
Entre sus ramas
tiembla
labrada en roca viva
la imagen de un ansioso
dios que sonríe
y mata.



Poema Lentas Naves Anónimas de Víctor Botas



Con la tarde
se alejan
hacia lugares últimos
solemnes
lentas naves anónimas
que guardan
esa misma certeza
ineludible
de los astros
inmunes
y la muerte. La desnuda fragancia
del íntimo crepúsculo, en las tardes
dolientes del jardín (nunca lo olvides),
se debe, más que nada,
a que un hombre vulgar
puso, en su día,
el necesario estiércol.



Poema Las Rosas De Babilonia de Víctor Botas



No me preguntes cómo pasa el tiempo
Li Kiu Ling

No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El caso es que ya estoy un poco sordo
y el pelo me blanquea. Sin embargo,
aún siento un no sé qué, algo muy tenue
(como un temblor de luna en un estanque),
aquí, justo en la boca del estómago,
cada vez que te miro. Qué curioso,
qué curioso, ¿verdad? Qué raro: el tiempo,
que en Babilonia destruyó las rosas,
que terminó con Júpiter y a polvo
redujo los imperios y las caras
(que todo se lo lleva por delante
como un rinoceronte enloquecido),
me parece que hoy se va a dejar
los dientes (por lo menos), en su inútil
empeño de ir borrándote esos ojos
que intactos ?yo lo quiero? aquí se quedan.



Poema La Luna de Víctor Botas



a J. L. B.

La luna que miramos desde el Tíber
o aquí, bajo la noche de los astros,
es única y común. Ritos y magias
de antiguos sacerdotes que oficiaban
orgullosos misterios, la coronan
de fórmulas y flores fenecidas,
de jóvenes efebos que salmodian
olvidadas canciones, para siempre.
Estas cosas pasaron. Son ahora
mientras veo la luna y no comprendo
qué estoy haciendo aquí, por qué es tan triste
contemplar esa luz, si se está solo.



Poema La Diosa De La Guerra de Víctor Botas



Hay ángeles caídos allí donde tú miras
Fernando Pessoa

Negro temblor de orquídeas en la noche
Viento
del este
Quieto
relámpago que parte en dos el cielo
que lo anonada
y rasga
Anillo
que aguarda su destino
inmóvil bajo el Támesis
Virgen insomne
Virgen silenciosa
Virgen
que surca las tinieblas
temblorosos los labios
gritando profecías
Rosa
violenta y roja y repentina
Torre
de soledad
Gota
de música
Irrumpes en mi vida
como el toro en la plaza
Vienes
con ramos de narcisos en las manos
racimos en la boca
chorreantes
los cabellos de bálsamo y guirnaldas
Isis
Core
Proserpina o Perséfone
lo mismo
da
si cortas
con igual maestría
el hilo del destino
(Bajo un telón de sangre
las pirámides sueñan con su muerte
se mecen
en el tiempo
los párpados
sellados
las cinturas
ceñidas por la bruma)
Plantada ante el crepúsculo
tu frente se parece
muchísimo a la frente de Belona
la que blande la antorcha y la alta lanza
la diosa de la guerra
Así
sobre la faz del mundo eres el fuego
con que grabar los signos asesinos
de una historia de amor
Y si me miras
?si me miras, Dios santo?
a la sombra de un árbol sestean cien leones.



Poema Florencia de Víctor Botas



Una luna encarnada
allá en el aire
y sola
El repentino aroma
de un ramo de violetas
al salir
de un café
en vía Clazaiuoli
Aquella
rosa herida
de muerte entre los pliegues
de seda del crepúsculo
El puente
El frío
Arno
Fiésole
Los cipreses
soñando en las colinas
La noche
la de siempre
la de todos
los días
ésa
la que ya se te enreda en las pestañas



Poema Ese Recuerdo Ausente de Víctor Botas



Estoy buscando ahora, en las cenizas
de aquella tarde rota, su contraria
forma, que no pasó. Sé que me acecha
desde cualquier esquina. La imagino
casi casi feliz? (Un poco triste.)



Poema Epitafio de Víctor Botas



A. C. Pontuleno,
que vivió cinco años,
once meses y veintinueve días,
de sus padres, Délfico
y Pontulena Prepusa

Debéis guardar silencio: Se ha dormido
tan dulcemente el Tiempo entre mis brazos.



Poema En Torno A Einstein de Víctor Botas



La línea recta cúrva-
se inexorablemente
en el espacio. El tiempo
se detiene en los pasos
de la luz. Estamos
donde siempre. La magia
de las cosas. No existe
la realidad. Existen
múltiples realidades
o ninguna. Existe
la mirada recíproca
que aguardo. El beso
en mitad de la noche.
La anciana que nos tiende
la mano y pide un poco
de limosna. El día
de la increíble muerte.
Tan íntima. Tan sola.



Poema En France Comme Si Vous Y Etiez de Víctor Botas



Así, tan ricamente apoltronado
ante una taza de café y con mi
corona ?cómo no? de Rey del Mundo,
tan leve, tan voluptuosa, tan
en plácida asunción desde estos dedos
a los cielos concéntricos de luz
y de escayola, miro a diestra,
miro a siniestra, al frente, atrás, calculo
y son trescientas, cuatrocientas o
más caras, las que aquí reunidas,
en el bar restaurant de La Fayette,
discuten, gesticulan, se sonríen,
cabecean o toman sin decir
ni pío, su canard a l?orange
o aquel potage verdoso del menú.
Entonces se me ocurre que sería
magnífico guardar por todos ellos
(y también por nosotros, por supuesto)
un minuto siquiera de perplejo,
de inquietante silencio, en futuro
recuerdo de unas almas pronto víctimas
de esa lenta hecatombe hacia la que
?quedito, pasito, horror? ya vamos
vertiginosamente progresando.



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