poemas vida obra veronica viola fischer




Poema Arveja Negra de Verónica Viola Fischer



Tengo un problema:
arranqué los ojos de mi muñeca
y ya no ve. Desde el noveno piso
lancé con ímpetu al patio interno
de mi vecina un ojito, el izquierdo.
En una alcantarilla, único
ojo abierto que permite
entrar a la imagen hecha cuerpo;
es de saliva poderosa
seduce agresiva cualquier intento
de entrega externa, la convierte
en interna destrucción. Allí
abandoné el otro ojo que rodó
como una arveja negra.
Mi muñeca: muñón del alma mía
no está ciega, es simple
no tiene en la cara ojos
y su cabeza recuerda
pequeño el patio que se agiganta
a gran velocidad, un agujero.
Yo le muestro
determinada cantidad de dedos, ¿cuántos
hay? le saco la lengua, me burlo
lloro en silencio y no lo nota, la amenazo
y nunca tiembla: Ojos que no ven
corazón que no siente. Necesito
dos ojos, o un corazón
autosuficiente. Mi lágrima no sabe
parir otros, mi problema es
operar en el hueco
de la mirada. No,
caer en él.



Poema Notas Para Un Agitador de Verónica Viola Fischer



cuando era pequeño se le cayó un piano
en la nuca, desde ese día sus vértebras
suenan cada vez que baila
sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento
con palabras, no entona
baladas de protesta

Se dedicó a grabar sonatas
de guerra, percusión ósea contra
tiritar de dientes. La electricidad es buena
compañera dice ahora
encerrado a perpetua,
que enciende la tele
de la paz rosada o la casa
de un moderno enjambre de patrañas, enfermo
el penado yace quieto, en silencio.

De la música del cuerpo proviene
una verdad indisoluble pero si hubiera
caído una hoja
filosa sobre su nuca, ¿qué palabras
escribiría nunca?

Un niño pregunta a otro
cuando el mar se agita, habla?
Shh… le contesta su amiguito
al igual que las olas
y callan



Poema Marquesina de Verónica Viola Fischer



Después anuncio: yo puedo
consolarte, dejame, hacerte creer que poseo
dedos de valor incalculable. Soy la madre
recién nacida. Soy viento
revolviendo tu cuero
cabelludo o tu cuero sintético
gran asistente de luces
para el efecto: de cuerpo entero
mi nombre.



Poema Huevos de Verónica Viola Fischer



Las cigüeñas jóvenes que llegan
no ocupan nidos vacíos
Van al ataque de otros
hogares ocupados por familias,
los arrebatan o mueren. Hijas perdidas
tal vez, que vuelven a vengarse
inadaptadas pajaritas de papel
la mayoría, débiles.
Después de muertas, renacen buenas
y se ocupan de viajar cargando niños
rosados, normales, niñas también.
Si el llanto cesa y los bebés ríen
son abandonados
o el destino coloca cables
de alta tensión donde queda la cigüeña
como un avión de guerra o bien
como una equilibrista
dormida sobre la cuerda. Entonces,
la bebé moquea en su última respuesta.
A mí me trajo un cuervo,
hembra y yo en venganza
le comí los ovarios.
Ahora pone huevos.



Poema Glauca de Verónica Viola Fischer



¿Qué te pica? El alma
máter, pero a fuerza de miedo
no fui más que un pobre padre
para vos, hubiera querido
altares de frutas sin carozo
de flores sin centro y de carey
peinecitos sin dientes
para acariciar tus vellos
en la dirección correcta?
Ningún desperfecto
hedor o aspereza irresistible
y sin embargo
soy un almo no calmo
nada por mí mismo, insatisfecho
siempre. Perdoname,
puse el huevo entre mis piernas
y lo que debía ser tibio, ardió
como los mil demonios
usurpando el aire. Máter
cambiemos los roles por el amor
de dos, piedras preciosas
que mastico en el perfume
de tus palabras. Vivo
por vos y por mí
hago nada. Qué,
te pica? Sostener entre uñas
el salto de pulguita
ay esmeralda
ráscame la espalda que yo
no puedo, pido
tregua suplico
entre la uña y el dedo:
levantar roncha (escocer mucho una palabra o ¿cosa?)
por los siglos de los siglos
temer
a mi propio fuego cada vez
que abro la boca para decir alguna
cosa o ¿palabra?
Ay esmeralda rascame mucho más,
adentro.



Poema Ex – Profesa de Verónica Viola Fischer



Sin que otros lo sepan ya he profanado todo
lo que dictaminamos sagrado en nuestro amor
y sin que vos lo escuches digo que sí, yo fui
quien escupió todo reflejo
que apareciera en la noche para ayudar
a vernos. Quemé mis manos perdí la sensibilidad
con tal de aplastar cualquier flama que osase interponerse,
me gusta no verte, no verme,
que te sumerjas todavía en mí
pensando que el líquido es solo flujo
sudor o lágrimas y no descubras
que orino con sangre alrededor
de mi cuerpo para proteger
eso que llamo mi terreno,
mil veces, he humedecido tus labios
con el sabor de esta guerra.



Poema Dialéctica de Verónica Viola Fischer



No hay voluntad de persistir sobre este asunto
No quiero hablar
sobre posibles razones respecto
de mi comportamiento: te acaricié
como si estuviera repasando con el dorso de una mano
las miguitas de la mesa
hasta la palma de la mano contraria y no tengo
más que amor para darte



Poema As De Oro de Verónica Viola Fischer



Soplo, tiro los cuadraditos sobre el paño de la mesa y soy
feliz. Generala. Mujer déspota y sumisa
de la arbitrariedad.
Observo los tres ases. Son míos. Poderosa canto
aplasto sombreros con mi pierna corta, sonrío a la nuca
de los demás concursantes. Apuesto al doce
pago por el rojo y colorado! ¡Colorado el doce! Cobro.
Sí, cobro, recibo, aguanto la mortaja del papel
comprador. Camino sola, seria.
Entro a un negocio y pregunto -¿podría darme
la hora?- El vendedor me la envuelve
llena de moños, la llevo.
Si bien en el juego, mal en el amor -dijo
un borracho sobre la vereda y yo pensé
que el amor solo era juego, justamente
el azar defendió sus tierras
y castigó a quienes intentaron
construir ciudades verdaderas.
Voy al casino. Necesito luz blanca,
ahogarme en brillos. Si no, caigo.
Casi no veo de noche. El día es negro. Y otra
otra vez casi no, casi
suculenta me rozo algún labio.





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