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Poema Un Sueño de William Blake



Cierta vez un sueño tejió una sombra
sobre mi cama que un ángel protegía:
era una hormiga que se había perdido
por la hierba donde yo creía que estaba.

Confundida, perpleja y desesperada,
oscura, cercada por tinieblas, exhausta,
tropezaba entre la extendida maraña,
toda desconsolada, y le escuché decir:
«¡Oh, hijos míos! ¿Acaso lloran?
¿Oirán cómo suspira su padre?
¿Acaso rondan por ahí para buscarme?
¿Acaso regresan y sollozan por mí?»

Compadecido, solté una lágrima;
pero cerca vi una luciérnaga,
que respondió: «¿Qué quejido humano
convoca al guardián de la noche?

Me corresponde iluminar la arboleda
mientras el escarabajo hace su ronda:
sigue ahora el zumbido del escarabajo;
pequeña vagabunda, vuelve pronto a casa.»



Poema Un Pájaro Canta de Guillaume Apollinaire



Canta un pájaro no sé dónde
Debe ser tu alma siempre en vela
Que entre los soldados se esconde
Su canto me encanta y desvela

Escucha canta tiernamente
No sé desde qué rama canta
Mas noche y día eternamente
Semana y domingo me encanta

Qué decir del pájaro que ama
Su transformación milagrosa
Del alma que canta en la rama
De amor en cielo y cielo en rosa

Ave del soldado es amor
y es mi amor una hermosa niña
La rosa es menos bella y por
Mí solo el pájaro azul trina

Ave azul como el corazón
Azul que entre mi pecho llora
Haz que oiga tu dulce canción
La funesta ametralladora

Que restalla en la lejanía
Siembran astros con su canción?
Va así la noche va así el día
Amor azul como mi corazón

Versión de Andrés Holguín



Poema Un Amigo Es A Veces El Desierto de Eugenio De Andrade



Un amigo es a veces el desierto,
otras el agua.
Despréndete del ínfimo rumor
de agosto; no siempre
un cuerpo es el lugar de la furtiva
luz desnuda, de cargados
limoneros de pájaros
y el verano en el pelo;
en el follaje oscuro del sueño
es donde brilla
la piel molaja,
la floración dificil de la lengua.
Lo cierto es la palabra.

Versión de Aníbal Núñez



Poema Un Sueño de Manuel Acuña



A Ch…

¿Quieres oir un sueño?…
Pues anoche
ví la brisa fugaz de la espesura
que al rozar con el broche
de un lirio que se alzaba en la pradera
grabó sobre él un «beso»,
perdiéndose después rauda y ligera
de la enramada entre el follaje espeso.
Este es mi sueño todo,
y si entenderlo quieres, niña bella,
une tus labios en los labios míos
y sabrás quién es «él» y quien es «ella».



Poema Un Niño Escribe… de Yolanda Pantin



Un niño escribe

?Aquí es redondo como una naranja?

¿Qué miran los ojos
detrás del mundo?

Ya dije que vivir es imposible

Cuándo cesará este nudo

esta tarde helada
aquí afuera

hay una raya invisible

El niño mira
y ve árboles

y pájaros

Duerme
si algo dulce es posible



Poema Una Oculta Razón de Álvaro Valverde



Miro la hiedra que a mi puerta muestra
la verde lluvia sucesiva y ciega;
traspaso un nuevo umbral, piso sus losas,
me sé en otro recinto que conozco.
Entro, y en la costumbre de la luz mis ojos
penetran el silencio, en vano se preguntan.
Se saben de paso, se contentan
con su pálida atmósfera, se funden
con el olor que el tiempo ha reposado
en sus estancias húmedas.
Su oscuridad se puebla de palabras
repetidas al ritmo de la asfixia,
entre alacenas y humo.

Esta casa es ahora mi morada,
el territorio inhóspito que aloja
las aguas placentarias
donde el canto construye
su forma hacia lo hondo.
Donde torna la rosa subterránea
(que urge material, que hermosa emerge)
en lengua poderosa.
Me interno en los rincones que rodean el patio.
Conservan sus enseres
la apariencia observada por los viejos objetos:
la urna, el astrolabio, la máscara, el espejo.
De su interior destilan la tensión que no dicen.

Compone su armonía una vasta intemperie,
un interior que oculta un dios oscuro.
Me encuentro a gusto entre su accidental presencia
de gastadas imágenes, de inscripciones caducas.
Lo que supuse, ellos, desvaídos asertan.
La penumbra de las cosas que habito
es el dulce lugar donde halla el asombro
la alta luz del encuentro,
la velada noticia de su origen más claro.

El cristal ha adoptado una distancia equívoca.
Lo que fui, lo que he sido, no lo sabe mi mano
(que desconoce el pulso de mi centro,
que yerra al calcular mi edad perfecta).
La mano desconoce el atributo
de quien alza y perece, se levanta,
y es hueco su cimiento, y es de aire.
¿Es derrota silencio?
Acaso este horizonte conocido
en el recuerdo de la Habana Vieja
sea la salvación, la piedra, el sueño.
Acaso ya mi nada.

En el blanco, la huella
que recorre el pasado,
la niebla de febrero sobre el lago
y la velocidad ajena
con que los coches cruzan sus orillas.
Sobre el papel los claros de un bosque
a las afueras
de una ciudad que ignoro,
la vegetal sabiduría de la sombra,
el oquedal solícito.
En estas letras, tinta del fondo de la noche.
El espacio se torna fragmentario, difuso.
He recogido restos de un discurso arrasado,
de un canto ya abolido.

Me detengo en el vidrio
que mi hálito empaña.
Súbitamente sopla el sirocco de Roma
(hace tanto. ..), la tarde (via Gesú e María)
en que quiso la muerte
aventar sus cenizas.
(La palabra nada es hermosa, dijiste.)
No acepta la costumbre la sombra que tuvimos:
es pura argucia el tiempo.

La mirada se fija en las llamas azules.
Ya nublada, se vence.
Es inútil saber dónde me encuentro.
¿Son acaso estas aguas un fiel eco del Tíber?

Ha cesado la lluvia: La ciudad ahora altera
la visión de su herrumbre.

De «Una oculta razón» 1991



Poema Una Antigua Certeza de Álvaro Valverde



La flama de la siesta socava las paredes
y agota en su fulgor esa mirada
de lo que siendo escapa a la razón. Preguntas
si habrá de sucedernos la edad en que perviva
todo lo que merece la presencia:
el rosal inflamado, las aguas repetidas
en ese único río que vive para siempre,
la rueda de molino de apariencia inmutable
y la casa erigida sobre una red de arena.
Acaso la respuesta esté en el arco
y su umbral desgastado,
en esa enredadera sometida a la forma,
en el denso dolor de este manso silencio.
Anticipa la tarde una antigua certeza
de la que sólo es cómplice la sombra:
el ocaso será la nueva aurora.

De «Una oculta razón» 1991



Poema Una Tarde Adornada De Palomas Sublimes de Paul Valéry



Una tarde adornada de palomas sublimes
la doncella suavemente se peina al sol.
Roza en la onda al nenúfar con su pie de arrebol
y entibia sus dos manos errantes y morosas
tendiendo hacia el ocaso sus transparentes rosas.
Una onda inocente recorre en emoción
su piel: es que una flauta toca un absurdo son.
El músico, que tiene dientes de pedrería,
lanza una fútil brisa de sombra y fantasía
con el oculto beso que arriesga entre las flores.
Fría, ante el dulce juego de llantos y de amores,
ni haciéndose divina con una frase sola
de rosa, la belleza, gracias a su aureola,
en suelta cabellera de mirra perfumada
mira, con ojo augusto entre la crencha dorada
la luz que antes pasó entre sus manos abiertas.
Sobre su espalda húmeda cae una hoja muerta.
De la flauta, hasta el agua, cae una gota suave
y el pie puro se asusta como una bella ave
ebria de sombra…

Versión de Edmundo Bianchi



Poema Una Mujer, Un Hombre de Flor Alba Uribe



Una mujer,
desnuda ante el espejo,
acaricia dulcemente su cintura,
la vital insurgencia de sus pechos,
la encendida penumbra de su sexo,
baja al río enlunado de sus muslos
y actualiza el edén su aroma claro.
Se sabe
para el hombre destinada.

Un hombre
se mira ante el espejo,
desnudo como un ángel se acaricia
-imagen que se mima en su reflejo-,
sus manos obedientes van soñando
el lento florecer de su estatura,
asedio memorioso, móvil fuego
fluyendo de los pies hasta la frente.
Se sabe
para la mujer predestinado.

Pero antes,
cuántos arcos triunfales por el suelo,
cuánta piedra hecha polvo en el mortero.



Poema Un Cambio En Los Climas Del Corazón de Dylan Thomas



Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla
sobre la tumba helada.
Un clima en la comarca de las venas
cambia la noche en día; la sangre entre sus soles
ilumina al viviente gusano.

Un cambio en el ojo advierte a tiempo
la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora
una muerte mientras surge la vida.

Una sombra en el clima del ojo
es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe
sobre una tierra sin arpones.
La semilla que del lomo hace una selva
divide en dos su fruto; y la mitad se escurre
lenta en un viento dormido.

Un clima en la carne y el hueso
es seca y húmeda; el viviente y el muerto
se mueven como espectros ante el ojo.

Un cambio en el clima del mundo
vuelve espectro al espectro; y cada niño dentro su madre
se repliega en su doble de sombra.
Un cambio echa la luna dentro del sol,
tira de las ajadas cortinas de la piel;
y el corazón entrega a sus muertos.

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell



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