poemas vida obra t

Poema Temblorosa Avanza Siempre de José Carlos Becerra



Porque tú eres puente, porque tú eres el rumor de las aguas;
ansiada buscadora de aquello que el deseo avanza,
eres el refuerzo con que amanece,
eres la luz del mar entregada a su propia creación,
absorta en el eco de su belleza.

Abandonada a tu belleza, roída por el candor,
enternecida por el ocio de tus astros, llevada por la fuerza de tus apariencias,
eres el rumor de hojas
que el viento dice al oído del bosque.

En ti están todos los sitios del recuerdo, los túneles donde la memoria se debate atrapada,
el aleteo del crucificado y la otra cara del designio,
la verdad oblicua del alma y la jactancia y la vacilación,
y eres la playa donde el mar se hiere las manos
por asirse a la tierra.

En tu corazón un pájaro vuela hacia la noche.
Tú te miras en el espejo como en una adivinanza,
golpeas en tus muros, piensas que amas las flores,
escuchas el ladrido de tus perros en el jardín,
pero no es nadie aún.
Piensas en mí, alguien apresura el paso dentro de tu alma
y así en tu rostro el amor se confunde con la noche.



Poema Todo Lo Muda El Tiempo, Filis Mía de Jose Cadalso



Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas;
ya transforma los valles en montañas,
y apone un campo donde un mar había.

Él muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios las cabañas,
y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene al mar y viento enfurecido,
postra al lén y rinde al bravo toro.

Solo una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.



Poema Triste de Jose Asuncion Silva



Cuando al quererlo la suerte
se mezclan a nuestras vidas,
de la ausencia o de la muerte,
las penas desconocidas,

y, envueltos en el misterio
van, con rapidez que asombra,
amigos al cementerio,
ilusiones a la sombra,

la intensa voz de ternura
que vibra en el alma amante
como entre la noche oscura
una campana distante,

saca recuerdos perdidos
de angustias y desengaños
que tienen ocultos nidos
en las ruinas de los años.

Y que al cruzar aleteando
por el espacio sombrío
van en el ser derramando
sueños de angustia y de frío

hasta que alguna lejana,
idea consoladora,
que irradia en el alma humana
como con lumbre de aurora,

en su lenguaje difuso
entabla con nuestros duelos
el gran diálogo confuso
de las tumbas y los cielos.



Poema Tribulatorio (f) de José Antonio Labordeta



Cuando vuelvas
cuando cansado te sientes al borde del camino
y contemples el mar
como una luz vencida
y el otoño te traiga
el amargo sabor de los días agrestes
RECUERDA,
como si nada fuese a suceder,
tus infinitos pasos
huellas sobre las yerbas de otros días.

Luego crece
crece hasta sucumbir como un gigante
como una hormiga inútil
Tú y yo
y el celeste paisaje de las noches
habremos sido viento
palabras apresadas
miedo vencido
inútil NADA.



Poema Todos Los Santos En Albarracín de José Antonio Labordeta



Silenciosa la anciana
reza en tu cementerio. Corre la niña.
El cielo está pendiente de la roca.
Aire sobre la muralla,
detenido,
como un lamento,
como una larga frase derrumbada.

Guadalaviar torcido, ausente,
lames, ceremonioso, la roca
que desciende.

Albarracín,
quilla de piedra,
rojo penacho de cuestas y de arcadas,
sobre ti duerme el tiempo,
sólo pervive el agua.



Poema Teruel de José Antonio Labordeta



Javalambre con nieve. Sobre el pecho,
como una inmensa herida,
los Mansuetos se abren: Carne joven
en la vieja tierra. Gira el cielo.

Pasan, camino de la mar,
los enormes camiones de transporte:
¡Adiós!
¡Adiós!

Hoy, San Martín mudéjar, me nostalgia
los amigos que tuve, allá, en mi infancia.
Miro hacia el fondo: Villaespesa.

Todo lleva consigo
la tierra que surge desde dentro:
Teruel:
Áridas voces de mineros, ascienden
del violento carmín de tu paisaje.



Poema Tercer Recuerdo de José Antonio Labordeta



de Emilio Gastón

Hoy me he dado de bruces
con tu ángel,
borracho en una tasca:

Olivitas rellenas, chorizo riojano,
tinto de Cariñena.

Burocráticamente hablando,
tu ángel se ha hecho ficha
de señor que revienta en los tranvías,
mientras tú, soldado de hace años,
marivioleas por el campo con tus hijos.

Duélete todo, lo sé.
Duélete el mar, la torpe hipocresía,
los mansos ciudadanos, la agonía
de tanto pobre hombre. Yo lo sé
y por eso te tengo entre mis labios.

Tu ángel juvenil se ha puesto gordo
de hacer con tu bondad su melodía.



Poema Te He Visto Envejecer de José Antonio Labordeta



Te he visto envejecer entre mis manos,
mis caricias ?tus manos me abrazaban
un día y otro día- sin poder detenerte,
detenernos.

Tus ojos querían para mí
las cosas dulces, suaves,
aunque tú ya sabías lo violenta,
dura y desolada,
que está la vida. Y una vez,
y otra vez, me hablabas del camino.

Y ya hoy
-Ana y Ángela, mis hijas,
te recuerdan- te veo como nunca lo hice:

Agobiada por años y más años,
por palabras y ausencias,
por dolores.

Quisiera para ti
toda la paz del mundo. Toda la paz
que no pudimos darte.



Poema Toques de José Antonio Domínguez



Si no sabía pintar: jamás su mano,
mojando en los colores la paleta,
supo trazar, con fantasía inquieta,
los contornos de cuadro soberano.

Si no tenía inspiración; si en vano
fuera pedirle la intuición secreta
que tiene en sus delirios el poeta:
porque él no era un artista: era artesano.

Pero una vez, en su existencia obscura,
flechó su corazón una hermosura: –
Tomó el pincel y delineó su hechizo;

Para cantarla hizo vibrar la lira;
y desde aquel instante, no es mentira,
¡prodigio del amor! ¡artista se hizo!



Poema Tener Que Ver (ii) de José Antonio Cedrón



En la puerta cancel del antiguo vestíbulo
brilla un vitral que sirve para tapar el gris con sus colores, hoy ya desatendidos, y sus vidrios rajados
por donde pasa el viento trepidando
como un viejo y ruinoso caballo de lechero.
Este es el escenario de una ciudad
con muros carcomidos, reflotada del agua
y puesta a navegar otra vez con nosotros
entre descalzas voces que recuestan sus hijos
o baldean las piezas a lo largo del patio
mientras mamá desviste la muñeca que sienta
al centro de la cama
varios días después del primer fin del mundo.



« Página anterior | Página siguiente »


Políticas de Privacidad