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Poema Ropa Limpia de Rafael Arévalo Martínez



Le besé la mano y olía a jabón:
yo llevé la mía contra el corazón.
Le besé la mano breve y delicada
y la boca mía quedó perfumada.

muchachita limpia, quien a ti se atreva,
que como tus manos huela a ropa nueva.

¡Besé sus cabellos de crencha ondulada:
si también olían a ropa lavada!

¿A qué linfa llevas tu cuerpo y tu ropa?
¿En qué fuente pura te lavas la cara?
Muchachita limpia, si eres una copa
llena de agua clara.

1914



Poema La Vida Cuelga de Rafael Arévalo Martínez



La vida cuelga en todas partes:
cuelga en los brazos de una madre
y en las rmas de un árbol
y aun de las manos de una estatua de mármol
hecha nidos de golondrinas.
La vida cuelga por doquier.

Y las columnas de la vida
son el manzano y la mujer.

La vida cuelga en las tetas de las vacas
y en los bolsones de libros de las colegialas.

La vida cuelga
en los festones de las enredaderas
y en las ramas de la noche con
sus frutos de estrellas.

La vida cuelga por doquier
y las columnas de la vida
con el manzano y la mujer.



Poema El Señor Que Lo Veía de Rafael Arévalo Martínez



Porque en dura travesía
era un flaco peregrino,
el Señor que lo veía,
hizo llano mi camino.

Porque agonizaba el día
y era cobarde el viajero,
el Señor que lo veía,
hizo corto mi sendero.

Porque la melancolía
sólo marchaba a mi vera,
el Señor que lo veía,
me mandó una compañera.

Y porque era la alma mía
la alma de las mariposas,
el Señor que lo veía,
a mi paso sembró rosas.

Y es que sus manos sedeñas
hacen las cuentas cabales
y no mandan grandes males
para las almas pequeñas.

1915



Poema El Derecho De Amar de Rafael Arévalo Martínez



De sus manos cruzadas sobre el pecho
separó con ternura la más fría,
y la dio a calentar entre la mía.
Y entonces nustro amor insatisfecho,

aquel inmenso amor, tuvo un derecho.
¡Nada puede negarse a la agonía!
Cuando la enferma pálida moría
me dejaron llegar hasta su lecho.

¡Oh mi amada inmortal! Como un esposo
pude entonces velar por tu reposo
y hacer mios tu goce y tus dolores.

Y conquisté el derecho de quererte
cuando al vernos sufrir tomó la muerte
bajo su protección nuestros amores.



Poema El Caricaturista Mom Crayón (josé C. Morales) Caricatura de Rafael Arévalo Martínez



Tiene una vista aviesa; una vista embozada
en un párpado grueso. Parece su mirada
una mano con guante que ha blandido una espada.

Cámara fotográfica es su oscura retina.
Es bajo. Es su cabello negro como la endrina;
tiene un rostro moreno: fue algo de tinta china

que un día de trabajo cayó de su paleta,
porque tuvo la audacia de trazar mi silueta
sin recordar que siemrpe fue inviolable un poeta.

Es hombre que en la mano mantiene el corazón;
pero en el ancho óvalo de su rostro, un burlón
lineamiento, nos miente con su ruda expresión.

Su mirada de acero corta como un cincel.
A pesar de su fuerza me he batido con él:
yo blandía un soneto y él blandía un pincel.

Fueron armas corteses. En la cámara oscura
de sus ojos brulones le quedó mi figura
y sentí el botonazo de una caricatura.



Poema Balada De Los Últimos Amores de Rafael Arévalo Martínez



Ya tengo medio siglo y sin embargo
los ojos se me van tras las muchachas.

He seguido a mis hiijas en la calle
si no me dan la cara.

¿Qué hacemos, corazón, porque envejezcas?
¿Cuándo envejeces, alma?

He amado sucesivas floraciones
del mismo tronco o de la misma rama
y dirigí cumplidos a las nietas
de las mujeres en un tiempo amadas.

Pues soy como la tierra: nunca viejo
y muy capaz a todas de guardarlas.

Siento el influjo de la primvavera
como si fuera el suelo de mi patria.

Ya tengo medio siglo y sin embargo
los ojos se me van tras las muchachas.



Poema Aurretrato de Rafael Arévalo Martínez



Un árbol luengo, deshojado y seco,
pero que enhiesto, sigue todavía;
una culebra en línea vertical;
un poste de telégrafo en la vía,
eso soy por mi bien o por mi mal.

Soy un hombre de chicle que los dioses
del Popol-Vuh jalaron de los pies
y la cabeza a un tiempo: y que, después
(entre risas y toses,
al mirarlo tan largo y tan delgado)
sin reparar su mísero destino,
dejaron a la vera del camino,
irreal y abandonado.





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