poemas vida obra oscar ferreiro




Poema Yo Ya No Sé de Oscar Ferreiro



Yo ya no sé
qué se puede decir y estoy hablando
que se puede alentar y estoy pensando
en no sé qué figuras desvaídas,
en no sé qué quimeras obsoletas
de galopes cayendo hacia la nada.

Y me pongo a cantar pero el sollozo
el sollozo que anuda tu garganta
ese oscuro sollozo que del fondo
sube entre lutos y geranios tristes
para anegarme como a ti en el llanto.

Yo ya no sé
mas quisiera ensayar en diez mil tubos
esa estúpida pugna de hacia dónde ?
el último clamor de los envites
y huracanar las bambalinas agrias
de este circo del llanto y destrozado.

Tal vez sean las últimas amarras
las flatosas trompetas de un juicio?
Tócame pues muy loca levemente
dame vino locura y qué que importa
y me pondré a vivir e iré muriendo.



Poema La Guardia Urbana de Oscar Ferreiro



-Por vos, mi pobre inocente,
vendrá un día la montada…
-La montada ya no existe;
no empieces con tus macanas.
-Da lo mismo, ya me acuerdo,
le dicen la guardia urbana
pero igual, a garrotazos,
harán charque de tu espalda.
A arrancarte de este rancho
un día vendrá, sin falta.
-Y yo les daré un buendía
con este cabo de nácar.
-No te hagas ilusiones.

¡No te servirán de nada,
hijo mío, esas sonseras
que en la cabeza te bailan!
-No es cierto, mamá, en el mundo
la nueva idea está en marcha.
-Soy una pobre burrera
con mi burro y mi burjaca.
La banda es para los ricos,
para los pobres la guacha.
¡Soy una triste burrera
bebiendo en jarro de lata
las lágrimas de mi gente
y las mías más amargas!

Desde Ysaty hasta Asunción
es larga la caminata
y a punta de bayoneta
resulta mucho más larga.
Maniatado con alambre
y a empellones de culatas
desde Ysaty, por Dos Bocas,
lo repunta la canalla.

-Un rojo pañuelo al cuello
será el premio a tus pureadas,
pero no será de trapo
sino de sangre barata.

Sobre el óleo de los charcos
patinan las carcajadas
y un pipuu alcohólico y largo
se clava en La Salamanca.
Un degüello de yuyales
asustado el viento ensaya
y ganan los albañales
rápidamente las ratas.
Como un cíclope mareado
un tuerto el ojo se palpa
y los horrores del mundo
tan increíbles repasa.
Asunción, sucia y artera,
sin azahares, sin nada
que no sea la insolencia
de tus cobardes mesnadas.

-¡Suéltenme las manos, perros,
y así sabrán quién les habla!
¡Ese trapo colorado
les meteré en la garganta!

-Emboty nde picha?í
re ñemboayura pytáta.

-Dios te salve y tu abogado,
ápente ya reikopáma…



Poema Fuga A Las Tres de Oscar Ferreiro



Los carceleros se beben
tranquilos su tereré
y Humberto nervioso espera
su libertad a las tres.
En el sucio moridero
de una mazmorra cruel
cuenta los fríos barrotes
por la centésima vez.
De la cárcel de Asunción
exactamente a las tres
saldría Humberto Garcete
por gracia de un coronel.

-No te fíes de esos perros
porque te van a vender.
-Es palabra de un amigo,
palabra de un coronel.
-No te fíes, compañero,
que el polvo te harán morder.
-Es palabra de un soldado,
palabra de un coronel.
-Deciles que no, Garcete,
porque te van a vender.
-De un soldado, de un amigo,
promesa de un coronel…
-¡La promesa de un esbirro
no corre ni en un burdel!

Giró en la torre el reloj,
sonó la una, las dos;
pero tenía que ser
exactamente a las tres.
Sangrienta rueda de horror
la Catedral dio las dos;
pero tenía que ser
exactamente a las tres.
Seca la media sonó,
dura y escueta golpeó
contra la alta pared,
tan tensa para las tres.
El viento libre de Dios
cuando sonara el reloj
al fin saldría a beber
exactamente a las tres.

-Carcelero, tengo sed…
-Ya en su casa ha de beber.
(Con vil sonrisa y de usted
disimula su doblez).
-¿Y eso que gime?

-Es el tren.

-¿Y afuera hay luna?

-Así es.

-¡Dichosos los que la ven!
-Sólo un minuto y la ve…
(Y siempre atento al reloj
Humberto le sonrió).
-Si todo saldrá tan bien…
-Alta luna del laurel,
¡hermosa estará en su tez!
(La sonrisa del furriel
lo confirma a su vez).
-La cama le han de tender
con sábanas de satén…

Sobre el yunque de la noche
Vulcano oscuro golpeó
y nunca tan dura fue
aquella hora postrer.
A la noche en la garganta
los grillos le remachó,
como tenía que ser
exactamente a las tres.
Tres martillazos de muerte
Vulcano oscuro golpeó,
tres golpes de muerte,
tres, ni más ni menos que tres.

Sobre goznes de silencio
la puerta muda se abrió,
como tenía que ser
exactamente a las tres.

Se abrió la puerta y la noche
siniestramente cerró,
como tenía que ser
exactamente a las tres.

Una ráfaga de plomo
su salida rubricó
como tenía que ser
exactamente a las tres.
En la bahía temblando
largo el silencio quedó,
[como] tenía que ser
exactamente a las tres.
Cuatro livianas troncharon
aquella palmera en flor,
como tenía que ser
exactamente a las tres.

Por la espalda asesinado
de boca Humberto cayó,
como tenía que ser
exactamente a las tres.
Y aquel lucero de ensueños
para siempre se apagó,
como tenía que ser
exactamente a las tres.





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