poemas vida obra o

Poema Ojos Garzos Ha La Niña de Juan Del Encina



Ojos garzos ha la niña:
¿quién gelos namoraría?

son tan bellos y tan vivos,
que a todos tienen cativos;
mas muéstralos tan esquivos
que roban el alegría.

Roban el placer y gloria,
los sentidos y memoria:
de todos llevan vitoria
con su gentil galanía.

Con su gentil gentileza
ponen fe con más firmeza,
hacen vivir en tristeza
al que alegre se solía

No hay ninguno, que los vea,
que su cativo no sea:
todo el mundo los desea
contemplar de noche y día.



Poema Orquídeas Amazónicas de Nicomedes Suárez Araúz



Se agarra un pedazo de luz del alba
y se dobla la punta
dándole forma de bastoncito.
Se le agrega goma
para que prenda la bolita de masa
preparada de antemano.
Con ésta se hará el pistilo.

Se agarra un poquito más de masa
y se le pone tinta verde bajita.
De este pedazo se forma el receptáculo
que se coloca en la parte inferior
de la orquídea.

Una vez cortados los pétalos
se adelgazan los extremos de la masa
con los dedos y se pegan alrededor
del pistilo. Se pintan con colores bajitos,
blanco, rosa, celeste, violeta, agregándole
como gracia unos lunarcitos y bordes oscuros.

Las flores y los moradores del río
siempre se ponen a secar parados
ya sea contra un pedazo de cielo o de masa verde.

Se pueden hacer del tamaño
que se desee con sólo variar
el molde cortador de masa.

La forma normal de estas flores
es de tres sépalos y tres pétalos
sin contar el primero
que cayó en 1542
cuando Francisco de Orellana y sus huestes
irrumpieron en mi río.



Poema Oh Gran Pepona De Saber Profundo de Nicolas Fernandez De Moratin



(…)¡Oh, gran Pepona, de saber profundo;
grande en tu oficio! Deja que repita
para instrucción y norma de alcahuetas
la alta respuesta que a mi cargo diste,
dignas palabras de grabarse en bronce.
«Hijo, me dice un día, que a las once
quedó citada en la espaciosa lonja
de Trinitarios; hijo, está perdida
la putería; apenas lo creyera,
¿quién en mi mocedad me lo dijera?
En consecuencia del encargo tuyo
hice, cual suelo, vivas diligencias,
que, o no admitir la comisión honrada,
o debemos hacerlas en conciencia,
y donde no, restituir la paga,
mas pocas hay de proceder tan justo.
Yo, como sabes ya, sé bien tu gusto,
que por larga experiencia sé servirte;
ya fe de honrada no sabré decirte
cuánto afané por una buena moza.(…)



Poema Oda A Los Ojos De Dorisa de Nicolas Fernandez De Moratin



Ojos hermosos
de mi Dorisa:
yo os vi al reflejo
de luces tibias…
¡Noche felice,
no te me olvidas!
Turbado y mudo
quedé a su vista,
susto de muerte
me atemoriza,
y sólo huyendo
pude evadirla.

Ojos hermosos:
yo así vivía,
cuando amor fiero
gimió de envidia.
Quiso que al yugo
la cerviz rinda,
y os me presenta
con pompa altiva,
una mañana,
cuando ilumina
Febo los prados
que abril matiza.
Vi que con nuevas
flores se pinta
el suelo fértil,
la cumbre fría;
los arroyuelos
libres salpican,
sonando roncos,
la verde orilla.
Gratos aromas
el viento espira,
cantan amores
las avecillas.

Ojos hermosos:
yo me aturdía,
cuando me ciega
luz improvisa,
con más incendios
y más rüinas
que si centellas
Júpiter vibra.
Nunca posible
será que diga
que pena entonces
me martiriza.
¡Qué feliz era,
qué bien hacía
mientras huyendo
sus fuegos iba!

Ojos hermosos:
si conocida
a vos os fuese
vuestra luz misma,
o en el espejo
la reflexiva
tanto mostrara,
conoceríais
qué estrago al orbe
se le destina,
bien con enojos
bien con delicias.
¡Ay cómo atraen,
cómo desvían,
cómo sujetan,
cómo acarician!

Piedad, hermosas
lumbres divinas,
de quien amante
os solemniza.
Y si a mi verso
la suerte amiga
da, que en el mundo
durable exista,
aplauso eterno
haré que os siga,
y en otros siglos
daréis envidia.



Poema Opus Jopo de Néstor Perlongher



En el condón del jopo, engominado, arisco, mecha o franja de sombras
en la metáfora que avanza, sobra, sobre el condón del jopo la mirada
que acecha despeinarlo, rodar la redecilla en las guedejas:
un público pudor, irresistible, tieso en la goma del spray: la goma
libidinizada, esa saeta de la mata en el enroque de la fima, el gime, el
fimoteo: denuedo de las uñas en el mechón de grima. Guedeja en muslos
enroscada, húmedo pelo, espesor de las cejas en lo ebúrneo cobrizo, un
jaloneo de papilas en los estrechos del olor, jugoso, el ronroneo de los
labios ante las curvas, su salitre, el tartaleo de la transpiración, sudores
finos, atascaban al muslo en ese rulo. Jadean las harás sus aros de
peltre, jaleo lúcido, luminiscente en el rebote de las ligas en la película
infusa, taza de té en los bordes del revoque. La trama, en ese punto,
en la lisura de ese cascabel, serpeante, de esa rima dejado en los ja-
bones de los pies, melecas, masca en el erizar de los penachos la pro-
mesa de un guante.



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