poemas vida obra o

Poema Obsesiones de Antonio Alvarez Burger



Tengo un sentimiento tan confuso
que puedo inventar caballos encabritados
para lanzar en estampida hacia ti,
y luego bailar afectuoso
sobre sus cadáveres sudantes.
Pero me encuentro ridículo moviéndome
de aquí para allá y de allá para acá
asido a tu cintura.

Tengo una locura desenfrenada,
con muchos puñales en hilera
para persignarme como un místico.
Mas, eso también me incomoda
y puedes ahora colocar tus manos
sobre mi frente y santiguarme
con sangre de sacrificios.
Yo haré en tanto un dolor
de arrepentimiento agradecido
que me cure de tus males,
de la risa patética tuya por mi desvarío.



Poema Otras Veces de Angel Gonzalez



Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.



Poema Otro Tiempo Vendrá de Angel Gonzalez



Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas».

Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero.



Poema Oración de Andre Cruchaga



Perdón por los insectos

y los pájaros que mueren

la hojarasca

la luna en el estío

el crepúsculo colgado de las ramas

los niños barriga de lombrices

plagicidas en las burbujas de los féretros

perdón por los platos que no almuerzan

tuzas en las camas masticando la piel

fososíntesis de mora

en el taburete

alfiler del hambre los pechos que ya no viven

perdón

perdón

perdón

perdón

perdón don condón tentación

perdón fornicación

introvertido vértigo de advenimiento

perdón por la risa perdida

por el espejo que transcurre

apuñalado en la garganta

perdón por los célibes que se toman otro mundo

perdón por este mundo

que crece grotescamente en números

perdón por la calidez del insomnio

el terror y el lento fuego de la miseria

perdón por las palabras

por el diccionario que reverbera de fósiles

perdón por el bosteza de cansado reloj

por los ojos bizcos que miran de soslayo

por los senos que se ausentan como trenes

por esos después ya no vírgenes

por el que gime sin sábanas en el alma

por la noche que extiende su oscuridad como embudo

por los rostros y los cuerpos que beben la neblina

por el demonio que se posesiona

en espiral hasta llegar a la tristeza

por las telarañas que ciegan las ventanas

por el que escupe cuando sale a la calle

perdón por los amuletos de la buena suerte

que abrigan esperanzas

por el que duerme como póstuma estatua

por el rojo del guiño y las rocolas

perdón por mis zapatos sin afeites

perdón por aspirar tanto espejismo

perdón por mis pies que no saben de botiques

perdón por este sueño que llama a Heráclito

perdón

perdón

perdón



Poema Ocho de Ana Rossetti



A los pies de la cama, oí el ruido
y a mi grito aterrado se encendieron las luces
y el alforzado traje de abombado organdí
que desde ayer pendía de la lámpara
y el viso de rayón, y la enagua crujiente
de batista, y el ingrávido velo
ya no estaban. El sedoso papel
que cien recordatorios contenía
apareció rasgado por la alfombra.
Hasta la verde alberca, atropellando lirios,
asido el roto tul al arco del rosal,
corrías con mis ropas ataviado.
Entre harapos de algas te sacaron inerte,
los pómulos tan blancos que muerto te creyera.
Y sonreí triunfante, midiendo por tu envidia
mi ventaja.

De «Dióscuros» 1982



Poema ¡oh Cuánto Dice En Su Favor Quien Calla! de Juan De Tasis, Conde De Villamediana



¡Oh cuánto dice en su favor quien calla!
porque de amar, sufrir es cierto indicio,
y el silencio el más puro sacrificio
y adonde siempre amor mérito halla.

Morir en su pasión sin declaralla
es de quien ama el verdadero oficio,
que un callado llorar por ejercicio
da más razón por sí, no osando dalla.

Quien calla amando, sólo amando muere,
que el que acierta a decirse no es cuidado;
menos dice y más ama quien más quiere.

Porque si mi silencio no os ha hablado,
no sé deciros más que, si muriere,
harto os ha dicho lo que yo he callado.



Poema Oh Buen Amor de Ana Ines Bonnin



¡Oh buen amor

¡Oh, ternura divina siempre en llamas!
¡Oh buen amor, paciente, generoso!
Llegas a mí, brindándome reposo;
no me impones tu afán, porque me amas.

¡Oh ternura divina! De tus ramas
presiento el florecer maravilloso.
Tú quieres que yo sea fruto hermoso,
cosecha de tu huerto. Me reclamas.

Escucho conmovida la voz tuya.
Me llega triste; no le doy consuelo;
rechazo su dolor y su agonía.

Perdóname, Señor. Cuando destruya
las ansias que me clavan en el suelo,
entonces iré a Ti sin rebeldía.



Poema Oficios De La Muerte de Ana Emilia Lahitte



La veo
trabajar en cal pensante
como si su lujuria de tinieblas le permitiese
inscribir en tierra todos los nombres
de la soledad.

Pero aún no pudo enterrar
mi sombra.

Tampoco
la ración de sangre sola
que cada muerto cava en humildad.



Poema Olas Gigantes Que Os Rompéis Bramando de Gustavo Adolfo Bécquer



en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!



Poema Oídlo: Esta Es Mi Voz de Alvaro Menen Desleal



Oídlo: esta es mi voz y este es mi acento
y es esta su más casta vestidura.
Esta es mi voz que se fugó en el viento
de los fieles cristales de su altura.

Esta la voz que me inspiró el acento
para ser un Quijote en la aventura:
en su aliento prospera el sentimiento
de que es cielo esta gris arquitectura.

Esta la que en mis júbilos sencillos
ha derribado todos sus castillos
para ver una nueva dimensión;

La que canta mis dichas y mis duelos
y os da, para alegrar vuestros desvelos,
el vino de mi rojo corazón.



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