poemas vida obra o

Poema Oír A Bach de Cristina Peri Rossi



Oír a Bach
es un insulto
si por mi puerta entran
los más diversos crímenes de la Historia
las más famosas infamias
la desgracia de mi madre
y este amor
que se cae como un espejo
tumbado por el viento.



Poema Otra Vez de Concha Lagos



Otra vez a soñar desde el oscuro
imposible por qué, mano tendida,
intentando apresar amor y vida,
fijarle a lo inseguro lo seguro.

Otras veces cabalgando hacia tu muro,
soledad que me tiras de la brida,
seguidora incansable de mi huida,
vencedora en la lucha en que perduro.

Otra vez a mirar arena y cielo
en tu playa sin fin siempre desnuda,
bebiéndome el silencio que te nombra.

Otra vez como ayer perdido el vuelo
por el salto hacia atrás de miedo y duda,
seguida y seguidora de tu sombra.



Poema Otoño de Claribel Alegria



Has entrado al otoño
me dijiste
y me sentí temblar
hoja encendida
que se aferra a su tallo
que se obstina
que es párpado amarillo
y luz de vela
danza de vida
y muerte
claridad suspendida
en el eterno instante
del presente.



Poema Otro de Cintio Vitier



Nunca estoy conmigo. Otro.

El otro, por dentro, afuera,
entre, despertando olvido.

Voy y vengo, descompuesto,
juguete de imán profundo, niño.

Otro. Nunca estamos juntos.



Poema Oculto de Cintio Vitier



Oculto he sido y acunado por el mar
cual si estuviera mi madre en otro iris,
alhaja inmóvil de tristeza para el sol, que anocheciendo
los fríos tulipanes del traspatio, me rodeaba
de amargo alero al mediodía. Sin voz purpúreamente
los muros y los lunes otorgáronme una pálida provincia
donde franquear el cuerpo que desgasto, y en las noches
de junio
el barco al desoírme completa mi distancia,
hunde su maquinaria en mí cual la mejor estrella.
Oculto, sí, pero en losas y camastros
poniendo la ventura de morirme junto a voces,
salvando la baranda de amatista al escampar, y la
bandurria
que llega, sorda, en imposibles ráfagas al mundo.



Poema Olvido Necesario de César Antonio Molina



Lugares que me guardan de un olvido necesario.
Palmeras, geranios, sauces que suspiran sobre la
Los días como el óxido que anilla rapaces sobre
Nunca estuve más unido, más próximo a aquella higuera que planté,
ahora que flota en las olas, libre de puntales.
Recuerdo estos caminos dejados en el abandone
las piedras heridas por un desierto de azabache,
tan negras como mi corazón.
¡Ah, qué paisajes se te han escapado!
Y todo se cubre de imágenes que anhelan ser res
El faro convoca a la tormenta, la ilumina,
la convierte en sonoro instrumento, la reverbera
y alza su breve fuego sin memoria
como la luz que, desde el pasado,
ilumina a los cargueros chorreantes de espumas
Lugares que me protegen de un olvido necesario
del sueño sobre el musgo, mientras se abren las sol,
de las alertas en las murallas,
del resbalar del caballo sobre la blanca sal,
del afilado dedo que desgaja otro gajo
en la tibia alcoba de brocado.
En la oscuridad del pabellón solitario
arden las hojas y las plumas de las aves
que se pierden en el bosque de la noche.
Lugares que me guardan de todos los regresos.
¡Una ausencia te hace!
¡Una ausencia te deshace!
Y en el barco que atraviesa filos de agua,
los perros sólo comen carne fresca.
Lugares que me guardan de un olvido necesario.
Insepulto en la pira de los astros,
nunca tan altivo como a la hora del hundimiento.
Y en el denso silencio nocturno, el leve ruido de tijeras
rasgando los cordajes de trampas para huir.



Poema ¡oh, Cuál Te Adoro! de Carolina Coronado



¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco, apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se encuentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando mi amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.



Poema Oscuro de Carmen Gonzalez Huguet



«La noche viene de la noche.
Todo lo ciega en sus pupilas…»

José Roberto Cea

I

Oscuro como el fuego, oscuro, oscuro:
Derramada en la noche tu hermosura,
como una larga llamarada oscura,
como un vuelo de cuervo, hostil y duro.

Sombrío, triste, anónimo, inseguro.
Tu beso, una pavesa de amargura.
Tu tacto, placentera quemadura,
río nocturno, insomne, largo, impuro.

No hay más que ángulo cruel, constante olvido,
rosa amarga, obstinada y defendida
distancia y más distancia, mar herido,

perdido entre tu espuma dividida.
Y yo, que aún no conozco otros agravios
peores que los besos de tus labios.

II

No hay otro sol, no hay otra luz fecunda.
No hay caricia, ni beso, ni mirada,
ni perfume, ni dicha saboreada,
ni plenitud de vida furibunda

como esta luz que a veces nos inunda
el alma con su herida enamorada,
y nos entrega música callada
y con oscuras luces nos circunda.

No hay misterio más alto y cotidiano
que seguir habitando este destino,
confundida en tu aliento y en tu mano;

pero a solas andando mi camino:
No aprisiona la mar ninguna ola,
y la brisa es más libre porque es sola.

III

Tierno recinto nuestro, defendido,
donde dulce abandono se apodera
de la ternura abierta, sin frontera,
y nos vuelve momento estremecido.

Eterniza al segundo y, al sonido,
vuélvelo voz, certeza a la quimera,
árbol a la semilla, primavera
perenne a nuestro invierno más temido.

Déjame ser voluble y permanente,
agua vestida de quemante fuego,
desierto de cosecha floreciente,

llanto feliz, clamor lúcido y ciego
para que pueda así sufrir sonriente
por igual con tu amor y tu despego.



Poema Oficio De Mujer de Carmen Gonzalez Huguet



«Tú miras. Desde lejos
ves el dulce universo que diriges.
Y mis labios perplejos
con tanta vida afliges,
y entre todo temblor, mi pecho eliges»

Sara de Ibáñez

I

Este amor que construyo en tu alabanza
y que habita en tu casa de rumores
no nada en oropeles, ni esplendores,
mas resiste lo adverso y la mudanza.

Profecía de ayer, fiel esperanza
de un futuro que siembres y enamores,
va pintando contigo de colores
un horizonte de durable alianza.

Déjame estar en ti como la brisa
mueve la entraña plácida del aire,
desatando su transparente risa.

Quiero ser parte del feliz donaire
con que exigimos juntos a la vida
que nos restañe la ilusión herida.

II

En tu ser me desato, me ilumino,
me vuelvo transparente, puro gozo.
En ti, mi desnudez en que destrozo
prisión de siglos vuélvese camino.

En ti, de modo nuevo me imagino:
Sin lastres, sin rubores, sin embozo.
Tan sólo esta alegría, este alborozo
de revestir mi piel de aroma y trino.

Regálame la túnica durable
de tu caricia dulce repetida
y tu palabra cálida y amable,

que si voy de ternura revestida
no temeré dolor inexorable
que aceche mi esperanza defendida.

III

Del territorio amargo del quebranto
y la sal prolongada en cada ausencia;
de la sed desolada y de su urgencia,
vine al país de tu gozoso canto.

Y en él he despertado al viejo encanto
que renueva su magia y su insistencia
en el simple saber de tu existencia
que me compensa del dolor y el llanto.

Si para abandonarme a la ternura
del breve paraíso de tu mano
el tormento sufrí de la amargura

fue para derrotar al inhumano
sino que me negara la dulzura
de vivirte conmigo cotidiano.

IV

Desde tus manos cada nueva aurora
me amanece en el pecho hecha caricia
y abrazo diariamente la delicia
de tu ser que en mi entraña se demora.

¡Quién pudiera vivir hora tras hora
atada a la pasión y a su sevicia
y ser llama del fuego que desquicia
la razón que sus penas enamora!

Porque en ti se resume mi contento,
mi luz, mi paz, la mano que sostiene
mi hambre de ti y su puntual sustento.

No hay en ti sombra. Si la noche viene
encontrará fundida con tu aliento
mi boca que en tu beso se entretiene.



Poema Ofrecimiento de Carmen Conde Abellan



Acércate.
Junto a la noche te espero.

Nádame.
Fuentes profundas y frías
avivan mi corriente.

Mira qué puras son mis charcas.
¡Qué gozo el de mi yelo!



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