poemas vida obra n

Poema Ni Abrigo Ni Techo Ni Esperanza de Alfredo Lavergne



Los emigrantes son actores que abandonan
Su memoria viva Su himno universal Su fiesta
Los robots Las turbinas Los motores
Su modernidad Su diversidad Su excelencia
Y otras dosis de energía
En las veredas públicas de la cultura
O en los caminos de los propietarios de la estructura
De los rompecielos.



Poema Narcissus de Leonard Cohen



No conoces a nadie
Conoces algunas calles
colinas,verjas, restaurantes
Las camareras han cambiado

No me conoces
Yo estoy feliz con el otoño
las hojas las faldas rojas
todo en movimiento

Pasé junto a ti en una pared de mármol
algún nuevo banco
Sangrabas por la boca
Ni siquiera sabías en qué estación estábamos

* *



Poema Nunca Aprendemos de Alfredo Buxán



Porque el instante es todo, el beso
que se da es un lento disturbio,
un fantasma de ceniza:
si supiera durar sería fuego.

Anega en un frescor inesperado
la pasión de los amantes,
su ciega soledad.
Se disuelve sin más
y se nos muere
contra la fría losa de los labios.



Poema Nocturno de Alfonso Quijada Urias



Anoche un grillo se metió en mi cabeza y me trajeron a este hospital de Main street.
Necesito una lap, una lap para sacarme este ruido del seso.
Tengo vendada la cabeza, un pie torcido, un ojo que busca al otro ojo con obsesiva crueldad.
La enfermera me pega con sus duras tenazas en el rostro.
Necesito ocho manos para decirte todo esto. Este hospital es /un infierno y Naus /compañeros de Ulises,
atención pobres sirenas: traen de los mares lejanos la tristeza y /el Sida.
Estoy loco, con la cabeza rebanada. El trépano caló hondo en /busca de la piedra
o del grillo que allí encontró su fundamento, la base de /su dudosa, secreta identidad.
¿De dónde vienen esos gritos? ¿Ese rezo en la noche, /las lenguas y las llamas?
Víctima de la docta polilla te debates en las necias corrientes de un discurso que ya no encuentra curso entre las aguas.
Anda de caspa caída la razón, vuelta risa la ciencia espulga
/cada piojo.
Un ojo infinito te mira cuando absorto contemplas una
/hormiga y en ella al hormiguero.
Es el ojo el que duele al saber que toda la culpa se
origina en el pie.
Perdí primero mi sombra, el nombre después. He terminado en
/nada, silencio, vacío.
Sólo es real la neblina, la blanca cornea de la mirada esquiva.
Un alacrán vengativo es el mejor aliciente
/para ponerte de pie
y echarte andar sobre la nieve o el desierto y escribir con tus
huellas tu epitafio.
Gritas. En todas las celdas de este panal en llamas celebran tu
aullido,
la parábola ambigua de la eterna caída, propiciada por
/aquella noche de angustia religiosa.
Tres golpes sonaron en la puerta. Era Dios disfrazado
de celador de la luz.
Uno puede apagar la angustia metafísica ¿Pero cómo se apaga
/la otra? El caos, he visto el caos, nadie que no
haya visto una ciudad ardiendo,
puede imaginarse el caos. Lo que queda del caos en una mente enferma.
Anoche un grillo se metió en mi cabeza y me trajeron a este /hospital de Main street. Necesito una lap, una lap
para sacarme todo el ruido del seso.



Poema Noche Con Alas de Alfonso Calderon



¿Quién se acerca
a los designios del labio?
¿Quién desnuda tus manos
en un brillar de venas?

Y al fin de la noche,
¿qué misterio párpado
Vio ocultarse la última estrella
tras el límite de tus ojos?



Poema No Hay Instantes Solos de Alfonso Calderon



La noche comprende esa música total
de la boca creciendo en el tiempo.

Por eso,
nunca estamos solos,
corazones ignorados,
porque siempre una estrella nace en círculos
deslizándose en la geometría de las manos,
y la noche nos ubica como la sangre perdida
que la pupila no entiende.



Poema Nada O Los Dioses de Juan Cobos Wilkins



Tendrás que decidirte.

¿Y si el príncipe entre ser o no ser elige «o»?

Algún día tendrás que decidirte.

Los recuerdos dispuestos para cera y alfiler de vudú, eso
o la nada: la nada o el presentimiento de quien se lava las manos, se enjabona
con la roja pastilla de su propio resbaladizo corazón: el corazón
grabado en el árbol, su flecha o la manzana sorprendida por un gusano de oro:
veneno, amor. Y muerte y fruta
que en la más alta rama de ese tronco
tatuado a punta de navaja adolescente desafía la gravedad, reta
al soberbio desnudo del primer pecado o paraíso.

Los recuerdos, la nada, el corazón, veneno,
amor, eso o los dioses.
Los complicados dioses del dios que al hundirse la tarde despliega
sus grandes alas blancas sobre las aguas igual que un salvador nenúfar,
flotar
para luego estrellarse
contra el silencioso y excitado iceberg de su pecho.
Naufragio o mares
que en verano reciben los cuerpos con el ansia
sagrada, con el mismo antropófago misterio de la transubstanciación.

Tendrás que decidirte.
La noche, Rimbaud
o Emily Dickinson, turquesa y devorado, o la noche
entera de la luz encendida en lectura, en poemas,
para que no arroje el insomnio su fantasma, su pañuelo blanco de muerte
sobre el rostro, para que las islas de nunca jamás salgan volando
igual que una bandada de cometas huidas y, al fin,
una cabeza se recline en tu hombro como si fuera el viento
suave que tumbase los trigos.
El humo de los trenes, el humo de los barcos, los muelles, el andén,
las estaciones… los ojos de ese niño
solo tras el cristal de un autobús, su brillo
húmedo que desmiente la sonrisa que dedica a sus padres.
O el disparo
redondo de una O antes del alba y tu propia cabeza
caída:
caída como el cuello roto de un cisne que era un dios,
una media de seda posada en tu clavícula. Tendrás
que decidirte:
la O es el nido obscuro
donde un caníbal sueña con Rimbaud
pero se tiende bajo el peso del esqueleto ingrávido de un ángel.
Tendrás que decidirte:
no hay
vivisección posible
sin sangre salpicada de polen sobre el mármol, y aún
menos cuando son las vocales brillantes insectos de colores metálicos
que entran por la herida del costado abierto del poema. Nadie
elige entre la lluvia en el patio vacío
del colegio y la lluvia
en las hojas antiguas de las aspidistras, nadie escoge
de los invertebrados la pequeña luminiscencia que podría salvarnos. Optar
es desprenderse de un brazo como de un largo guante malva.
Amontonar besos igual que un hormiguero de arenisca. Fingir
que la nostalgia no te va cubriendo de clorofila
y una dulce ondulación verde es ya la espalda, y pesa.

Juego infantil, cruel: o esto
o nada
. Esto
o el tiempo en que la espuma de afeitar
era sólo un perro rabioso, el mendigo
del papel de plata con aquella pregunta
sonando como una moneda siempre en su boca, a quién
quieres tú más.

Y quieres más azul, más violencia, más rayas en la cebra y más colores
en sus rayas, quieres una doble orilla en donde cada ola
pueda dejar su propio ahogado, y llevarse
mar adentro la sombra, ya como piel mudada, vacía de ese ahogado.
Quieres volcar el tintero y regresar al último pupitre
donde los ciervos, los leones, las águilas… todas las fieras de la selva
continúan en los cuadernos amarillos aprendiendo
todavía a multiplicar. Quieres la huelga de los mineros secundada
por la Vía Láctea, el peine que deja los cabellos
salpicados de pequeñas interrogaciones
como fosforescentes caballitos de mar, quieres la tímida
pólvora de Emily Dickinson para que el guerrillero cargue su fusil.

Desasosiego, asombro de la O en su horca o su sexo.

Y quieres
para abrazar, para escribir
cartas a los amigos, huellas dactilares que impriman
la aurora boreal, para rozar la mejilla hermosa, cansada, de tu madre ,
quisieras, como antes de entrar al cine, la tibieza
en las manos del mágico cartucho humeante de castañas.

Decidir no es temer. Amar no es decidir.

Sea, si tanto quieres, el misterio
de ambas: disyunción y a la par, al tiempo, analogía: sea
escritura o paraíso, nada
o los dioses.

De «Escritura o paraíso» 1998



Poema Naufragio Inconcluso de Alejandra Pizarnik



Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas de mis
ojos, esta pequeña historia de amor que se cierra como un
abanico que abierto mostraba a la bella alucinada: la más
desnuda del bosque en el silencio musical de los abrazos.



Poema Ni Eterno Ni Temporal de René Char



¡El trigo verde en una tierra que todavía no ha sudado, que no ha
hecho más que tiritar! A distancia feliz de los soles precipitados
de los fines de la vida. Rasante bajo la larga noche. Saciado de agua
encima de su luminoso color. Como guardia y viático dos puñales
de cabecera: la alondra, el pájaro que se posa, el cuervo, el espíritu
que se graba.

Versión de Jorge Riechmann



Poema Noche de Alan Mills



cuánta luz tragan las horas

en mí el llanto
de las criaturas perdidas

respirar en un insomnio
que haga de los huesos un cálido refugio

negro es el plasma de la noche
mucha la tierra que aparta a los enterrados

qué ser si no memoria
en este caos sin resguardo
del sol vivo quemante de la sangre

o la aventura del mal
o el amargo fondo de los ceniceros

la penumbra devela el origen
el nacimiento de algo antes muerto
que escapa por las rendijas de los siglos

pienso una palabra
al unísono mueren miles de hombres

nace de la muerte este susurro
que mojará los caminos de la carne



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