poemas vida obra n

Poema No Pienses En Mañana de Claribel Alegria



No pienses en mañana
ni me hagas promesas
ni tú serás el mismo
ni yo estaré presente.
Vivamos juntos la cima de este amor
sin engaños
sin miedo
transparentes.



Poema No Nada de Clara Fernández Moreno



no hablé
no escribí
no dibujé en mi cuerpo
no entré al río
no le dije te quiero
no miré los sicomoros
hace tanto que nada

en la ventisca de la vida
un día besaste mi mano
hace tanto



Poema Noche De Rosario de Cintio Vitier



Intentemos
lo inaudito, la derrota,
la arrebatadora, serenísima
catástrofe
de lo que no puede ser.

El ser de aquella noche
más allá de las imágenes,
en la carne viva de si misma,
añora equivalencias
que no están ni en mis poderes más recónditos.

No están, pero no estar es algo
semejante a los ojos más vehementes,
como los de aquella delicada,
con realeza joven,
grave judía en qué espinares.

Atacar por una
de las figuras de la noche
con la precipitación del mar, alivia
el desértico fuego de que no
hay senda para llegar a ello.

¿Qué es ello, le pregunto al humo
a la candela, al sabio
sabor que se me va amargando
a la par que crece la ceniza,
marea en sí vistosa de algún oro?

Es sólo así, juntando puntas
de una incandescencia que sonríe
indescifrables bordes, como alcanzo
a divisar lo que no fue,
por las fervientes calles de Rosario.

Decir ¿qué es? Allí nacía
lo que conozco a borbotones
cuando la sed despierta su bebida,
el hambre su alimento,
la luz su fuego.

Eran jóvenes, sí, con el murmullo
de una conversación americana
en la noche del Sur, cosa que brilla
como la plata al fondo de la pena,
y ofrece copas, risas.

Risas, si esta palabra
pudiera deletrearse como estrellas
y masticarse como el pan
de la menesterosidad de aquellos
sentados a la mesa de las bodas.

Mesa, banquete, lujo
del ser cuando se reconoce
incapaz de conocerse, a punto
de lo saciado eterno en el efímero
resplandor de los comunicantes.

¿Efímeros, aquéllos? Las miradas
llegaron a ordenarse en una esquina
de una alta madrugada. Pocos
quedamos, fuimos, solos. Éramos
todos. No hubo ausentes.

Y ardía la promesa del pobre ser,
casi innombrable.



Poema Nada Serán Mis Palabras de Cintio Vitier



Nada serán mis palabras
si no encuentran otra boca
que las cante y las olvide
y las devuelva a la sombra.

Allí quizás amanezcan,
vagas ciudades ruinosas,
y a otros solos lleve el aire
la nostalgia de su aroma.

Nada será lo que soy
si en los otros no se apoya:
mi presencia en otro hombro,
mi esperanza en su congoja.

¡No me dejes amarrado,
demente, al ánima sola!
¡Mira que voy a mi infierno
si no hay pecho que me acoja!

El que pasa me sostenga,
la voz pueril sea mi roca,
en ellos soy, y con ellos
pediré misericordia.



Poema No Me Pidas de Cintio Vitier



No me pidas falsas
colaboraciones, juegos
del equívoco y la confusión:
pídeme que a mi ser
lo lleve hasta su sol sangrando.

No me pidas firmas,
fotos, créditos para un abominable
desarrollo de la doblez: pídeme
que estemos como hermanos
abriéndonos el corazón hasta la muerte.

No halagues mi vanidad, busca mi fuerza,
que es la tuya. No quieras, con tu delicadeza,
que me traicione. No simules
que vas a creer en mi simulación.
No hagamos otros mundo de mentiras.

Vamos a hacer un mundo de verdad, con la verdad partida
como un pan terrible para todos.

Es lo que yo siento que cada día me exige, implacablemente,
la Revolución.



Poema No Pondrás Nombre Al Fuego de Chantal Maillard



No medirás la llama
con palabras dictadas por la tribu,
no pondrás nombre al fuego,
no medirás su alcance.
Todas las llamas son el mismo fuego.
Mi cuerpo es una antorcha que alumbra los espantos
que la razón construye en sus tinieblas.
Hay que bajar al cuerpo, muy adentro,
tocar el centro ardiente, abrirlo y propagar
el gozo de la lava.
No importa en qué caderas,
en qué pecho resbale,
no importa la estatura, el sexo o la materia
pues todos caminamos sobre la misma pira.
No medirás la llama con palabras que encubren
los viejos sentimientos de los hombres.



Poema Nadie Me Cantará Como Te Canto de Ramón De Garcíasol



Nadie me cantará como te canto,
madre, con una llama que se enciende
en ti y en mi termina. Nadie entiende
la sangre de su fin y de mi llanto.

Yo no tengo semilla que me cante
en hijos de consuelo, salvadores,
por el tiempo y los hombres, labradores
que vuelvan a sembrar para adelante

la vida en criatura, y aún en pena,
pasajera, que luego se enardece
en la flor sin memoria ni condena

de la santa alegría. Aquí se apaga
el agua que se agota en sí, perece
sin salir a la mar que la propaga.



Poema Nací Descalza de Carolina Escobar Sarti



Mis primeros zapatos
eran desnudos
de niebla y estrellas
cosidos con agua de río.

NACÍ DESCALZA.
Descalza y húmeda
por si me olvidaba
de la huella.

Demasiado pronto
encerraron mis pies
y empecé a olvidar
el olor de la tierra.

Pero nací descalza
de alma sin zapatos
de zapatos sin correas
de correas sin nudo

desnuda.

Descalza y desnuda
para recordar
la huella.



Poema Nada Resta De Ti de Carolina Coronado



Nada resta de ti…, te hundió el abismo…,
te tragaron los monstruos de los mares…
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo.

Fácil de comprender, amante Alberto,
es que perdieras en el mar la vida,
mas no comprende el alma dolorida
cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.

Darnos la vida a mí y a ti la muerte;
darnos a ti la paz y a mí la guerra,
dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra
¡es la maldad más grande de la suerte!…



Poema Nocturno De Amor Y Muerte de Carmen Sanchez



La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Xavier Villaurrutia

Amémonos ahora,
es duro el tiempo de la espera,
vamos a hacer el trance más perfecto.

Ésta entre las demás horas es hermosa:
hoy tus ojos están humedecidos.

(Tú duermes y yo velo
para esconder tu sueño del ángel negro.)

Porque ya el aliento se desgasta
y tu sonrisa en respirar se apura
y porque el corazón,
cada que da un latido es uno menos,
líbrame de la muerte
jinete que cabalga
entre l alma y el tiempo.

Sálvame
en el humor de espliego
de los cuerpos,
en el gemido último
en la imaginería breve del deseo.

Sálvame
de la imposible vida
del delgado fantasma de la muerte
que avanza en nuestro lecho,
arrebata tus manos
y me dibuja,
resquebrajada, inerte
mientras la piel se entrega
y cae al suelo.

Nada hay como la prisa para amarse:
todo se olvida;
ven ahora y mientras en amor nos sepultamos
seamos inmortales
y simulemos que morimos luego.

Llega aquel ángel triste en sábanas cansadas
con grandes ojos a mirarnos luego:
amémonos ahora
(no es tan tarde).

Polvo que seremos
narrará nuestra historia
y este momento extremo
será uno más,
-el nuestro-
en la historia del cuerpo.



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