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Poema No Llevarás Luto Por Mi de Jorge Carrol



No llevarás luto por mi, Hija de Puta.

No estarás a mi lado cuando me llegue la hora.

No sentiré tu boca húmeda sobre mi frente y en algún lugar bien lejos, como siempre, te lamentaras de tu suerte y seguirás egoístamente en lo tuyo…

No llevarás luto por mi. Mas sin embargo sentirás, estoy seguro, un gusto amargo en tu boca dulce y tendrás ganas de llorar y no estaré junto a ti para consolarte.

Cuando yo muera Amor, vos no serás Nada.

Te inventé en un agujero negro, para morder el perfume de tu boca y no estar tan solo.



Poema Nada Nos Pertenece de Jorge Carrera Andrade



Cada día el mismo árbol rodeado
de su verde familia rumorosa.
Cada día el latir de un tiempo niño
que el péndulo mece en la sombra.

El río da sin prisa su naipe transparente.
El silencio camina a un inminente ruido.
Con sus deditos tiernos
la semilla desgarra sus pañales de lino.

Nadie sabe por qué existen los pájaros
ni tu tonel de vino, luna llena,
ni la amapola que se quema viva,
ni la mujer del arpa, dichosa prisionera.

Y hay que vestirse de agua, de dóciles tejidos,
de cosas invisibles y cordiales
y afeitarse con leves despojos de palomas,
de arcoiris y de ángeles.

Y lavar el escaso oro del día
contando sus pepitas cuando el poniente herido
quema todas sus naves y se acerca la noche
capitaneando sus oscuras tribus.

Entonces hablas, Cielo:
Tu alta ciudad nocturna se ilumina.
Tu muchedumbre con antorchas pasa
y en silencio nos mira.

Todas las formas vanas y terrestres:
El joven que cultiva una estatua en su lecho,
la mujer con sus dos corazones de pájaro,
la muerte clandestina disfrazada de insecto.

Cubres toda la tierra, hombre muerto, caído
como una rota jaula
o cascarón quebrado
o vivienda de cal de una monstruosa araña.

Los muertos son los monjes de la Orden
de los anacoretas subterráneos.
¿La muerte es la pobreza suma
o el reino original reconquistado?

Hombre nutrido de años y cuerpos de mujeres
cuando Dios te espolea te arrodillas
y sólo la memoria de las cosas
pone un calor ya inútil en tus manos vacías.



Poema Nueva Oración Por El Ebanista de Jorge Carrera Andrade



Tú, que ibas con tu padre carpintero
a la altura, Señor, a cortar abedules
y hacías con tus ojos
parpadear los mil ojos diminutos del hacha
y con tus tiernas manos llorar a las cortezas,
ten piedad por este hombre que hizo plana su vida
como una mesa humilde de madera olorosa.

No conoció del mundo
más que su casa, pobre barco en tierra,
y dio a su corazón la actitud de una silla
en espera de todos los cansancios.

Guía, Señor, sus pies por los bosques del cielo
y hazle encontrar sus muebles de madera
más adictos que perros que no enseñan los dientes
y olfatean los seres de la noche…
En tu celeste fábrica dale para sus manos
la garlopa del tiempo
y virtudes de nubes con aserrín de estrellas.



Poema Noticias De Una Mujer Cualquiera de Jorge Boccanera



entramos a la pieza casi sin conocernos

sus ojos eran pactos de ternura y violencia

yo la miraba todo el tiempo

habrá pensado en mi cansancio

habrá pensado -está borracho-

habrá pensado en irse pronto

habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos

sin dejar de mirarla

desde mi soledad hasta su boca

habrá pensado en enojarse

habrá pensado -no es un hombre-

habrá pensado ¿en qué quedamos?

habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue

desde mi boca hasta su adiós

y aún en el viaje de regreso

habrá pensado tantas cosas

habrá pensado tantas cosas



Poema Noche De Agosto de Jordi Doce



Bajo la tela de la noche
y sus linternas diminutas.
La puerta abierta.
La remetida claridad del cuarto
tras las ventanas.
La humedad en reposo de la tierra.
Y el ruido de unos pasos en la grava
que anuncian tu llegada,
tu saludo abstraído,
tu calor.

Imaginé esta escena alguna vez,
antes de conocerte:
hueco en el aire del deseo
que tú ocupaste.

¿O fue, tal vez,
que tú la imaginaste para mí,
que me diste tu anhelo antes de hallarnos
para arrimar a su temblor
la común extensión de nuestras vidas?



Poema Naces De Nuevo de Johanna Godoy



A Roque Dalton

Naces de nuevo
entre mis piernas
Vienes a buscarte
a escarbarte
real
verdadero
entre ellas
Te elevas
sobre la pequeñez
de tu diaria miseria
para hacerte
inmortal

Saldré a la calle
Y me arrancaré el corazón
Saldré
Sacrificaré tu sol

Saldré a reconocer caras
A visitar tumbas
A horrorizarme de la marea
Que grita y se desgarra

Me descubriré los brazos
Que el viento nunca tocó
El cielo renovará su canto
De sudor llanto y traición
Quebraré el maquillaje
Llamaré a la oscuridad
¡que caiga sobre nosotros¡
porque murió el sol



Poema New México de Jesús J. Barquet



Aquí vislumbro campo, y viviré.
José Martí

He venido a quedarme detenido,
fijo en el aire, que no pasa,
en un espacio donde no me reconozco
sino por negación.

Esas montañas
no serán nunca los Andes, esas arenas
nunca serán el Sahara, ese río
aunque sucio también y mal interpretado
jamás será el Almendares*, ni yo
– este lugar que constituye mi cuerpo –
podrá hacerme ser aquí
el que una vez era.

Algo
que hoy sólo puedo concebir como un viaje
por mares y ciudades e historias
me ha depositado aquí sin yo haberlo esperado,
en un aquí que únicamente me afirma
por negación.

*Río pequeño en La Habana



Poema Naturaleza Muerta de Jesús J. Barquet



(con mango, uvas, piña, mamey y plátano)

Hay sol, no maduro aún
pero desplegando seguro infinitudes
venideras. En la torpe mesa del hombre
el sol, con manchas tercas
presagiando su sabor.

Está el noble rosario vegetal aún no morado,
sola su hermosa hermandad en tanto ruego
humano por vivir. Están finísimas, perfectas,
similares en la virtud del bien, en la alegría
del Buen Degustador.

Está orgullosa en su trono la reina convencional.
Capa y espuelas le lucen siempre. Fuerte escozor
deja siempre en la voz del hombre que la pronuncia.
Descanse pues su grandeza solitaria,
nunca cariciosa.

Está también la sangre de los hombres más puros.
Oval parece porque ha ido ocultando
su negro mineral, su magro instinto.
Oscura parece porque allá se nos fue
la sangre del instinto, el instinto de la sangre.

Precisa la atención: dormido se despliega,
callado se enmudece su ternura. Le cubre
un caracol de tiempo irreversible, hasta que
estalla su sueño en la gruta compañera.
Ahora, ¡silencio!, reposa.

Sostiénelos un cristal nuevo, un arrebato
de la mejor transparencia
que el hombre haya padecido alguna vez.
Sobre la mesa, en flor o muerta,
alguien contempla su inmanencia.



Poema Nocturno de Jaime Torres Bodet



1
Cierra, punto final, única estrella
del firmamento claro todavía,
la estrofa de silencio de este día
en que tu voz, por tácita, descuella.

Desde el alba lo azul te prometía,
última gota en ignición tan bella
que sólo ardiendo -como el lacre- sella
y sólo sella al tiempo que se enfría.

Ser el adiós que un cielo sin querella
igual que tú mi espíritu quería
y que, como tu luz, la Poesía

cristalizara en mí, diáfana estrella,
más transparente cuanto más sombría
fuese la oscuridad en torno de ella.

2
Principia, pues, aquí, tu obra futura,
Noche, y con lengua libre de falacia
explícame la edad, el sol, la acacia,
el río, el viento, el musgo, la escultura…

De los colores adjetivos cura
esta instantánea flor, póstuma gracia
de un idioma que fue -con pertinacia-
retórica guirnalda a la hermosura.

Brújula sin piedad, tiniebla pura,
orienta, Noche, mis sentidos hacia
las torres de tu intrépida estructura

y deja que, en racimos de luz dura,
se apague esta inquietud que nada sacia
sino el error de ser tiempo figura.

3
Tiempo y figura fuí, mientras la esquiva
curiosidad de ser distinto en cada
minuto de la frívola jornada
arrojaba mi anhelo a la deriva.

Tiempo y figura: cólera pasiva,
impaciencia de luz en llamarada,
alma a todos los cauces derramada
y, aunque a ninguno fiel, siempre cautiva.

Pero de pronto, ¡ay!, conciencia armada,
coraza de amazona pensativa,
toco de nuevo, en bronce, tu alborada,

¡y descubro por fin que la hora ansiada
estaba en mí, pretérita y furtiva,
y, al oírla sonar, siento mi nada!

4
Hecho de nada soy, por nada aliento;
nada es mi ser y nada mi sentido
y, muerto, no seré más qúe al oído
un roce de hojas muertas en el viento…

A nada me negué. De nada exento
-pasión, fiebre o virtud- he persistido
y de esa misma nada envejecido
sombra de sombras es mi pensamiento.

Pero si nada di, nada he pedido
y, si de nada soy, a nada intento;
espectador no más de lo que he sido.

Como inventé el nacer, la muerte invento
y, sin otro epitafio que el olvido,
a la nada me erijo en monumento.



Poema Nunca de Jaime Torres Bodet



Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas…

Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente,
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia
hobre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar su vida!



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