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Poema No Amarse Ahora, Pero Haber Amado de Julia Prilutzky



NO AMARSE AHORA, PERO HABER AMADO

No amarse ahora, pero haber amado.
Y encontrarse otra vez… Recuerdo grave
como el de alguna flor de aroma suave
que se mustia en un libro ya olvidado.

Va surgiendo el recuerdo desvelado:
una palabra, un gesto… Es una clave
que nadie descifró, que nadie sabe;
recinto nuestro, cántico inviolado.

Estamos en silencio, frente a frente.
Y sin verte, yo sé que me has mirado
con no sé qué recuerdo transparente

en los ojos lejanos… No has cambiado.
Y es dulce estarse así, indolentemente,
pero no amarse ya. Haberse amado.



Poema No De Este Modo de Julia Otxoa



No será desde luego
hundiendo el tenedor
en el corazón de las golondrinas
como nos alimentaremos de libertad.



Poema Nochebuena 1995 de Juana Rosa Pita



Hace ya tiempo que mi Nochebuena
perdió el precioso puesto de la infancia.
¿Cómo es que hoy de repente,
a pesar de que seas sol lejano,
surge en mi corazón de nuevo
como antiguo rompecabezas
rearmado por los ángeles?

Cierto que ya no está la extensa mesa
del patio con las plantas, fuente y peces.
Ni perdura mi abuelo presidiéndola
con su risa silvestre y ojos jade:
aquel franco alemán, enamorado
más allá de la vida de mi abuela,
que a medianoche nos hacía beber
vino caliente
cual si La Habana en nieves tiritara
como la Selva Negra entonces
y hoy los Montes Pisanos.

En el valle de exilios que es Miami,
mi padre y yo estamos solos
esta Noche, buena sin dudas para quien
porta amor en la palma de la mano.



Poema No Estás Conmigo de Juan Sánchez Peláez



No estás conmigo. Ignoro tu imagen. No pueblo tu gran olvido.
Pasarán los años. Un rapto sin control como la dicha
habrá en el sur.
Con la riqueza mágica del encuentro, vuelve hasta mí,
sube tu silencioso fervor,
tu súplica por los viajes,
tu noche y tu mediodía.

Apareces.

Tu órbita desafía toda distancia.

Entonces, para iluminar el presente, tú y yo acariciamos
la llaga de nuestro antiguo amor.

De «Animal de costumbre» 1959



Poema No Es Lo Mismo de Juan Ramón Mansilla



Un sueño: cargas cajas en un coche.
Otro más: peldaños que nos alejan y aproximan.
Un tercero: en algún lugar me abrazas
mientras dices ?tranquilo, tranquilo?.
¿Cuál de los tres inicia la secuencia?
Busco interpretarlos. Nada. Nada.
Tengo treinta y nueve años, muchas dudas
y no es lo mismo ir al adiós o al encuentro.
No, no es lo mismo.
Y, como ante un tren que no sé si parte
o regresa, dispongo sólo de un cuerpo
que arrojar a las vías
e interponer a su marcha.
Tranquila, tranquila: es nada más que una metáfora,
y éstas no buscan cumplirse
a diferencia de, a veces, los sueños.
A veces, no siempre.
Y no es lo mismo.



Poema Nevada de Juan Ramón Mansilla



Nieve. Toda la tarde ha nevado.

Empezó primero por manchar la verja,
la acera, las ventanas.
Ha cubierto después los rosales,
los peldaños, las macetas.
Una sucesión precisa, matemática casi,
como las migrañas en la tarde:
pulsos en las sienes, dolor, aplastamiento.
Hasta que un calmante lo droga
y quedo inmóvil como un móvil de Calder
antes de que lo agiten unas manos o el viento.

Cefalea, nevisca, muerte, ¿por qué se asocian
en un motivo del arte contemporáneo?
¿Por qué si estás, estoy completamente vivo?

Pero anochece y sigue nevando. Una nieve
ajena a la de la infancia, cuando
la habitación, el día no quedaban oscuros
y el blanco era el blanco, lento deshacer del tiempo.
No, esta nieve es otra. Nieve que aleja y separa,
oculta los caminos, borra las huellas, ahuyenta
los pájaros. Es el presagio, la contingencia terrible
de que mañana no estés.

Nieve. Desde tu ausencia sigue nevando.



Poema Nostalgia Grande de Juan Ramon Jimenez



Hojita verde con sol,
tú sintetizas mi afán;
afán de gozarlo todo,
de hacerme en todo inmortal.



Poema Noche Primera de Juan Pablo Riveros



Noche vasta y hermosa.

Ni Salomón
ni las joyerías más célebres de este mundo,
podrán lucir jamás una pedrería,
un vestido, un diamante más fino
que este movimiento de inútiles estrellas.

Constelaciones giratorias
danzan luminosas en torno a la Blancura
que, como un racimo de nieve,
pende de marítimos
soles galácticos:
Cruz del Sur, Hidra, Orión
titilan cerca de la Distancia Pura.

La confusión de este mundo,
la confusión de esta parte del mundo,
la confusión de esta aldea,
de estas gentes,
mi propia confusión.

Qué poco nos es menester.
Propietarios de la apariencia,
qué poco nos es menester.
Qué modo de dudar de lo Posible,
en el estrecho absoluto de la gana.

Qué soberbia confianza en lo útil,
en lo que importa nada,
en el afán que genera la indigencia
o la mera tristeza.

Qué manera de creer
en el Mercado libre de ataduras,
en ese desorden que impide llegar
hasta los bienes,
en el precio que no descansa en el valor,
en esta sórdida manera de ser ricos.

Qué modo de extraviarnos
en la mínima vastedad de la Nada,
de la Necesidad,
ese reino gris, Chestov,
destructor de toda inocencia,
creador de toda idolatría que sofoca
Lo Mejor, Lo Simple, Lo Más Puro Inútil
y que aniquila la gratuidad misma de esta noche.

Qué desperdicio esta noche, Merton.
este insorportable campamento de estrellas
gratis,
toda esta majada de ovejas.

Qué inútil este rebaño fuera de la ley,
tu orden cósmico, Heráclito, algo así
como desperdicios echados al voleo
que como faros inexorablemente lentos,
y sin prisa,
viajan hacia la sencillez del Universo.

Ulula el viento.

Y una nieve metafísica
obstruye mi tubo de respiración.



Poema Noche Polar Ii de Juan Pablo Riveros



La noche,
como finísimo granado,
madura en la lejana nieve azul.

Como niña perdida en los parques,
la noche canta con sus marineros a bordo del mundo.

Y un enigma de astros
corea la arquitectura sideral.



Poema Nieve Ix de Juan Pablo Riveros



La nieve con su frágil geografía,
sus suaves formas
y sus terribles miradas mitológicas.
Con sus estalactitas de aliento congelado,
sus cuernos, sus fauces,
sus barbas de chivo trágico
y sus alas de ávido halcón helado.

Es la nieve sobre los vastos desiertos
de las cacerías y hogueras contemporáneas.
La nieve con sus formas ofidias,
su caligrafía de estrellas,
sus divinidades egipcias,
sus babilónicos templos.

Y esa galería de nevazones prehistóricas
en las finas gargantas de estalagmitas oscuras.
Nieve de las Furias, del anhelo,
del encarnado arrepentimiento.

Vastas marejadas de sastrugis,
como jauría de perros gélidos
sorprendidos en medio de sus ladridos,
en medio de sus hambres.
La nieve con sus manadas de orangutanes blancos
en la soledad de los tiempos,
husmeando el primer paso,
la primera lágrima aterida.

Es la nieve de la Tribu Humana,
la memoria congelada de la historia
sobre todos los campamentos del mundo.

Desde la Gran Barrera,
una camada de leones blancos
otea Occidente.



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