poemas vida obra n

Poema No Deja De Llover de Julio Martínez Mesanza



No deja de llover sobre las ruinas
que rodean mi casa, vieja y pobre,
aislada en medio de este descampado.
No llueve igual más lejos, en los huertos
que nunca pisaré, ni en las ciudades
que conservan indemnes sus iglesias;
pero sí en las trincheras, en los fosos,
en los taludes donde fui soldado.
Y llueve igual que aquella amarga noche,
mientras pasaba la segunda hora
del frío turno que precede al alba,
la hora en que los vigías se abandonan
a las ensoñaciones y en que el miedo
y con él la atención desaparecen.



Poema No Llores, América…(ii) de Julio Llinás



Telemacus
Desde la isla de pájaros de lentes
y corbata de lazo,
la tonta dama francesa de cincuenta
metros
gobierna la ciudad de bocadillos de
pastrami
y coca cola
en los carteles de Times Square.

Sin vagabundos o putas no hay
ciudad,
dice Telemacus Malone, que nutre
las palomas
con veneno para ratas.
Ha sobornado a un oficial de policía
que le permite el juego
y hace la vista gorda ante el rimero
de palomas muertas.

Esto es Nueva York,
fornicador de tu madre,
dice Malone arrobado.
Aquí se puede vivir con poca cosa
y ser feliz con casi nada. Mírame
a mí sino,
jodido pálido.

Telemacus murió una madrugada
congelado,
cobijado en sus cartones y sus
plumas de paloma.

Walt Whitman
¡Oh mayordomo
de los campos
de cristal y acero,
jinete de mulatos,
enlazador de niños!

¡Basta de torpes
disfraces y tonadas
para flauta
subiendo y bajando
por los tensores
del puente
como una comadreja
perseguida por Dios!
Fascinante profeta, día del fin,
estás herido de verguenza
y bien lo sabes;
muchas jornadas se han ido
con la nieve, la vieja nieve negra
de las alcantarillas,
todo lo sabes de tí mismo,
y de los otros fantasmas
de las rocosas calles,
y de los grandes vientos,
y del marinero

recién degollado.

Eres la América que crece
en el silencio,
gran viejo no viril,
tu larga barba de amores apretados
por efebos sin raza,
la vieja culpa de tu sexo
atravesado por la aguja
que denunció Federico
y la bufanda de tu barba
conquistando el mundo.



Poema No Llores, América… de Julio Llinás



No llores, América
No llores, América, no llores
por la sangre vertida en las
esquinas
del Sur, no llores por los hijos
de tus mercenarios, no llores
por tus bombas, tus cohetes,
tu napalm,
tus viajes a la luna, tus calles
de navaja,
tus dólares amargos, tus negros
de precinto
con sus bastones relucientes como
krugers
golpeando a sus hermanos de
algodón,
no llores por los amos de Wall
Street,
su polvo del mejor, sus trajes bien
cortados,
sus tiradores de pelo de gacela,
no llores América, no llores,
tu atronadora voz es la más bella
entre los tules del sol,
no llores, dueña del mundo,
amada América, no llores,
irás al cielo cuando mueras,
tienes los ojos azules como Dios.



Poema Numen de Julio Herrera Y Reissig



Mefistófela divina,
miasma de fulguración,
aromática infección
de una fístula divina…
¡Fedra, Molocha, Caína,
cómo tu filtro me supo!
¡A ti – ¡Santo Dios! – te cupo
ser astro de mi desdoro;
yo te abomino y te adoro
y de rodillas te escupo!

Acude a mi desventura
con tu electrosis de té,
en la luna de Astarté
que auspicia tu desventura…
Vértigo de asambladura
y amapola de sadismo:
¡yo sumaré a tu guarismo
unitario de Gusana
la equis de mi Nirvana
y el cero de mi ostracismo!

Carie sórdida y uremia,
felina de blando arrimo,
intoxícame en tu mimo
entre dulzuras de uremia…
Blande tu invicta blasfemia
que es una garra pulida,
y sórbeme por la herida
sediciosa del pecado,
como un pulpo delicado,
«¡muerte a muerte y vida a vida!»

Clávame en tus fulgurantes
y fieros ojos de elipsis
y bruña el Apocalipsis
sus músicas fulgurantes…
¡Nunca! ¡Jamás! ¡Siempre! ¡Y Antes!
¡Ven, antropófaga y diestra,
Escorpiona y Clitemnestra!
¡Pasa sobre mis arrobos
como un huracán de lobos
en una noche siniestra!
¡Yo te excomulgo, Ananké!

Tu sombra de Melisendra
irrita la escolopendra
sinuosa de mi ananké…
eres hidra en Salomé,
en Brenda panteón de bruma,
tempestad blanca en Satzuma,
en Semíramis carcoma,
danza de vientre en Sodoma
y páramo en Olaluma!

Por tu amable y circunspecta
perfidia y tu desparpajo,
hielo mi cuello en el tajo
de tu traición circunspecta…
¡Y juro, por la selecta
ciencia de tus artimañas,
que irá con tus risas hurañas
hacia tu esplín cuando muera,
mi galante calavera
a morderte las entrañas!



Poema Nirvana Crepuscular de Julio Herrera Y Reissig



Con su veste en color de serpentina,
reía la voluble Primavera…
Un billón de luciérnagas de fina
esmeralda, rayaba la pradera.

Bajo un aire fugaz de muselina,
todo se idealizaba, cual si fuera
el vago panorama, la divina
materialización de una quimera…

En consustaciación con aquel bello
nirvana gris de la Naturaleza,
te inanimaste… Una ideal pereza

mimó tu rostro de incitante vello,
y al son de mis suspiros, tu cabeza
durmióse como un pájaro en mi cuello!…



Poema Neurastenia de Julio Herrera Y Reissig



Le spectre de la realité traverse ma pensée
Víctor Hugo

Huraño el bosque muge su rezongo,
y los ecos, llevando algún reproche,
hacen rodar su carrasqueño coche
y hablan la lengua de un extraño Congo.

Con la expresión estúpida de un hongo,
clavado en la ignorancia de la noche,
muere la Luna. El humo hace un fantoche
de pies de sátiro y sombrero oblongo.

¡Híncate! Voy a celebrar la misa.
Bajo la azul genuflexión de Urano
adoraré cual hostia tu camisa:

«¡Oh, tus botas, los guantes, el corpiño…!»
Tu seno expresará sobre mi mano
la metempsícosis de un astro niño.



Poema No Me Des Tregua de Julio Cortázar



No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tálame como un sílex, desespérame.



Poema Nocturno de Julio Cortázar



Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían y si esperaban verme.
En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria, lo batió alegremente en cuatro sets.
Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
a la ventana que tengo a mi espalda.



Poema Naufragios En La Isla (la Habana, 1967) de Julio Cortázar



DIOS DE LOS CUERPOS

…toma estos dardos que te aseguran el
dominio sobre todos…

Ovidio, Metamorfosis, V.

Eres el dios de los cuerpos, das y quitas la miel del abrazo más hondo,
gozas en nuestro grito, en el ascenso, paulatino a la delicia
para flotar después en el reposo,
medusa a medio sueño entre el agua y el sol.

Pero también esperas
en el verbo, eres entonces más temible,
te agazapas detrás de cada nombre, y cuando
regresa del olvido una palabra que decíamos
entre besos o lágrimas o Londres,
oh el más amargo de los amos, cómo clavas
tu dardo de infinitas espumas en mitad de mi vientre,
tus uñas de tortura en plena boca!

No puedo decir noche, decir lágrima,
echar al vuelo la paloma de su nombre en los tejados de París,
repetir su murmullo de colmena,
ser en sus dulces sílabas el viento y la campana,

porque también estás ahí con tus mastines y tus águilas,
única realidad de tanto olvido y tanto tiempo,
el amor con su risa de mármol contra el cielo,
su sexo cenital y su nocturna espalda.

*

El viaje fabuloso
inmóvil en el vértigo
tu pelo tus orejas

el viaje lancinante
las hélices del salto
el fragor del que caer
tu nuca tu garganta

el ancla remontando con sus algas su limo
la bocina en la niebla
tu espalda tu cintura



Poema Nunca Digas de Julio César Aguilar



Mano abierta, di, dime, dilo,
dícelo a tus dedos
que me exprimen desde muy adentro
toda la amorosa sangre;
dícelo a mis manos
-ay torrentes ciegos,
ya cauces sin agua,
siempre manantiales secos.

No, nunca lo digas, nunca digas
qué, quién, quién la volvió a cerrar.



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