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Poema La Escena Tan Temida… de Mercedes Roffé



La escena tan temida -finalmente- está teniendo lugar. Allí, siempre, del otro lado. No hay justicia poética. ¿Quién narra, si la hay? ¿O era éste el deseo? La expectativa ¿de qué audiencia? El soñador que sueña la pesadilla ¿qué se desea? Si toda la Comedia es sólo el andamiaje del carro de Beatrice, si el imperio de Adriano no es más que la medida del solipsismo suicida de un esclavo ¿será el desasosiego la vara que mide la liberación? ¿el sueño la medida de la luz que se hace al despertar? Descubrir que aquello que en la trama era el lugar de la sospecha, no era más que el recurso -el más flagrante- puesto allí para ocultar el resto del absurdo.

La escena tan temida sigue teniendo lugar. Irremisiblemente.

Tener miedo y saber, soñar y despertar no son actos puntuales.



Poema Visión Prismática… de Mercedes Roffé



Visión prismática, dividida, dispersa. Un no sostenerse en el lugar sino rodearlo y rodear el vacío que se deja.

Observación: un mantener viva la llama de una pura fe sin credo ni culto ni reliquia. Un mantenerse viva en la fe -un vacío.

Asíndeton. Aposición. La gramática como una anatomía. Teórica desnudez.



Poema Vio A Cristo… de Mercedes Roffé



Vio a Cristo amamantando a los perros. Vio un hueco en el lugar del corazón. Vio una parva de heno, una oreja de Dumbo, una cola de buey, un grano de sal gruesa, un hangar, un telescopio. Vio una batalla de ángeles y demonios en el fondo de la alberca. Y luego fue la lluvia, la lluvia. Enconada. Filosa. Intermitente. Las uñas de la Impaciencia tamborileando en la ventana. Los dientes de las horas farfullando el rosario del tedio.

(De: Memorial de agravios.
O de las cosas que han pasado en esta tierra)



Poema Tanteos En La Mar Violenta… de Mercedes Roffé



Tanteos en la mar violenta. Agitación. Un cierto envolvimiento de remolino o torrente. Depende de la dirección. Depende de si se podría siquiera hablar de dirección o de mejor deshacerse. ¿Indulgencia? ¿por qué no? Al menos insistir. Un acto de presencia, como tantos (tanteos en la mar). ¿Recuerdas? Un poco de historia. La arena, la guerra, la India… ¿oh, la mujer! El siglo, con atajos. No olvidemos que desde los hombros de los Padres…

En cuanto a las mareas: toma tu baldecito de lata y aspira hondo. Húndelo hasta el final. (Al principio, la boca te dará en la muñeca. No importa, sigue. Húndelo más. Como si enjuagaras las sábanas de tu ama la Desdicha. ¿O acaso algo ha cambiado?) Tira con fuerza. Ya está. Mira si no es tu cara. Y ahora no brinques o te perderás. No hables o te perderás. No atiendas al bramar de la tierra o te perderás. Es cuestión de ausentarse. Se trata

de fundar un vacío.



Poema La Metáfora Ha Muerto… de Mercedes Roffé



La metáfora ha muerto.

Nada se parece a nada.

La más mínima fracción de cada átomo absorbida en la tarea de cumplir su ínfimo mandamiento. Sostenerse en el ser, cada mañana, no importa qué. La anatomía exhausta del ciprés… La terquedad crispada de los pinos… El blanco inocuo del hielo en el dintel.

El orín del perro del vecino traza un surco en la nieve. Minúsculo. No menos

que todo lo demás. No menos

que esta arrebatada voluntad, la inanidad segura de este intento.



Poema Estática… de Mercedes Roffé



Estática. Una vibración o interferencia. Repetir. Repetir -el temor o el coraje. Lo que se sabe impronunciable, a no ser por la mirada. Un murmullo insistente, local, distinto, bien-perfilado. Una (im)posibilidad extenuante y extenuada. La gota horada la piedra, o la piedra el charco.

Alguien pinta un biombo con pájaros verdes, azules, crisantemos.

Alguien -otra, otro- transita el camino de la felicidad.





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