poemas vida obra luis alberto ambroggio




Poema Deadlines de Luis Alberto Ambroggio



El poema se escapa del horario
Porque es agua
Y crece con el viento.

Los amantes cargan un espejo
Con calcomanías
De lenguas ancladas.

Por fin el cielo descansa en la mar
Para que el sol y las estrellas
Se hablen gota a gota.



Poema Paisajes De Ee.uu. de Luis Alberto Ambroggio



Si cada ladrillo hablara;
Si cada puente hablara;
Si hablaran los parques, las plantas, las flores;
Si cada trozo de pavimento hablara,
Hablarían en Español.

Si las torres, los techos,
Los aires acondicionados hablaran;
Si hablaran las iglesias, los aeropuertos, las fábricas,
Hablarían en Español.

Si los sudores florecieran con un nombre,
Se llamarían González, García, Rodriguez o Peña.

Pero no pueden hablar.
Son manos, obras, cicatrices,
que por ahora callan.



Poema Nómada Del Silencio de Luis Alberto Ambroggio



A Hawad, voz del Tuareg

Pronto se acabarán los puentes.
Los ríos, los mares tragarán la tierra.
Mendigaremos, si acaso,
aire para los ojos
vientos para la mudez de las arenas.

Y qué puedo hacer yo con las mareas
con estas islas que son rocas oscuras
con las nubes que pasan desnutridas
volando grises cargadas de tristeza.

Y si todo llegara a ser un desierto
antes de marchar a las dunas,
nómada del silencio,
si Keats me oyera,
si aún el sabio Jefferson escuchara,
les gritaría
con el rumor obstinado del viento
?Prefiero escribir errante,
a escribir desesperado?.

Washington, DC. 2003



Poema Los Tres Esposos De La Noche de Luis Alberto Ambroggio



Negra cabellera enamorada
Borges

Habla la leyenda
de una mujer morena apetecida,
Noche. Seduce los espíritus
Con sus joyas profundas y brillantes.
Innumerables son los pretendientes.

Luz negra apasionada,
en un cielo donde lo prohibido nos se escribe.
Madre de los dioses, Hesioto la llamaba.
Diosa que también es aventura.

Dama voluptuosa de ferviente dominio
viste de negro para ocultar sus llamas.
Enamora con mansas brisas
y se une en orgasmos de luna llena.
Los planetas inflamados son testigos.
La noche que nunca fue virgen,
visita con frecuentes hechizos.
Es un error creer que solo se comporta
como cómplice pasiva
de humos ajenos,
de cautelas olorosas,
de palomas insaciables
de dóciles acontecimientos
de diálogos húmedos de la penumbra espesa
que tiene manos, lengua, vapores rojos,
carnes que gritan
gotas de incendio en hornos desvelados.

Fueron tres sus esposos,
dicen los vikingos en su leyenda

De la noche el primero, Naglfari,
un príncipe azul o dorado, deseado mancebo.
Satisfizo su ilusa inocencia de amante
en un lapso, fugaz e intenso
como se doma un fuego joven.
Con él tuvo un hijo amplio, incierto,
puro ?Espacio su nombre-
cual la vida por delante
después de romper el compromiso.

La union duró un momento oportuno
(y no más) enfatiza el mito.

Ella, noche de muchos, la cortó una vez agotado
el salvajismo sin experiencia de los músculos
que penetraron sus fibras oscuras, enardecidas,
hasta el fondo de lo que es superficialmente penetrable.
Su misterio de mujer permanece en ella,
inagotable, atractiva tras la cabellera desatada.

Libre ya, busca alguien que la consuma y aparte.
La noche conquista.
Bóveda suave de secretos
oculta las semillas del bien y el mal en sus caprichos.

El segundo esposo, como en los concursos,
es el que más interesa.
Su nombre es ?el Otro? (no tiene otro nombre),
según la leyenda antigua.
Alguien en sumo desconocido
con quien la intimidad puede ser absoluta.
Oído, paño, agua y fuego en el desierto,
cuerpo de fiesta que anima el recinto descuidado.
La noche se le entrega osada, disuelta,
valles y cielos se conjugan
en oscuro juego sin fronteras.
Pájaros, chicharras, silbidos lejanos, cantan, festejan;
Vientos nocturnos, respiraciones, pálpitos negros
mecen la seguridad cómoda que el anonimato enardece.
Fácil la entrega. No la acechan ansiosos interrogantes.
Con el Otro sabroso un manjar comparte de ardores secretos.
El silencio no duerme.
A veces apaga cobarmente los brillos.

Y de la Noche (de su vientre hermoso)
y el Otro, nace una hija, que llaman Tierra.
La trágica tierra, hija de la noche y el Otro,
casi huérfana y a menudo confudida.
En la mitología vasta, también Odín, fue padre
de una hija cuyo nombre era tierra.
No discute la leyenda si hubo un divorcio
ni la desnudez indescifrable de sus bodas,
mas sí que por fin la Noche, en su madurez, opta
por escoger un tercer cónyuge acceptable,
rubio de raza, brillante, prometedor, vikingo
(en conformidad con los cánones casamenteros de las madres).
Amanecer, Delling, su nombre preciso;
nombre reflejo del alma, poder en letras y sílabas,
pausas y horas destinadas.
?The third time is the charm?, dirían en inglés
las lenguas chismosas.

Y del Amanecer y la Noche, diosa acogedora y llena,
nace Día, como si de la muerte brotase
una blancura concreta y explosiva.
Nace con todos sus dientes.
Desnudo como niño y como liberada doncella
tomando el sol a sus anchas.
A la familia del padre se parece.

Hundidos tras ariscas decisiones, sus esposos muertos,
la Noche fértil perdura en el Espacio, la Tierra y el Día.

Los nacimientos y muertes de la Noche
no tienen hora, se pierden, se alargan
en la embriagante negrura donde todo crece.
Quienes gozan el amor intenso de sus caricias oscuras
sufren un ardor oculto bajo su cuerpo robusto y suave,
cuerpo de luz y de tinieblas.
(Roque Dalton amó a la vez cuatro mujeres lejanas).

La noche, madre y esposa.

Las tibias sombras que cobijan magias y paradojas
inventan poblaciones invisibles y ciertas,
el paraiso y el infierno.

Negra cabellera enamorada,
la Noche siempre se casa tres veces.
Su piel es como la nuestra.
La leyenda no termina. Queremos hijos.



Poema Los Habitantes Del Poeta de Luis Alberto Ambroggio



La Afrodita sin brazo izquierdo
del Museo Británico
irradia sueños empolvados
y lo acompaña.

Espíritus, musas, hechos con dirección desconocida,
ídolos húmedos,
sombras con tatuajes de calendario,
sombras que miran con agujas de olvido
jamás se van de la fiesta.
Protagonizan soledad y derrota
un mundo de héroes conquistados.

El poeta no está solo.
Reza el diario de Ana Frank
y resucita muertos.
Un lugar, al otro lado del mundo,
le quita el sueño.
El silencio lo deja exhausto y grita muertes premeditadas.
En un amor dos caen sepultados
durante noches sin límites.
Con la sociedad que el poeta crea,
escucha las dulces flautas de Tesalia.
La belleza lo tortura en el banco del juicio.
Asume la topografía del cuervo
y enciende con símbolos una danza transparente.
Cosecha amantes en la blancura de las olas
en el tiempo redondo de la luna.
Muere antes de morir
en el cementerio inconcluso de los recuerdos.

En su fuga imposible
nunca está solo el poeta.
Lo poseen voces inasibles y punzantes,
Lo consume el aroma fatal de su amada,
la palabra, esa divinidad salvaje
que copula con espejos indisolubles.

Madrid, Noviembre 1995



Poema Hoy Cultivo Rosas de Luis Alberto Ambroggio



Que no nos moleste Huidobro
ni ningún camarero de Roma.
Quiero gozar sin límites
el placer de sentirte toda
y de estar dentro de tí
palabra tras palabra
con cada uno
de los cómplices sentidos.
El aire lleno.
No importa la partitura
ni la herida de las formas.
Mujer del agua y el aire
beso el verdor de tu fragancia.
Eres lo rojo de la música
Arrullas con tus pétalos mis ojos.
Y al mediodía ,
soy raiz de un sol;
y tú eres el torrente
de todas las mariposas.



Poema Herencia de Luis Alberto Ambroggio



Hijo planetario de mi heredas solamente
una explicación que te explica:
vienes desde donde yo mismo
he venido a tientas.

Acaso este tesoro contenga
algunas de las claves
del crucigrama incompleto
que configuras con tus pasos de tierra.

Como humano, hijo del universo,
eres una ola del océano infinito
que besando muchas playas
permanece uno y muchos
al mismo tiempo.

Cada raiz de tus nombres, hijo del suelo,
como todos los nombres,
conjuga tierras lejanas y oficios legendarios,
uno de ellos, por decir, colector de impuestos
en el tajante imperio de los otomanos.
Tu afán de conquista se llama Rasmusen u otro nombre
con quien, hace generaciones, exploraste el polo sur , el norte,
los cuatro puntos cardinales.
Por otra huella te remontas hasta un prócer.
No lo conoces. Pertenece a la historia o leyenda
de un pueblo transitorio
pero a tí también te pertenece
y le pertenecerá a tus hijos y su descendencia.
Tu estirpe es de los mares y los vientos
de los pueblos de Moisés, de Zeus y de Eneas.

Y hay lenguajes y culturas que te hablan y no entiendes,
a pesar de animar cada una de tus venas:
el italiano, el árabe, el francés, el español, el inglés,
ese idioma en que has nacido,
en uno de los vuelos mágicos de tu sangre;
y este testimonio que tú puedes leer, hijo del tiempo,
tu hijo quizá ya no lo entienda
aunque le quemen los sonidos
en nostalgias o gestos inexplicables.

Porque fíjate en tus manos
y leerás las vidas de muchas manos,
las que cultivaron tierras antiguas y nuevas,
las que inventaron aquellas ilusiones que se llaman ciencias,
las que recorrieron libros de leyes, metafísicas y letras,
las que comercializaron telas, aviones, cereales
y recogieron desde el Drachma hasta los dólares,
las que te cuidaron con el calor de la caricia.
Fíjate en tus manos, hijo, y en sus surcos
cosecharás fulgores de centurias, genes increibles,
descifrarás como en un espejo de carne ajada
los rostros dorados de antiguos signos y semillas.

Porque en tu vida verás morir y amanecer nombres,
con lágrimas y sonrisas
y te verás en cada uno de ellos, hijo,
misteriosamente.

1998.



Poema El Testigo Se Desnuda de Luis Alberto Ambroggio



A Nela Río

¿Para qué escribo?
Para crucificarme y resucitar luego como tierra húmeda e inocente.
Para ser el último y el primero.
Para detener de una vez el río en la mano y beber agua.
Para que quienes beban las gotas sepan que hay río.
Porque los colmillos hacen ruido de frío, piedra y furia
Y porque las sombras de mis días y noches pierden todos los jeroglíficos.
Para que me entiendan y no me entiendan los que pasean en las calles
[con sombreros de todo tipo.
Para que quienes entiendan me inventen sin dolores de espalda.
Escribo para sembrar cenizas de colores en la soledad vasta
[y el gran silencio
Y porque sin besar, beso, y sin morir, muero.
Y me escapo con las manos llenas de insomnios indignos
Para transformar las noches en una luz feliz y el día en dos sueños rojos.
Escribo para repetirme hasta el olvido y recordarlo en cada verso
Y porque así el principio y el fin se tornan inagotables.

2000.



Poema El Altar De Los Espejos de Luis Alberto Ambroggio



Los piratas sabían
guardar a sus cautivas;
entre espejos y espejos
las tenían

Aquí sólo leo tu cuerpo;
los tesoros de la otra isla
fueron la posesión del banquete
entre vinos de un parral en primavera.

En esta roca el dolor
nos distingue de los dioses;
las olas nos roban
una y otra vez la cercanía.

Se esconde el calor en arenas
y el silencio encendido lo destapa;
saboreamos una especie protegida
entre voces de llamas sin tiempo.

Los piratas sabían
guardar a sus cautivas;
entre espejos y espejos
las tenían

Sanibel Island, Florida
Diciembre de 1995



Poema Canción A Los Elementos de Luis Alberto Ambroggio



A Moraima de Semprún Donahue

Muchacha, Alberta, extrae la poesía de los átomos.

Descubre, por ejemplo, las notas del canto del agua,
porque en cada gota, el agua es vida de un mar,
de un gigante verde, de tigres veloces,
de pueblos peregrinos, guerreros e ilusos;
y porque decir agua es casi beber,
y en su ínfimo y transparente grano
vives la humedad perfecta del engendro,
un beso líquido de amante y madre.

Cristaliza, luego, una mariposa capturada al azar
para que poseas en las manos más que alas
de un tiempo o de un espacio pasajero,
y recojas un vuelo que siga volando
en los ojos y en los versos libres del aire.

Di, muchacha, todo y sin esfuerzo;
como cuando pronuncias el aire
y respiras la libertad que también es un átomo.

Si las musas del siglo XXI
inspiraran los laboratorios amarrillentos de poetas
para que descifren en deliciosos zumbidos
su belleza meritoria
el servicio absoluto
de estos incondicionales elementos
acaso podríamos darles las gracias
como se merecen.

Las gracias son como los besos
y el beso una manera de recordar.





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