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Poema Desvelo De Los Pájaros Anoche de Lourdes Gil



Toda la noche los oímos volar:
su vuelo era el dibujo orbicular de los presagios,
la simiente derramándose en lo oscuro.
Durante noches infinitas desvelados
no supimos leer en la penumbra el aleteo.
Nada enseñaba ya San Juan después de tantos siglos,
Ni oscuridad sonora ni cena que lograra
enamorarnos. Somos los abandonados de la fe,
los sumidos de álgida alegría y rechinar de dientes.
Como advertir las lides del amor, los mensajes
de las calandrias en la sombra
sin festines de San Juan ni recreo de los sentidos,
con nuestras conjeturas habituales
desvaneciéndose en el aire.
Si se inundaba de pétalos la noche y no
nos enterábamos.
Se colmaba de juncos amarillos cada hebra abierta
del otoño, de besos desbordantes,
de la ternura que ahora se vuelca compartida
y que creímos se había perdido para siempre.
No veíamos ninguna de estas cosas.
No entendimos lo que el sueño traía a diario
en su arpillera. No comprendimos
la fábula que iba depositándose en furias
y poemas
sobre el párpado. Ni los nenúfares
que enrojecían a la luz y perforábanse de arpegios
si se juntaban nuestras manos.
No asumimos la asfixia del deseo
alojado en su arco interminable de inocencia.
Era un vuelo de aves lo que oímos pasar,
un alvéolo de estrellas que hace miles de años
están muertas y fosforescen todavía.
Ah, fuga de los dioses, abandono, torrentes
de la lluvia, gritos de cimarrón, de profecías
incumplidas en los montes. Himnos vedas himnos
pánicos, misterio inasible del amor,
anclaje vegetal de una pasión, su anillo de oro,
celo ensordecedor de la cigarra,
la verde seducción de su quejido, de su vientre
al temblor de la corteza de los arces.
Descorre los visillos. Que nos visiten
el cuello arqueado de la anémona,
el sibilante ruego del país perdido,
los coros de aves cubiertas de guirnaldas.
Desde el coral los canes mudos del cronista
anuncian el regreso de los dioses.
Hinchan de almizcle las vasijas con sus fértiles
danzas. Desasidos de todo van cayendo exhaustos
sobre nuestros cuerpos dormidos, desnudos.



Poema Finisterre de Lourdes Gil



Quería preguntarte
si existen túneles entre las estrellas
si en tu noche total hay lapsos que engullen los relámpagos
si ves tábanos de luz.
Quería decirte que amanece
aunque te has ido
y que el asta violeta de Amaltea
hiere mi lengua embadurnándola
de mosto, sal caliente, hambre de dos.
Quería preguntarte, sobre todo,
si te alcanzó el diluvio de las piedras
el caos febril, la despedida,
la locura de Pound que ambos supimos era falsa.
Quería saber si tus oídos
abren su vuelo ante la curvatura del espacio
si alguna música te llega (Bach mas que nada)
si te perturba el anillamiento de las aves.
Quería preguntarte tantas cosas.
Si sabes que el amor imita tus delirios
trastorna el orden de la vida, sus deleites
y en vano enciende cábalas y pozos y simientes.
Quería, finalmente, preguntarte
como haces
para que siempre seduzcan verbo y poesía
si desde donde ahora en libertad padeces
ves como se desliza tu barro incandescente
por las cálidas combas de mis manos.



Poema Praga, 1924 de Lourdes Gil



Quizás lees aun el canto de los sobrevivientes
Marina Tsvetayeva.
O rehaces
bajo la cimitarra de la luna
las viejas plazoletas de la ciudad
con telarañas que se escurren
por rajaduras del empedrado medieval.
Quizás andas aun por la Colina de Smijovski
y enciendes las bujías moscovitas
con trazos insomnes y cirílicos.

Todo parece abordar ese momento inútil
de las conversiones. El momento
de la rebelde despedida
que rehuimos en medio del tumulto.
Me asomo a tu pliego de papel
y te estremeces desde el oscuro fondo
de la capilla. Escribes (asediada todavía)
como el pánico rueda por tu pluma.
Escribes sin las retorceduras
de los códigos de hoy, naturalmente.
Escribes lo que luego tuvimos que aprender:
que la casa se derrumba
que el cielo de hojalata esta oxidado
que es una franja de acero el malecón
y la lluvia una melena vertical.
Se arrinconaban los augurios
tras los frescos altivos de San Jorge.

En tu oda (oda desmesurada) a Rilke
lo reclamaste del mármol de la muerte.
El fulgor de tu mente diviso su Poema del fin
el mismo fin de las adelfas de tu cuerpo
que fue un paisaje azul petersburgués
de sensaciones majestuosas.
En el espacio contiguo crecían pústulas
y en tus versos
las desarticulaciones de la elipse
se abrían como gavetas de amargura
como un manto egipcio de néctares secretos
resbalando hacia su nuevo reino:
heno llama enceguecedora herida
y sándalo aromoso.

Todo esta a punto de desentrañarse.
De desvalijarte Marina
de la capucha marrón en que realiza su viaje
la existencia.
La luna también crece
brilla su hoz siega a golpes tu melancolía
tus silabas preñadas de absolutos
de amenazantes negaciones.
Los fantasmas alargados de los peregrinos
conversan en los puentes
como lóbulos anclados bajo el hielo.
En la mas alta latitud
cuelgan inermes las cabezas de tus hijos.

Todo esta a punto de desmoronarse
a tu alrededor. Una visión de la guadaña
se desliza por frente de la luna
como por una montaña inusitada.
La montaña es el nuevo reino, dices.
Mas cuando el gigante imponente se desploma
dices que Dios es un árbol baobab
que se dilata.
Que hay otro dios encima que no vemos.
Rilke esta en la montaña. Su ceno
es un espejo de barro que tampoco vemos.

El río se esclarece, casi gorjea
en su sabiduría de murmullos
y elegías sepultadas de murmullos.
¿Traerá de nuevo en sus azogues transparentes
el espejo capaz de proyectar tu imagen
al espacio
para que puedas volver a componer el mundo
de acuerdo a tus designios?



Poema Virgilio, Antiprofeta de Lourdes Gil



Yo la sostuve mordaz en la palma de la mano
esta isla en peso
sin los colgajos relumbrantes de sus nimbos
ni el dulzor nocturno del alelí o de la verbena.
Me instalé como huésped
en el bagazo apagado de sus grietas
y me burlé del mito de su alegría y su inocencia.

Me arrastró el manglar tupido de los pantanos
hasta el cepo amoratado del alacrán.
Yo no quería me consumiera
la metáfora encrispada de su fuego
pero me devoraba aquella tierra húmeda
que iba desmoronándose a mis pies
y hasta el aire se iba descomponiendo
en el cerco voraz de las transfiguraciones.
De allí nadie salía.
Ni su asfixia.

Yo dibujé temprano el litoral sediento de arcoiris
desde la lejanía de Buenos Aires.
Y regresé a que sus voces abrumadoras
me aplacaran.
Regresé a presenciar el desfile hechizado
de las sombras,
su inesperado abismo oculto en cada parque.
Me aguardaba la celada heroica de la miseria
anudándose a la cuerda de mis silencios,
que era el mismo silencio
que conspiraba en cada rostro
los rostros todos de La Habana.
Me rendí ante los cataclismos insulares
me rendí ante el verso y su rapiña incrédulo.

Cuando mis fastidiosos
congéneres osados, los poetas,
descorrían los cortinajes de aguaceros parroquiales
y celebraban el asombro genesiaco
del guanajatabey
en la cúspide de palmas heredianas,
yo iba tras la sonrisa siniestra de la madre.
Me seducía su lujuriosa oleada desentumecedora
su lunático quejido de siju
el borde mas oscuro de su alma: Lo cubano
(siseaba verrugosa)
no es el verde caimán ni se congrega
en el ingenio.
Ese hueso roído es lo cubano
esa ceniza gris.

En los asedios del sueño las noches que dormía
Vinieron signos difusos en macabras
danzas saturnales. La isla pesada
ingrávida
a remo a la deriva
como un náufrago en bajeles de palabras
en orfandad marina las copas de sus árboles
marejada lustral que barre las arenas.
Me apresuré a proclamarme antiprofeta,
A fugarme de las canonizaciones.

Abandonaba Nínive
justo al tragarme la ballena.
Les advertí a los papagayos y bufones
les advertí sus colorines.
Que envejezcan ahora sin esta fúlgida ciudad
de la que nadie puede salir.
Que se apeguen a su calcomanía.
Que envejezcan lejos sin la indecorosa llaga
de la que nadie se salva.



Poema Sucede Que A Veces de Lourdes Gil



Sucede que a veces
pienso en ti
y entonces
como un huesecillo de cereza
atascado vivo e imposible
siento cuanto me quemas
la garganta



Poema Niña Rota de Lourdes Gil



para Ana Maria Mendieta

No estaba sola.
Llegó con un millar de niñas en bandadas
que quisieron volar por sobre el suelo ajeno
creyendo la ausencia permanente.
Y quien podrá culparlas, niñas rotas,
si nadie supo cual era la cuerda
el sostén de cada marioneta en el retablo,
la que en el día aciago hacia lo incierto
quedaba desatada.
Millares de niñas
Colegialas de uniformes blancos
hoy detendrán su giro enloquecido.

(Poema proporcioando por la autora)



Poema George Washington Carver de Lourdes Gil



Bajo el sol feroz y rojo de Alabama
George Washington Carver
(agrónomo y esclavo)
descubrió
mas de trescientos usos
y formas de consumo
para el humilde cacahuete
(muchos más que el grano de mostaza).
Cuando abrió en sus dos cotiledones
un maní
y oyó brotar de su interior
cientos de voces como arpas de metal
(un universo en cada nuez)
no era todavía
un hombre libre.



Poema Fata Morgana de Lourdes Gil



Si lo que dijo Kafka fuera cierto
-que algunos han logrado sobrevivir el canto de las sirenas
pero que nadie ha sobrevivido a su silencio-
entonces debo estar agradecida a las deidades que nos rigen.

Pues a pesar de haber abandonado tierra firme
de haber zafado las cuerdas del almacigo en el puerto
para lanzarme en pos de los clamores de sus voces
(remolinos ubicuos que ensordecen en la noche
y no parecen brotar de sus gargantas)
a pesar
de haber perseguido los blancos brazos espectrales
de Loreleis desmelenadas en lo alto de las rocas
entre marinos vendavales
a pesar
de haber flotado a la deriva en la negrura del océano
haber visto apagarse el resplandor del coro
y como cesaba el aleteo de sus manos.

He sobrevivido al canto de tu amor.

Y quizás (como afirmara Kafka)
no habría sobrevivido
al silencio del cielo
al del mar sin magias y sin aves
sin destino.



Poema Exhortaciones De Eloísa de Lourdes Gil



De qué me vale proclamar mi amor
desde este claustro
Abelardo
desde mis senos helados que te suenan
suenan con las sombras
de cipreses junto al Sena en los crepúsculos
los bosques que no he vuelto a ver
como habitas mi carne todavía
esta carne lívida investida de brumas
en su cilicio cenobita
mi largo cuerpo que una vez
tu sangre abriera como un loto
deslumbrado de poesía
gimiendo entre latines
temblando como un niño devoraste
Abelardo
en tu líquido fuego mi embriaguez
sobre las sábanas
hacia un abismo de jazmines implorantes
me sumergiste en el dorado tábano
de tu retórica elegante
me inseminaste con tu Ovidio.

Cada Pentecostés me obligan a recordarte
cada Ángelus
yo no resisto
sesgada en horas lánguidas de incienso
y de verbena
de que valen tus herejías en este claustro
de que valen tus besos enardecidos
la cúpula de jaspe de tu alma
de que vale el recuerdo
desde este claustro húmedo
esta prisión odiosa
en que mi cuerpo lívido investido de brumas
se consume
cautivo todavía cautivo de ti
amante sin amor de las ideas.



Poema El Extravío de Lourdes Gil



a Juana

Vengo de Tordesillas
me extravié al escapar
el peligro me acecha en todas partes
veo en sueños
las espuelas que se clavan al relincho
tras los árboles
se oyen gritos soeces en la oscuridad
jadeo entre mis ropas desgarradas
era un ovillo sobre el fango
nada me cubre ahora
permanecí oculta durante muchos años
y finalmente he entrado a la ciudad
los que me traicionaron
no me pudieron encontrar
soy la reina que no harán enloquecer
madre ni padre hermano o hijos
menos que nadie mi marido
el de los ojos lánguidamente hermosos
muerto o vivo
soy la escabullida de la historia
la eterna fugitiva
la pieza que ha de faltar en el relato
el personaje que no habrán de apresar.



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