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Poema La Yegua De La Noche de Luis Benítez



The nightmare, mare of the night…
La pesadilla, yegua de la noche…
Robert Graves

Carne que carne fue
Y amada fue
Y hoy es literatura.

Muerte que pudo ser
Y no llegó, al menos hasta ahora
Que su dibujo hago
Sobre este papel, efímero.

Esplendor que no me estaba destinado.
Hombres que no fui y no seré ya nunca,
Horas que sin venir me habían antes abandonado.

De día y de noche veo el alto caballo,
Negro de tanto contener estas cosas,
Que me observa y lo hace sin cuidarse
De papeles y de manos.

La franca pesadilla, su yegua pasta en mí
Y tú me entiendes, Robert Graves,
Bajo el suelo que guarda tu apellido.



Poema La Mano de Luis Benítez



Esta mano que tiendo
y que te aguarda
es otro vano prodigio,
otro milagro inútil
de la serie infinita
que nos rodea en silencio.
En la mañana que ha dejado
atrás las dos vigilias,
la del insomnio y la del sueño,
que también es posible,
la contemplo a veces con ese solo asombro
que reservamos para lo extraño.
Ha viajado conmigo toda la noche.
Quizá, no lo recuerdo, ha palpado
cosas que no tienen forma.
A su tacto se han abierto
puertas y se han opuesto muros
que tal vez no existen.
Ha temblado de frío o ha sudado
bajo climas que no cambian. Posiblemente
ha sido cortada, como en una noche
de 1676, y permanece intacta.
Ha de viajar conmigo por todo el día.
Es mi remedo: hará girar cerraduras,
tocará lo que ha sido tocado y tocarán los otros.
Todo es un infinito pasamanos.
Aceptará la alevosa amistad e intentará
disuadir las amenazas, que no son otra cosa
que equívocos de amor entre los hombres.
Y no desdeño que las horas de luz
la obliguen a papeles menores:
encender un cigarrillo o dejar
la humillación de la limosna
son parte del misterio donde actúa la mano.
Como yo, mi mano es algo que está
en el mundo para aceptarlo todo.
Ahora, que en la tarde,
cuando contemplo lo que escribe
estas voces sin el honor de algunas precisiones,
oscuramente comprendo
jirones de su metáfora. Como un libro sagrado,
celosamente guardado por el enigma de su lengua,
se ha desgajado otra día
por el paso de la mano.



Poema La Bestia De La Aurora de Luis Benítez



El gato perpetuo en la mañana absoluta
está gritando que es bestia de la aurora,
¿y quién oye al mínimo animal que encarna,
sino el árbol de oro a cuyo pie repite,
se desgañita?
Está hecho de animales
como una fábula antigua,
pero ni aquellos frisos encanecidos
por el polvo donde duermen los imperios,
ni la fresca novia del amanecer alcanzan
para adelgazar el oído que duerme,
que duerme aunque hace mucho es de día.
Brutal sombra que ves
con indiferencia la sombra de tu sombra
y la de todos hundirse lenta como un barco
en el océano que alardea de ser
la única, posible sombra,
como todo lo terrible tú pareces pedir apenas
una caricia inconsciente de lo frágil,
simulas ser un sirviente y eres el amo que distingue
entre el árbol de oro y la raíz,
por siempre hundida en la tierra,
volumen apenas de la sombra.



Poema Los Monasterios Más Ocultos de Luis Antonio De Villena



Aludra dejó aquel inédito: Viajes solares…
¿Era un sueño ese sur sarraceno y sarraceno?
¿Guardaba un mundo acre la íntima piel del durazno?
En compañía de aquel pintor mexicano
penetramos los vastos reinos ilimítrofes del Sahel…
Y aunque aquel mundo de sol y serpientes
se volvía en la noche corzo de agua y caricioso tigre,
el pintor insistía en el fondo del viaje:
Llegar -aún muy brevemente- al centro del desierto,
donde Aludra situó la plenitud.
Marún y Hasim dispusieron tiendas,
fruta, música, y los viejos ciegos, guiadores…
Aún parecía que el primitivo regazo del placer
alargaría sus manos y sus piernas dulces, desveladas…
Y aquella noche antigua
(porque hacia el interior las estrellas fulgen tan cerca)
un líquido amoroso nos impregnó
los dedos y los labios en sedas
de aquellos oscuros Marún y Hasim, azules,
cuando el cuerpo perfecciona la música…
El pintor dijo a Gustavo Sendón: Es extraño,
siento que morir no importaría, no se sentiría
en este momento…
La amanecida -naranja y rosa- parecía blanda.
El esplendor llegó más tarde.
La luz del sol, la perfección de la luz,
lo vuelven piedra cuarzo,
y es tan geométrico el rayo,
tan exacta la caída
y tan sublime el transparente poliedro
ígneo y puro,
que la vida deja de existir. Desaparece enteramente.
Porque en la perfección -narró el profesor- nunca hay vida.
Apenas podíamos movernos. El sol mataba el agua
y agrietaba los labios;
la perfección -que es de un solo color-
genera un laberinto. La luz da a la luz
y el cristal al cristal: Monumentos de vidrio.
Marún y Hasim -de húmeda cintura- murieron
sin llegar a Tombuctú.
Y al pintor y a mí, casi exhaustos, cubiertos de llagas,
nos recogió un cuerpo de la Legión Extranjera, no supimos
adónde…
La perfección está justo antes de la perfección.
Igual que el placer y la dicha brotan, maravillosos,
la víspera del festivo.
Pues nunca vemos, amigo, lo que no está profundamente oculto.



Poema Las Rosas de Luis Antonio De Villena



Entonces hubiera gritado:
¡Señor, salva a Juan!
He visto deshacerse muchas bellezas;
sería bueno que quedase
una como emblema de nuestro
tiempo, un licor joven
que -contra el uso-
no envejeciera nunca…
Aún es hoy como monda
de naranja, y sonríe,
y un aroma delgado
aún llena el aire…
Pero no, tampoco mi oración
obtuvo respuesta.



Poema Labios Bellos, Ámbar Suave de Luis Antonio De Villena



Con sólo verte una vez te otorgué un nombre,
para ti levanté una bella historia humana.
Una casa entre árboles y amor a media noche,
un deseo y un libro, las rosas del placer
y la desidia. Imaginé tu cuerpo
tan dulce en el estío, bañado entre las
viñas, un beso fugitivo y aquel -«Espera,
no te vayas aún, aún es temprano».
Te llegué a ver totalmente a mi lado.
El aire oreaba tu cabello, y fue sólo
pasar, apenas un minuto y ya dejarte.
Todo un amor, jazmín de un solo instante.

Mas es grato saber que nos tuvo un deseo,
y que no hubo futuro ni presente ni pasado.

«El viaje a Bizancio» 1972 – 1974



Poema La Tarde Dichosa de Luis Antonio De Villena



Era una edad de libros y de escasos placeres.
Yo no pude, por tanto, haber sido uno de ellos,
y es otra cosa más que el Tiempo me adeuda.

En el extremo mismo de la juventud, uno es
frágil y esbelto con algo de pétalo y foscor en los ojos.
Y el otro un leve atleta, con los músculos tensos,
y alguna gallardía, rondando los dieciocho.
En el rincón penúltimo de un bar de esos, sentados,
la espalda se acarician y se besan después, muy lentamente.
La historia que hay detrás no es difícil saberla.
Días con sol y trenes sin nombre hacia el futuro,
y el mundo (ya lo ves) erguido en realidad perfecta.

«Huir del invierno» 1977 -1981



Poema Los Hijos Del Trueno de Luis Antonio Chávez



quizá mañana
cuando el sol se inserte en la piel
seamos como dos potros indómitos
y volvamos a caminar por estos lares
abrazando, sin exabrupto
el canto del zenzontle
la lechuza el dichosofui…

quizá mañana
compartamos el abrigo
y una hoja perdida a la intemperie
nos muestre los rasgos
de unos días
perdidos
en
el
limbo…

quizá mañana
cuando se icen las ilusiones
y una luz multicolor
muestre la dureza del oro
hurguemos ahí
donde creció la hiedra
la palabra tempestad
o quizá
en la casa del tiempo
algún pájaro migratorio
nos dé una palmadita al hombro
a fin de proyectar
lo mejor de nuestra sonrisa…

quizá mañana
todavía viva el niño
que llevamos dentro
y hasta podríamos
apretar los labios
para no mencionar
que fuimos los hijos del trueno
los que soportamos con temple la tormenta
los que aprendimos el valor a la vida
los que nos enfrentamos a la muerte
y jugamos con ella
al ?esconde el anillo escóndelo bien?
los que atestiguamos esta historia semicumplida…

Quizá mañana
tal vez
los ríos logren
saciar esta sed centenaria
y sean otras las palabras
con las que describamos el amor
por de pronto
no veamos la historia
por el rabillo del ojo
sino que escribámosla
para que nuestros nietos
los hijos del jaguar
sonrían de oreja a oreja…

Del libro inédito
?Los hijos del trueno?
Premio San Miguel, 1993



Poema Legado de Luis Antonio Chávez



a Marlon Rubén, mi hijo
octubre de 1994

Algún día sobre esta misma tierra
conocerás el abecedario de mis sueños
y comprenderás, que con ellos
quise descubrir mariposas
pero me creció la ansiedad primero,
que la luz que me señalaría el camino…

conocerás muchas cosas que aún no logras comprender
pues apenas tienes tres inviernos y medio sol
aunque ya empiezas a joderte por un mañana difuso…

entonces, haciendo alusión a tu signo
te encasquetarás en el toro para domarlo
pues no será fácil que te desmoronen los vientos…

Escudriñarás a las estrellas
la luz que les delegó el hacedor del universo
e intentarás comprender a los luceros
que hincharon sus pechos
hasta incendiar las horas
donde se izaba la esperanza…

entonces, vástago mío
al verme con bastón y copos de nieve en el cabello
serás tú el que se encandile
con la idea de jinetear la vida
y elevarás con tu dulzaina
otra tonada con diferente tono…

serán otros
los herederos de la historia
y tú hijo mío,
intentarás también conocer a miguel mármol
a los padres jesuitas, a monseñor romero, a…
por de pronto sólo te doy mis versos,
mi pluma, mi cuaderno…
porque tú harás lo tuyo
en el momento preciso…

Del libro inédito
?Los hijos del trueno?
Premio San Miguel, 1993



Poema Luna de Luis Álvarez Piner



¿ SABÉIS? Sobre las aguas cerradas del sueño,
en medio de la noche, la luna baila
pletórica y obscena, gozada por los pájaros.

La luna baila arriba,
tras de ese tragaluz que da a la muerte. Baila
para el mundo invertido de la noche,
circo negro y azul en que la tierra
dura es trapecio y trampolín. Y donde
un silencio final anuncia el número difícil.

La luna está desnuda, sin enigma,
y se tumba en las aguas, como un faquir.
Desde la estrella el mito aplaude, aplaude.

Los párpados aplauden, niños pobres
a los que el triste muro separa.
Aplauden a la estrella que ríe, a la luna que baila,
a la luna que baila y que no ven
sino en su frío y luminoso eco.



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