poemas vida obra l

Poema La Mano Fértil de Luisa Futoransky



las plantas como las palabras crecen en forma inesperada
por tanto hay que modelarlas de acuerdo a su naturaleza
sin desdeñar el azar

yuxtaponer sin empastar, dice
mostrando las palmas llagadas de otros brotes, otras podas

tras los rigores del invierno, la gracia

la rosa de Jericó es una rosa que se hace la muerta
y cuando la asperjan
revive
con olvido
pero más que nada
con paciencia



Poema Las Hojas de Luis Vidales



El viento vira en los aires
sobre la hélice de la hoja.
Nadie ha visto el viento
pero las hojas van señalando su rumbo.
Da tristeza.
Para que el vuelo de las hojas
fuera a su gusto
todas deberían ir provistas
de motorcitos de mariposa.



Poema La Música de Luis Vidales



En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
como lo recorrería
una mosca.
Intonsamente
da vueltas en un botón
de mi d?orsey.
Luego ?desbordada?
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas…
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.



Poema Larga Es La Ausencia de Luis Rosales



La sombra siempre y luz sin la luz mía
HERRERA

Tu soledad, Abril, todo lo llena.
Colma de luz la espuma y la corriente.
Aurora niña con su sol reciente.
Toro en golpe de mar como mi pena.

La soledad del corazón resuena
desierto ya como un reloj viviente,
como un reloj que late porque siente
la marcha de tu pie sobre la arena.

Y así vas caminando sangre adentro,
sangre hacia arriba, hacia el primer encuentro,
sangre hacia ayer en la memoria mía;

¡ay, corazón, donde me pisas tanto!,
¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!
qué soledad de luz buscando el día.



Poema La Última Luz de Luis Rosales



Eres de cielo hacia la tarde, tienes
ya dorada la luz en las pupilas,
como un poco de nieve atardeciendo
que sabe que atardece.
Y yo querría
cegar del corazón, cegar de verte
cayendo hacia ti misma
como la tarde cae, como la noche
ciega la luz del bosque en que camina
de copa en copa cada vez más alta,
hasta la rama isleña, sonreída
por el último sol,
¡y sé que avanzas
porque avanza la noche! y que iluminas
tres hojas solas en el bosque,
y pienso
que la sombra te hará clara y distinta,
que todo el sol del mundo en ti descansa,
en ti, la retrasada, la encendida
rama del corazón en la que aún tiembla
la luz sin sol donde se cumple el día.



Poema La Feria De Los Pájaros de Luis Rosales



Sentí que se desgajaba
tu corazón lentamente
como la rama que al peso
de la nevada se vence,

y vi un instante en tus ojos
aquella locura alegre
de los pájaros que viven
su feria sobre la nieve.



Poema Labios Sim Beijos de Luis Rogelio Nogueras



Otra boca besa la boca que mi boca ya no besa
otras manos tocan las manos que mis manos
ya no tocan
otros ojos se miran en los ojos que ya no ven
mis ojos

boca que te fuiste
manos que se fueron
ojos que se fueron

mi mano escribe el poema
que mi boca no quiere repetir, no
que mis ojos no quieren leer, no
mi mano escribe el poema de tu boca
(que tampoco repetirá tu boca)
el poema de tus ojos
(que tampoco leerán tus ojos)
el poema de tus manos
(que tus manos no tocarán)

se fue la boca, sí
se fueron las manos, sí
se fueron los ojos, sí

sólo queda el poema
manco
ciego
mudo



Poema León Felipe En Sus 75 Años de Luis Rius Azcoita



Vedlo otra vez aquí.
De su vieja piel brotan
absurdamente flores
en salvaje melena enmarañadas:
recientes, frescas, olorosas flores
(así Elvira Gascón lo ha dibujado).
Y de la cueva honda de su boca
a veces una voz terrible sale
clamando; voz oscura
que, inesperadamente traicionada,
al aire se transforma
en un tierno, armonioso,
inexplicable canto.

El león viejo, siempre
caminando sin tregua, solo, acecha
en torno a sí, de día;
de noche, cara al cielo.
Errante majestad, centro moviente,
inestable, de un mundo
cambiante como él, sin equilibrio.

Quisiera descansar un poco; tienen
sus fauces la nostalgia
de un enorme bostezo. Pero siente
que una larga mirada lo vigila.
Por eso se revuelve,
se irrita, increpa, llora,
suplica.
Ruge amenazador a las estrellas
clavadas en la rueda de la noche,
buscando al ojo inmóvil entre ellas
?única estrella fija?
sin esperanza de encontrarlo nunca
en ese sinfín de astros sin sentido.

Él sabe que está ahí. Aguda siente
su mirada punzándole la piel,
mojándole de helada claridad
la florida melena embravecida.
Y escudriña la noche
y cuenta estrellas (antes,
piedras había contado)
e impotente blasfema
por fin para incitar
a Dios a revelarse.

Él no sabe si le lanzaría entonces
un zarpazo rabioso
para dejarlo ciego,
o si bajo la lluvia
de su luz se echaría
adorándola humilde
a cobijar su sueño ya logrado.

Ya ha caminado mucho el león viejo.
Le ha dado varias vueltas
al mundo, por eriales,
por selvas, por la guerra, por la paz,
por las noches y por días,
sin descubrirlo; orando, sin hacerse
oír de Él, sin conmoverlo nunca.

Y ahora vedlo otra vez
pasar junto a nosotros;
nosotros, que sentimos
cómo su voz que clama
en la noche, terrible,
en nuestro pecho queda absurdamente

resonando tan dulce
como la voz de un pájaro o de un niño.



Poema Los Amantes de Luis Raúl Calvo



Dicha y ocaso, gravidez de los rituales.

Línea oblicua del amor en las maletas del viajero.

Los perros ladran su tormento en las trenzas de la

/dama.

Hueco de rencor, antiguos maleficios.

¿Quién ha robado los bastones del ciego

buscando luz en las tinieblas?

Nadie separa nuestros cuerpos de la tierra

pero ellos, los amantes, no esperan el orgasmo

para saciar su sed de cruzas elegidas.



Poema Lo Que No Fue de Luis Raúl Calvo



Ahora, que hemos descubierto
en palabras el origen del silencio,
nuestras almas permanecerán
quietas en el horizonte.
Ya no habrá lugar para la duda
ni miraremos con los mismos ojos
la eternidad de la luz.

El vacío cubrirá las anchas veredas
con su obscuro manto de junio
y dejaremos partir mansamente
las cenizas de aquello que no fue.

Acaso, por los fríos designios
de la razón, saludaremos su vertiginoso
paso hacia el abismo.

Sólo los ángeles nos salvan.



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