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Poema A Veces Ella de Julio Torres Recinos



Ella es a veces alta,
a veces triste como todo camino,
de mirada queda.
Y cuando me ve,
su sonrisa me quema todo el cuerpo.

La conocí hoy y sonreía.

Hablaba despacio,
viendo la palabra perfecta,
ella,
la mujer exacta.

Y cuando hablaba de las gentes,
de las cosas viejas,
de la promesa que debíamos hacer,
de la espera secular;
su cuerpo se erguía
y era toda una gacela de emoción.

Ella pensaba en un mundo
por estrenar
como sólo te pones
por primera vez un sentimiento nuevo,
y el periódico temblaba en sus manos
y los dedos rasgaban las
fotografías,
las palabras,
la mentira.

La conocí hoy por la mañana
y ella es un ocaso y lo sabe
y fija sus profundas pupilas
en las mías.
Sobre sus hombros tiemblan áridas
montañas encarnadas.

Ella es la palabra incendiada,
el cielo desesperado
de una tarde de agosto,
un río,
la noche iracunda,
un heroico aliento a desatar.



Poema Para Escuchar Tu Voz de Julio Torres Recinos



There was a time
when the only friends I had were trees. . .
Gerald Stern

Para Ken Mose

Cada cierto tiempo
converso con mis amigos
los árboles mientras
descansan del viento
y los pájaros.
Me acerco entre las piedras
para escuchar su voz serena,
me asomo para contemplar
la tranquilidad que se refleja
en el agua como grieta o sombra,
me dejo llevar por las hojas,
entre insectos y arañas,
los grandes de la noche.
Cada cierto tiempo
me oriento por el sol
de la tarde y vengo
a conversar, a oír
sus meditaciones
sobre la libertad
de las nubes y pájaros,
sobre el eterno fluir del recuerdo.



Poema Testimonio Ii de Julio Torres Recinos



Día jueves, octubre del año tal ,
hora, las nueve de la mañana,
camino por las hojas muertas,
las miro y grabo sus chillidos,
el agua y la tierra guardarán
su otro recuerdo.
Paso por el puente, no me contengo
y palpo sus barandas de fruta seca.
Si nos las tocara no sabría
si en verdad he estado allí.
¿Cómo podría el puente atestiguar
que no soy turista, que si hubo frío,
lo hubo en mi cuerpo también,
que si una joven alta pasó
a esa hora, yo también la vi?
Pero no pasó nadie, el puente, yo,
no nos vamos a mentir.
Al otro lado, todavía cerca de las aguas,
todavía cerca de la brisa que llena los ojos,
en una banca de madera
deshojo un libro, unos poemas,
escribo líneas, trazos, signos,
términos laudatorios, una equis,
otra marca que recuerde
que yo, fulano de tal,
una mañana de octubre,
crucé un puente, abrí un libro,
supe con el puente que como el agua
las jóvenes no retornan.
(Guelph, Ontario)



Poema Tercer Regreso de Julio Torres Recinos



Agónico fuego de la tarde,
triste, sediento;
camino despedazado,
viento de luna,
nocturno pájaro tenue,
obelisco de lo fugaz,
filosa piedra de rápido golpe.

Aquí estoy.

He llegado hendiendo
el silencio de estas calles,
horadando con mi sombra
cada pecho de aquellos hombres
ya idos.

He emergido sin saber el momento,
-musgo olvidado-
sucumbiendo ante la estricta
medida del dolor y la nostalgia,
perdiendo batallas,
escapando a mis manos,
derribando tiempos
hasta llegar a ti,
espuma de soledades,
y gritar desde mi subterráneo silencio
que no hubo nunca un adiós,
que mis manos no conocieron nunca
el vuelo de una despedida.



Poema Serenidad de Julio Torres Recinos



Cae la noche.
Los remeros dejan de hablar
y descansan. Sólo el mar
con sus aguas
tienta el barco.

Tengo miedo.
Me hablas de mi hijo.
Ha crecido solo
y no tiene padre.
Triste época, Penélope,
triste tiempo
para andar de país en país
y oír la palabra extranjero
en boca de la gente.

Tener que respetar
nuevos dioses.
Hablar nuevas lenguas
en búsquedas inútiles,
probar nuevas comidas.
La noche cae
y tú te acercas de modo ciego,
amorosa, con tus navíos
lista para el asedio,
para ser capitana en mis horas vacías.

Amor alucinante,
brote de bronce.
Un día te veré, serenidad,
y me olvidaré de las olas
y del sueño.



Poema Mi Quijote de Julio Torres Recinos



Pienso en ti
y entretanto
deambulo por las
marchitas periferias
de un poema.

Aguijoneo mi
quijote
y la ilusión
se eleva
o se pierde
o te encuentra
entre las
perdidas
puertas
viendo pasar los pájaros,
embistiendo
esa distancia
en la que
me diluyo
por alcanzarte.



Poema Las Aves Que Te Llevan de Julio Torres Recinos



Noviembre llega
y con él tiemblan
las primeras nieves
en el cielo.
Los pájaros preparan
su salida
rumbo sur
?dicen que con la magia
del viento
pueden estar
en el Golfo
en un día?.
Yo había pensado
mandarte una carta
con ellos, los pájaros.
Quería enviarte
en la carta
una gota de agua,
un puente hecho de horas,
una provincia,
o un grano de arroz
para que alimentes
las aves que te llevan
día con día más lejos.
Pero tal vez me contente
con enviarte unos árboles
para que te adornes la cabeza.

(Saskatoon, 2,000)



Poema La Luna, Tu Silueta de Julio Torres Recinos



Como todas las cartas,
ésta llegará tarde.
Pero es que esperaba
decir el último adiós
y ya sabes los adioses
te martillan los sentidos,
son como la espuma del río
que se queda en la ensenada
girando hasta marearse
hasta que se va con la corriente.
Que ahora la soledad
nos muestre el rostro,
que mis palabras encuentren
su espejo o su fantasma;
que los pájaros se escapan,
que no vuelven, que se han ido
por la ruta de la ilusión.
He aquí esta carta
y aunque el tiempo ha pasado
que sientas, cuando la recibas,
el temblor de estas manos
que pasado el tiempo
te buscan, te encuentran
junto a la ventana, la luna
tu silueta suave sombra.



Poema He Bajado A Los Infiernos de Julio Torres Recinos



He bajado a los infiernos, a los fijos,
a los reales como una piedra en el rostro,
los que se nombran países, naciones,
territorios que en mi cara tornan

sus nombres en exilio, en tránsito, en ajeno.
He conocido buenas gentes, a qué negarlo,
que me han ayudado, que se han acercado
a la tripulación con un vaso de vino,

con carne seca, con una manta en buen estado.
Son esas gentes las que hacen un puerto,
las que al momento de comer ven al mar,
a la puerta, al marino hambriento,

a algún hijo olvidado de su tierra.
Por esas gentes soy hombre en reino extraño,
yergo la frente y veo al océano, grande
como una jaula donde sin tino corro.

He bajado a los infiernos, a los pétreos
donde el barro quema, el agua no cala.
He soñado con mapas. He querido acertar
en los filos de las piedras señales,

augurios, voces de aliento. El mar
me hiende mil caminos. El mar me lleva
a pueblos que relucen como escamas,
me confunde en la maraña de las formas.

Una tarde encendida hará que el rumbo olvide;
una joven de voz sedosa me entretendrá.
He soñado con mapas. He visto trazos
en las ánforas, en las máscaras trágicas.

En un templo asolado quise atinar
las iniciales de mi padre. Un rectángulo
no es más que un nítido concierto
si en él no se quiere ver una estampa.

He bajado a los infiernos y he vuelto.
He ido a lo hondo del mar, al sol mismo.
He tratado con los muertos y los astros.
Una diosa prometió estar a la diestra,

otras me arrojaron estrellas en los ojos.
Vagué por el mar; di un millar de vueltas
a las islas. Y volví. Por arte de embrujo
vuelvo a Itaca, Penélope, agradecido.



Poema Eramos Jóvenes de Julio Torres Recinos



…si tú te mantienes libre,
por tu imposible yo,
tú por mi imposible.
Juan Ramón Jiménez

Aún recuerdo cuando te encontré.
Eras el nombre que conocía
por la música de cada sílaba.
Mariposa que volaba junto al fuego,
eras leve pájaro o espuma en tierra.
Aficionados entonces al arte de amar,
te tuve cerca y me tuviste hondo.

Qué jóvenes éramos entonces.

Cuando la mañana era dulce
y la tarde roja en el jardín dormía,
cuando mi soledad buscaba palabras
y tu silencio era una estrella que caía.

Cuando aprendíamos justas palabras
porque vivíamos tiempos de entrega,
porque vivías como agua en el prado,
porque vivía como el sol frágil de las seis.



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