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Poema Sombrero De Perro de Julio Llinás



No hemos tenido suerte,

amigo mío,

aunque haya quienes digan

que siempre la tuvimos.

Cuando miramos hacia atrás

y recordamos las calles

de ese París que se ha ido

con nosotros,

no sabemos ya qué hemos tenido,

no sabemos siquiera

si hemos tenido alguna cosa

o si todo ha sido solamente

nuestro disfraz de saltimbanqui,

nuestro sombrero de perro

y nuestras ganas de vivir.

Algo sabemos sin embargo

de los fulgores del mundo:

no nos va bien la bufanda

de seda pelirroja

de los directores de asuntos,

no nos convienen

los parajes idílicos,

las mansiones augustas,

las torpes limosinas.

No estamos ya para esa farsa,

viejo perro.

Hemos querido cantar

y sólo hemos gritado.

(¡Cuánto mejor hubiera sido

ser un oso que baila!)

Hemos enfrentado a Dios

y él ha escapado

brincando por los bosques.

Hemos querido mostrarnos

y nadie nos ha visto.

Hemos querido ser grandes

y sólo fuimos los mismos,

los de siempre.

Acaso hayamos tenido,

únicamente,

la delicada suerte

de no haber sido nadie

ni nada.



Poema Rencores de Julio Llinás



País,

¿quién es feroz

sino tu niño acurrucado

en la pureza del desierto?

País, ¿quién ha quemado

tu carne de luz negra,

quién es el príncipe en tu fiesta

de rencores podridos por el sol?

Yegua sagrada

de los grandes vientos,

sé bondadosa y terrible,

¡oh roja! ¡oh despedázanos

y sangra

como una fuente de inocencia

a cada lado de un pueblo

y su miseria.



Poema Raíces de Julio Llinás



El hombre que habla

y devora sus palabras,

teje una fábula en su Tierra.

Y el aire invade

los verbos de su raza.

Así cayó esta zarpa

en mi inocencia.

Así creció mi orgullo

en este mundo.



Poema No Llores, América…(ii) de Julio Llinás



Telemacus
Desde la isla de pájaros de lentes
y corbata de lazo,
la tonta dama francesa de cincuenta
metros
gobierna la ciudad de bocadillos de
pastrami
y coca cola
en los carteles de Times Square.

Sin vagabundos o putas no hay
ciudad,
dice Telemacus Malone, que nutre
las palomas
con veneno para ratas.
Ha sobornado a un oficial de policía
que le permite el juego
y hace la vista gorda ante el rimero
de palomas muertas.

Esto es Nueva York,
fornicador de tu madre,
dice Malone arrobado.
Aquí se puede vivir con poca cosa
y ser feliz con casi nada. Mírame
a mí sino,
jodido pálido.

Telemacus murió una madrugada
congelado,
cobijado en sus cartones y sus
plumas de paloma.

Walt Whitman
¡Oh mayordomo
de los campos
de cristal y acero,
jinete de mulatos,
enlazador de niños!

¡Basta de torpes
disfraces y tonadas
para flauta
subiendo y bajando
por los tensores
del puente
como una comadreja
perseguida por Dios!
Fascinante profeta, día del fin,
estás herido de verguenza
y bien lo sabes;
muchas jornadas se han ido
con la nieve, la vieja nieve negra
de las alcantarillas,
todo lo sabes de tí mismo,
y de los otros fantasmas
de las rocosas calles,
y de los grandes vientos,
y del marinero

recién degollado.

Eres la América que crece
en el silencio,
gran viejo no viril,
tu larga barba de amores apretados
por efebos sin raza,
la vieja culpa de tu sexo
atravesado por la aguja
que denunció Federico
y la bufanda de tu barba
conquistando el mundo.



Poema No Llores, América… de Julio Llinás



No llores, América
No llores, América, no llores
por la sangre vertida en las
esquinas
del Sur, no llores por los hijos
de tus mercenarios, no llores
por tus bombas, tus cohetes,
tu napalm,
tus viajes a la luna, tus calles
de navaja,
tus dólares amargos, tus negros
de precinto
con sus bastones relucientes como
krugers
golpeando a sus hermanos de
algodón,
no llores por los amos de Wall
Street,
su polvo del mejor, sus trajes bien
cortados,
sus tiradores de pelo de gacela,
no llores América, no llores,
tu atronadora voz es la más bella
entre los tules del sol,
no llores, dueña del mundo,
amada América, no llores,
irás al cielo cuando mueras,
tienes los ojos azules como Dios.



Poema Las Ciencias Naturales de Julio Llinás



Junto a las rocas,

la negra sal radiante.

¡Oídos!

Crujen las pieles de la Tierra

gastadas por el sueño

bajo una calma infernal.

¿Dónde está el hombre que renace

en las cenizas de una gran poesía,

la mano de oro

que bautiza y desarrolla

las ciencias naturales?

Palabras,

Serpientes de la asfixia.



Poema La Alondra de Julio Llinás



El niño rompe sus juguetes

en busca de la alondra.

la oveja con ruedas,

el caballo de lechero,

el oso negro de la tía Blanca,

el tíovivo con música,

la locomotora alemana

y hasta el fonógrafo infantil

con aquella marcha espantosa

norteamericana.

Lo rompes todo,

le dice su padre.

Todo lo rompes,

le dice su madre.

Busco la alondra,

dice el niño.

Y, claro está, pasa el tiempo.

Y el niño, que ya está crecido,

busca la alondra en los campos,

en las bestias, en los libros,

en las mujeres.

Y todo lo destruye

en busca de la alondra.

Se ha convertido

en un hombre rodeado

de juguetes rotos,

de libros inútiles,

de mujeres destrozadas.

Hasta que llega el momento

en que se hace viejo

y camina por las calles,

distraídamente,

buscando siempre la alondra.

Pero una tarde, empuña

su bello Colt 38

y se pega un tiro.

Entonces,

de su cabeza ensangrentada

sale volando la alondra.

Es lástima que no haya

nadie para verlo.



Poema Festejo de Julio Llinás



Señora de alta pluma,

la noble Tierra se ha secado

bajo el orín de tus preciosas amenazas.

Mi terror es verte en los paisajes,

sobre un caballo afeminado,

desdichada y gloriosa

como una lengua herida.

Soplando un hálito de sangre

en las jornadas de gran paz,

sobre las hondas plantaciones.

Un día el viento

destruirá tu tribu,

tus dioses, tus orgullos.

Su coz de aceite virgen

en las márgenes humanas.

Tu piel será un festejo

majestuoso.

Yen el comercio

De una antigua infancia,

todas las hordas

estarán presentes.

Mi corrupción hara la gloria

de esa gran mañana.



Poema Donde Yo Estoy de Julio Llinás



Los ojos blancos,

la piel paralizante:

me buscaréis en vano

entre mis bestias.

Mi roja música

ha triunfado.

(Ah la frenética infancia

junto al médano

y la esmeralda polar,

surcando nuestra casa).

Me encotraréis

en lo más hondo del bosque,

temblando al grito de la lava,

sirviendo a un mágico idiota.



Poema Delicias de Julio Llinás



Escapaba hacia los grandes templos,

catedrales del Gin,

santuarios del comercio la política,

puentes y cárceles, delicias.

Y el astillero sagrado

de la Ciencia.

Abandonaba

algunas plantas amistosas

y una morada invisible.

Amaba el brillo de esas fieras

que se descubren en el canto

y que son dueñas de la guerra.

Caía,

como los reyes en el trópico

en un tornado indescriptible.



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