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Poema Prolongación De La Tregua de Jorge Ortega



…que todo lo concibe sin crearlo.
MUERTE SIN FIN

Dios es glaciar
y estepa:

sabana de incandescencia,
plancha del mundo.

Eclipsado por la nada
huelga el pensamiento
vuelto agora
siberia de sal,
raso cristálico;

o, dicho de otro modo,
fulge dorado por la ausencia
de resoluciones.

Sobre el espéculo del juicio
quedan sólo atenuándose
las figuraciones del vaho.

Como un ajedrez de polvo
en el rellano
de una escalera
poco frecuentada.



Poema Índices Del Enfado de Jorge Ortega



La soledad es una cápsula
centrada en la palestra de la tarde,
bóveda empotrada en la meseta
que es el altiplano del hastío.

Nadie se encuentra en casa, por ende
no hay voz que cisme el tedio
como un cubo de hielo. Sólo de pronto
se oye crujir el dorso de una puerta
como un barniz ansioso.

La muralla del silencio
divide en dos la estancia:
queda afuera el trotar de manecillas
y de este lado el péndulo
del ocio inmaculado.

Ya quema el ocaso
los últimos centímetros de la ventana,
supera el pináculo de su marco
con la garrocha de un vistazo perplejo.

El encierro frisa el límite
de la continencia vespertina,
sacia por escala de uno a uno
la magnitud de los bostezos:
frecuencia de un estar sin condiciones.



Poema Función De Medianoche de Jorge Ortega



Se abre el telón del sueño
y calla el día;
o bien, recoge al menos
su cauda de estrépito motor.

El portento de la luz desaparece
y aparece en la ventana
un redil de opacidad
preludiando teatro negro.

El apagón es foro.
El reposo la voz de la oscurana,
la ausencia de portento cenital
fundada en las ojeras
como un antifaz endrino.

¿Acaso la negrura desamparo?

A la sombra de ese eclipse
total que es medianoche
habla ahora el silencio:
cajón de ruidos tenues
y dudas de vigilia.

Dialogan los humores de las cosas
y la fauna prisionera
?en cocheras, traspatios, albitanas?
implanta en el corcho del ambiente
su dicción
sin perturbar el sueño.

Todo calla
y a un mismo tiempo
comulga por los hilos invisibles,
por los túneles secretos
que tienden los sonidos
de una banqueta a otra.



Poema Epitafio Para Niño Ahogado de Jorge Ortega



a Juan Pablo (1991-1994)

Pastor de las aguas: la eternidad deshiela muelles sobre tus párpados de obsidiana latente, hoteles en domos para sondear motocicletas. La eternidad no tiene horas, ni forrajes de oxígeno que cubran tu silencio rebosante de loas, ni el sol de California que asocias calladamente con un secreto botánico de tu propio mérito. La resignación es el empeño donde los vivos pregonamos tus primeras palabras como una música primitiva, el álbum fotográfico que gangrena los sillones como una maldición hereditaria. Para ti no habrá cuerpo que deslinde los torbellinos del vello púbico, ni pretexto estudiantil para sisguear arengas amorosas; mas en la ingenua conspiración de las albercas, habrás vislumbrado la parvulez de los oleajes, justo cuando la tarde riega por el puerto una lotería de fatídicos manoteos.

Pastor de las aguas: hay quienes llevan por corazón un salmón de oro macizo, una penumbra de alas.



Poema Dormir Acompañado de Jorge Ortega



El silencio es el arte
de la quietud extrema,
el voto de autosuficiencia
que procura el vigilante
de una noche sin sueño.

Alguien duerme a mi lado
desde hace media hora,
alguien cuya respiración
es un eco ilimitado
en el brocal de mi cuerpo.

Prohibido replegarse:
un corrimiento en falso
del talón bajo la sábana
podría perturbar a ese alguien
y estropear la balanza.

No olvidemos del reposo
su periferia sin escarpes,
su farallón de pesadez
nivelada con sueño frágil.

La movilidad es así
el sueño de todos los silencios,
la estatua reventada
por el chorro de la fuente.



Poema Diurno De La Estatua de Jorge Ortega



No hay pájaro que ronde a estas alturas
por la anchura del cielo despejado;
la bóvedad es azul, mediterránea,
pero de sumo ardiente, intransitable.
Fustiga la hora nona el parabrisas
con la acupuntura de los rayos;
imaginad entonces la intemperie
que abrasa los perímetros del éter:
nadie sale de casa en los contornos
ni se desplaza a pie por las aceras
como si bajo el signo de noviembre.
El rumbo es un erial,
y yo atravieso
?con estupefacción reglamentaria?
el radio de su aspecto desolado.



Poema Cuenco De Luz de Jorge Ortega



En la pelvis de la noche
reposa el poema.
La oscuridad es un cuerpo
restirado,
un cataplasma de tequila
donde bebo
los componentes de la euforia
detonante.

Levanto a nivel de la pupila
el trompo de la alucinación,
octaedro de imágenes ficticias
contoneándose sobre la barra.

En la taberna de los pensamientos
?armada por el ansia de relajo?
improviso un mural entre la turba
con la reciedumbre del deseo.

Me engaña la humareda
de los andamios que ofuscan,
y entonando una cantinela
tras de un espectro salgo.

Sobre el vaivén del mar etílico
me apoyo en barandales de neón.
Camino de Damasco
me infracciona un candelabro.



Poema Contrapunto Del Sueño de Jorge Ortega



El grifo mal cerrado es un ejemplo
de vigilia sin fisura.
Certifica el tambor del fregadero
con puntualidad repetitiva.

Ya no reloj de arena: clepsidra;
estalactita derritiéndose, gotera,
abrasión por la que huye
el espíritu del hielo.

Las doce campanadas
aguardan a merced de la desidia.
Bastaría un apretón de llaves,
un sigiloso girar de icosaedros
para abandonarse a la cama
sin estigmas auditivos.

Ya procederá de madrugada
la mano diligente, el piscador sonámbulo
que siega clamores volátiles.
Ya olvidaré el aguacero de abalorios
cuando la siesta sea peldaño de mutismo
en la verticalidad de la jornada.



Poema Conticinio de Jorge Ortega



Los perros son esfinges
de cemento opaco,
figuras congeladas
por el silencio raso.

Todo calla en el barrio
milagrosamente
como un hechizo exprés
decreto del azar.

Porque como nunca
la quietud es tan oblonga
a punto de abarcar
cosas y seres vivos:
entes presurizados
con la mano del hombre,
ramas agitadas
por el viento del mes.

La cuestión es que no fluyen
ruidos al bulevar
de modo que uno escuche
la brega de los desvelados.

Cada quien se aboca
al abismo de su página,
a las tabillas radiantes
que es todo libro abierto.

No hay toque de queda
más explícito o puntual
que acodarse en la mesa
a leer tamaño espejo.

Calla la voz, y los susurros
se inclinan hacia adentro
como las confidencias
de una oración nocturna.



Poema Buzón De Quejas de Jorge Ortega



Agosto es un mes cruel. Nos abomina
con tórridos calores, con tifones
saturados de polvo callejero
que el frente tropical ha removido.

La humedad cava túneles secretos
bajo la confidencia de la blusa,
disgrega su hormiguero de sudor
en hilos presurosos.

Padecemos
la asfixia de la carne, la escafandra
que llevamos de aura
como un peso
brutal y no tangible. Es la nubosa
orbicularidad de la calina,
el bulbo-calabozo
encajonando
nuestra respiración a cielo abierto.



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