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Poema Hogar de Gottfried Benn



Cuando resistes la noche solo
algo bebido pero no borracho
a través de nieve y polvaredas y chispas
viniendo de Dios sabe dónde
andas por el camino que va a casa

por el camino-del-adónde,
la gente está tumbada y mira fijamente
en el vacío, pero naturalmente podrían llenarse
de reminiscencias, discursos, apostillas
con los que el tiempo se abre como presente,
pero detrás de él, y delante, está el abuelo
como también los nietos, alternando y compartidos:
¿piensas que en ti había otra cosa,
con mirada e imagen, que la antigua locura?

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Venid de Gottfried Benn



Venid y conversemos,
quien habla no está muerto,
mas se agitan ya llamas
junto a nuestra penuria.

Venid, «azul» digamos;
venid, digamos «rojo»,
oímos, escuchamos, miramos,
quien habla no está muerto.

Tú solo en tu desierto,
en el espanto de tu Gobi –
te vuelves solitario, sin un busto,
sin nadie a quien hablar y sin mujeres,

y cerca del rompiente
tú conoces la barca,
débil y vacilante; –
venid, moved los labios,
quien habla no está muerto.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Despedida de Gottfried Benn



Me colmas como la sangre en la herida fresca
derramándote en su oscura huella,
te extiendes como la noche en esa hora
en que el prado se tiñe de sombras,
floreces como rosas en todos los jardines,
tú, soledad de pérdida y vejez,
que sobrevives al morir los sueños,
después de tanto dolor y demasiado saber.

Ajeno desde joven a la ilusión de la realidad
negándose a un mundo fácilmente otorgado,
cansado del engaño de los detalles
porque ninguno acompaña al Yo profundo;
ahora, desde el fondo mismo, inconmovible,
ningún vocablo o signo te revela
-a quién le ocurrirá, será mejor que olvide
y no toque más las horas idas.

Un último día: un fuego postrero, un vasto espacio,
un agua te conduce a un lejano fin,
un alta luz que baña a los vetustos árboles
creando entre las sombras su contrario,
un día sin frutos y sin espigas
y sin preguntar por la cosecha:
él juega su Juego, siente su luz
y sin memoria la humilla. Todo se ha consumado.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Última Primavera de Gottfried Benn



Toma en lo hondo de ti la campanita china
y cuando llegue la lila, mezcla ésta también
con tu sangre, tu dicha y tu miseria,
con el oscuro fondo del que dependes.

Lentos días. Todo superado.
Y no preguntas si principio o fin,
luego tal vez te llevarán las horas
todavía hasta junio, con sus rosas.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Postludio de Gottfried Benn



Tienes que sumergirte, que aprender,
unas veces es dicha, otras oprobio,
no te rindas, no debes alejarte
cuando a la hora se le fue la luz.

Aguantar, aguardar, estando hundido,
desbordado unas veces, otras mudo,
es una ley extraña, no hay centellas,
no estás solo, mira a tu alrededor:

La tierra quiere dar sus fresas
en abril, aunque tenga pocas flores,
mantiene sus pepitas,
callada, hasta que lleguen buenos años.

De dónde se alimentan las semillas
nadie lo sabe ni si alguna vez
va a echar flores la copa –
aguantar, aguardar, no reservarse,
oscurecer, envejecer, postludio.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Poema de Gottfried Benn



¿Qué significan estas compulsiones,
palabra, imagen, cálculo -a medias?,
¿qué hay en ti?, ¿de dónde estos impulsos
de un callado sentir entristecido?

Confluye en ti desde la nada todo,
viene de cosas sueltas, de un potpourri;
coges allí cenizas, allí llamas,
las esparces, apagas y proteges.

Sabes bien que no puedes abarcarlo,
rodéalo, el verde seto
en torno a aquello y esto; relajado,
pero también proscrito en el recelo.

Estás en juego día y noche,
también te esculpes en domingo
y en la juntura incrustas tú la plata,
la dejas luego, es ella: es el ser.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Palabras de Gottfried Benn



Solo: tú y las palabras,
y solo de verdad,
clarines y arcos de triunfo
no están en este ser.

Tú les miras el alma,
su primer rostro buscas
años y años – mátate,
no vas a encontrar nada.

Y allí lucen antorchas,
en aquel dulce hogar
donde moran los hombres,
y de labios rosados,
cuelga, de labios húmedos,
cual perla, inofensiva, la palabra.

Mas tus años se ajan
de un modo diferente,
hasta los sueños: silabas –
mas tú, callado, te vas yendo.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Olímpico de Gottfried Benn



Sepárate ahora de la fila
de las mujeres que llenan de flores el país entero,
sales, llevas la consagración
de los llamados a lo alto al fuego del amor.
Sepárate de la estirpe y de los tiempos,
de ancestros, pueblos, mezcla y extinción,
ahora eres tú la figura -serenidades,
expectativa, reclamo llevas tú, pero, ¿a quién
esperas para tu escalofrío?,
¿quién te bebe así y quién te reconoció
en tu eternidad de placer y tristeza? –
¿esperas al dios -? Espérame.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Melancolía de Gottfried Benn



Cuando leemos sobre mariposas,
sobre cañaverales, sobre abejas
y que un bello verano se mece sobre esto,
preguntamos si existen estas dichas,
si no existe un engaño detrás de ello,
y también si el laúd del que ellos hablan,
con trinos, con aromas, vestidos vaporosos,
en donde fingen que se encuentran,
es algo cuestionable a otros oídos,
un potpourri engañoso, artificial –
la agonía del alma no se engaña.

Qué es el hombre -quizás duerme de noche,
pero está ya cansado de afeitarse,
antes aún de que el cartero llegue
y antes de que le llamen por teléfono,
está su ser vacío ya y sin brasa;
una acción superior y general,
de la que se oye hablar, que a veces se presiente,
fracasa en muchas zonas corporales,
son fuerzas malogradas
en trágicos empeños:
no es verdad que el espíritu lo alcance,
son tan sólo esporádicos destellos.

No es explicable ni remotamente,
como si el creador fuera alguien sin alma
que no pregunta nunca por la gente,
por sus quejas, su cáncer o su piel,
él los tejió de muy distintas cosas,
que usa también para otros astros;
él nos dio medios para enardecernos
-lábil, estable, lábil- sueños, baños,
una sola tableta te levanta,
ilumina lo oscuro, el frío enciende.

De tu región has de sacarlo todo,
pues regresas sin nada del viaje;
si te abandonas, vienen piruetas
y vas perdiendo todo la que tienes.
De entre las flores tienes que escoger
las que en el seto crecen y el sembrado
ya tu cuarto llevarlas y contar
los sones de la vida, sus acordes:
las terceras mayores y menores –
todo la frío hiela el corazón.

Así la flor -luego a lo pasado
te vuelves o al futuro, como viene;
pasas de la neblina a lo nublado,
de un quizás a un error sin tacha,
ir y venir: fuentes secadas,
resplandece Noé, toca el Arca la tierra
y el Nilo es el río de los ríos,
y la morena mano besa Antonio:
los Rurik, los Anjou, Rasputín, Judas,
pero tu propio hoy no está ahí dentro.

La ostra, con su perla, está cerrada,
conoce sólo el mar, está callada;
en tierra y aire: verdugos, coronados –
un herma todavía en la alameda;
tan sólo calla Eón,
con la perla en la mano,
donde no hay nada y todo apunta a algo,
Eón está soñando, Eón es un muchacho,
juega consigo mismo en una tabla:
un herma todavía -que lo dejen,
también lleva al poema: melancolía.

Versión de Eustaquio Barjau



Poema Es Que Son Humanos de Gottfried Benn



«Tener las ideas confusas y no saber escribir
no es surrealismo».

Es que son humanos, se piensa
cuando el camarero choca con una mesa,
una mesa invisible,
una mesa de clientes habituales, o algo parecido, en un rincón,
es que son gente sensible, sibaritas,
que seguro tienen también sus sentimientos y sus penas.

Tan solo no estás
en tu confusión, inquietud, en tus temblores,
también aquí habrá duda, vacilación, inseguridad,
si bien en la conclusión de los negocios,
lo humano universal,
en formas de economía,
¡también allí!

Infinita es la pena de los corazones
y general,
pero, ¿han amado alguna vez
(fuera de la cama)
ardiendo, consumidos, sedientos de desierto,
después de un zumo de melocotón
que viene de una boca lejana,
sucumbiendo, ahogándose
en la incompatibilidad de las almas ? –
no se sabe, tampoco
se puede preguntar al camarero
que junto a la caja registradora
teclea la nueva cerveza,
ansioso de tickets,
para apagar una sed de otro tipo,
pero que viene de muy hondo.

Versión de Eustaquio Barjau



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