poemas vida obra eduardo anguita




Poema Venus En El Pudridero de Eduardo Anguita



A la criatura angélica que me precede
no por génesis sino por finalidad.

¿Escucháis madurar los duraznos a la hora del estío,
a la venida del sol, mientras un príncipe danza
en víspera de su coronación?
Yo pienso en el gusano.

¿Oís podrirse los duraznos en el granero,
al atardecer, mientras las fechas del reino
caen de los tronos
y el viento las amontona, las dispersa y olvida?
Yo pienso en el gusano.

Si veis montar el agua de la noria,
con un niño fijamente asomado al brocal
frente a frente al abuelo,
y se siente el bese de los amantes como una hoja seca
que el pie del tiempo aplasta crepitando:
¿los amantes están muertos? No preguntéis con torpeza.
Pensad en el gusano.

Al borde del pozo, gusano y amante,
los dos punteros del reloj.
El agua está vacía y la amada es un torrente de mil rostros
despeñados.
Ambos sedientos, un sol varonil frente al otro sol, también varonil,
pero llorando y sombrío:
el de la aurora y el atardecer, íntimamente enemigos
y cuán quebrantados.

Llegan carretas rebosantes de frutas maduras,
se despiden los ancianos,
las raíces quedan en acecho al sol de la espera,
se acumulan los hechos.

Niño, niño mío, nómbrame sin pestañear,
en un segundo,
las dinastías reinantes -siglos, siglos-,
los monarcas desgajados.
Abuelo, abuelo, nómbrame siglos sin pestañear, en un instante,
antes que el ruiseñor concluya la nota de su silbo.

¿Quién osa alzar el Tarot vertiginoso?
Todas las fechas están prontas, o marchitas, como nunca nacidas.
Niño y anciano, en este instante tenéis la misma edad:
sólo un instante:
¿no habéis empezado?, ¿habéis terminado?
¡A qué pensar en el gusano!

El rey que tomó la ciudad
y con ella hizo una argamasa de sangre,
dejó el horror, dejó el escarnio;
las vírgenes violadas están vivas, las viudas maldicen.
El rey murió. Un muerto es el culpable.

El diabólico motorista que en carruaje veloz
cruzó la calle sin razón aparente,
a un chico dejó inválido, a una novia le quebró la columna.
El motorista ha muerto.
A él se debe este mundo.

Maravillas y desdichas:
cuanto nos es dado es obra de muertos;
cómo pedirles cuenta, todo trayecto es corto.

Muertos poderosos que nos legaron herencias
imposibles de revivir, imposibles de evitar.
¡A muertos, a muertos se debe este mundo!

Tiempo furioso, memoria feroz.
Esa fuerza desprendida del látigo, que sigue ondulando
cuando la mano que lo maneja ya está hecha polvo,
el latigazo aún azota con destreza terrible y melancólica.

¿Podemos comprender que la amada,
apenas pronunciadas las palabras del amor,
cambie, desaparezca, se destituya?
¡Y todavía sientes el calor de su beso
y su boca ha expirado?

A un muerto, a un muerto se debe este mundo.

(De modo semejante, el Rosal misterioso,
centro ígneo de radio cero, palpita en reposo en el corazón del
jardín,
y de él fluyen los rayos, los pétalos, la extensión de los prados,
salió al día, y extendiendo los brazos su amor emana
en forma de apóstoles, de mártires, de amantes de todo orden,
y hasta de esas señoras que reparten la piedad y son tanto más agrias
para que la moneda se vea más dulce y no les pertenece.
El amor, el aroma y los actos fortuitos,
más existentes que sus autores, gemas en silencio,
que no se quieren invisibles, y si se quieren así, al fin y al cabo,
como sentirse llamados a vivir sólo un instante
y servir para mucho, mucho tiempo).

No lamentes la ausencia de la semilla,
ama grandemente el fruto dado.
La semilla debe morir.



Poema Soneto 1942 de Eduardo Anguita



Amé vivir en cielo inmaculado,
labrado en soledad y muerte pura:
igual que el cielo, ileso mi costado
creció sin sangre, fuerza ni premura.

Inquieto, como tiempo amortajado,
Al sentirme sin vida ni amargura,
torné a tu fuego de ángel derramado
olvidándome yo en la quemadura.

Así, furioso, incierto, desvelado,
locamente veloz e iluminado,
iluminado en goce y en dolor:

Contigo quemo el cielo y el reposo,
inauguro al Terrible y al Hermoso
Amor, Feroz Amor, ¡oh dulce Amor!



Poema Recuerdo De Infancia de Eduardo Anguita



Los mendigos escapan del tallo de las plantas
en gruesas gotas de dignidad y mármol.
Vuelan por el día como los primeros leños
en el monumento espeso del aire de los suspiros.

Sobre los techos crecen a toda hora ciegos presuntuosos
pero los hilos de un muerto extraño a la casa
los enredan y enseñan a caminar despacio.

Paciencia: mañana el difunto será convaleciente
y partirá desde su cuerpo
hacia la simplicidad de una voz
en la tiniebla endurecida.



Poema Prohibición De Respirar de Eduardo Anguita



Vivo en las paredes donde la muerte
tiene colgada su sombra.
Las ventanas cambian de hueco en mano.
De vez en cuando un cielo visita el cielo de mi cerebro,
debido a él los animales se hacen más pesados y caen.
Porque los sonidos fermentan la tempestad,
yo estudio los gestos de los otros,
su mal hábito de irse acabando por los pies,
e insectos cubren mi estrella de la frente.



Poema Posición De Combate Del Viajero de Eduardo Anguita



Como espadas de luz, portando al cinto
imperiales abejas de azul pelo,
desciende a la destreza de mi vuelo,
pelea el sol contra mi avión jacinto.

Ruedas de nácar de diurnal instinto,
plumas de luna, hélices del hielo,
cortan las cuerdas y la crin del cielo
del día muerto en un misal corinto.

Ay, marino celeste, derrotado
por sus bélicas flores, no te vayas
sin brillar con tu sable de grosella.

Que aunque estén las medusas de tu lado,
¡tú, soldado, perdieras las batallas,
y tú, aviador, quebraras las estrellas!



Poema Litoral De La Sirena de Eduardo Anguita



Sobre el tren joven de la niñería,
arranca tú, mi celestial incauta,
no atenta a Pan, que silbará en su flauta,
mas sabia al pez, que entre la luna fría.

Soldaba el riel de la melancolía
ya muerta en velas del velero nauta.
Para vivir en mi viajera pauta
¡pincha al caballo con tu espuelería!

Alfileres de agua, labio mío,
al romper los andenes de tu frío
no sin luneras rosas, no sin pena,

Locomotoras hacen, estivales,
que dancen a los cantos pastorales
de eléctricas guitarras de sirena.



Poema Límite Oceánico de Eduardo Anguita



Para la jarcia de su piel de arena,
con zodiacal guitarra, entre los mares,
sin alcanzar a Ulises sus cantares,
llamarán por tres veces las sirenas.

Sobre la loza de una luna llena
beberá el cisne menta de pomares
y con rocío astral de aves lunares
mojarán los tritones su melena.

No orillará el marino los linderos
con que el geógrafo oceánico al viajero
encierra dentro de su huerto de ola;

Ni pastará con peces la legumbre
que con climas florales no le alumbre
el acuario del ángel-banderola.



Poema Labrador Del Mar de Eduardo Anguita



Bajo velas de hojas vegetales,
entre claveles de un jardín de lino,
atraviesa mi barco con frutales
dragones griegos de celeste vino.

No son flautas sus algas vesperales,
ni ha crecido la luna en su camino,
mas huyen labradores pastorales
cazando al torso de un lebrel marino.

Tú, ramaje de agua, espejo lento,
leche del seno azul de la mañana,
pájaro de las islas Barlovento:

Echa las redes a tu pez de lana,
sirena-flor nacida contra el viento
o en la pollera oval de una campana.



Poema La Risa O Los Funerales De Mister Smith de Eduardo Anguita



¿Por quién ríe el arzobispo cuando tam tam tañen las campanas de medio
campanario al fondo de la luz?
¿Por quién muestra sus botones quebrados por la vegetación y la espátula
este hombre con cuerpo de campana en madera?
Por Mister Smith, que murió estando muerto, como desperdicio de cocina.
Y ésta es la verdadera risa del rostro de cualquier hombre.

Ved qué es la risa, sino un vegetal que farsantea.
Ved cómo semeja una bestia torcida por el frío.
La máscara se socarra, concheperla y cuero.
El que ríe finge retirar sus bordes,
pero uñas pequeño-brillantes murmuran sílabas.

Mister Smith había pasado al fondo de un tablado,
se mostró semidesnudo como un hueso entre frutas.
Ver esto y largarse a reír fue todo uno,
como si viera aparecer un agua cortada en ambos extremos.

El que ríe muestra los dados,
dados sensibles hechos de mama y de nene,
ah, el traidor se enjuaga con ellos,
como con ojos, como con yerbas, como si no fueran él mismo.

Intensamente agazapado, ríe en la noche.
Yo lo miro reír por vez primera en la vida.
¿Qué es la risa? Un libro se abre
con las páginas cariadas, qué divertido, qué aire.

Brillan las manillas, las aldabas, a lo lejos fuma la muerte,
un pequeño fulgor es la risa de la bestia.
En ella un desconocido se contempla el reverso.
Se abre una rosa y el sermón continúa más serio.



Poema Elegía Y Delirium Tremens de Eduardo Anguita



A Edgar Allan Poe

Tan víctima
con el pulmón expuesto al sueño
y al aire de las vidrieras
a golpes de fuego
subiendo por los lados fríos
donde te busca la luz en traje de tonta
No huyes víctima a la instalación de las desgracias.

Tan indeciso mártir servidor de todo lo que miras
del rostro en la plaza sentado y certero
los muebles que descender no te desmayes
la obligación al mundo va hacia tu cabeza
a lo largo del cuerpo evaporado.

Expuesto a las habitaciones involuntarias
ahí cayó un hombre con piernas de crema
cercado por la mirada del gusano
en columnas inocentes elevas el zumbido
de tu cadáver dócil como una sábana.

Muy luz y algo valentía
pese a los abismos que abren las ondulaciones del miedo
ni jaula ni espejo
o lo contrario
trozo de canario
para alumbrar el crimen en la altura.



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